domingo, 8 de julio de 2018

LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL Y SU MANDATO HISTÓRICO


El Congreso de Tucumán empezó a sesionar el 24 de marzo de 1816, y su instalación en aquella provincia fue una concesión más que necesaria al espíritu anti-porteño reinante a nivel general, al rechazo provincial de las políticas centralistas y unitarias del Directorio con sede en Buenos Aires como muy bien lo señala el insigne referente de la Escuela del Revisionismo Histórico Ernesto Palacio.

La influencia del General San Martín fue decisiva. El Libertador impregnó a los diputados de un verdadero acto de heroísmo teniendo en cuenta que las armas de la Patria parecía que se desmoronaban ante los españoles. Y sobre todo teniendo en cuenta la desastrosa batalla de Sipe-Sipe, librada el 29 de octubre de 1815 a pocos meses de la apertura del Congreso. Esta batalla dejó un saldo de 2000 muertos en nuestras filas y generó una gran desbandada, lo que finalmente se pudo compensar con la heroica lucha de las milicias salto-jujeñas del Jefe de la Guerra Gaucha Martín Miguel de Güemes en el noroeste argentino y como apoyo a San Martín.

En definitiva el Congreso de Tucumán fue obra pura y exclusiva de representantes del Interior hacia quienes predicaban tanto San Martín como Belgrano. No fue obra de los unitarios liberales de Buenos Aires, siempre sobornados por la geopolítica expansiva de la Corona británica.

Para el Nacionalismo Social Argentino lo que constituye el acto político y jurídico fundacional de nuestra Soberanía Nacional, de nuestra Nación Libre e Independiente de toda forma de dominación extranjera es el Acta de la Declaración de la Independencia proclamada en el histórico Congreso de San Miguel de Tucumán de 1816. Y esto se ratifica el día 19 de julio con el agregado al Acta de la frase “libre e independiente de toda otra forma de dominación extranjera”, agregado realizado a instancias del diputado por Buenos Aires Pedro Medrano.

No basta con afirmar formalmente la Independencia. Es indispensable que día a día esa voluntad política se ponga en acto, porque la Soberanía Nacional no es algo que se conquista para siempre o que se proclama en una fecha patria. Sólo existe cuando hay dominio de lo que es propio; cuando se la mantiene contra todo intento de colonialismo foráneo. Y en última instancia –para que se mantenga la supervivencia nacional– se la defiende a través de las armas.

Lamentablemente la Argentina –y desde hace varias décadas– ya no es una Nación ni independiente ni soberana. Casi nada es nuestro porque precisamente fue y es regalado por los entregadores de turno, siendo el Estado hoy por hoy una mera formalidad jurídica. Nuestro país sufre el avasallamiento del Sistema plutocrático-capitalista y la partidocracia gobernante de turno es responsable de ello. Estamos atados a las Altas Finanzas globalizadoras, a los tiburones de la Usura Internacional con la lógica del endeudamiento permanente y eterno. La fraudulenta e ilegítima Deuda Externa Argentina (la mayor estafa al pueblo argentino iniciada durante la última dictadura militar y multiplicada exponencialmente por los sucesivos gobiernos civiles desde 1983 en adelante) es un tema tabú y que ni siquiera se puede cuestionar para los personeros del Sistema.

Tampoco tenemos el control de los resortes estratégicos de nuestra economía. Las grandes corporaciones internacionales como Barrick Gold, Chevron (British Petroleum) depredan nuestros recursos naturales. Monsanto hace otro tanto con nuestro suelo. Diferentes colonialismos de turno nos acechan como Inglaterra, China, EEUU, el sionismo. A todo esto tenemos un modelo basado en los vaivenes del dólar; en la Bolsa de Valores; en la especulación financiera; en la agro-exportación dependiente del mercado internacional; en el derroche y el despilfarro de dinero para clientelismo político; en un sistema impositivo retrógrado cada vez más asfixiante; en una economía con inflación y sin ningún tipo de repuestas por parte del Estado, o mejor dicho del Anti-Estado. Crece la pobreza, la indigencia, la pauperización, el trabajo en negro.

Queda claro entonces que la Argentina nunca va a tener salida dentro del actual Sistema o Régimen de Dominación Mundial en el cual estamos entrampados. Debemos tomar conciencia de la realidad de la situación, y a partir de esto llevar adelante modos de acción y esfuerzos para cambiar la triste realidad que lamentablemente se vive.

Si nos encolumnamos en el Nacionalismo, en el Social-patriotismo, en el amor a la Patria, hay esperanzas de un gran cambio, hay destino de grandeza. El Nacionalismo Social Argentino aspira a hacer realidad un país infinitamente mejor al actual a través de la honestidad ética y moral; a través del ejercicio efectivo de la Soberanía Política, de la Independencia Económica, del Bien Común y de la defensa de los valores nacionales.

 El germen del Poder siempre reside en la intimidad del Espíritu de cada uno de nosotros. Entonces, despertar nuestro Espíritu y unirlo al mandato histórico del 9 de Julio de 1816 es levantar la bandera de la Libertad y de la Independencia contra toda forma de dominación extranjera, es levantar la llama de la argentinidad para que la Argentina vuelva a ser de y para los intereses de los argentinos.





Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

08-07-2018

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