martes, 28 de abril de 2015

LOS DELIRIOS DE UN DEFORMADOR POR EXCELENCIA DE NUESTRA HISTORIA: LUIS ALBERTO ROMERO

   
 Si hay un historiador en nuestro país que permanentemente fabula sobre el Nacionalismo y sobre nuestra Historia, ese es sin lugar a dudas Luis Alberto Romero, una de las plumas indiscutidas del liberalismo masónico en la Argentina.

  El año pasado ha escrito un artículo más que llamativo, publicado en el diario Clarín el día 9 de diciembre, y bajo el pomposo título 'Delirio nacionalista: el mito del combate de Obligado'. El argumento central para este deformador nato de nuestro pasado es que en Vuelta de Obligado "no se defendieron los intereses nacionales", que "no fue una victoria nacional", que "el Nacionalismo festeja derrotas", aseverando que el Revisionismo concluyó "convirtiendo la derrota en victoria". A su vez exalta que es un mito que Rosas haya combatido al imperialismo inglés.

  En este sentido afirma: "En el núcleo del mito está la idea de que en Obligado Rosas resistió al imperialismo y defendió los intereses nacionales. Es cierto que el gobernador de Buenos Aires enfrentó a la 'diplomacia de las cañoneras' y defendió la soberanía de su provincia. La tergiversación consiste en identificar esta forma de imperialismo, propia de mediados de siglo XIX, con la idea posterior de imperialismo -popularizada inicialmente por Lenin- que aplicada a nuestro caso identifica toda la relación anglo-argentina con la dominación y la explotación".

 A su vez sostiene: "El punto central del mito reside en la idea de que allí se defendieron los intereses nacionales. Pero en 1845 la Nación y el Estado argentino no existían. Había provincias, guerra civil y discusión de proyectos contrapuestos, basados en intereses distintos. El Combate de Vuelta de Obligado, y todo el conflicto en la Cuenca del Plata, es un ejemplo de esas diferencias. Rosas aspiraba a someter a las provincias, incluyendo a la Banda Oriental y a Paraguay, cuya independencia no reconocía". Bueno, estos argumentos de Romero son un verdadero disparate. En 1845 sí existía el Estado Argentino, con una primera magistratura que gobernaba conforme a una de las organizaciones jurídico-políticas más trascendentales del siglo XIX, el Pacto Federal, ya establecido desde 1831 en adelante y en el marco de las guerras civiles que lamentablemente atravesaba el país.

  Y en Vuelta de Obligado -que es lo que tanto le molesta a Romero- el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas sí defendió los intereses nacionales. Sino ¿qué sentido tuvo pelear nada más ni nada menos que contra los anglo-franceses? Es que la agresión fue la consecuencia lógica de toda una política nacionalista desplegada desde 1835 en adelante y que chocaba abiertamente contra los intereses imperialistas de la época: La Ley Nacional de Aduanas; el sistema de exclusiva navegación; la liquidación del Banco Nacional (la principal entidad financiera del país administrada por la especulación y la usura inglesa); la fundación del Banco de la Provincia de Buenos Aires (que ponía el crédito en función de objetivos nacionales).

  El desarrollo de una política nacional agraria; el desconocimiento de la hipoteca a favor de los ingleses y que pesaba sobre nuestra tierra pública (como consecuencia de haber contraído nuestro país la primer deuda externa allá por 1824, en tiempos de unitario-liberal y pro-inglés Bernardino Rivadavia); la venta de tierras públicas detentadas por enfiteutas, por concentradores y terratenientes siempre en relación con el capital británico (por negarse a pagar el doble de canon exigido por Rosas para renovar la concesión de sus tierras). En este sentido se había puesto en marcha un reparto más justo de tierras para la producción primaria. A su vez, lo que el Nacionalismo reivindica de las acciones de Vuelta de Obligado es el hecho puntual y definido de la gesta heroica, la defensa de la Soberanía Nacional, nada más ni nada menos que frente a las dos potencias más poderosas de la época, Inglaterra y Francia. Romero nos quiere hacer creer que "fue Obligado y nada más", y que en consecuencia los argentinos somos tontos y "festejamos una derrota". Esta explicación barata no resiste análisis: Vuelta de Obligado fue el comienzo de una serie de combates que finalizaron en Quebracho (la última acción de resistencia), allá por junio de 1846.

  Y para seguir ilustrando sobre los hechos, en Vuelta de ObIigado el fuego europeo hizo realmente estragos en las baterías patrias, que a pesar de su escasa capacidad no dejaron de responder. Las bajas nuestras fueron de 650, mientras que hubo 150 del lado de los agresores. Luego del intenso cañoneo, ya sin municiones ni pólvora, 325 infantes de marina intentaron un desembarco, pero fueron repelidos a lanza y bayoneta. El costo de los aliados también fue grave, ya que se dañaron diez de sus once naves agresoras. Como consecuencia, los invasores tuvieron que destinar 40 días para reparar sus navíos.

 Luego de apoderarse de la entrada del río Paraná, la escuadra enemiga continuó su rumbo por el río, estando ahora solamente reducida a seis unidades de combate más cuarenta y cuatro navíos mercantes. La increíble resistencia argentina prosiguió a lo largo de la costa con sendos cañonazos en Tonelero (al sur de San Nicolás), San Lorenzo (a la altura norte de Rosario) y Quebracho (al norte de San Lorenzo). Y lo peor fue la tortura del regreso por el río para arribar a Montevideo. En total quedaron incendiados siete barcos y los buques mercantes averiados hasta arrojaban sus mercaderías al agua.

 Como quedó señalado, Quebracho fue la última acción de resistencia, allá por junio de 1846. Y lo que pareció imposible, ocurrió: Un claro y contundente triunfo político de la Causa Nacional. Inglaterra firmó el tratado de paz con la Argentina el 24 de marzo de 1849, haciendo lo propio Francia el 31 de agosto de 1850. Muy a pesar de Romero, ambas potencias reconocieron ante Rosas la total independencia del país y saludaron el Pabellón Nacional con 21 cañonazos de desagravio.

 En realidad Romero sabe perfectamente que representó Vuelta de Obligado, como así también quien terminó ganando la guerra en el marco de la brutal agresión anglo-francesa de 1845 contra la Confederación Argentina. El Revisionismo Histórico, serio y analítico, en ningún momento sostuvo que en ese combate hubo una victoria nacional, en absoluto. El tema es que Romero tiene como una suerte de problema patológico e irreversible con el Nacionalismo y con el Revisionismo, algo que permanentemente vomita y escupe. Lo suyo es sentirse acomplejado por algo que infinitamente lo supera. ¿Y qué es lo que lo supera? La visión de la Historia que permanentemente ha buscado estructurar el relato del pasado argentino con un sentido de verdad y coherencia, el mencionado Revisionismo Histórico.

 Finalmente, y haciendo un paralelismo con la Guerra inconclusa de Malvinas, Romero cierra en su artículo: "Celebrar una derrota -como ocurre hoy en Malvinas- es la quintaesencia de nuestro enfermizo nacionalismo, soberbio y paranoico". Bueno, tal como se vino exponiendo y fundamentando, la soberbia y la paranoia la encontramos en él. A pesar de su enfermizo prejuicio ideológico, Luis Alberto Romero tiene que saber que el Nacionalismo no festeja derrotas. Lo que el Nacionalismo y el Revisionismo Histórico hacen es reivindicar siempre la defensa de la Soberanía Nacional, cuyos dos acontecimientos paradigmáticos sin lugar a dudas lo constituyeron Vuelta de Obligado y Malvinas.

 Es decir, todos aquellos acontecimientos cargados de heroísmo que hicieron grande a la Nación, todas aquellas gestas que se libraron con la clara intención de luchar por nuestra Libertad y por nuestra Nación Soberana. Es tal como se lo manifestara el General Don José de San Martín al Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, en referencia al Combate de Vuelta de Obligado y en carta fechada el 10 de mayo de 1846, al sostener: "(...) En mi opinión, es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España".

 Pero pretender que el historiador Romero reconozca esto del Nacionalismo es como pedirle a un burgués que comprenda que la Historia es un mandato de lucha para el presente. Luis Alberto Romero, los delirios de un deformador por excelencia de nuestra Historia. La mediocridad y el cipayismo intelectual al desnudo. 


        
Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal
Conductor del programa radial “Estirpe Nacional”.

28/04/2015

1 comentario:

  1. LIBRE SOCIAL NACIONAL
    ANA NO DUERME
    http://esperaeldia.blogspot.com.ar/

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