miércoles, 3 de junio de 2015

EL AMANECER DE UNA GRAN ARGENTINA


  El 4 de Junio de 1943 se produjo el pronunciamiento militar que puso fin al gobierno de Ramón Castillo (el último de los presidentes de la ‘Década Infame’), generando las sucesivas presidencias de los generales Arturo Rawson (que apenas duró dos días en el poder), Pedro Pablo Ramírez y posteriormente Edelmiro Farrell, cargo que este último va a ostentar desde febrero del ’44 hasta junio del ’46 cuando asuma el electo presidente Juan Domingo Perón.

Este levantamiento militar, fue el único en nuestra historia en donde no estuvieron al tanto las embajadas extranjeras. Al amanecer de ese 4 de junio de 1943, unos 8.000 soldados aproximadamente –y al mando del general Rawson– avanzaron desde la guarnición militar de Campo de Mayo hacia la Capital Federal. Al llegar a la Escuela de Mecánica de la Armada, la columna fue atacada por fuerzas leales al gobierno, pero finalmente se van a rendir. De esta manera la suerte de Castillo estaba echada.

A la tarde del 4 de junio, los jefes del levantamiento ya estaban instalados en la Casa de Gobierno, y al principio se caracterizaron por ideas y posturas ideológicas heterogéneas. Por ejemplo, en el marco de la 2ª GM, el efímero presidente Rawson era pro-aliado, siendo abruptamente sustituido por Ramírez, quien era nacionalista. Por lo pronto, y en referencia a la guerra, se afirmaba una política de neutralidad. El nuevo gobierno militar fue recibido en menor o mayor grado con aprobación y expectativas, más que nada teniendo en cuenta lo odioso que fue el Régimen derrocado.

Los militares de la Revolución no tenían la más mínima intención de entregar el Poder a partido político alguno, ni siquiera parcialmente. Es más, aborrecían de los políticos, y esto no era para menos por todo lo que se había vivido durante la Década Infame en cuanto a fraude electoral sistemático, corrupción, entrega y problemáticas sociales nunca resueltas.

El GOU (‘Grupo Obra y Unificación’) fue una cerrada organización militar secreta que desempeñó el papel fundamental y decisivo en el derrocamiento de Castillo, y posteriormente en las maniobras internas que precipitaron las sucesivas salidas de la presidencia de los generales Rawson y Ramírez, posibilitando el ascenso del general Farrell. El GOU fue más que necesario para que la Revolución del 4 de junio no se desviara como la del 6 de septiembre de 1930. Se compuso por un reducido grupo de oficiales, coroneles, tenientes coroneles y capitanes todos en servicio activo. En definitiva fue el avance de los oficiales jóvenes del Ejército, muchos de ellos provenientes de sectores medios y bajos sin influencia, que encontraron un momento histórico oportuno como para dar un salto de calidad, sobre todo porque en enero del ’43 había fallecido el general conservador y anglófilo Agustín P. Justo, quien había controlado al Ejército por casi dos décadas.

Los integrantes del GOU tenían una clara visión nacionalista, en contra del Comunismo y de la Masonería, una postura neutralista frente a la 2ª GM y políticamente hablando querían terminar de una vez por todas con la corrupción de los gobiernos conservadores. Formar una fuerte conciencia nacional, con un contenido social, económico y jurídico claramente distinto al que se venía dando. Si bien simpatizaban con el Eje en la 2ª GM no tenían incorporada como doctrina la ortodoxia cosmovisional del Nacional-socialismo. Igualmente (y como simpatizantes) entendían que un hipotético triunfo del Eje Berlín-Roma-Tokio (luego extendido a otros países) le daría a la Argentina un papel eminente en el escenario continental americano. A su vez especulaban con la idea de que una derrota norteamericana y británica pondría fin a la histórica expoliación imperialista sufrida por nuestro país. El verdadero cerebro y líder del GOU fue el coronel Juan Domingo Perón. Inclusive junto al coronel Miguel Ángel Montes fue el artífice del manifiesto o proclama de 1943.

Por otra parte, en este año y por primera vez en nuestra historia, la producción industrial va a superar a la tradicional producción agropecuaria. Entre 1942 y 1946 (es decir previo a la llegada de Perón a la presidencia) se habían creado 25.000 establecimientos industriales diversos. Estos cambios fundamentales habían comenzado de manera paulatina con la industrialización por sustitución de importaciones de la Década Infame, proteccionismo que se aceleró con el estallido de la 2ª GM y que el gobierno de la Revolución estimuló aún más llevando adelante una serie de medidas muy importantes.

Por ejemplo el fomento y la defensa de la industria, como así también la rebaja y luego el congelamiento de los precios de alquileres. También la rebaja de los arrendamientos agrícolas. Esto último generó un extraordinario incremento de la industria tambera y granjera en el sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires, zonas que antes tenían un sistema de arriendos casi feudales. A su vez se creó el Banco de Crédito Industrial y se promovieron las fabricaciones militares. Otra medida muy importante fue la intervención de la odiada Corporación de Transportes (que en el marco del pacto Roca-Runciman del año ’33 se le daba la concesión y el monopolio del transporte público de la ciudad de Buenos Aires a empresas de origen británico).

Todas estas medidas marcaban una línea de indiscutible sentido nacional, y hacia 1945  la infraestructura industrial ya abarcaba a casi todos los rubros livianos, con el ánimo de incursionar en sectores de la industria pesada. Pero sin lugar a dudas, la obra más trascendental del gobierno revolucionario estuvo en una serie de medidas adoptadas bajo la directa conducción del coronel Perón en el orden social.

El antiguo Departamento Nacional de Trabajo se convirtió en noviembre del ’43 en la famosa Secretaría de Trabajo y Previsión social, alentándose claramente una mejor redistribución de la riqueza nacional, como así también un mejoramiento sustancial en las relaciones entre el Capital y el Trabajo. Se extendió el régimen jubilatorio; se crearon los tribunales de Trabajo para así regular el enfrentamiento tradicional entre patrones y obreros en el orden judicial. Hubo un reconocimiento definitivo al movimiento sindical y hacia 1945 el movimiento obrero ya era netamente peronista. A su vez, se estableció el pago de vacaciones y de aguinaldo; hubo una sistemática política de aumento de salarios; se estableció la previsión por accidentes de trabajo como así también la elaboración de convenios colectivos a favor de los trabajadores.

El famoso ‘estatuto del Peón’ dictado por Perón fue lo que más enfureció a la oligarquía vendepatria de aquel entonces, ya que estipulaba derechos y obligaciones para el patrón y para el peón. De ahora en más existía un poder superior a la patronal, en defensa de los tradicionalmente postergados en el campo.

Hacia principios de 1945 ya no había dudas del proceso popular que se estaba gestando. Es decir, luego de casi dos años de creada la Secretaría de Trabajo y Previsión Social se había conseguido que los obreros fueran el más firme apoyo del coronel Perón.

La Revolución del 4 de Junio de 1943 marcó sin lugar a dudas una nueva Era en el país. No fue una asonada militar más destinada a cambiar hombres o partidos. Fue profundamente transformadora, apuntó a un claro Resurgir Nacional como así también a una idea moral y humanista. A su vez el GOU (o sea, el mismísimo Perón) hizo que se cumpliera el programa de la Revolución imponiendo una norma de conducta y con un contenido económico, social y jurídico totalmente innovador, dándose paso al fenómeno popular más trascendental de toda la historia argentina: El peronismo.

Y precisamente, ese peronismo es el que se fue gestando de manera inadvertida allá por noviembre del ’43 con la inauguración de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, que tantos y amplios beneficios dio al pueblo argentino. Que sin lugar a dudas tuvo su mayor expresión en esa épica gesta verdaderamente nacional y popular del 17 de Octubre de 1945. En definitiva, la Revolución del 4 de Junio de 1943 fue el Amanecer de una Gran Argentina, fue el Despertar de la conciencia colectiva de todo un Pueblo.
  


Darío Coria, secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal,
conductor del programa radial “Estirpe Nacional”.

03/06/2015
  

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