viernes, 9 de noviembre de 2018

10 DE NOVIEMBRE, DÍA DE LA TRADICIÓN


El Día de la Tradición se aprobó de manera oficial primero en la ciudad de La Plata al sancionarse la Ley 4.756 / 39 en agosto de 1939, empezándose a conmemorar dicha fecha en la ciudad de las diagonales. Recién en 1975, durante el gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón, el Congreso Nacional aprobó la Ley 21.154 extendiéndose a todo el territorio argentino dicha conmemoración.

En el Día de la Tradición está el reconocimiento a la Identidad Argentina, a un Arquetipo bien representativo de la misma como sin lugar a dudas lo fue José Hernández, nacido el 10 de noviembre de 1834 en el actual Partido de General San Martín (Conurbano bonaerense). Tuvo una vida pública muy destacable. Fue poeta, periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político. Comenzó a leer y a escribir con tan sólo cuatro años de edad. En 1843, año del fallecimiento de su madre, su padre lo llevó a vivir al campo, donde era capataz en las estancias del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas (por aquellos tiempos primera Magistratura del país).

Fue en este entorno campestre cuando tomó contacto con gauchos e indios. Debido a su proximidad con ellos tuvo la oportunidad de conocer sus costumbres, su mentalidad, su lenguaje, su cultura. Aprendió a quererlos, a admirarlos, a comprenderlos, y también a entender sus dificultades en la vida cotidiana. En 1857 –poco después de fallecer su padre–se instaló en la ciudad de Paraná, contrayendo matrimonio dos años después. Su labor periodística la inició en el diario El Nacional Argentino, con una serie de artículos en los que condenaba el asesinato del caudillo federal riojano, Brigadier General Ángel Vicente ‘Chacho’ Peñaloza (asesinado vilmente el 12 de noviembre de 1863 durante la presidencia de Bartolomé Mitre y por encargo del por entonces gobernador de San Juan, Domingo Faustino Sarmiento). El Chacho había sido uno de los últimos líderes federales en resistir el despotismo y el centralismo pro-inglés y masónico del poder político de Buenos Aires.

En 1863 estos artículos fueron publicados como libro bajo el título Rasgos biográficos del General Ángel Peñaloza. En 1869 fundó el diario El Río de la Plata, en cuyas columnas defendió a los gauchos y denunció los abusos cometidos por las autoridades de la campaña. También fundó el diario El Eco, de la provincia de Corrientes, cuyas instalaciones fueron destruidas por sus adversarios políticos. Colaboró además en los periódicos La Reforma Pacífica, de Paraná y La Patria, de Montevideo. En el orden militar intervino en dos batallas muy importantes para el destino del país: En la batalla de Cepeda (en 1859) y en la batalla de Pavón (en 1861). Además luchó junto al caudillo federal entrerriano Ricardo López Jordán. Este último había llevado adelante una rebelión federal en la poderosa Provincia de Entre Ríos del General Justo José de Urquiza, por el acercamiento político de éste hacia el presidente Sarmiento. Esta rebelión duró desde el 11 de abril de 1870 (fecha del asesinato de Urquiza en el majestuoso Palacio San José de Entre Ríos) hasta el 16 de septiembre de 1876 (cuando López Jordán finalmente capituló y cayó derrotado). La rebelión jordanista fue el último conflicto, si se puede decir así, entre unitarios y federales.

Debido a las continuas guerras civiles en nuestro país, José Hernández se vio obligado a exiliarse, viviendo en Brasil y posteriormente en Uruguay. Recién en 1874 y gracias a una amnistía política que paró la violencia pudo volver al país. En el orden legislativo se desempeñó como diputado y luego como senador de la Provincia de Buenos Aires. Tomó parte activa junto a Dardo Rocha en la fundación de La Plata, en el año 1882. Y siendo presidente de la Cámara de Diputados defendió el proyecto de federalización de Buenos Aires, que pasó a ser la capital del país en 1880.

A fines de 1872 se produjo la salida de su obra cumbre El Gaucho Martín Fierro, el poema de género gauchesco que se convirtió en la obra literaria del más puro y genuino folclore argentino. Traducido a numerosos idiomas, es la obra por excelencia de la literatura argentina. Y es aquí donde Don José rinde homenaje al gaucho, a quien lo describe en su ser, en sus vivencias, en su drama cotidiano, en su desamparo, en sus vicisitudes y en sus bravuras. Este gran éxito literario lo llevó a continuarlo con la salida en 1879 de su segunda parte, La vuelta de Martín Fierro. Posteriormente, en 1881 publicó su obra Instrucción del Estanciero. El 21 de octubre de 1886 falleció en su quinta de Belgrano.

El Martín Fierro de José Hernández es en el fondo la descripción de la dura realidad que vivía el país hacia la segunda mitad de siglo XIX. Una denuncia social que encierra las grandes verdades de aquel momento como hoy en día: La falta de educación, el menosprecio a lo nacional, la subordinación a los poderes mundiales, la corrupción en lo judicial, la deficiente organización militar, la deficiencia de la policía y el resentimiento de los sectores postergados por el poder político de turno. Y todo ello a través de un clarísimo lenguaje rural.

Una denuncia social dentro de un contexto político en particular. Con la derrota nacional en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852 (sin lugar a dudas la mayor tragedia política que haya sufrido el país), el unitarismo masónico aliado al Imperio del Brasil y a Inglaterra disolvió el sistema político independiente de toda forma de dominación extranjera y terminó con el Federalismo como política de Estado. Con la caída de Rosas el país dejó de ser una Nación libre para convertirse nuevamente en colonia. En adelante se van a establecer diferentes gobiernos funcionales a los intereses geopolíticos colonialistas del Orden Mundial capitalista en expansión. Y la entrega económica estuvo acompañada de una entrega tanto territorial como espiritual. En nombre de la “libertad de comercio” se arrasó con las manufacturas criollas que tanto habían prosperado en los tiempos del Restaurador. Brasil inclusive sacó su enorme tajada al incorporarse de manera unilateral para sus dominios las Misiones orientales, al obtener la libre navegación de los ríos y la hegemonía política sobre Uruguay y la Argentina.

Y todo ello en nombre de la “civilización”, pero civilización entendida como algo propio de extranjeros, de europeos, y entendiendo por bárbaro (en el mismo lenguaje liberal) todo aquello que era argentino, que era criollo. De la misma manera se va a empezar a considerar “tiránico” al más popular de los gobiernos habidos en el siglo XIX, comenzándose de manera paralela a denominar “democráticos” a los nuevos gobiernos post-Caseros que en realidad constituyeron oligarquías que gobernaron (en mayor o menor medida) de espaldas a los intereses de la Comunidad Nacional.

Desde 1852 en adelante se comenzó a inventar un nuevo país conforme a los dictados de la Masonería Internacional, proyectándose una subordinación hacia los intereses del colonialismo anglo-sajón. Una anti-Argentina, de espaldas a la Argentina real, en contra de su verdadero Ser. Un anti-Estado, como el actual que tenemos, que asegura el gobierno de los peores y la sumisión de nuestra Patria el Capital Financiero Internacional con toda una enorme transferencia de riquezas al extranjero. Inclusive, el repudio a lo autóctono se ejecutó en un verdadero genocidio, en sistemáticas matanzas de criollos, imponiéndose esa falsa muletilla conocida como “inutilidad del criollo”, lo que tampoco era ninguna novedad ya que venía propagándose desde los tiempos de Rivadavia. Y todo esto produjo el efecto buscado por los liberales: Propiciar un rebaje psicológico y moral en el argentino mismo, acabar con el verdadero Arquetipo.

Es en todo este proceso de aculturación y de desprecio por lo nuestro en donde se debe contextualizar el Martín Fierro de José Hernández, la obra literaria argentina por excelencia, la narración de un verdadero drama social que tiene como principal protagonista al gaucho de estas tierras, a aquel que a pesar de tantos sinsabores sufridos siempre resiste fiel y bajo su viejo Código de Honor.

Ante un nuevo aniversario por el Día de la Tradición reafirmemos una vez más nuestra Identidad, nuestra Cultura y nuestro Ser Nacional. El Nacionalismo convoca a la unión de todos los argentinos. Ya lo decía con claridad meridiana José Hernández en el inmortal Martín Fierro: “LOS HERMANOS SEAN UNIDOS PORQUE ESA ES LA LEY PRIMERA; TENGAN UNIÓN VERDADERA EN CUALQUIER TIEMPO QUE SEA, PORQUE SI ENTRE ELLOS PELEAN LOS DEVORAN LOS DE AFUERA”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

09-11-2018

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