sábado, 2 de febrero de 2019

CASEROS, LA MAYOR TRAGEDIA POLÍTICA ARGENTINA


Cuando el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas había alcanzado el mayor de los prestigios, la mayor de las glorias –después de sus memorables triunfos contra la agresión colonialista anglo-francesa– comenzó a gestarse la coalición que finalmente habría de derrocarlo. Su caída política, producida el día 3 de febrero de 1852 en la batalla de Caseros, no debe interpretarse como una mera disputa interna por el poder.

Su derrocamiento fue planeado por el Poder Mundial del Dinero, y se orquestó a través de una coalición internacional encabezada por la diplomacia británica (conjuntamente con la Masonería Internacional), el Imperio del Brasil y el instrumento para esta acción, el General Justo José de Urquiza, por entonces gobernador de la provincia de Entre Ríos. Tanto la política exterior imperial brasileña como la británica coincidían en los intereses expansivos económicos y geopolíticos, y no descansaban en su intento de querer imponer la libre navegación de nuestros ríos como así también el sistema de libre cambio.

Ambas cancillerías utilizaron la astucia en el sentido de ganarse el apoyo de los enemigos internos de Rosas. Y la presa más codiciada fue el general Urquiza, que además de ser el gobernador entrerriano estaba a cargo de ejército más poderoso del que disponía la Confederación. Los unitarios le hicieron creer a este gobernador timorato y falto de carácter que la mayor de las glorias para la “civilización y el progreso” era derrocar a la primera magistratura nacional; que se debía actuar en nombre de una supuesta libertad.

La ambición personal de Urquiza de aliarse con los brasileños se debió a que Rosas había adoptado poner fin al espurio comercio que tanto había enriquecido al entrerriano. Urquiza traficaba con oro, transgrediendo la Ley Nacional de Aduanas y menoscabando de esta manera el Bien Común de los argentinos. Claro que encubrió sus verdaderas motivaciones alegando que se pronunciaba en contra del Restaurador para dar al país una constitución y para terminar con una “tiranía”.

De esta manera los acontecimientos se van a precipitar. En mayo de 1851 se firmó la alianza ofensiva/defensiva entre el Imperio del Brasil, el ilegítimo gobierno uruguayo de Rivera (quien había derrocado a su presidente legítimo Manuel Oribe) y la gobernación de Entre Ríos. La excusa de esta alianza fue querer pacificar al Estado oriental. Pero ninguno de los gobiernos provinciales respondió al llamado salvo Corrientes, provincia satélite de Urquiza. Esta actitud del gobernador entrerriano provocó en el país una gran ola de escándalo e indignación, en donde se lo acusó lisa y llanamente de traidor. Por consiguiente, el 18 de agosto de 1851 la Confederación Argentina le declaró formalmente la guerra al Imperio del Brasil. El 21 de noviembre de este mismo año se firmó en Montevideo la alianza entre el Brasil, Entre Ríos, Corrientes como agregada, y el Estado oriental para llevar adelante esta cruzada en nombre de una hipócrita libertad.

Urquiza concentró sus fuerzas en Gualeguaychú. Con la incorporación de sus ambiciosos aliados reunió en total 24.000 hombres, que en su vanidad lo denominó ‘Ejército Grande’, comenzando de esta manera el cruce del río Paraná. Tanto la caballada como el material bélico fueron transportados en navíos brasileños. Casi sin obstáculos prosiguió su marcha. El 31 de enero de 1852 el General Ángel Pacheco hizo retirar de manera inexplicable a sus 5.000 hombres –la columna vanguardia de la defensa – en lo que se conoció como Puente de Márquez, en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Según lo descripto por algunos historiadores en realidad Pacheco ya se había entendido de manera secreta con Urquiza.

La famosa batalla de Caseros –oeste del Gran Buenos Aires– se inició por la mañana del día 3 de febrero. La defensa nacional contó con 22.000 soldados más 60 cañones, aunque con muy poca munición. Fue un combate realmente encarnizado que se libró por espacio de dos horas, constituyendo los brasileños el verdadero y disciplinado ejército enemigo. Urquiza no ganó en Caseros, fue un simple conductor de las pocas tropas de caballería argentina que lo acompañaron en la deslealtad y en la traición. El verdadero vencedor en el campo de batalla fue el brigadier brasilero Marques de Souza. Es más, en Brasil se considera a Caseros como un triunfo propio, una suerte de desquite por la batalla de Ituzaingó librada el 20 de febrero de 1827.      

Rosas, que había presenciado la batalla a una cierta distancia, no tuvo más remedio que acatar el fallo adverso de las armas. Y seguido de unos cuantos fieles emprendió la retirada hacia la ciudad. Herido en su mano derecha y en las inmediaciones de la actual Plaza Constitución redactó su famosa renuncia a la Sala de Representantes. Luego se dirigió al corazón de la ciudad –cubierto con sombrero y poncho para no ser reconocido– y arribó a la residencia del inglés Robert Gore, el encargado británico de negocios en nuestro país, para luego partir definitivamente hacia Inglaterra.

Y lo que parece ser contradictorio no lo es en lo más mínimo. Lo suyo no fue un “exilio” como vulgarmente se sostiene. Fue una prisión disimulada en una granja de Southampton, donde vivió humildemente. Esta fue la estrategia inglesa conocida como deshacerse del enemigo permitiéndole escapar, estrategia que utilizaron muchas veces y en diferentes teatros de guerra. Vale decir, luego de ser derrotado en Caseros, Rosas tenía dos opciones: O entregarse a los unitarios para seguramente ser fusilado o entregarse al verdadero vencedor, Inglaterra. Lo suyo fue un destino obligado. Los ingleses lo “recibieron” para deshacerse de él en el sentido de tenerlo controlado en su propio país. Si lo mataban lo hubieran convertido en un mito. Y si el Restaurador hubiera ido a otro país se podía dar el caso hipotético de que regresara a la Confederación para retomar el poder.

La consecuencia más importante de la caída política de Rosas fue la disolución de un sistema político independiente de toda forma de dominación extranjera, estableciéndose en adelante diferentes gobiernos funcionales a los intereses geopolíticos colonialistas del Orden Mundial capitalista financiero en expansión. Vamos a dejar de ser una Nación Libre para convertirnos en una miserable colonia extranjera. El librecambio y la libre navegación de nuestros ríos van a estar a la cabeza como dogmas indiscutibles. A partir de entonces se comenzó a inventar un nuevo país. En nombre de la libertad de comercio se arrasó con las manufacturas criollas que tanto habían prosperado desde 1835 en adelante. Brasil sacó su enorme tajada al obtener las Misiones orientales, la libre navegación de nuestros ríos, la independencia del Paraguay (que Rosas sistemáticamente nunca reconoció por considerarla parte integrante del Virreinato), y la hegemonía sobre Uruguay y Argentina.

Se llevó adelante también una sistemática matanza de nativos, prevaleciendo lo que se daba a conocer como ‘inutilidad del criollo’. Era ni más ni menos que el efecto buscado por los liberales: Propiciar un rebaje psicológico y moral en el argentino mismo, acabar con la soberanía de lo propio, con la soberanía de lo autónomo, con el verdadero Arquetipo. En definitiva, esta fue la característica esencial de lo que vulgarmente se conoció como “período de la Organización Nacional”, que de nacional no tuvo nada, donde evidentemente nos organizarían pero con una mentalidad de colonia. Y todo ello en nombre de una civilización pero entendida como algo propio de extranjeros, de europeos, y entendiendo por bárbaro (en el mismo lenguaje liberal) todo aquello que era argentino y criollo. De la misma manera se empezó a considerar de tiránico al más popular de los gobiernos habidos en el siglo XIX, comenzándose también a denominar “democráticos” a los nuevos gobiernos post-Caseros que en verdad constituyeron verdaderas oligarquías que gobernaron de espaldas a los intereses de la Nación.

La batalla de Caseros fue la mayor calamidad política de nuestra historia. Sin lugar a dudas se frustraba el destino nacional. La Confederación Argentina respetada, gloriosa, fuerte, con su difícil unidad política lograda (y cuyo ejemplo más patente fue la resistencia al colonialismo extranjero) pasaba a ser un recuerdo melancólico. Comenzó a inventarse otro país conforme a los parámetros de la Masonería y del capitalismo financiero internacional. Una anti-Argentina, de espaldas a la Argentina real y en contra de su verdadero Ser. Un anti-Estado, como el actual que tenemos, que asegura el gobierno de los peores y la sumisión a la plutocracia capitalista.

Ese Espíritu de Libertad degradado es el que los argentinos debemos recuperar en la actualidad. Sin Soberanía Política ningún gobierno puede tomar decisiones plenas ni administrar justicia en base al Bien Común. La clave siempre estará en disponer de total libertad de acción. No estar manipulado por sectores concentrados de la economía o por cualquier forma de dominación extranjera (ya sea la dominación de tipo militar, ideológica, política, económica/financiera o cultural). Debemos volver a tener una Nación Grande, una Nación Fuerte e Independiente como en los tiempos de Don Juan Manuel de Rosas. Y que los cipayos y delincuentes que gobiernan hoy en día a la Argentina (que son del mismo linaje a los de Caseros) paguen por todo el daño hecho.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


03-02-2019

jueves, 17 de enero de 2019

EL FALSO HÉROE Y SU FALSA DOCTRINA


Ernesto “Che” Guevara es una suerte de “paradigma” de rebeldía juvenil que está estampado en infinidades de remeras que se venden, vaya paradoja, bajo el sistema capitalista. Se lo retrata como un revolucionario, como un luchador por la democracia y las libertades, algo así como un “mártir” del bien común social. Pero la realidad fue muy distinta ya que a través de sus teorizaciones se buscó la toma del poder en toda América Latina y de una manera totalmente violenta y sanguinaria: La lucha armada guerrillera buscó implementar a nivel continental una dictadura totalitaria marxista-comunista.

Fue el primero en América Latina que teorizó sobre el concepto de guerrilla, que según él mismo fue algo que surgió de la experiencia que tuvo junto a Fidel Castro durante la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista en Sierra Maestra, Cuba, y su consiguiente derrocamiento en enero de 1959. Guevara explica las premisas y principios fundamentales por los cuales se debe construir toda insurgencia guerrillera.

De sus teorizaciones se desprenden groseros errores (que a la larga pueden explicar su inevitable fracaso y fin en Bolivia en 1967). Siempre parte de una irreal situación política ya que sistemáticamente da una visión falsamente ideologizada y ajena al sentido común. En “Guerra de Guerrillas”, su principal obra, sostiene: “(…) Tres aportaciones básicas y fundamentales hizo la Revolución Cubana a la mecánica de los movimientos revolucionarios de América, son ellas: 1) Las fuerzas populares pueden ganar un guerra contra el ejército regular; 2) No siempre es necesario que se den todas las condiciones para la revolución, el foco puede crearlas; 3) En América subdesarrollada el terreno de la lucha armada debe ser fundamentalmente el campo”.

De su grosero análisis se desprende lo siguiente: Sin el apoyo total de una población (tanto campesina como urbana) el movimiento insurgente siempre se va a constituir en un grupo violento que va a matar ante la indiferencia o el odio general. Priorizar la guerrilla en el ámbito rural y subordinar las acciones urbanas como algo secundario (o en todo caso como apoyo a las primeras en hombres, pertrechos bélicos, agitaciones obreras y estudiantiles, etc.) también demuestra una gran falta de visión.

Según el guevarismo, se debe priorizar la lucha en el campo porque precisamente las condiciones de vida son más duras en cuanto a la explotación y la opresión, constituyendo los campesinos, así, el enorme potencial insurgente. Más aún, se establece que un enfrentamiento de fuerzas irregulares mezcladas con el campesinado y luchando en un hábitat natural hacen que las FFAA resulten a la larga impotentes. Pero hasta el trotskismo (más allá de lo aberrante como teoría) descalificó esa “tesis” de exportación para toda América Latina al establecer que en realidad son las masas populares las verdaderas protagonistas en vez de un foco guerrillero rural.

En “Crear Dos, Tres… Muchos Vietnam es la Consigna”, otra de sus obras de cabecera, Guevara nos ilustra cómo debe ser de “democrática” la esencia de la lucha guerrillera: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así”.

En cuanto a su “lucha” contra las dictaduras latinoamericanas lo que sistemáticamente se oculta es que según su concepción cualquier gobierno ubicado en las esferas del “capitalismo” era considerado una dictadura. Es decir, se debía llevar adelante el foco guerrillero y más allá de la índole del gobierno, así se tratare de una dictadura o de una democracia ultra-legalista. Es tal cual lo afirma en “Guerra de Guerrillas”: “No debemos admitir que la palabra Democracia utilizada en forma apologética para representar la dictadura de las clases explotadoras pierda su profundidad de concepto y adquiera el de ciertas libertades más o menos óptimas dadas al ciudadano. Luchar por conseguir la restauración de cierta legalidad burguesa, sin plantearse, en cambio, el problema del poder revolucionario, es luchar para retornar a cierto orden dictatorial preestablecido por las clases sociales dominantes”.

En definitiva, de una experiencia vivida en Cuba Guevara quiso torpemente generalizar una doctrina para ser aplicada a toda América Latina. No todos los países latinoamericanos eran Cuba ni mucho menos se daba el mismo proceso político y económico como para aplicarse esos “principios”. Inclusive en el triunfo de la Revolución Cubana hay mucha tergiversación. El enfrentamiento con las fuerzas de Batista consistió más que nada en escaramuzas y combates con un muy reducido número de bajas. Los soldados batistianos carecieron siempre de una moral de combate, no estando muy lejos de deponer las armas por arreglos económicos con el enemigo. Y de una guerra de estas características no se pueden deducir postulados básicos para encarar otras, y mucho menos a nivel continental.

La base de su doctrina es toda una vil falacia. El desgraciado recuerdo de las guerrillas marxistas con su impronta de odio, resentimiento, terrorismo y disfrazadas bajos los conceptos de “liberación” y de “amor a la humanidad” nos deja una lección más que clara. Nos permite ver como se puede luchar, como se puede matar y como se puede morir por una abstracción ideológica, por algo que no puede estar nunca plasmado por ser una utopía pura: El comunismo, tan irreal y falso como el Che Guevara.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


17-01-2019

martes, 15 de enero de 2019

LA REVOLUCIÓN CUBANA, SU LEGADO A 60 AÑOS


  El 1° de enero pasado se cumplieron 60 años del triunfo de la Revolución Cubana, sin lugar a dudas un acontecimiento de grandes repercusiones geopolíticas que marcó un antes y un después en toda la historia de América Latina. Con el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista, el 1° de enero de 1959, Fidel Castro Ruz deseaba construir “una nación más democrática, más próspera, más independiente y más justa”. ¿Es Cuba en la actualidad un Estado “socialista de trabajadores”? ¿Es un país soberano, con libertad política y justicia social tal como lo señala su Constitución?.

A la luz de los hechos desde 1959 a la fecha se reemplazó un régimen dictatorial pro-norteamericano por otro régimen dictatorial de corte comunista que sistemáticamente ha violado los Derechos Humanos. En Cuba no existe ni remotamente la libertad política como tampoco la libertad de expresión ni las elecciones libres. Toda voz disidente es barrida por el Partido Comunista, siendo el Estado totalitario quien controla y direcciona de manera omnipresente a la sociedad. A su vez, todo tipo de organización política por fuera del Partido Único está prohibida.


En el marco del “socialismo revolucionario” Cuba puso en práctica un modelo económico centralizado en donde el Estado es el propietario de prácticamente todos los medios de producción y en donde dirige el proceso productivo y la distribución en forma centralmente planificada. Basada en la mono-producción de azúcar, la isla se fue transformando casi desde los inicios de la Revolución en una economía totalmente dependiente de la Unión Soviética, fuertemente subsidiada para mantenerse a flote. El colapso de la URSS la obligó a buscar una mayor diversificación de su economía pero las ineficiencias de su modelo no le han permitido el progreso.

Una de las soluciones que se encontró para reemplazar la ayuda soviética fue la de los dólares del turismo extranjero (vaya paradoja). Y al dejar de recibir préstamos a largo plazo y con bajísimos intereses que la URSS le otorgaba automáticamente para cubrir su sistemático déficit comercial anual Cuba ha incumplido pagos con numerosísimos países, entre ellos con el Reino Unido, Francia, Bélgica, Canadá, España, Chile, Japón y México. A la fecha su escalofriante deuda externa con Rusia es de US$ 32,1 mil millones, con el Club de París (19 países) US$ 11,1 mil millones y con China US$6 mil millones, entre otros.

La Habana sigue dependiendo de ayuda extranjera para su estabilidad económica, hoy por hoy a través de fuertes subsidios del gobierno dictatorial comunista de Venezuela. Pero el rentable negocio del narcotráfico en Cuba fue ya desde principios de la Revolución algo más que auspicioso, manejado por un círculo cerrado de altos narco-funcionarios agrupados en torno al MINFAR (Ministerio de las Fuerzas Armadas) y el MININT (Ministerio del Interior). De esta manera se pudo consolidar el cartel de La Habana que nada tiene para envidiarle a carteles de la droga más conocidos como el de Medellín o Cali.

Desde los años ’70, bajo la responsabilidad de Raúl Castro y a través del MINFAR, se comenzó a preparar una gran infraestructura que iba a servir como centro de operaciones para el tráfico de drogas por toda Iberoamérica. Una de las principales bases se estableció en Cayo Largo (costa sur)  y posteriormente en Moa (provincia de Holguín). En esta última se encuentra instalada una de las plantas de procesamiento de drogas más importantes del mundo, construida con equipos provenientes de Alemania del Este para el procesamiento de cocaína y otras sustancias tóxicas. Este es el tan proclamado "territorio libre de América".

El régimen siempre se ha jactado por sus grandes logros en materia de salud pública y educación, en haber combatido el analfabetismo, la desnutrición, en haber aumentado el índice de esperanza de vida como así también en haber reducido la mortalidad infantil y el desempleo. Después del triunfo de la Revolución, Fidel Castro había iniciado un proceso para eliminar a los sectores medios y altos de la sociedad, principalmente a través de la tan mentada Reforma Agraria, que incluyó la nacionalización de empresas estadounidenses y la erradicación de la propiedad privada sobre los medios de producción. En su demagogia populista prometió que tras 20 años Cuba iba a tener un PBI superior al de EEUU y que iba a ser algo así como “la Suiza de América”. A los pequeños productores que se beneficiaron con la Reforma tampoco se les dio plena libertad puesto que el Estado fue siempre el que estableció qué producir y a qué precio.

De la Revolución no surgió el tan anhelado "Hombre Nuevo" proclamado por el Che Guevara ni mucho menos. De una incipiente “primavera comunista” a nivel social se pasó a un durísimo “invierno”. Si bien hubo importantes logros al comienzo -especialmente en el sistema de salud y educación- en los últimos 20 años esos avances no han sido perdurables. Ha habido un claro retroceso en muchos indicadores. Inclusive el hecho de que sistemáticamente miles de ciudadanos de la isla hayan estado dispuestos a subirse a balsas y otros objetos flotantes precarios para cruzar un mar infestado de tiburones y tratar de llegar como refugiados a EEUU es la evidencia clara de que la Revolución históricamente estuvo lejos de haber construido el tan mentado "socialismo de los trabajadores" como alguna vez se prometió.

A 60 años del acontecimiento que marcó un quiebre en América Latina, que inició un baño de sangre en América Latina en general y en Argentina en particular, en Cuba no hay libertades políticas ni existe la libertad de expresión. El estándar de vida de la población ha empeorado extremadamente con un increíble índice de pobreza actual del 90% y un salario mínimo en promedio de U$S 9. Su economía es dependiente del exterior e importa el 80% de su comida, incluido el azúcar.

Este es el tan afamado “paraíso socialista” de América Latina: Un Sistema en donde rige un capitalismo de Estado para hacer grandes negocios desde el poder; una cúpula narco-comunista que se beneficia ampliamente con el cartel de la droga cubana; un país ferozmente endeudado con la Usura Internacional y una población arrastrada al atraso, a la miseria y la postración… población anteriormente fusilada por los jerarcas de un claro régimen despótico-dictatorial.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

15-01-2019