miércoles, 1 de mayo de 2013

DOCTRINA NACIONALISTA DEL TRABAJO


Un Orden Social justo y basado en el hombre que trabaja jamás surge por decreto. El mismo se establece producto del arraigo de una actitud positiva frente a la vida. Personas que comprendan cabalmente el valor de una conciencia social (a través de la familia y de la escuela) apreciarán más tarde la necesidad de alcanzar y mantener el marco de la Justicia Social.

Y precisamente, el Nacionalismo considera a todos los integrantes de una sociedad indisolublemente ligados entre sí: El interés de la Nación debe estar por encima de todo egoísmo individual o sectorial. En este sentido el trabajo es sin lugar a dudas uno de los pilares de la cosmovisión nacionalista. Es la mayor riqueza que tiene un país, y por lo tanto el dinero no vale nada si no es fruto de aquel.

La vida de todo un pueblo (y de cada persona en particular) sólo puede ser mantenida mediante el trabajo, es decir, mediante una actividad realizada para concretar un objetivo trascendente y coherente. Es la única manera decente para ganarse la vida, porque uno se siente mal si no ocupa su tiempo y sus dones en algo realmente productivo.

Mientras en los regímenes marxistas los privilegios se presentan como objetivos a alcanzar (todos tendremos nuestro automóvil cuando seamos “socialistas”), en los regímenes capitalistas los privilegios aparecen como un premio a la “habilidad”, ya que el hombre “hizo” “excelentes negocios”, y por lo tanto merece su auto por poseer esa “habilidad”. En esencia tanto la izquierda como la derecha del Sistema o Régimen de Dominación mundial coinciden, porque la “admiración” se mide en lo externo y en lo material de una posición social.

Pero no es el Capital ni las posesiones lo que constituye lo más importante en la vida. Lo fundamental es el potencial de trabajo: La aptitud mental o física; el talento creativo o práctico. Y la medida siempre estará dada en la lealtad, en el honor, el saber, la voluntad, la constancia, la responsabilidad, el sentimiento y el carácter. Y en abierta oposición doctrinaria a este principio nacionalista (que rechaza toda dependencia hacia los centros financieros plutocráticos), se encuentra el liberal-capitalismo, idólatra del dinero, que mide al Hombre solamente por la cantidad de bienes materiales que posee.

Siempre se debe poner énfasis en los principios espirituales como el honor y la lealtad antes que en los detalles materiales o comerciales. Es que la forma y el modo del trabajo son aún más importantes que el nivel del mismo. De esta manera tanto empleador como empleado se vuelven miembros de una comunidad de producción, con deberes y derechos para cada uno.

Por consiguiente, la lucha de clases marxista es así sustituida por una conciencia de comunidad y de lealtad ante la sociedad, generando los órganos reguladores del Estado las garantías necesarias para un aceitado funcionamiento e interviniendo únicamente cuando el consenso entre las partes no pueda ser logrado. Dicha intervención siempre será activa y através de un Tribunal de Honor como organismo de honra y de dignidad de los trabajadores. Y de acuerdo con la cosmovisión nacionalista una persona honorable es aquella que cumple con el deber de trabajar que le corresponde, aquella que a través de su comportamiento demuestra ser digna de su posición.

De una forma más global, la economía no puede ser jamás la determinante de la vida de un pueblo ni este último estar subordinado a sus leyes. Para el verdadero gobierno nacionalista siempre estará la preocupación por el cuidado de cada compatriota dentro del ámbito laboral; el interés por la integridad y el grado de realización que se pudiera alcanzar para la vida tanto desde lo físico, mental como espiritual.

Por ser la esencia misma de todo un pueblo, el Nacionalismo busca formar al Hombre en la comprensión cabal de la obligación de trabajar. Así como negarse a participar en la Defensa Nacional pone en peligro la seguridad de la Nación, una negativa a participar del Trabajo Nacional daña seriamente a la sociedad. Por ello ambos casos deben ser juzgados y condenados como crímenes. La obligación de trabajar siempre debe ser considerada como una elevada obligación moral, siendo imprescindible crear los instrumentos y las condiciones necesarias para que ello ocurra.

Para obtener la producción plena en el país es absolutamente necesario fortalecer primero un potencial de trabajo, segundo una voluntad de producir y en tercer lugar crear los puestos laborales. Pero no se trata de ubicar indiscriminadamente y de un modo cuantitativo ese potencial en puestos elegidos al azar o creados sin adecuada planificación previa. Además, el talento superior es el que debe realmente acceder a los puestos de mando. Un país infinitamente mejor que el actual es perfectamente posible a condición de que exista la sincera voluntad de construirlo.




DARÍO – ALTERNATIVA SOCIAL ZONA SUR, 01/05/2013


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