martes, 25 de junio de 2013

LA EDUCACIÓN SECUNDARIA ARGENTINA: ENTRE LA DECADENCIA Y EL IDEAL DE LIBERACIÓN


 ¿Cómo podemos diagramar una seria política educativa –como lo pretende demagógicamente el actual gobierno– si ni siquiera tenemos un país independiente de toda forma de dominación extranjera? La educación, como la salud y la seguridad, son los pilares básicos en los cuales se funda la grandeza o la decadencia de una Nación.

La actual educación secundaria es una herramienta más para el total control de lo que en teoría serían las futuras cabezas pensantes y culturales del país. En las escuelas estatales del gran Buenos Aires se pueden ver muchas situaciones que forman parte de la estructural degradación social que vivimos día a día los argentinos: Alumnos que en establecimientos periféricos asisten por el sólo hecho de poder merendar o “comer un poco más” (ya que no lo hacen de manera integral en sus hogares) y de paso ver que es eso de “estudiar”.

Son los mismos que en ciertos casos le contestan de mala manera o hasta gritan a docentes, preceptores o autoridades, notándose en esto un clima de violencia (producto de la problemática social generada por el Sistema) que ya traen incorporados desde el mismísimo seno familiar. A ello habría que agregar que no faltan aquellos estudiantes que no están en su sano juicio producto de estupefacientes, drogas o alcoholismo, como así también chicas con embarazos prematuros y sin parejas estables.

Y en el ámbito secundario privado la cuestión central en la mayoría de los casos pasa pura y exclusivamente por “mantener” a los alumnos, en el sentido de priorizar la altísima cuota que pagan todos los meses. Es que si paga religiosamente la usuraria cuota mensual, vale como tal, relegándose a un plano secundario su capacidad, aplicación, interés, aptitud vocacional, respeto, espíritu de sacrificio o compañerismo. Así, el “poder real” reside en los padres.

Estas son las dos formas de sometimiento en la “educación” secundaria de nuestra tradicional y parasitaria clase política gobernante hacia nuestra hermosa juventud (que con variantes de izquierdas y derechas se alternan en el poder). La formula es Pobreza y Dinero. Y para completar este lamentable cuadro de situación se debe señalar la existencia de un sistema de formación docente paupérrimo. Y no menores son los casos que en vez de priorizarse una vocación se elige un profesorado por el sólo hecho de ser una “cómoda” salida laboral más: se recibe de docente hoy en día hasta el que menos se lo propuso en la vida, ya que en lo real y concreto no hay un verdadero nivel de exigencia.

Lamentablemente la educación secundaria argentina está desde hace mucho tiempo quebrada. Para superar tamaña degradación se hace imperioso contar primero con una auténtica y rectora clase política que encarne un principio cosmovisional, ideológico y político-cultural-social radicalmente distinto a lo que hoy en día acostumbramos a ver en esta Argentina que parecería que se nos va de las manos.

A como estamos, una verdadera educación deberá primero sanear a la juventud de la podredumbre existente para luego elevarla a una cultura bien definida. Y en ello no se debe priorizar el conocimiento por el conocimiento mismo, sino poner en un mismo nivel la educación física y el fortalecimiento corporal; la formación de una conciencia patria para recuperar la autoestima y la grandeza propia; la formación del carácter y de una férrea voluntad como así también una sana moral y ética.

En todo lo señalado se podrían incluir viajes escolares, campamentos rurales para sellar un espíritu de camaradería y forjar una vida sana al aire libre. En la educación tampoco se le debe dar una excesiva importancia al individuo como tal, sino comprender que cada individuo es importante en tanto miembro de una Comunidad Nacional, que es su labor (en una etapa próxima) el trabajar para el bien de esa Comunidad.

Es vital entonces practicar las facultades del cuerpo, del carácter, la voluntad y la ética tanto como el intelecto, ya que el verdadero fin de toda educación es y será siempre preparar a las distintas generaciones para que luego ocupen sus merecidas funciones y sean los verdaderos representantes de una Nación tanto desde lo cultural como desde lo político.

  De esta manera un genuino Estado argentino (entendido éste como la máxima jerarquía social y entidad moral institucionalizada para el mantenimiento de un orden jurídico-político de plena convivencia ordenada) servirá de medio para aspirar a una educación de alto vuelo y así preservar –como fin ulterior– a toda una juventud de manera pura y fuerte.




DARÍO – ALTERNATIVA SOCIAL ZONA SUR, 25/06/2013

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