sábado, 15 de septiembre de 2018

16 DE SEPTIEMBRE DE 1955, LA HORA DE LOS ENANOS


El cobarde derrocamiento del General Juan Domingo Perón fue un acontecimiento que sin lugar a dudas marcó un antes y un después en la Argentina. Los sucesos previos marcaron un terrible acto demencial: El 16 de junio de 1955 cuarenta aviones de la Marina bombardearon y ametrallaron Casa de Gobierno y Plaza de Mayo. La intención era más que clara, asesinar a Perón. Este acto terrorista fue acompañado por el accionar de la Infantería de Marina que atacó la Casa Rosada, acto que finalmente fue contrarrestado. El saldo fue de más de 300 civiles muertos y 3.000 heridos. Tras este brutal bombardeo el Líder justicialista dio la orden de que ningún obrero concurriese a Plaza de Mayo. Pero de manera espontánea, y ante la difícil hora que se vivía, una enorme multitud se congregó frente a la histórica Plaza y bajo el lema defender a Perón.

En un clima tremendamente caldeado y mientras el país digería como podía la carnicería de junio, tres meses después, exactamente el 16 de de septiembre del ´55, estalló finalmente la sublevación militar en Córdoba que puso fin al gobierno Nacional-justicialista. Mientras el foco insurreccional cordobés resistía, la Marina bombardeaba pozos de petróleo de YPF en Mar del Plata donde había emplazado 19 buques. La mayoría de las Fuerzas Armadas permanecieron leales a Perón, pero sus acciones para reprimir el levantamiento fueron tan ineficaces como parsimoniosas. La flota mantuvo su curso hacia Buenos Aires y por radio ordenó a los habitantes de Berisso que evacúen la zona porque sino destruirían la destilería de YPF.

Luego de unos días de indefinición tras el levantamiento, el General Perón finalmente presentó su renuncia, aduciendo querer evitar un derramamiento de sangre. La dimisión desde ya que fue aceptada por los altos mandos liberales conspiradores. El General Eduardo Lonardi -jefe del levantamiento en Córdoba- y el Almirante Isaac Rojas se hicieron cargo del Poder Ejecutivo. El 23 de septiembre Lonardi asumió la presidencia de la Nación en un brevísimo período de tiempo y bajo la hipócrita consigna ‘ni vencedores ni vencidos’.

De esta manera comenzaba un nuevo y sangriento proceso político argentino. El golpe de Estado de 1955 fue presentado ante la opinión pública como la supuesta recuperación de la tradición republicana, iniciada en la Revolución de Mayo de 1810, frente al gobierno de Perón caratulado como de segunda “tiranía”. Porque claro, para el pensamiento liberal de cuño masónico la primera tiranía había sido el gobierno del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. Esta contra-revolución antiperonista ya había empezado a tomar cuerpo anteriormente. El 28 de septiembre de 1951 el General Benjamín Menéndez había encabezado un intento de golpe, en donde más de 200 oficiales fueron juzgados y pasados a retiro. Inclusive el General José Suárez había encabezado otro intento golpista en 1952. Su plan consistía en tomar la Casa Rosada a través de una acción comando y asesinar a Perón. Finalmente, por una filtración del servicio de Informaciones de la Aeronáutica la conspiración se frustró.

Luego de su breve presidencia de casi dos meses, el 13 de noviembre Lonardi fue remplazado por el General ultra-antiperonista Pedro Eugenio Aramburu, quien rápidamente procedió a dictar el Decreto 3.855/55 disolviendo al Partido Peronista, y en marzo de 1956 el Decreto 4.161 con la rúbrica de Isaac Rojas y Álvaro Alsogaray estipulándose penas que prohibían toda participación política del peronismo y penas por el sólo hecho de pronunciar las palabras ‘Evita’, ‘peronismo’ o ‘Perón’. La Argentina volvía a perder su propio destino, volvía a ser colonia de las potencias mundiales, de la Usura Internacional. Se ingresó al Fondo Monetario Internacional, política de vasallaje que continuará en el tiempo. Hacia abril del ´56 la “Libertadora” derogó plenamente la Constitución de 1949. Y el 9 de junio de 1956 los generales Juan José Valle y Raúl Tanco iniciaron un levantamiento cívico-militar que tuvo la clara intención de restaurar al peronismo, lo que va a terminar en una terrible tragedia con 27 civiles y militares fusilados. En definitiva, desde 1955 comenzaba un período de 18 años de proscripción, de persecución y sangre al peronismo, que recién pudo reivindicarse en 1973.

Para comprender el trasfondo del derrocamiento del General Perón sólo basta con tener presente dos frases tristemente célebres de Winston Churchill, Primer Ministro del Reino Unido de 1940 a 1955, sin lugar a dudas uno de los personajes más nefastos de toda la historia política a nivel mundial. Durante la famosa conferencia de Yalta de 1945 entre los aliados de la 2ª GM, Churchill expresó: “No dejen que la Argentina se convierta en potencia, porque detrás de ella arrastrará a toda Hispanoamérica”. Y en un discurso pronunciado en la Cámara de los Comunes, en 1955, afirmó de manera contundente: “La caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria de la Segunda Guerra Mundial. Y las fuerzas del Imperio inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida, ni tampoco después de muerto”

Es que la revolución peronista había herido sensiblemente a las minorías concentradoras del poder económico en nuestro país, perjudicando a su vez los intereses plutocráticos colonialistas británicos. En esto reside la clave de todo. El Nacional-justicialismo estableció el legado de la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social. Y fue precisamente Perón el que como ningún otro presidente en la historia de nuestro país reivindicó a los trabajadores con amplias medidas socialistas, realizando una efectiva distribución de la riqueza y armonizando las relaciones entre el Capital y el Trabajo.

El peronismo fue sin lugar a dudas la doctrina libertaria del siglo XX, también reflejada en el principio de la Tercera Posición, un posicionamiento totalmente libre ante los embates de las izquierdas y de las derechas, ante el marxismo y el capitalismo, ante el colonialismo yanki y el colonialismo soviético de esa época, colonialismos siempre manejados por el Poder Oculto, por la Sinarquía Internacional al decir del Líder justicialista. Y con una fuerte política de industrialización interna (también, como nunca antes visto en el país) la Independencia Económica tuvo como finalidad reconquistar las fuentes de riqueza de la Nación para hacer un reparto más equitativo, para mejorar la calidad de vida de todos los argentinos. Se desligó al país de todo organismo financiero usurero, no había deuda externa. Se nacionalizó el Banco Central de la República Argentina como así también los sectores estratégicos de la economía. Se llevó adelante una verdadera integración económica a nivel latinoamericano. Y todo ello a pesar de la terrible presión ejercida por EEUU, el país “bueno y democrático” vencedor en la 2ª GM. En definitiva, era la Comunidad Organizada.

Tal como lo sostuvo el mismísimo Perón, 1955 marcó la hora de los enanos. Enanos en referencia a todos aquellos agentes de la decadencia moral e intelectual, en cuyas manos recaía el poder político para ser dócil a los deseos del colonialismo. Enanos por todos aquellos traidores que pasaron a engrosar las filas de los que humillaban a la Patria. Enanos por todos aquellos que no pudieron comprender al Pueblo, y en esta incomprensión se pasaron a la vereda del enemigo. Y enanos también por los que entregaron la Soberanía Nacional, los que derribaron la Independencia Económica y la Justicia Social.

Y si hablamos de enanos, la actual partidocracia argentina claramente lo es. Lo que hoy sobra es mucho dolor: Postración, degradación social, pobreza, indigencia, concentración económica, clientelismo político, corrupción organizada, rebaje cultural, entrega del patrimonio nacional, subordinación hacia los poderes mundiales, pago de la mayor estafa al pueblo argentino –la Deuda Externa–. Por eso, el 16 de septiembre de 1955 marcó el gran quiebre en nuestro país: Parió a los enanos y vendepatrias del pasado e hizo crecer a los enanos y vendepatrias del presente.




Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

15-09-2018

No hay comentarios:

Publicar un comentario