miércoles, 31 de octubre de 2018

NUEVO ORDEN MUNDIAL VS. NACIONALISMO, EL CHOQUE DECISIVO


Dos conceptos radicalmente antagónicos, abiertamente enfrentados. En el periódico nacionalista ‘Patria Argentina’, del ejemplar de diciembre del año 2004, su director teniente coronel (R) Santiago Roque Alonso, define el término Nuevo Orden Mundial de la siguiente manera: “Se trata del proceso de centralización del poder a escala global, operado por unos pocos que concentran la riqueza mundial –en una magnitud como nunca antes ocurrió en la civilización humana– aplicado a todos los ámbitos de la vida (político, económico-financiero, cultural-educativo, espiritual-religioso, psicosocial, etc.), y que se caracteriza por imponer una homogeneización que destruye las identidades e intereses de los grupos humanos y procura reducir o eliminar la soberanía de los estados nacionales, con la finalidad de imponer un gobierno mundial”.

Una definición que aporta muchísima luz a la hora de comprender porque ocurre lo que ocurre en el mundo (guerras, invasiones, carreras armamentísticas, masacre de poblaciones, explotación de recursos naturales, pobreza extrema, degradación social, miseria, hambre). A su vez, el reconocido historiador norteamericano Carroll Quigley, en su libro ‘Tragedia y Esperanza’, libro considerado por algunos sectores norteamericanos como la “Biblia de la Globalización” afirma: “(…) El poder del capitalismo financiero tiene un objetivo trascendental, nada menos que crear un sistema de control financiero mundial en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía del mundo como un todo”.

Y en otra parte de este revelador libro el autor sostiene de manera contundente: “Este sistema ha estado controlado de un modo feudal por los Bancos Centrales del mundo actuando concertadamente y por acuerdos secretos, a los que se llegan en reuniones privadas y conferencias. Cada Banco Central buscó dominar a su Gobierno mediante la habilidad para controlar los préstamos al Tesoro del Estado, para manipular el mercado de cambios, en la determinación de la actividad económica del país y en influir sobre los políticos colaboracionistas mediante recompensas posteriores en el mundo de los negocios”.

Y tal como lo sostiene Carroll Quigley, el factor de control y el ejercicio del poder de la Plutocracia (plutos riqueza; kratos poder) lo constituye el Dinero, porque a través del ejercicio de la Usura y del endeudamiento permanente el Dinero se crea de la nada, monopolizando su regulación mediante los Bancos Centrales privados y los organismos multilaterales de crédito, brazos operativos del Nuevo Orden Mundial.

Vale decir, el mundo es regido hoy en día por una élite imperial-capitalista, un Régimen de Dominación que ha consolidado su poder sin lugar a dudas desde la finalización de la 2ª GM y que luego de finalizada la denominada Guerra Fría (con la desintegración de la Unión Soviética en 1991) su despótico poder se ha centralizado aún más. En pleno siglo XXI, la Tiranía del Nuevo Orden Mundial no guarda ningún tipo de respeto en referencia a los DDHH de los Pueblos, en referencia a la Democracia, al bienestar humano o el resguardo del medio ambiente. Por eso se trata de romper las cadenas, de romper con esta tiranía mundialista que tanto oprime y masacra al Ser Humano.

Por consiguiente el Nacionalismo es una necesidad vital. Planteado desde el sentido común no puede existir jamás una Nación ni una Soberanía Nacional sin un Nacionalismo puesto en práctica desde lo político. Esto es algo que se comprueba con el estudio de la mismísima Historia Universal, a pesar de aquellos que siempre tergiversan el concepto. Es a través del Nacionalismo que se puede reconquistar la Nación Argentina, lamentablemente hoy en manos de una casta política corrupta y cipaya (en mayor o menor medida), siempre al servicio del Nuevo Orden Mundial.

El Nacionalismo es la categoría política superior a la hora de definir el SER o NO SER de la Argentina. No se puede amar a la Nación como algo abstracto. ¿Alguien amaría al amor de su vida de manera abstracta? ¿Alguien podría expresar amor abstracto a un hijo, a una madre? El verdadero nacionalista ama a su Pueblo porque es su elemento constitutivo vital. Puede existir una Nación sin territorio, pero nunca sin Pueblo o Población.

Se desprende entonces que el Nacionalismo es la defensa de los objetivos e intereses de la Patria, pero de todos los intereses: Espirituales, culturales, físicos-mentales, políticos, económicos-financieros, sociales. Es revolucionario por querer romper abiertamente con el actual Sistema plutocrático-capitalista (Poder Mundial del Dinero) y por ser el centinela de una Comunidad Orgánica, Sana y Natural. Esta cosmovisión siempre se va a plasmar en una doctrina (o cuerpo de ideas rectoras) y se va a poner en práctica a través de un movimiento político de resuelto Espíritu de Lucha.

En este sentido cobran vigencia las palabras de Julio Irazusta, una de las plumas más brillantes de la Escuela del Revisionismo Histórico quien en un reportaje que se le realizó, hacia mayo de 1967, sostuvo: “En la Argentina el Nacionalismo es indispensable ante el abandono total de los intereses del pueblo por el Estado Argentino, que fue normalmente un agente de los intereses extranjeros. Porque existe una doctrina tradicional, promulgada por Alberdi, que sostiene que el país debe estar siempre sujeto al extranjero en beneficio de la seguridad nacional”. Por consiguiente, si los argentinos somos capaces de reconocer la raíz de nuestra degradación como Nación, que no es ni más ni menos que el accionar del Nuevo Orden Mundial sobre nuestra Patria, si nos queda este diagnóstico de fondo, entonces podremos actuar mejor ante ese problema.

Igualmente el problema en sí no está en ese colonialismo que avasalla la Soberanía y la Dignidad de los Pueblos. El problema en sí se halla en los entregadores de turno que le han abierto las puertas (de una u otra forma) a la rapiña plutocrática-colonialista. Ejemplos hay de sobra a lo largo de nuestra historia y viendo nuestra actualidad. A los fines prácticos, la tradicional partidocracia argentina constituye una oligarquía nacional siempre tecnócrata del Poder Mundial del Dinero. Esconden sus miserias y su insoportable corrupción al amparo de los fueros parlamentarios y de la impunidad, que es lo que genera el mismísimo Sistema.

  Una Revolución Nacionalista no se resuelve como algunos ingenuamente creen en el plano material y político exclusivamente. Pasa preferentemente por el Espíritu de Lucha que se tenga, por una fortaleza anímica indestructible que se posea, en saber superar los diferentes confucionismos ideológicos propuestos por el Sistema, confucionismos que adormece conciencias, que esclaviza sin que nos demos cuenta, que anestesia y que siempre busca rebajar al Pueblo a la categoría de ‘masa’. Por eso, hoy más que nunca se hace indispensable reconquistar primero un Espíritu de Lucha. Esta es y será siempre la condición previa para que se puedan asumir las responsabilidades, los sacrificios personales y la resistencia que a la larga impone la lucha política. Seamos leales a una estirpe, a una sangre derramada, a todos aquellos Arquetipos que nos legaron un Destino de grandeza. Seamos nobles y libres de verdad.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


31-10-2018

martes, 16 de octubre de 2018

17 DE OCTUBRE DE 1945: LA MISMA LUCHA, LA MISMA ENTREGA


En el marco de la triunfante Revolución Nacional del 4 de Junio de 1943, la Argentina dio un salto verdaderamente cualitativo por las amplísimas medidas socialistas establecidas por el entonces Coronel Juan Domingo Perón al frente de la flamante Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Había impulsado una amplísima política de reivindicación socialista a favor de los trabajadores realizado una inédita distribución de la riqueza y armonizando las relaciones entre el Capital y el Trabajo. Pago de vacaciones; aguinaldo; previsión de accidentes laborales; convenios colectivos a favor de los trabajadores; aumento de salarios; extensión del régimen jubilatorio; creación de Tribunales de Trabajo para regular el enfrentamiento entre patrones y obreros; sanción del Estatuto del Peón (lo que tanto había enfurecido en su momento a los sectores concentrados del campo).

La popularidad del Coronel Perón fue creciendo cada vez más. Desde principios de 1944 va a ostentar el Ministerio de Guerra y desde junio de ese año la mismísima vicepresidencia de la Nación. Pero el triunfo aliado en la 2da. GM dio un vuelco a la situación: Desde mayo de 1945 hizo su arribo a nuestro país un personaje de suma importancia por todos los hechos posteriores, el recordado embajador de EEUU Spruille Braden, quien durante más de cuatro meses fue el conductor de la oposición al gobierno, dentro de la cual estuvo la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista y los conservadores.

El gobierno del General Edelmiro Farrell estaba cada vez más cercado por una importantísima fuerza opositora: La embajada norteamericana (y a través de ella Inglaterra); la Unión Industrial Argentina; la Sociedad Rural Argentina; la Bolsa de Comercio; la Federación Universitaria Argentina; las asociaciones de comerciantes y ganaderos; los tradicionales partidos políticos; la totalidad de la Marina -netamente anti-peronista- como así también un importante sector del Ejército. El 8 de octubre de 1945 el enfrentamiento entre el Coronel Perón y el General Eduardo Ávalos, Jefe de Campo de Mayo (la guarnición militar más poderosa del país) aceleró el proceso. La oficialidad superior le pidió a Perón que renunciara a sus tres cargos (la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, el Ministerio de Guerra y la Vicepresidencia de la Nación), y producto de una permanente presión el carismático Líder de los Trabajadores renunció al día siguiente. Sólo la miopía política gobernante podía ignorar todo lo que vendría. La noticia de la renuncia fue un verdadero impacto emocional, una verdadera bomba de tiempo.

En su reemplazo al frente del Ministerio de Guerra se nombró al General Ávalos. El 13 de octubre Perón llegó en calidad de detenido a la isla Martín García. El Poder Ejecutivo decidió detenerlo porque se temía que se podía atentar contra su vida. Evidentemente era el triunfo de la Anti-Patria, de la oposición a una Nación Libre, Justa y Soberana. La defenestración hacia Perón y la reacción anti-nacionalista y anti-obrera dio lugar a la aparición de diferentes personeros siempre vinculados al antiguo régimen del fraude, de la corrupción y del entreguismo. A pesar de todo, la gesta social-patriótica se puso en marcha.

Para buscar descomprimir el eufórico y desbordante reclamo del pueblo trabajador en la histórica Plaza de Mayo, el designado Ministro de Guerra Ávalos se entrevistó con Perón en el Hospital Militar, para luego comunicarse telefónicamente con Campo de Mayo y hacerle saber a la oficialidad superior que Perón hablaría desde el balcón de la Casa Rosada. La noticia confundió y contrarió a estos militares (que se habían jugado el todo por el todo en el derrocamiento de Perón). Pero ya era demasiado tarde como para generar alguna reacción.

El grito del Pueblo a toda esta dramática situación se hizo sentir y de una manera muy contundente. Comenzaron a levantarse huelgas y manifiestos de protestas a través de diferentes sindicatos. La Confederación General del Trabajo había decretado una huelga nacional por espacio de 24 horas y a partir del día 18 de octubre. Pero de manera espontánea el Pueblo Trabajador fue el principal protagonista, arrasando con todo y exigiendo como única consigna la liberación del Líder de los Trabajadores. Y desde la isla Martín García el desterrado pidió por su restitución a Buenos Aires, cuestión a lo que el presidente Farrell accedió trasladándolo al Hospital Militar de esta ciudad.

Lo más singular del 17 de Octubre fue su auténtica expresión popular, una expresión que surgió de manera espontánea por la nueva realidad nacional que se vivía desde el 4 de junio de 1943. Los argentinos tradicionalmente periféricos, los ignorados de siempre, los omitidos como hoy en día que de súbito aparecieron en la mismísima ciudad de Buenos Aires para imponerse de manera arrolladora. Desde la mañana de este famoso miércoles 17 de Octubre la masa trabajadora empezó a volcarse de manera masiva hacia la Capital Federal, con muy nutridas columnas que marchaban hacia el centro de Buenos Aires. Era una verdadera marea humana la que una y otra vez pasaba, proveniente más que nada de las zonas industriales del Conurbano Bonaerense. El objetivo era arribar a la Plaza de Mayo. Metafóricamente hablando, nadie los conducía, todos eran capitanes.

A las 21.45 horas Perón ya estaba con el presidente Farrell en la residencia. Conversaron hasta las 22.25 horas y después se dirigieron hacia la Casa de Gobierno. El número de concurrentes se situó entre las 200.000 y 300.000 personas. Y a esto hay que agregarle la permanente tensión de los concurrentes que con gran frenesí y de manera infatigable seguía aclamando el nombre de Perón y reclamando sí o sí su presencia. Poco después de las 23 horas finalmente Perón salió al Balcón de la Casa Rosada estallando una impactante ovación por espacio ininterrumpido de 15 minutos. Era la felicidad total. La gente parecía como haberse vuelto loca: Gritaban, saltaban, lloraban y coreaban estribillos con voces cada vez más enronquecidas. Allí tenían enfrente al referente por el cual se habían jugado. Sano y salvo, vencedor.

Farrell intentó hacerse oír, pero más que un discurso era una presentación hacia el hombre que había sabido ganarse el corazón de millones de argentinos. Y cuando por fin el gran triunfador de la memorable jornada pronunció su primera palabra desde el Balcón, expresión que fue “¡Trabajadores!” una nueva explosión de júbilo se hizo sentir. A continuación señaló: “Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino”. Y en otra parte expresó estas palabras que también quedaron para el recuerdo, “dejo el honroso uniforme que me entregó la Patria para vestir la casaca de civil y confundirme con una masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria. Con esto doy un abrazo final a esa institución que es un puntal de la Patria: el ejército. Y doy también el primer abrazo a esa grandiosa que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es el pueblo”. Luego de su memorable discurso, la consecuencia inmediata desde lo político fue la renuncia de Ávalos al frente del ministerio de Guerra.

La Argentina ya no fue la misma, hubo un quiebre, un antes y un después. Y las consecuencias de fondo más importantes fueron: En primer lugar el surgimiento de una nueva, muy significativa, innovadora y revolucionaria fuerza política que giró en torno a la figura estelar del 17 de Octubre, el Coronel Perón. En segundo lugar la definitiva incorporación de los trabajadores al proceso político del país y como uno de los factores de poder, desde ya subordinados a su conductor natural. Y en tercer lugar, el nacimiento de la antinomia peronismo/anti-peronismo, que es lo mismo que decir Patria vs. Antipatria, algo que por supuesto es lo que perdura en nuestros días.

Fue la movilización más emblemática en toda la historia de las luchas sociales. Lo que se puso en juego fue la Justicia Social, como en otros tiempos se puso en juego la emancipación, la independencia, el federalismo como forma de gobierno o el voto. Fue una epopeya, un verdadero Despertar de la Patria Grande, o como diría el destacadísimo historiador revisionista Raúl Scalabrini Ortiz fue el subsuelo de la Patria sublevado. Fue el triunfo del Honor y de la Dignidad de todo un Pueblo que comprendió cabalmente que peligraba el destino de la Patria, jugándose la vida para que triunfase la Justicia y la Verdad. El hecho que marcó el fin de una Argentina para dar comienzo a otra Argentina. Pero más que eso, el 17 de Octubre de 1945 es la vigencia de una Lucha, porque el verdadero Nacionalismo es aquel que tiene una fuerte impronta socialista, el que profesa y pone en práctica una auténtica Justicia Social como sin lugar a dudas lo llevó adelante el Nacional-justicialismo. Un impactante acontecimiento, espejo en el cual hoy más que nunca todos los argentinos nos tenemos que mirar ante tanta miseria política, ante tanta degradación social, ante tanto cipayismo y corrupción organizada.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


16-10-2018

viernes, 5 de octubre de 2018

LOS HÉROES DE FORMOSA... ¡ACÁ NO SE RINDE NADIE CARAJO!


Sin lugar a dudas el ataque más espectacular y brutal que la guerrilla terrorista marxista haya realizado en nuestro país, el ataque al RIM 29, Regimiento de Infantería de Monte en la Provincia de Formosa, el 5 de octubre de 1975. Fue la denominada Operación Primicia, dirigida desde lo operativo por Raúl Yagüer, el N° 4 de la Conducción Nacional de Montoneros (siendo los tres primeros en jerarquía Mario Eduardo Firmenich, Roberto Cirilo Perdía y Roberto Jorge Quieto). Por entonces, el Poder Ejecutivo Nacional era ejercido por Isabel Perón, justo de licencia en esos angustiantes momentos y reemplazada por Ítalo Argentino Luder, presidente provisional del Senado.

Fue el primer ataque de Montoneros a un cuartel militar, abandonando sus atentados selectivos y copiando de ahora en más al autodenominado ERP, Ejército Revolucionario del Pueblo, la otra gran guerrilla terrorista que asolaba al país. En total hubo 70 combatientes que participaron en forma directa de esta acción, que constó de 5 etapas:

En primer lugar, el secuestro del vuelo 706 de Aerolíneas Argentinas, por parte de 7 montoneros disimulados a bordo con 102 pasajeros. El avión había salido del Aeroparque Jorge Newbery, y el secuestro se produjo a la altura de la Provincia de Corrientes para ser desviado a Formosa. En segundo lugar, el copamiento del aeropuerto El Pucú, en la entrada de la capital formoseña. En tercer lugar el ataque propiamente dicho al Regimiento de Infantería de Monte 29, de importante poder de fuego a nivel nacional. En cuarto lugar, la fuga en un Boeing de Aerolíneas Argentinas y en una avioneta cessna 182, que sirvió para confundir en la huida. Y por último, el aterrizaje del avión en una pista improvisada cerca de Rafaela, en Santa Fe. De hecho, en la improvisada pista había una fila de diez vehículos que esperaban a los extremistas, que bajaron todo el cargamento de armas y explosivos robados para ahora sí, darse a la fuga.

El grueso de la información sobre el Regimiento, como así también sobre el aeropuerto y la ciudad en general, ya había sido dado de antemano por un montonero infiltrado dentro del mismísimo Regimiento, el soldado Roberto Mayol, (finalmente perforado por una lluvia de disparos por parte de los defensores). Del ataque en total participaron 30 guerrilleros. Y en media hora de encarnizado combate hubo 24 muertos, 12 de cada lado y los atacantes se robaron 18 fales. Murieron 10 soldados defensores, un sargento 1° y un subteniente. Los soldados conscriptos Antonio Arrieta, Heriberto Ávalos, José Coronel, Dante Salvatierra, Ismael Sánchez, Edmundo Sosa, Marcelino Torales, Alberto Villalba y Hermindo Luna; el subteniente Ricardo Massaferro y el sargento Víctor Sanabria.

En la defensa fue muy heroico el arrojo del soldado Hermindo ‘Negro’ Luna, de tan sólo 20 años de edad. Proveniente de una familia muy humilde, justo en ese momento se encontraba de guardia. Repentinamente se le aparecieron cinco terroristas fuertemente armados que habían bajado de una camioneta y le dijeron: -Rendite, negro, que con vos no es la cosa. A lo que Luna respondió ¡Acá no se rinde nadie carajo! y fusil en mano trató de replegarse hacia el fondo, con la intención de advertir a sus compañeros del asalto y darles la posibilidad de reaccionar cuanto antes. Luego de iniciar el tiroteo, Hermindo Luna fue finalmente alcanzado de manera mortal.

Con esta brutal acción, Montoneros concretó su acción militar más importante, lográndose provocar una fuerte conmoción social. El objetivo inmediato consistió en deteriorar al gobierno constitucional de Isabel, y el objetivo de fondo fue provocar una reacción militar, es decir, provocar a los militares para que tomen el poder. Los terroristas creían que podrían generar las condiciones en las cuales ellos supuestamente ganarían respaldo popular y así desplazarían al gobierno militar, desde ya una tesis tan ridícula como disparatada.

El ataque conmocionó al gobierno, al peronismo y a los militares, provocando que el General Jorge Rafael Videla y el Almirante Emilio Eduardo Massera fijaran la fecha para el golpe de Estado el 24 de marzo de 1976. Tanto Videla como Massera querían dar el golpe luego del ataque, pero no contaban con el convencimiento del Jefe de la Fuerza Aérea, el Brigadier Héctor Fautario. Igual siguieron adelante en sus planes ya que hacia fines del ’75 lograron desplazar a Fautario a través de una rebelión que desembocó en su reemplazo por el Brigadier Orlando Agosti.

Como consecuencia del ataque al regimiento formoseño, el lunes 6 de octubre del ’75 el presidente provisional Luder impulsó tres decretos contra la subversión. El primero de ellos, el N° 2.770, creaba un Consejo de Seguridad Interna y el Consejo de Defensa, integrado desde ya por el poder político pero también por los militares. El segundo, el N° 2.771, disponía que el Ministerio del Interior firmara convenios con los gobernadores para que las fuerzas de seguridad de cada provincia quedaran bajo el control del Consejo de Defensa, en el marco de la lucha contra la subversión. Y el tercero de los decretos, el N° 2.772, ordenaba a las FFAA las operaciones militares y de seguridad necesarias para aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio nacional.

De esta manera las FFAA tenían ahora la autoridad para asumir la lucha contra los terroristas, hasta el momento algo manejado (o mal manejado) por la Policía Federal. Estos recordados decretos fueron como una suerte de ampliación de lo que Isabel había establecido y firmado en la provincia de Tucumán. En el fondo, el gobierno civil pasó a depender del Ejército, casi un certificado de defunción.

El actual aparato cultural y propagandístico oficial nos sigue machacando con una épica artificial, con una farsa dialéctica que supuestamente enfrentó a ‘ángeles del pueblo’ contra denominados ‘demonios de las oligarquías’. En esta épica que nunca existió el uso de las armas y el desprecio por la democracia quedan disimulados como si tratase de una cuestión meramente juvenil. Sólo parecen importar los DDHH de apenas un sector. Y el mejor ejemplo de esta concepción parcial y arbitraria de la Historia es el pago de cuantiosas indemnizaciones a los familiares de los guerrilleros que murieron atacando el Regimiento de Formosa. O sea, un Estado democrático actual indemnizando a quienes atacaron a otro Estado democrático (el gobierno de Isabel). Hasta los montoneros que participaron de la Operación Primicia señalaron en su revista oficial de la época, ‘Evita Montonera’, que sus compañeros habían caído en combate. Es decir, que no habían sido víctimas de la represión ilegal por parte del aparato estatal.

Por eso, para aquellos que creen que en los ’70 se trató de idealistas que lucharon contra feroces dictaduras (descontextualizando los acontecimientos externos como siempre) ese brutal ataque al Regimiento de Infantería de Monte de Formosa (como otros tantos) fue en pleno gobierno constitucional y democrático de Isabel Perón… Ante un nuevo aniversario de esta verdadera tragedia ocurrida en nuestro país, ante la sistemática distorsión de la historia, ante los enormes negociados de los pretendidos ‘Derechos Humanos’ y ante la impunidad de la que gozan los terroristas montoneros hoy en día: ¡¡Acá no se rinde nadie carajo!! ¡¡Gloria y Honor al soldado Hermindo Luna!! ¡¡Gloria y Honor a los Héroes de Formosa!!



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


05-10-2018