martes, 16 de octubre de 2018

17 DE OCTUBRE DE 1945: LA MISMA LUCHA, LA MISMA ENTREGA


En el marco de la triunfante Revolución Nacional del 4 de Junio de 1943, la Argentina dio un salto verdaderamente cualitativo por las amplísimas medidas socialistas establecidas por el entonces Coronel Juan Domingo Perón al frente de la flamante Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Había impulsado una amplísima política de reivindicación socialista a favor de los trabajadores realizado una inédita distribución de la riqueza y armonizando las relaciones entre el Capital y el Trabajo. Pago de vacaciones; aguinaldo; previsión de accidentes laborales; convenios colectivos a favor de los trabajadores; aumento de salarios; extensión del régimen jubilatorio; creación de Tribunales de Trabajo para regular el enfrentamiento entre patrones y obreros; sanción del Estatuto del Peón (lo que tanto había enfurecido en su momento a los sectores concentrados del campo).

La popularidad del Coronel Perón fue creciendo cada vez más. Desde principios de 1944 va a ostentar el Ministerio de Guerra y desde junio de ese año la mismísima vicepresidencia de la Nación. Pero el triunfo aliado en la 2da. GM dio un vuelco a la situación: Desde mayo de 1945 hizo su arribo a nuestro país un personaje de suma importancia por todos los hechos posteriores, el recordado embajador de EEUU Spruille Braden, quien durante más de cuatro meses fue el conductor de la oposición al gobierno, dentro de la cual estuvo la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista y los conservadores.

El gobierno del General Edelmiro Farrell estaba cada vez más cercado por una importantísima fuerza opositora: La embajada norteamericana (y a través de ella Inglaterra); la Unión Industrial Argentina; la Sociedad Rural Argentina; la Bolsa de Comercio; la Federación Universitaria Argentina; las asociaciones de comerciantes y ganaderos; los tradicionales partidos políticos; la totalidad de la Marina -netamente anti-peronista- como así también un importante sector del Ejército. El 8 de octubre de 1945 el enfrentamiento entre el Coronel Perón y el General Eduardo Ávalos, Jefe de Campo de Mayo (la guarnición militar más poderosa del país) aceleró el proceso. La oficialidad superior le pidió a Perón que renunciara a sus tres cargos (la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, el Ministerio de Guerra y la Vicepresidencia de la Nación), y producto de una permanente presión el carismático Líder de los Trabajadores renunció al día siguiente. Sólo la miopía política gobernante podía ignorar todo lo que vendría. La noticia de la renuncia fue un verdadero impacto emocional, una verdadera bomba de tiempo.

En su reemplazo al frente del Ministerio de Guerra se nombró al General Ávalos. El 13 de octubre Perón llegó en calidad de detenido a la isla Martín García. El Poder Ejecutivo decidió detenerlo porque se temía que se podía atentar contra su vida. Evidentemente era el triunfo de la Anti-Patria, de la oposición a una Nación Libre, Justa y Soberana. La defenestración hacia Perón y la reacción anti-nacionalista y anti-obrera dio lugar a la aparición de diferentes personeros siempre vinculados al antiguo régimen del fraude, de la corrupción y del entreguismo. A pesar de todo, la gesta social-patriótica se puso en marcha.

Para buscar descomprimir el eufórico y desbordante reclamo del pueblo trabajador en la histórica Plaza de Mayo, el designado Ministro de Guerra Ávalos se entrevistó con Perón en el Hospital Militar, para luego comunicarse telefónicamente con Campo de Mayo y hacerle saber a la oficialidad superior que Perón hablaría desde el balcón de la Casa Rosada. La noticia confundió y contrarió a estos militares (que se habían jugado el todo por el todo en el derrocamiento de Perón). Pero ya era demasiado tarde como para generar alguna reacción.

El grito del Pueblo a toda esta dramática situación se hizo sentir y de una manera muy contundente. Comenzaron a levantarse huelgas y manifiestos de protestas a través de diferentes sindicatos. La Confederación General del Trabajo había decretado una huelga nacional por espacio de 24 horas y a partir del día 18 de octubre. Pero de manera espontánea el Pueblo Trabajador fue el principal protagonista, arrasando con todo y exigiendo como única consigna la liberación del Líder de los Trabajadores. Y desde la isla Martín García el desterrado pidió por su restitución a Buenos Aires, cuestión a lo que el presidente Farrell accedió trasladándolo al Hospital Militar de esta ciudad.

Lo más singular del 17 de Octubre fue su auténtica expresión popular, una expresión que surgió de manera espontánea por la nueva realidad nacional que se vivía desde el 4 de junio de 1943. Los argentinos tradicionalmente periféricos, los ignorados de siempre, los omitidos como hoy en día que de súbito aparecieron en la mismísima ciudad de Buenos Aires para imponerse de manera arrolladora. Desde la mañana de este famoso miércoles 17 de Octubre la masa trabajadora empezó a volcarse de manera masiva hacia la Capital Federal, con muy nutridas columnas que marchaban hacia el centro de Buenos Aires. Era una verdadera marea humana la que una y otra vez pasaba, proveniente más que nada de las zonas industriales del Conurbano Bonaerense. El objetivo era arribar a la Plaza de Mayo. Metafóricamente hablando, nadie los conducía, todos eran capitanes.

A las 21.45 horas Perón ya estaba con el presidente Farrell en la residencia. Conversaron hasta las 22.25 horas y después se dirigieron hacia la Casa de Gobierno. El número de concurrentes se situó entre las 200.000 y 300.000 personas. Y a esto hay que agregarle la permanente tensión de los concurrentes que con gran frenesí y de manera infatigable seguía aclamando el nombre de Perón y reclamando sí o sí su presencia. Poco después de las 23 horas finalmente Perón salió al Balcón de la Casa Rosada estallando una impactante ovación por espacio ininterrumpido de 15 minutos. Era la felicidad total. La gente parecía como haberse vuelto loca: Gritaban, saltaban, lloraban y coreaban estribillos con voces cada vez más enronquecidas. Allí tenían enfrente al referente por el cual se habían jugado. Sano y salvo, vencedor.

Farrell intentó hacerse oír, pero más que un discurso era una presentación hacia el hombre que había sabido ganarse el corazón de millones de argentinos. Y cuando por fin el gran triunfador de la memorable jornada pronunció su primera palabra desde el Balcón, expresión que fue “¡Trabajadores!” una nueva explosión de júbilo se hizo sentir. A continuación señaló: “Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino”. Y en otra parte expresó estas palabras que también quedaron para el recuerdo, “dejo el honroso uniforme que me entregó la Patria para vestir la casaca de civil y confundirme con una masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria. Con esto doy un abrazo final a esa institución que es un puntal de la Patria: el ejército. Y doy también el primer abrazo a esa grandiosa que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es el pueblo”. Luego de su memorable discurso, la consecuencia inmediata desde lo político fue la renuncia de Ávalos al frente del ministerio de Guerra.

La Argentina ya no fue la misma, hubo un quiebre, un antes y un después. Y las consecuencias de fondo más importantes fueron: En primer lugar el surgimiento de una nueva, muy significativa, innovadora y revolucionaria fuerza política que giró en torno a la figura estelar del 17 de Octubre, el Coronel Perón. En segundo lugar la definitiva incorporación de los trabajadores al proceso político del país y como uno de los factores de poder, desde ya subordinados a su conductor natural. Y en tercer lugar, el nacimiento de la antinomia peronismo/anti-peronismo, que es lo mismo que decir Patria vs. Antipatria, algo que por supuesto es lo que perdura en nuestros días.

Fue la movilización más emblemática en toda la historia de las luchas sociales. Lo que se puso en juego fue la Justicia Social, como en otros tiempos se puso en juego la emancipación, la independencia, el federalismo como forma de gobierno o el voto. Fue una epopeya, un verdadero Despertar de la Patria Grande, o como diría el destacadísimo historiador revisionista Raúl Scalabrini Ortiz fue el subsuelo de la Patria sublevado. Fue el triunfo del Honor y de la Dignidad de todo un Pueblo que comprendió cabalmente que peligraba el destino de la Patria, jugándose la vida para que triunfase la Justicia y la Verdad. El hecho que marcó el fin de una Argentina para dar comienzo a otra Argentina. Pero más que eso, el 17 de Octubre de 1945 es la vigencia de una Lucha, porque el verdadero Nacionalismo es aquel que tiene una fuerte impronta socialista, el que profesa y pone en práctica una auténtica Justicia Social como sin lugar a dudas lo llevó adelante el Nacional-justicialismo. Un impactante acontecimiento, espejo en el cual hoy más que nunca todos los argentinos nos tenemos que mirar ante tanta miseria política, ante tanta degradación social, ante tanto cipayismo y corrupción organizada.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


16-10-2018

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