lunes, 24 de febrero de 2014

ROSAS Y LAS ISLAS MALVINAS, DERRIBANDO FALSEDADES


Entre muchas de las cosas que se le achacan a Juan Manuel de Rosas figura el hecho concreto de que el Restaurador haya querido “entregar” las Islas Malvinas a los ingleses. Así de concreto, así de contundente. Este es el planteo abierto que la historiografía liberal de cuño masónico -tanto de izquierda como de derecha- siempre nos enseña. Pero más que explicar un argumento (ya ni siquiera un sólido argumento) lo que se hace es difamar la figura de Rosas producto del odio que genera una ceguera ideológica ajena al Ser Nacional. Y como estamos acostumbrados a que todo se saque de contexto, conviene aclarar paso a paso este tema puntual de supuesta entrega rosista del archipiélago malvinero.

Como bien se sabe, la alevosa prepotencia británica se puso de manifiesto cuando el día 2 de enero de 1833, bajo el gobierno de Manuel Balcarce, llegó a las Malvinas la corbeta de guerra Clío. De manera insolente, su capitán Onslow intimó a las autoridades argentinas para que abandonasen las islas. El día 3 bajó a tierra, arrió la bandera argentina e izó la inglesa. Como consecuencia, el gobierno argentino protestó inmediatamente ante el secretario a cargo de la legación británica, Felipe G. Gore, quien dijo “carecer” de instrucciones para contestar.

Frente a tamaño insulto al pabellón nacional se va a insistir en el reclamo el día 23 de enero de 1833. A su vez, Balcarce va a enviar una circular a todas las provincias esclareciendo sobre esa política expansionista inglesa. Es más, el 17 de junio de ese mismo año Manuel Moreno (como ministro plenipotenciario del gobierno argentino) va a reclamar ante el atropello perpetrado directamente en Inglaterra y nada más ni nada menos que ante Lord Palmerston (Primer Ministro del Reino Unido).

Juan Manuel de Rosas, ya como primera magistratura nacional desde 1835, siempre defendió en sus mensajes a la legislatura los derechos argentinos sobre el archipiélago, formulando periódicamente las reclamaciones a Gran Bretaña por la usurpación. Mientras tanto, Sarmiento desde Chile se mofaba ante el Restaurador por tales reclamaciones, opinando abiertamente sobre la cuestión y dando a entender que el “estacionamiento” (frase del sanjuanino) de Inglaterra en las Malvinas era (más allá de la invasión) algo “útil” a la “humanidad” y al “comercio”.

Teniendo en cuenta la pesada deuda externa que recaía sobre nuestro país desde 1824 con la financiera inglesa Baring Brothers, los ingleses acudieron alocadamente a Rosas para cobrarla. Deuda en definitiva que quedó como “legado para la posteridad” gracias al “reformador” Bernardino Rivadavia. Cabe señalar como dato significativo que la garantía de cobro por dicha deuda era nada más ni nada menos que el territorio nacional. En este sentido la Corona británica le va a insinuar a Rosas (según Adolfo Saldías, el padre del revisionismo histórico) la entrega de las Malvinas como forma de pago.

Atendiendo a la verdad histórica y sin ningún tipo de prejuicios ideológicos hay que señalar que Rosas estuvo de acuerdo con ello, pero con el siguiente gran detalle que se le escapa a la historiografía liberal: Por nota oficial del 17 de febrero de 1843 la Confederación Argentina exigía que el gobierno inglés reconozca primero los derechos argentinos en las Islas Malvinas, para así el gobierno argentino seguir avanzando en la “propuesta” inglesa. Y por nota del 20 de marzo de 1844 Rosas va a insistir con su propuesta de ofrecimiento de las Malvinas, haciendo significar siempre a Inglaterra sobre los derechos legítimos que asistían a nuestro país en todo el archipiélago malvinero.

Del lado argentino era la forma más eficaz para cubrir la agobiante deuda externa. Y aquí se impone la gran pregunta (que va a dejar en evidencia la astucia de Rosas): ¿Podría el gobierno inglés reconocer una usurpación realizada por ellos mismos? Tratándose de un país con tradición pirata-saqueadora-imperialista queda más que claro que no. De hecho, toda la “jurisprudencia” asentada por los ingleses y en referencia a sus potenciales enemigos en Europa se caería como un castillo de naipes.

Ahí se encuentra ni más ni menos que al genio de Rosas en materia de política internacional. Al respecto, conviene citar “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo, porque parece que Rosas (siempre fiel a lo que quiso para la Argentina) lo tuvo muy en cuenta: “A veces es necesario mostrar la astucia del zorro y no la garra del león”.



DARÍO – BANDERA VECINAL  ZONA SUR, 24/02/2014

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