martes, 9 de julio de 2013

9 DE JULIO, MANDATO HISTÓRICO Y DIGNIDAD NACIONAL


El Congreso de Tucumán empezó a sesionar el 24 de marzo de 1816, y su instalación en aquella provincia fue de alguna manera una concesión necesaria al espíritu anti-porteño reinante a nivel general, al rechazo provincial de las políticas centralistas y unitarias del Directorio con sede en Buenos Aires, como bien lo señala el historiador revisionista Ernesto Palacio.

La mayoría de los 29 congresales presentes (con Narciso Laprida como presidente) eran abogados y curas, muchos de ellos de gran prestigio social. No hizo falta ninguna deliberación previa porque todos votaron de manera unánime la proclamación del Acta de Independencia el 9 de julio, en medio de una algarabía reinante en el recinto y con un pueblo tucumano que esperaba expectante afuera.

La influencia del General San Martín fue decisiva. El Libertador impregnó a los diputados de un verdadero acto de heroísmo teniendo en cuenta que las armas de la Patria parecía que se desmoronaban ante los españoles. Y sobre todo teniendo en cuenta la desastrosa batalla de Sipe-Sipe, librada el 29 de octubre de 1815 a pocos meses de la apertura del Congreso. Esta batalla dejó un saldo de 2000 muertos en nuestras filas y generó una gran desbandada; pero finalmente se lo pudo compensar con la lucha de las milicias salto-jujeñas del heroico Martín Miguel de Güemes en el noroeste argentino y como apoyo a San Martín.

Los argentinos debemos comprender que lo que constituye el acto político y jurídico fundacional de nuestra Soberanía Nacional, de nuestra nación libre e independiente de toda forma de dominación extranjera es el Acta de la Declaración de la Independencia proclamada y votada en Tucumán. Y esto se ratifica el día 19 de julio con el agregado al Acta de la frase “libre e independiente de toda otra forma de dominación extranjera”, agregado realizado a instancias del diputado por Buenos Aires Pedro Medrano.

Pero no basta con afirmar formalmente la Independencia. Es indispensable que día a día esa voluntad política se ponga en acto, porque la Soberanía Nacional no es algo que se conquista para siempre o que se proclama en una fecha patria. Sólo existe cuando hay dominio de lo que es propio; cuando se mantiene contra todo intento de colonialismo foráneo. Y en última instancia –para que se mantenga la supervivencia nacional– se la defiende a través de las armas.

La Argentina –ya desde hace varias décadas– no es una nación libre ni soberana por la sencilla razón de que hemos perdido el señorío de todo lo que es propio. Casi nada es nuestro porque precisamente fue regalado por los entregadores de turno. El país carece de un verdadero Poder Nacional y el Estado es una mera formalidad jurídica, que ni siquiera puede mantener un mínimo de orden social por estar sometido por la Usura Internacional y a las grandes corporaciones multinacionales. La ilegitima e ilegal deuda externa (iniciada durante el Proceso y multiplicada en cinco por los sucesivos gobiernos “democráticos”) es un tema “tabú” que no admite ningún tipo de revisionismo por los personeros del Sistema.

¡Compatriota! Nunca vamos a tener salida dentro del actual Sistema o Régimen de Dominación. El primer paso siempre va a consistir en tomar conciencia sobre la realidad de la situación; y el segundo paso será comprender cuales son las causas de nuestra decadencia y degradación en la actualidad, cuales deben ser los modos de acción y los esfuerzos para cambiar la realidad que se vive, que no es sino a través del encolumnamiento y la militancia dentro del Nacionalismo.

Nuestro problema es de poder. Y el germen del poder reside en la intimidad del Alma de cada uno de nosotros los argentinos. Despertar el Alma y unirlo al mandato del 9 de julio de 1816 es levantar la bandera de la Libertad y de la Independencia contra toda forma de dominación extranjera… es ostentar Dignidad y Honor para que la Argentina vuelva a ser de los argentinos.



DARÍO – ALTERNATIVA SOCIAL ZONA SUR, 09/07/2013

No hay comentarios:

Publicar un comentario