jueves, 13 de diciembre de 2012

LA ESENCIA DEL SER NACIONAL


La extranjerización de la Argentina ha calado hondo hasta llegar a las bases culturales del pueblo. Entre los argentinos se ha perdido el espíritu de grandeza y las ansias por conseguirlo. Se ha olvidado la posibilidad de la gloria nacional, que no significa espíritu imperial pirata, sino deseos de desarrollo humano, nacional e integral.

En la década del ´80 los directivos del Instituto del Futuro Argentino quisieron conocer hasta qué punto los argentinos tenían presentes el sentido de lo nacional a la hora de tomas decisiones. Las conclusiones de la investigación fueron alarmantes: la identidad nacional y el sentimiento que ésta implica ya estaban en crisis en 1986. El sentido de lo nacional no poseía fuerza convocante, estaba peligrosamente vinculado con el pasado antes que con el proyecto de un futuro en común.

Todo apuntó al descenso del Ser Nacional, y su enfoque era más folklórico que político. Eso, repito, era en 1986. Si hoy hiciéramos la misma encuesta daría miedo leer los resultados. Hoy en día, siglo XXI, se puede visualizar como la juventud adopta una moda absurda y cipaya al utilizar remeras con la bandera pirata. Una juventud desprovista de nacionalismo social. Así estamos: sin metas para el futuro, sin perspectiva nacional de largo alcance, sin espíritu de sacrificio por nuestro país. Resuenan aún las palabras que el joven Ortega y Gaset dedicara a su España de principios de este siglo: “¡Cuán lejos están esos tiempos en que un artífice volcaba su vida, una intensa vida de pasiones de belleza, sobre lo más oculto de la cúpula augusta y perdurable! Raros son hoy tales artífices”.

España de 1904, Argentina del 2012. Esa crisis de identidad y sentido nacional, extrapolada a hoy, explica en parte la asombrosa pasividad con que vemos desaparecer los más elementales principios de soberanía y autodeterminación. Después de comprobar hasta qué extremos se ha desnacionalizado la Argentina, hasta donde desde el gobierno se bombardea cualquier intento por revitalizar el sentimiento nacionalista, cabe preguntarse con dolor: ¿A dónde han ido a parar los ideales que tanto defendieron San Martín y Rosas? ¿O los pensamientos patriotas del General Perón y Evita? ¿Tan lastimados estamos?

Hoy es dable preguntarse, con total sinceridad… argentinos, ¿hasta dónde, y para qué? ¿Hasta dónde el argentino se siente realmente argentino, es decir, miembro de una comunidad nacional? ¿Y qué objetivo de futuro común tiene esa comunidad nacional? El pueblo argentino ha sufrido, y está sufriendo, obstáculos y ataques numerosos y muy duros, tal como ya he relatado. Pero, nunca esos obstáculos fueron ni son tan severos como para que lo hayan vencido definitivamente. Menos aún para que se auto-declare vencido. No sólo por aquello de Almafuerte (Pedro Bonifacio Palacios) de “no te sientas vencido ni aún vencido…”, sino porque en un pueblo y en una nación como la Argentina siempre hay y habrá esperanzas.

Al margen del indomable espíritu de lucha que se debe tener, en el país hay otros motivos para estar, aún y a pesar de todo, esperanzados. Son casos aislados, pero ya se observan los primeros síntomas de que algo está haciendo ebullición en los corazones y almas argentinas. No todo está perdido. No sólo estamos vivos, sino que aún hay argentinos que creen en un futuro mejor y luchan por salir del fango.

Son verdaderos líderes, aunque no ocupen cargo alguno; verdaderos abanderados del porvenir. Son muchos y se están organizando. Son lo suficientemente valientes como para que la esperanza renazca y que la bandera del Nacionalismo social flamee en los cielos azules de la Patria.




PAULA – LA PASSAPONTI ZONA SUR, 13/12/2012

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