domingo, 3 de febrero de 2013

CASEROS, LA MAYOR TRAGEDIA ARGENTINA


La caída política de Rosas, producida el 3 de febrero de 1852 en la batalla de Caseros, no debe interpretarse como una mera lucha interna por el poder, hacerlo así es deformar la Historia.

Su derrocamiento se orquestó a través de una coalición internacional encabezada por la diplomacia británica (conjuntamente con la Masonería Internacional), por el Imperio del Brasil y por el instrumento para esta acción, es decir, por el autor material del hecho, el General Justo José de Urquiza, gobernador de la provincia de Entre Ríos. Evidentemente fue el gran quiebre de la Historia Argentina, acontecimiento que sin lugar a dudas marcó un antes y un después en los destinos de la Nación.

El Imperio brasilero (nuestro enemigo histórico) hacía tiempo que estaba preocupado porque el gobierno de la Confederación Argentina se había convertido en un escollo insalvable para sus ambiciones expansionistas. Tanto la política exterior brasilera como la británica coincidían en los intereses expansivos económicos y geopolíticos, y no descansaban en su intento de querer imponer la libre navegación de nuestros ríos como así también el sistema de libre cambio.

Ambas cancillerías van a utilizar la astucia en el sentido de querer ganarse el apoyo de los enemigos internos de Rosas. Y la presa más codiciada fue el general Urquiza, que además de gobernador entrerriano estaba a cargo de ejército más poderoso del que disponía la Confederación. Los argumentos de los unitarios son los que más van a prevalecer en ese gobernador timorato y falo de carácter. Se le va a hacer creer que era la mayor de las glorias para la “civilización” y el “progreso” derrocar a la primera magistratura nacional; que se debía actuar en nombre de la “libertad” y en contra de una supuesta tiranía.

La ambición personal de Urquiza de aliarse con los brasileros se debe a que Rosas había adoptado poner fin al espúrio comercio que tanto había enriquecido al entrerriano. Aquel traficaba con oro, transgrediendo la Ley Nacional de Aduanas y menoscabando el bien común de los argentinos. Claro que Urquiza encubrió sus verdaderas motivaciones y alegó que se pronunciaba en contra del Restaurador para dar al país una constitución y para terminar con la “tiranía”.

La consecuencia más importante de la caída política de Roas fue la disolución de un sistema político independiente de toda forma de dominación extranjera, estableciéndose en adelante diferentes gobiernos funcionales a los intereses geopolíticos imperialistas del Orden Mundial capitalista en expansión, del capital financiero internacional. Vamos a dejar de ser una Nación libre para convertirnos en una miserable colonia extranjera.

El librecambio y la libre navegación de nuestros ríos van a estar a la cabeza como dogmas indiscutidos. A partir de entonces se comenzó a inventar un nuevo país conforme a los dictados de la Masonería Internacional. En nombre de la libertad de comercio se arrasó con la manufactura criolla que tanto había prosperado desde 1835. Brasil va a sacar una enorme y suculenta tajada con todo este nuevo estado de situación: va a obtener las Misiones orientales, la libre navegación de nuestros ríos, la independencia del Paraguay (que Rosas sistemáticamente nunca reconoció por considerarla parte integrante del Virreinato), la hegemonía sobre Uruguay como así también la de nuesro país.

Se llevará adelante una sistemática matanza de nativos, prevaleciendo lo que se daba a conocer como “inutilidad del criollo”. Esto tampoco era una novedad ya que provenía desde la epoca de Rivadavia. Y aquí se logró el efecto buscado por los liberales: propiciar un rebaje psicológico y moral en el argentino mismo, acabar con la soberanía de lo propio, de lo autónomo, con el verdadero arquetipo de argentino. En definitiva esta va a ser la característica esencial de lo que vulgarmente se conoció como período de la Organización Nacional, que de nacional no tuvo nada, y en donde evidentemente nos organizarían pero con una mentalidad de colonia.

Y todo ello en nombre de la civilización, pero entendida como algo propio de extranjeros, de europeos, y entendiendo por bárbaro (en el mismo lenguaje liberal) todo aquello que era argentino y criollo. De la misma manera se va a empezar a considerar “tiránico” al más popular de los gobiernos habidos en el siglo XIX, comenzándose también a denominar “democráticos” a los nuevos gobiernos post-Caseros que en realidad constituyeron oligarquías que gobernaron siempre de espaldas a los intereses de la nación.

La batalla de Caseros fue, desde mi punto de vista, la mayor calamidad de nuestra historia. Provocó el advenimiento de un anti-Estado, como el actual que tenemos, que asegura el gobierno de los peores y la sumisión de nuestra Patria al Capital financiero internacional, con toda una gran transferencia de nuestras riquezas al extranjero.

Ese espíritu de libertad mancillado y degradado es el que los argentinos debemos recuperar  en la actualidad. Debemos volver a tener una Nación grande, fuerte, independiente, como en los tiempos de Juan Manuel de Rosas. Y que los ladrones y cipayos de hoy (que son del mismo linaje a los de Caseros) paguen por todo el daño hecho.




DARÍO – ALTERNATIVA SOCIAL ZONA SUR, 03/02/2013

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