lunes, 25 de marzo de 2013

EL NACIONALISMO FRENTE A LA DEMOCRACIA INORGÁNICA Y ELECTORALISTA


Es muy conocida la famosa definición de democracia establecida en su momento por Abraham Lincoln, presidente norteamericano de 1861 a 1865: “La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. Pero si analizamos objetivamente la actualidad podemos comprobar fácilmente que esa definición no se ajusta a la realidad. ¿Existe gobierno del pueblo cuando se observa tanta pobreza, indigencia, marginación social y hasta explotación humana a nivel mundial? ¿creemos realmente que participamos del destino de nuestro país por el sólo hecho de votar a determinados políticos y funcionarios de turno?.

En el manejo de los grandes medios de comunicación y de la opinión pública no se establece ningún tipo de libertades concretas. Y cuando hablamos del voto masivo y generalizado de las personas ni siquiera se conocen los temas que se tratan a no ser los que quiera instalar, como pantalla de distracción, el Sistema mismo. Si los temas realmente importantes, los que atañen a los intereses de los ciudadanos que votan se pusieran en el tapete de discusión, aún habría cierta esperanza.

Pero precisamente, la gente en la actualidad no vota temas y asuntos que íntimamente le afectan. Vota una lista de políticos que pertenecen a un determinado partido circunstancial y que luego de votado hará lo que se le de la gana. Ni siquiera hay un programa de gobierno concreto para leer y debatir. Los partidos políticos del Sistema representan un elemento que permite a las finanzas comprar a miles de políticos a la vez. Y al mismo tiempo permite que la gente no sepa “que vota” sino “a quien vota”. Concretamente, se vota a personas y no a programas, no a temas específicos que nos afectan directamente. De esta manera los partidos elegidos por este Sistema inorgánico y de masas hace lo que quiere una vez elegido, ya que sus votantes no son conscientes de haber votado un hecho concreto.

Inclusive hasta el mismísimo Premio Nobel de Literatura, José Saramago (fallecido en el año 2010), estableció en su momento una sentencia muy clara y contundente al referirse a la democracia: “Vivimos en una plutocracia, un gobierno de los ricos”, dándonos a entender que actualmente no hay ningún país del mundo que viva verdaderamente en democracia. En definitiva son las altas finanzas internacionales, las grandes corporaciones multinacionales las que en este actual mundo globalizado ejercen el verdadero poder, violando toda clase de Derechos Humanos. En nuestro país es notorio el divorcio existente entre el pueblo y la tradicional clase política partidocrática, que sólo están para robar desde la función pública y para dividir a los argentinos, en encaramar en el poder a los incapaces, a los corruptos, a los amorales, a los anti-argentinos.

Frente a semejante realidad ¿qué hacer entonces?. Es eterna la discusión dentro del Nacionalismo de si debemos o no presentarnos a elecciones dentro del decadente y antinatural sistema liberal-partidocrático, sistema que decimos combatir. Muchos piensan que presentarse a elecciones sería como ser “un liberal más” o formar parte de un “pseudo nacionalismo”.

Sin embargo, allá por la década del ´40 el nacionalista Marcelo Sánchez Sorondo, director del periódico “Nueva Política”, sostenía en “La Revolución que anunciamos” lo siguiente: “El Nacionalismo tiene que meterse por la puerta del Régimen, por lo tanto de la legalidad. Debe acaparar el descontento público, y hacer incluso en los votos su unidad (…). Si el Nacionalismo no interviene en política, cualquier otro movimiento sin voluntad de potencia, se adueñará de la política argentina”.

Teniendo en cuenta esta realidad, los grandes referentes de la Alianza Libertadora Nacionalista como Juan Queraltó, el padre Castellani, Carlos Ibarguren y José María Rosa, se presentaron a las elecciones presidenciales de 1946 como candidatos a diputados por Capital Federal, apoyando en esa circunstancia electoral a Perón, con sus propios candidatos a diputados y senadores. Inclusive los prestigiosos hermanos Irazusta fundaron hacia 1942 en Entre Ríos un partido denominado “Partido Libertador”.

Esto no significó que ni Castellani, ni Queraltó ni Irazusta renegasen del Magisterio tradicional de la Iglesia, Magisterio que sostiene que la soberanía viene de Dios (según esta doctrina) y no de la soberanía popular. Comprendieron que se debía también combatir al Sistema con sus propias armas. Es decir, y para ser más claro, no se hicieron “liberales” por el sólo hecho de participar en elecciones, lo hicieron porque entendieron que el Nacionalismo debía tener presencia en la arena política, cumpliendo siempre a rajatabla los principios doctrinarios.

  Este es el camino que los hombres y mujeres de Alternativa Social tomamos, el de utilizar la herramienta del partido para la toma del poder, para luego reformar la Constitución y el sistema electoral de masas por uno natural y verdaderamente orgánico-participativo.


DARÍO – ALTERNATIVA SOCIAL ZONA SUR, 25/03/2013


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