domingo, 16 de junio de 2019

MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES, LA PATRIA GRANDE


Es un hecho realmente inédito para la historia de las Armas de la Patria que un buque de guerra sea tomado por una partida de caballería. Al caer la tarde del 12 de agosto de 1806 (Día de la Reconquista de Buenos Aires), el joven Martín Miguel de Güemes, al mando de un grupo de jinetes montados tomó la fragata inglesa “Justina”, de 26 cañones, que por la bajante de las aguas había quedado varada en el río.

En el marco del proceso político revolucionario iniciado con la Gesta de Mayo se incorporó al ejército partriota y se le destinó al Alto Perú, formando parte de las tropas que combatieron contra las fuerzas realistas en la famosa batalla de Suipacha (actual Bolivia), el 7 de noviembre de 1810. Una batalla que significó el primer triunfo de los ejércitos argentinos en la Guerra de Indepenencia contra España. Hacia 1815 volvió a su Salta natal organizando a su pueblo en la resistencia a los ejércitos realistas. El 15 de mayo de ese año fue electo gobernador de su provincia, cargo que ejercerá hasta 1820. Reconociéndosele su arrojo en el combate, el flamante Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón lo ascendió al grado de coronel mayor. Y el General San Martín –por los valores militares demostrados– le confió la custodia de la frontera del nor-oeste de nuestro país.

Producto del accionar de sus gauchos milicianos la situación se tornaba cada vez más difícil para el jefe de las fuerzas realistas, el general Joaquín de la Pezuela. La táctica era el hostigamiento y el acoso permanente hacia el enemigo, lo que se conoció popularmente con el nombre de guerra de guerrillas. Sin embargo la situación tampoco era nada fácil para las armas patrias. Hacia principios de 1817 el Mariscal realista José De la Serna planeaba una poderosísima invasión a Salta, y con un experimentado ejército de más de 5.000 hombres, vencedores en su momento de Napoleón. Pero Güemes se puso a la altura de la Historia. Organizó a la provincia en pie de guerra, con un verdadero ejército popular en partidas de no más de veinte hombres.

El 1° de marzo de 1817 Güemes logró recuperar Humahuaca y se dispuso a esperar la invasión, siempre con la táctica del hostigamiento permanente e inesperado hacia el enemigo, su ya famosa y legendaria guerra de guerrillas. Las fuerzas del realista de De La Serna llegaron a Salta el 16 de abril de 1817, y en este sentido el boicot de la población salteña fue algo absoluto, sufriendo el enemigo permanentes ataques relámpago. Esto generó preocupación y desmoralización en los invasores, y como consecuencia de la victoria de San Martín en Chacabuco (Chile), De la Serna decidió emprender la retirada hacia el bastión realista del Alto Perú.

Hacia marzo de 1819 se produjo una nueva invasión realista. Güemes se preparó nuevamente para resistir sabiendo que no iba a contar con el apoyo de Buenos Aires por las miserias políticas que rodeó al nuevo Director Supremo de las Provincias Unidas, José Rondeau. La prioridad de Rondeau no era la Guerra de Independencia contra los españoles sino poner fin al modelo patriótico y federal artiguista en la Banda Oriental. A pesar del desprecio del Directorio unitario de Buenos Aires, a pesar de los campos arrasados, a pesar de la interrupción del comercio con el Alto Perú producto de la interminable guerra, a pesar de las lágrimas, de las agonías que había que soportar en Salta, de la miseria generalizada, el prestigioso caudillo y gobernador salteño siguió resistiendo con Honor.

Hacia febrero del año ’20 el general realista Canterac ocupó Jujuy y a fines de mayo logró tomar la ciudad de Salta. El Héroe resistió una vez más y con el espaldarazo que le había dado San Martín al nombrarlo desde Chile General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú. Canterac terminó como De La Serna: Se tuvo que retirar con su ejército hacia el Norte.

En el marco de las guerras civiles entre unitarios y federales, las divisiones internas en Salta debilitaron el poder de Güemes, facilitando la penetración española en territorio norteño. De manera miserable los sectores poderosos de esta provincia no dudaron en ofrecer su colaboración al enemigo con tan de eliminar al Líder popular. José María Valdés, coronel salteño a las órdenes del ejército español, avanzó con sus hombres y ocupó Salta el 7 de junio de 1821. Valdés contó con el apoyo de los terratenientes salteños. Güemes se refugió en la casa de su hermana Magdalena Güemes de Tejada, "Macacha", y al escuchar unos disparos decidió escapar a caballo. En la huída recibió un balazo en la espalda. A pesar de ello siguió con una increíble y altísima moral de combate, ya que si bien llegó gravemente herido a su campamento de Chamical intentó preparar nada más ni nada menos que la novena defensa de Salta, reuniendo a sus oficiales, transfiriendo el mando y dando las últimas instrucciones.

Murió el 17 de junio de 1821, con tan sólo 36 años de edad,  en la Cañada de la Horqueta, cerca de la ciudad de Salta. Apenas unas semanas después de su muerte, sus hombres obligaron al ejército español a evacuar Salta. La Guerra Gaucha seguía en pie. Fue la última invasión realista al norte argentino, con lo que Güemes —aunque no llegó a verlo— finalmente venció a sus enemigos.

De esta manera se iba para siempre un verdadero Arquetipo de la Patria, un verdadero Héroe de la Independencia Nacional cuya actuación fue realmente crucial: Sin su tenaz resistencia en el nor-oeste argentino no hubieran sido posibles las campañas libertadoras del General San Martín. Ante un nuevo aniversario de su muerte… ¡Gloria eterna al Líder y Conductor de la Guerra Gaucha! ¡Gloria eterna Martín Miguel de Güemes!





Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

16-06-2019

jueves, 30 de mayo de 2019

El ARTE EN LA COSMOVISIÓN NACIONALISTA


Arte es un concepto que en principio engloba todas las creaciones realizadas por el ser humano para expresar una visión sensible acerca del mundo, tanto real como imaginario. Mediante recursos plásticos, lingüísticos o sonoros, permite expresar ideas, emociones, percepciones y sensaciones.
¿Cuál debe ser el fin de una obra artística según la cosmovisión nacionalista? Ni más ni menos que saber transmitir elevados sentimientos humanos y con ello poder enriquecer una personalidad individual pero no en un sentido individualista sectario, sino en un sentido de integración social en el marco de una Comunidad Nacional Organizada y con un claro Norte a seguir.

Para el Nacionalismo (y ante tanta actividad degenerada, destructiva y disolvente que se observa hoy en día en la vida de los Pueblos), Arte es toda aquella manifestación que a través de su plasmación en la arquitectura, la escultura, la pintura, la música y la literatura genera una elevación espiritual al reflejar una sensibilidad por lo trascendental, lo superior, lo noble, lo estético, lo arquetípico y lo bello.

Por ende, toda Obra de Arte que no implique esa elevación espiritual mencionada, que vaya en un sentido contrario (como por ejemplo un cuadro que refleje la pobreza o la lucha de clases economicista marxista), no es Arte, o en todo caso es ‘arte decadente’.

Tampoco se debe confundir Arte con Política en el sentido de que sirva como herramienta de propaganda. Si para el Nacionalismo la economía es una herramienta, un mero instrumento al servicio de la política y la política debe estar al servicio del Estado para así volcarla hacia los intereses y la grandeza de la Patria, la acción política para con el Arte se la debe entender como servicio en su fin ulterior, en la plasmación de la elevación espiritual mencionada.

No caben dudas de que existen artistas geniales como así también mediocres, pero el Arte en sí no debe tomarse como una actividad individualista ya que es tan importante la creatividad del artista como la recepción, lo que se quiere transmitir como lo que se percibe con eso que se quiere transmitir.

En ese sentido no se trata de imponer o de actuar selectivamente ante un determinado estilo artístico por meras simpatías personales hacia un autor o por afinidades políticas, sino juzgar el estilo en base a su verdadero valor intrínseco.

El Nacionalismo no plantea bajo ningún punto de vista un Arte como mera herramienta o propaganda política ni busca convertir al artista en un funcionario a sueldo del Estado, sino que plantea un Arte independiente o en todo caso que tal mensaje coincida con la elevación espiritual del Pueblo, lo que todo Estado nacionalista debe fomentar y desarrollar.

El propósito del Arte en el ideario nacionalista siempre va a ser la ELEVACIÓN ESPIRITUAL DEL PUEBLO a través de su innata riqueza cultural, a través de los nobles sentimientos que se desean transmitir y a través de una forma concreta de expresarse.


Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

30-05-2019

lunes, 6 de mayo de 2019

DARWIN PASSAPONTI EN LA POESÍA


A Darwin Passaponti

Mi alma quiere sangrar. Tú, Passaponti,
le agrandas su infinito de tristeza:
tristeza de mirar tus años mozos
volcando sobre su fogón sobre la acera,
tristeza de querer a la Argentina
con magnitud de tierra,
tristeza de que te hayas ido solo
sin llamarnos contigo a la pelea.

Mi alma quiere sangrar, pero la Alianza
me enjuga esta canción con su bandera.

Ibas buscando Patria, Passaponti,
ibas buscando sí, la Patria Nueva,
Nueva y Vieja a la vez como la sangre,
la Patria que nos quema,
como un carbón prendido y sin ceniza,
la que quiere pureza y que pelea.

Era noche de octubre,
noche de primavera,
la avenida de Mayo estaba limpia
y se oían las voces de la tierra,
y en otras calles aguardaban hombres
que pedían el agua de una puerta.

Era noche de octubre,
noche de primavera:
el plomo comunista, Passaponti,
más rojo se volvió bajo tus venas.

Mañana, bajo el sol de los estíos,
te daremos la Patria que hoy esperas,
la que vamos haciendo como un surco
lleno de trigo fiel y sangre recia.

Mañana sí, y tal vez desde la Gloria
con otros camaradas de la tierra.
Mañana, cuando el lino sea argentino
y la noche y el yunque y los poemas.

Tacuara - Vocero de la UNES, agosto de 1946, pág. 18.


Recordando a Darwin Passaponti

¿Qué es es reflejo que en el cielo patrio
vemos que se extiende despejando sombras?
¿es acaso el fuego celestial y sacro,
o quizá la muerte, o quizá la gloria?

¿O quizá una estrella solitaria y nueva,
o tal vez un astro soñador, viajero?

¿O es una esperanza pura cual diadema
o es un alma augusta que se eleva al cielo?

¡Es el alma magna del que murió héroe!
¡Es la gloria pura del que salvó el alma!
¡Es la luz señera del que tuvo temple!
¡Es la sangre pura convertida en savia!
Es la brava esencia de la nueva raza,
Sangre y heroísmo, corazón, bonanza.

Es aquel muchacho que en gloriosa noche,
Noche de gigantes con aroma a Patria,
Quiso gritar... ¡viva! Al pabellón sagrado,
Símbolo de gloria frente a la antipatria.

Darwin Passaponti es su nombre egregio,
Sangre moza y noble que cubrió la acera
Con la frente rota por la bala roja,
Con la vista al cielo, con el alma entera.

Quiso ver su tierra libre de cobardes,
Grande y poderosa, justa y argentina,
Y se unió al gran Pueblo que en la tarde honrosa
Recorrió las calles llenas de alegría...

De la infamia cruenta por la puerta pasan
¡Cien tiros sonaron! ¡Cargó la jauría!
¡Hombres y mujeres, jóvenes y ancianos!
¡nada le importaba a la sierpe impía!
Manos de valientes empuñaron armas
¡que no quede uno! -todos se decían-
¡Que la Patria viva!... y que viva sana!
Los traidores ¡mueran! ¡muera la falsía!
-¡Darwin Passaponti, no vayas de frente;
ellos son cobardes!- pero él no oía;
cruza y se detiene ¡juventud valiente!

Y del negro antro sellan su agonía.
Y la bala atea da en la frente adusta,
Cae cubierto de sangre ¡quiso ir a la lucha!

Más del cuerpo mozo se fugó la vida.
Darwin Passaponti, con la enseña augusta
Se cubrió tu cuerpo, se tapó tu herida.

Tacuara - Vocero de la UNES, octubre de 1948, pág. 10.




Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

06-05-2019

lunes, 29 de abril de 2019

JUAN MANUEL DE ROSAS EN LA POESÍA


A Don Juan Manuel 

Si se alzara de la tumba,
¿a cuántos escarmentaría?
El país que hoy se derrumba
con un Rosas vencería.

Juan Manuel:
que se levante en tu tierra
un argentino capaz de tus hechos.
Que se plante con denuedo
frente al orgullo extranjero.

Que cierre logias
que ponga bozal y freno.
Que prefiera una pobreza
noblemente aceptada,
a la riqueza innoble de la entrega
que tenga para custodiarnos
a los colorados del monte y a los mazorqueros.

Juan Manuel:
prometemos combatir 
por esta tierra tuya y nuestra,
pidiéndole al Dios de los ejércitos 
la gracia de la fortaleza.

Juan Manuel:
no habrá mueras esta noche, 
pero estarán tus vivas
los vivas de tu época, 
que son también los nuestros
y los vivas nuestros,
que quieren ser los tuyos

¡Viva Don Juan Manuel de Rosas!
¡Viva la Santa Federación!
¡Viva la Patria!


Castagnino Leonardo, J.M.de Rosas. La ley y el orden.
La Gazeta Federal: 
www.lagazeta.com.ar 



El pequeño Juan Manuel

Aquella patria antigua de ibérica prestancia,
con su roldana de agua o su barril de mosto,
con el fuego en las calles, aquel doce de agosto,
probó que conservaba su evangélica infancia.

Era la patria henchida de imperial gravidez,
los hijos bien nacidos de las flechas y el yugo,
el fruto de Castilla, su lagar, su mendrugo,
retoños de heroísmo florecido en niñez.

Pequeños de veían prestando algún servicio,
tal vez como artilleros, con los bravos Miñones,
acarreando en sus ponchos las balas de cañones,
dispuestos como adultos al final sacrificio.

Cartuchos de fusiles o piezas de metralla,
tinajas para el agua, para la sangre vendas.
Todo lo tributaron en alegres ofrendas,
sus voces y sus risas fueron casco y muralla.

En las tropas menudas como espuelas de fletes
se destaca un chiquillo de acciones valerosas.
Lo llaman por su nombre, es Juan Manuel de Rosas,
carga un viejo mortero para los Migueletes.

En el hogar paterno vio las primeras lanzas,
tercerolas y sables le suenan familiares,
hay épicas memorias que recorren sus lares
de antepasadas huellas o bravías andanzas.

Ahora pesa este hierro para sus trece años,
esta boca de fuego, maciza portañola.
Ahora estrena su raza criolla y española
que no admite invasores ni extranjeros engaños.

Tiene porte de mando, siendo apenas muchacho,
en su mirada rubia hay azules añejos,
oye como repiques que le llegan de lejos,
de San Miguel del Monte, Tonelero o Quebracho.

Liniers cantó el elogio de su conducta recia,
diciéndole a sus padres, con fundado prestigio:
Su bravura fue digna de la causa en litigio
(Nadie dirá lo mimo sobre Ernesto Celesia)

Cuentan que usó ese día chaleco colorado,
que inauguró divisa: soberanía o muerte.
Una cosa es segura, les advirtió su suerte.
Mañana tendrá lista la Vuelta de Obligado.

Poemas para la Reconquista - Antonio Caponnetto, pág. 29 y 30.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

30-04-2019

jueves, 25 de abril de 2019

LA REVANCHA LIBERAL DE LOS GUANACOS: SEPULTAR LA HISTORIA


Con la ilustración de una fauna autóctona de diversas regiones del país en los diferentes billetes de la moneda nacional, el macrismo justificó desde un primer momento la iniciativa alegando que se busca un “punto de encuentro” en donde todos los argentinos podamos supuestamente sentirnos representados, que se busca “fortalecer el compromiso de todos” con el medio ambiente.

Queda claro que hay personajes del pasado nacional que por su prontuario histórico claramente no deberían estar representados en los billetes. También queda claro que no se debe elegir a los personajes históricos en función del capricho y estigmatización de los gobiernos de turno. Pero el gobierno de Mauricio Macri va más allá. Su “paradigma filosófico” para justificar el cambio de billetes es falso. Pretender unirnos “honrando” una fauna autóctona es esconder en lo esencial una realidad que ya no se puede ocultar más: La degradación del medioambiente y su bio-diversidad, lo que ocurre bajo la más cínica de las impunidades políticas y de los millonarios negocios plutocráticos-capitalistas.

Sería muy extenso enumerar los diferentes ejemplos que abundan en esta materia, en donde el accionar criminal de la contaminación ambiental lo vamos a encontrar en diferentes corporaciones multinacionales que al amparo del poder político de turno han degradado de varias maneras nuestro medio ambiente, léase Barrick Gold, Chevron y Monsanto, por nombrar las más representativas. A su vez, la tala indiscriminada de árboles continúa a pesar de existir una ley que la prohíba (Ley de Bosques del año 2007, N° 26.331).

El verdadero punto de encuentro para que los argentinos nos podamos sentir representados en los billetes es sentirnos comprometidos con la investigación histórica del pasado nacional. No es cierto que poner a los verdaderos próceres en los billetes significa hacer un “uso” político de los mismos. Los próceres tienen aciertos y errores, pero en esencia siempre se debe mirar en ellos un destino de grandeza y un legado para la posteridad. ¿Alguien podría dudar del legado del Libertador General Don José de San Martín, del General Manuel Belgrano o Martín Miguel de Güemes? ¿Alguien podría dudar de la firme defensa de la Soberanía Nacional encarnada por el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas ante la agresión anglo-francesa de 1845? ¿Y el denominado programa de Reparación Nacional encabezado por Hipólito Yrigoyen? ¿Y los principios de Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social fundamentados y puestos en práctica por el General Juan Domingo Perón?

Siempre debemos revalorizar nuestro Ser Nacional para encontrarnos a nosotros mismos. Por eso la Historia siempre nos debe servir para comprender cabalmente un pasado y así poder re-significar un presente. Muestra cabal de esto es el ejemplo de la denominada Escuela del Revisionismo Histórico que siempre buscó estructurar el relato del pasado nacional con un sentido de verdad y de coherencia para devolver al pueblo una conciencia y un Espíritu perdido. Está claro que si la Historia se la falsifica es para precisamente favorecer (directa o indirectamente) a todo un Sistema o Régimen de Dominación ajeno a los intereses de la Patria.

El verdadero punto de encuentro y de auténtica unión de los argentinos siempre se va a lograr con la promoción de nuestras verdaderas raíces, con el realce de nuestra verdadera argentinidad, con el ejemplo de nuestros grandes Arquetipos, que son los que precisamente legaron un camino de grandeza. Y esto no significa bajo ningún punto de vista hacer un “uso político” de los mismos.

La pretendida “unidad faunaril” que se busca representar en los diferentes billetes de la moneda nacional (tan inflacionaria como devaluatoria) es falaz y cínica. Y dicho cinismo lo podemos ver en el billete de 20$ al ver como a Juan Manuel de Rosas se lo reemplaza por un guanaco, porque claro, en el ABC del pensamiento liberal derechoide Rosas representaría eso, un guanaco como adjetivo. El gobierno de Mauricio Macri sepulta nuestra Historia, pone en práctica una revancha y una venganza liberal guanaca en nuestra tan degradada moneda nacional sepultando a nuestros verdaderos próceres y sin importarle siquiera como se construyó la grandeza de nuestra Gran Nación.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


25-04-2019

jueves, 28 de marzo de 2019

ROSAS Y SU DESTINO FINAL EN INGLATERRA, ¿CONTRADICCIÓN?


La batalla de Caseros -3 de febrero de 1852- fue sin lugar a dudas un acontecimiento que marcó un antes y un después en el destino nacional. La consecuencia más importante fue la disolución de un sistema político independiente de toda forma de dominación extranjera, estableciéndose en adelante diferentes gobiernos funcionales a los intereses geopolíticos colonialistas del Orden Mundial plutocrático-capitalista en expansión, con la Banca Rothschild a la cabeza. Vamos a dejar de ser una Nación libre para convertirnos en una miserable colonia extranjera.

 Ante el triunfo de la coalición internacional anglo-brasileña-masónica-unitaria, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas no tuvo más remedio que acatar el fallo adverso de las armas. Seguido de unos cuantos fieles emprendió la retirada hacia la ciudad. Y herido en su mano derecha, redactó su famosa renuncia a la Sala de Representantes en las inmediaciones de la actual Plaza Garay (barrio de Constitución). Luego se dirigió al corazón mismo de la ciudad –cubierto con sombrero y poncho para no ser reconocido– y arribó a la residencia de Robert Gore, el encargado británico de negocios en nuestro país. Como todos bien sabemos, Rosas partió definitivamente hacia Inglaterra.

Y lo que parece ser una contradicción no lo es en lo más mínimo. Lo suyo no fue un “exilio voluntario” como vulgarmente se sostiene. Fue un calvario de miseria y olvido, más específicamente fue una ruta obligada, una suerte de prisión disimulada en una granja de Southampton donde vivió humildemente para trabajar la tierra con sus propias manos. Vale decir, luego de ser derrotado, Rosas tenía dos opciones: O entregarse a los unitarios para seguramente ser fusilado por la espalda como se hizo con el coronel Martiniano Chilavert,  o entregarse al verdadero vencedor, Inglaterra. Por eso fue un destino obligado.

La táctica militar conocida como ‘deshacerse del enemigo permitiéndole escapar’ (filosofía de Sun Tzu), fue muchas veces utilizada por la Corona Británica en diferentes teatros de guerra en Europa, táctica que también se aplicaría en América. Por ende, los ingleses “recibieron” a Rosas para deshacerse de él en el sentido de tenerlo controlado en su propio país.

Si lo mataban lo hubieran convertido en un mito siempre inconveniente y amenazante; y si el Restaurador hubiese ido a otro país se podía dar el caso hipotético -y patético para los ingleses- de que regresara a la Confederación para retomar el poder. Nada mejor entonces que tenerlo controlado en el propio Imperio, para impedir cualquier intento de regreso a la ya cercenada Confederación Argentina. El respeto y la admiración que le tenían era tan grande que hasta el mismísimo Primer Ministro Lord Palmerston lo visitó en su granja y le ofreció una pensión mensual, que Rosas rechazó con dignidad.

Es que los mismos ingleses habían experimentado amargamente como su popularidad se había convertido en algo verdaderamente inmenso. Es lo que señaló con certeza, reconocimiento y autocrítica el general uruguayo anti-rosista César Díaz en sus Memorias: “Tengo una profunda convicción, forzada en los hechos que he presenciado, de que el prestigio de su poder en 1852 era tan grande o mayor tal vez de lo que había sido diez años antes, y que la sumisión y aún la confianza del pueblo en la superioridad de su genio no le habían abandonado jamás”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

28-03-2019

viernes, 15 de marzo de 2019

ROSAS Y LAS ISLAS MALVINAS, DERRIBANDO FALSEDADES


La historiografía liberal masónica le achaca a Juan Manuel de Rosas haber querido “entregar” las Islas Malvinas a los ingleses. Así de contundente. Pero más que explicar un argumento (ya ni siquiera un sólido argumento) lo que se hace es difamar la figura del Restaurador de las Leyes producto del odio y del fanatismo que genera la ceguera ideológica ajena al Ser Nacional. Y como estamos acostumbrados a que todo se saque de contexto, conviene aclarar este tema puntual de supuesta entrega rosista del archipiélago malvinero.

Como bien se sabe, la alevosa prepotencia colonialista británica se puso de manifiesto cuando el día 2 de enero de 1833, bajo el gobierno de Manuel Balcarce, llegó a las Malvinas la corbeta de guerra Clío. De manera insolente, su capitán Onslow intimó a las autoridades argentinas para que abandonasen las islas. El día 3 bajó a tierra, arrió la bandera argentina e izó la inglesa. Como consecuencia, el gobierno argentino protestó inmediatamente ante el secretario a cargo de la legación británica, Felipe G. Gore, quien dijo “carecer” de instrucciones para contestar.

Frente a tamaño insulto al Pabellón Nacional se va a insistir en el reclamo el día 23 de enero de 1833. A su vez, Balcarce va a enviar una circular a todas las provincias esclareciendo sobre esa política expansionista inglesa. El 17 de junio de ese mismo año Manuel Moreno (como ministro plenipotenciario del gobierno argentino) va a reclamar ante el atropello perpetrado directamente en Inglaterra y nada más ni nada menos que ante Lord Palmerston (Primer Ministro del Reino Unido).

Juan Manuel de Rosas, ya como Primera Magistratura Nacional desde 1835, siempre defendió en sus mensajes a la Legislatura los derechos argentinos sobre el archipiélago malvinero, formulando periódicamente explícitos reclamos a Gran Bretaña por la usurpación. Mientras tanto, Sarmiento desde Chile se mofaba ante el Restaurador por tales reclamaciones, opinando abiertamente sobre la cuestión y dando a entender que el “estacionamiento” (frase del sanjuanino) de Inglaterra en las Malvinas era (más allá de la invasión) algo “útil” a la humanidad y al “comercio”.

Teniendo en cuenta la pesada deuda externa que recaía sobre nuestro país desde 1824 con la banca usurera inglesa Baring Brothers, los ingleses acudieron alocadamente a Rosas para cobrarla. Deuda en definitiva que quedó como “legado para la posteridad” gracias al “reformador” Bernardino Rivadavia. Como dato significativo la garantía de cobro por dicha deuda era nada más ni nada menos que la tierra pública fiscal. En este sentido la Corona británica le va a insinuar a Rosas (según el historiador revisionista Adolfo Saldías) la entrega de las Islas Malvinas como forma de pago.

Atendiendo a la verdad histórica y sin ningún tipo de prejuicios ideológicos hay que señalar que Rosas estuvo de acuerdo con ello, pero con el siguiente gran detalle que se le escapa a los prejuiciosos historiadores liberales: Por nota oficial del 17 de febrero de 1843 la Confederación Argentina exigía que el gobierno inglés reconozca primero los derechos argentinos en las Islas Malvinas, para así el gobierno argentino seguir avanzando en la “propuesta” inglesa. Y por nota del 20 de marzo de 1844 Rosas va a insistir con su propuesta de ofrecimiento de las Malvinas, haciendo significar siempre a Inglaterra sobre los derechos legítimos que asistían a nuestro país en todo el archipiélago malvinero.

Del lado argentino era la forma más eficaz para cubrir la agobiante deuda externa. Y aquí se impone la gran pregunta (que va a dejar en evidencia la astucia de Rosas): ¿Podría el gobierno inglés reconocer una usurpación realizada por ellos mismos? Tratándose de un país con tradición pirata-saqueador-colonialista queda más que claro que no. De hecho, toda la “jurisprudencia” asentada por los ingleses y en referencia a sus potenciales enemigos en Europa se caería como un castillo de naipes.

Ahí se encuentra ni más ni menos que al genio de Rosas en materia de política internacional. Al respecto, conviene citar “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo, porque parece que Rosas (siempre fiel a lo que quiso para la Argentina) lo tuvo muy en cuenta: “A veces es necesario mostrar la astucia del zorro y no la garra del león”.





Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

15-03-2019

miércoles, 27 de febrero de 2019

ROSAS Y LA "TIRANÍA"


  La Historia Oficial -de cuño liberal-masónica-, siempre nos ha hecho creer a través de un sistemático aparato educativo y propagandístico que los caudillos federales del siglo XIX fueron ignorantes y bárbaros, cuando no los principales responsables (o los únicos) de la violencia política en nuestro país. Sería muy largo enumerar los casos de ejecución y fusilamientos ordenados por los “civilizados” del procerato liberal tales como Bernardino Rivadavia, Bartolomé Mitre o Domingo Faustino Sarmiento, por citar algunos ejemplos paradigmáticos.

Es esa misma Historia Oficial la que califica al gobierno de Don Juan Manuel de Rosas (1835-1852) como de “tiranía”, no sólo descontextualizando el proceso político de nuestro pasado nacional sino tergiversando los hechos. Como muestra del terrible caos, de lucha interna y anarquía que vivía el país, baste señalar sin ir más lejos el asesinato del principal caudillo federal del noroeste argentino, Facundo Quiroga. El “Tigre de los Llanos” fue asesinado por los unitarios el 16 de febrero de 1835, lo que constituyó un verdadero crimen de Lesa Patria.

Sobre este espantoso hecho y teniendo en cuenta el advenimiento de Rosas al poder, el historiador revisionista Ernesto Palacio explica con claridad meridiana en su “Historia de la Argentina”: “La muerte de Quiroga provocó una gran conmoción en todo el país. En el primer momento se la consideró como el comienzo de un plan unitario para eliminar a los hombres prominentes de la Federación. En Buenos Aires, Maza presentó su renuncia. Los federales doctrinarios, que hasta entonces se resistían a aceptar los puntos de vista de Rosas sobre la necesidad de un gobierno fuerte, comprendían al cabo que no le faltaba razón”.

En tal sentido, el día 13 de abril de 1835 Rosas asumió la Primera Magistratura Nacional con la Suma del Poder Público, proclamando un recordado y fuerte discurso político: "He admitido con el voto casi unánime de la ciudad y de la campaña la investidura de un poder sin límites, que a pesar de su odiosidad, lo he considerado absolutamente necesario para sacar a la Patria del abismo de males en que la lloramos sumergida. Para tamaña empresa mis esperanzas han sido libradas a una especial protección del cielo. Ninguno ignora que una fracción numerosa de hombres corrompidos, haciendo alarde de su impiedad y poniéndose en guerra abierta con la religión, la honestidad y la buena fe, ha introducido por todas partes el desorden y la inmoralidad, ha desvirtuado las leyes, generalizado los crímenes, garantido la alevosía y la perfidia. El remedio a estos males no puede sujetarse a formas y su aplicación debe ser pronta y expedita. La Divina Providencia nos ha puesto en esta terrible situación para probar nuestra virtud y constancia. Persigamos de muerte al impío, al sacrílego, al ladrón, al homicida y sobre todo al pérfido y traidor que tenga la osadía de burlarse de nuestra buena fe. Que de esta raza de monstruos no quede uno entre nosotros y que su persecución sea tan tenaz y vigorosa que sirva de terror y de espanto... El Todo Poderoso dirigirá nuestros pasos".

Vale decir, si Rosas hubiera ejercido el gobierno con debilidad en esta terrible época que le tocó gobernar, las conspiraciones y los motines se hubieran sucedido a diario. Por consiguiente se hizo más que necesaria establecer una vigilancia extrema para contrarrestar la sorda y criminal campaña unitaria. La Sociedad Popular Restauradora, también conocida con el nombre de Mazorca, surgió hacia mediados de 1834 y fue el cuerpo de orden público elegido por el Restaurador que trabajó en estrecha colaboración con las autoridades policiales. Y como entidad amante del orden y de respeto hacia las autoridades gubernamentales se dio a la tarea –en definitiva– de combatir el accionar conspirativo y siempre activo de los unitarios. La Mazorca no fue una banda de asesinos o cosa que se le asemeje al servicio del Restaurador como falsamente lo sostuvo la propaganda unitaria. Fue la consecuencia de un momento sumamente difícil por las constantes agresiones externas que sufría la Patria y por ende por la conspiración unitaria.

Lógicamente que hubo desbordes de pasiones, pero en 17 años de gobierno rosista no se ejecutó ni se estableció la pena capital a tantas personas como en sólo tres días de ocupación y saqueo de las tropas “libertadoras” del General Justo José de Urquiza al entrar en Bueno Aires luego de producida la batalla de Caseros (3 de febrero de 1852). A su vez, la Sociedad Popular Restauradora siempre estuvo dirigida por la aristocracia, léase por el patriciado argentino. Esto es fácilmente explicable por el hecho de que el Federalismo Argentino siempre fue la expresión genuina de la estirpe y de la tierra, al contrario de la facción unitaria que siempre constituyó una oligarquía mercantil funcional a los intereses de la Corona Británica.

Esa idea de que Rosas encarnó una tiranía o un régimen sangriento es algo tan falso como ridículo. Es una absurda deformación historiográfica llevada adelante con el propósito de condenar a un gobierno políticamente incorrecto para el Sistema. Bastaría para demostrarlo un simple análisis de estadísticas demográficas de la época. Por ejemplo, de 1835 a 1852 los nacimientos superaron en no menos de un 30% a las defunciones. Y yendo a un plano conceptual, la tiranía existe cuando en tiempos de paz y de orden surge inesperadamente un hombre que desgobierna, que viola las leyes, que dispone de los bienes y de las personas como cosa propia y a su arbitrio.

Rosas gobernó para el Pueblo que fue el que le concedió todas las facultades de poder, porque sólo así se podía luchar contra el mal que asolaba a la Nación. Ahora bien, cuando el desorden, el terror y el asesinato unitario estaban a la orden del día ¿puede un gobernante de bien permanecer indiferente y no aplicar todas las medidas de rigor al alcance de la mano y según las disposiciones legales?

Los fusilados por Rosas siempre fueron rebeldes y conspiradores que una y otra vez se levantaron contra la autoridad legítima. En tal sentido se aplicaban las leyes españolas que se encontraban vigentes, tales como ‘Las Partidas’ y la ‘Novísima Recopilación’. El punto álgido de la Historia Oficial para sistematizar el concepto de “tiranía” se apoya en los dos grandes “meses de terror rosista”, una suerte de asesinatos colectivos supuestamente dispuestos por el Restaurador.

El primero de los “meses de terror” según la Historia Oficial se sitúa en octubre de 1840. ¿Qué ocurrió realmente en este mes y año? El momento era dramático: Apenas se supo en Buenos Aires del avance del ejército del General Juan Lavalle para derrocar a Rosas, con apoyo de la escuadra naval francesa y de los unitarios, se produjo una psicosis colectiva entre los federales, temerosos de perder la vida en caso de triunfar los invasores. El país vivía dos años y medio de bloqueo francés como así también diferentes focos de conflicto e insurrecciones, como el levantamiento de los estancieros del sur y la inestabilidad política en la Mesopotamia.

La ofensiva del General Lavalle en Entre Ríos, el embarque de los rebeldes  “libertadores” en la escuadra extranjera, su inminente invasión a Buenos Aires y la amenaza de ataque del almirantazgo francés en combinación con el ejército lavallista habían contribuido a colmar la tensión nerviosa de los habitantes de la ciudad. Durante el mes de octubre de 1840, al producirse la estrepitosa retirada de Lavalle, federales fanáticos empezaron la cacería y asesinaron a veinte personas. Son crímenes espontáneos y colectivos en los cuales nada tiene que ver la Sociedad Popular Restauradora. Es el populacho exaltado y el malevaje.

Uno de los máximos detractores de Rosas, José Rivera Indarte, reconoce en sus “Tablas de Sangre” que en tal “terror” sólo hubo veinte asesinatos. Rosas, ausente de la ciudad de Buenos Aires por encontrarse en Santo Lugares para defender a la Nación del ataque de Lavalle, nunca incitó esos crímenes. Fueron venganzas personales ajenas a la política y producto del populacho, efecto de una locura colectiva y de una convulsión general vivida. Rosas, una vez firmada la paz con Francia el 29 de octubre de 1840, estableció el 31 del mismo mes desde Morón el siguiente decreto: “Se castigará con severas penas a cualquier individuo que atacase la persona o propiedad de argentino o extranjero sin expresa orden escrita de autoridad competente. El robo y las heridas, aunque fuesen leves, serán castigados con la pena de muerte”.

En referencia al otro “mes de terror”, producido en abril de 1842, la situación fue parecida: Rosas se encontraba ausente de la ciudad ya que preparaba su ejército para oponerse al General Paz (como antes lo había hecho con Lavalle). Benito Hortelano, periodista, editor y escritor español, presente en Buenos Aires para esa época, escribió en sus Memorias (después de minuciosas averiguaciones) que los asesinatos de octubre de 1840 y abril de 1842 llegarían tal vez a ochenta. Todavía seguía existiendo en la ciudad una psicosis colectiva, cansancio y desesperación por las guerras que parecían inacabables. Se creyó que el tratado de paz con Francia, que la muerte de Lavalle y demás cabecillas unitarios traerían la paz tan anhelada, cosa que finalmente no ocurrió, y por tal motivo la tensión fue en aumento estallando nuevamente.

Los desmanes, degüellos y asesinatos del lado federal estuvieron una vez más a la orden del día. Pero al tomar conocimiento de tales hechos, Rosas envió a su edecán el 19 de abril de 1842 una terminante orden para a la jefatura de Policía, al coronel Ciríaco Cuitiño, comandante del escuadrón de Vigilantes de Policía, y para el mayor Nicolás Mariño, vicepresidente del Cuerpo de Serenos. La orden manifestaba “el más serio y profundo desagrado por la bárbara y feroz licencia”, ordenando “se patrulle la ciudad y los suburbios tanto de noche como de día”, debiendo “mandar a la cárcel pública, con grillos, a los asesinos o sospechosos que se encuentren”.

Y a la Sociedad Popular Restauradora le cupo la misión de reprimir estos desórdenes populares. La publicación Archivo Americano, en su número 6 del 31 de agosto de 1843 salió a la defensa de la verdad histórica contra las calumnias de los unitarios afirmando: “Este fue el papel honroso que desempeñaron (los mazorqueros) en los meses de octubre (de 1840) y de abril (de 1842), cuyos desórdenes le han sido imputados (…). Las familias más expuestas al odio público solicitan con confianza el auxilio y amparo de esta sociedad a quien la prensa de Montevideo ha dado por escarnio el nombre de Mazorca, mientras muchos unitarios le deben la vida (…). La Sociedad Popular no es otra cosa que una reunión de ciudadanos federales, vecinos y propietarios, amantes de la libertad, del honor y de la dignidad de la patria”.             

Rosas no representó ninguna tiranía como burdamente lo sostiene la Historia Oficial. Si bien concentró el poder de manera total y omnipresente –producto del terrible momento que se vivía– lo suyo fue justamente una encarnación democrática ya que su gobierno fue de raigambre popular. Previo a la toma del poder con las facultades extraordinarias (otorgadas legalmente por la Legislatura porteña) al Restaurador lo plebiscitaron precisamente con el voto del pueblo de Buenos Aires.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

28-02-2019

sábado, 2 de febrero de 2019

CASEROS, LA MAYOR TRAGEDIA POLÍTICA ARGENTINA


Cuando el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas había alcanzado el mayor de los prestigios, la mayor de las glorias –después de sus memorables triunfos contra la agresión colonialista anglo-francesa– comenzó a gestarse la coalición que finalmente habría de derrocarlo. Su caída política, producida el día 3 de febrero de 1852 en la batalla de Caseros, no debe interpretarse como una mera disputa interna por el poder.

Su derrocamiento fue planeado por el Poder Mundial del Dinero, y se orquestó a través de una coalición internacional encabezada por la diplomacia británica (conjuntamente con la Masonería Internacional), el Imperio del Brasil y el instrumento para esta acción, el General Justo José de Urquiza, por entonces gobernador de la provincia de Entre Ríos. Tanto la política exterior imperial brasileña como la británica coincidían en los intereses expansivos económicos y geopolíticos, y no descansaban en su intento de querer imponer la libre navegación de nuestros ríos como así también el sistema de libre cambio.

Ambas cancillerías utilizaron la astucia en el sentido de ganarse el apoyo de los enemigos internos de Rosas. Y la presa más codiciada fue el general Urquiza, que además de ser el gobernador entrerriano estaba a cargo de ejército más poderoso del que disponía la Confederación. Los unitarios le hicieron creer a este gobernador timorato y falto de carácter que la mayor de las glorias para la “civilización y el progreso” era derrocar a la primera magistratura nacional; que se debía actuar en nombre de una supuesta libertad.

La ambición personal de Urquiza de aliarse con los brasileños se debió a que Rosas había adoptado poner fin al espurio comercio que tanto había enriquecido al entrerriano. Urquiza traficaba con oro, transgrediendo la Ley Nacional de Aduanas y menoscabando de esta manera el Bien Común de los argentinos. Claro que encubrió sus verdaderas motivaciones alegando que se pronunciaba en contra del Restaurador para dar al país una constitución y para terminar con una “tiranía”.

De esta manera los acontecimientos se van a precipitar. En mayo de 1851 se firmó la alianza ofensiva/defensiva entre el Imperio del Brasil, el ilegítimo gobierno uruguayo de Rivera (quien había derrocado a su presidente legítimo Manuel Oribe) y la gobernación de Entre Ríos. La excusa de esta alianza fue querer pacificar al Estado oriental. Pero ninguno de los gobiernos provinciales respondió al llamado salvo Corrientes, provincia satélite de Urquiza. Esta actitud del gobernador entrerriano provocó en el país una gran ola de escándalo e indignación, en donde se lo acusó lisa y llanamente de traidor. Por consiguiente, el 18 de agosto de 1851 la Confederación Argentina le declaró formalmente la guerra al Imperio del Brasil. El 21 de noviembre de este mismo año se firmó en Montevideo la alianza entre el Brasil, Entre Ríos, Corrientes como agregada, y el Estado oriental para llevar adelante esta cruzada en nombre de una hipócrita libertad.

Urquiza concentró sus fuerzas en Gualeguaychú. Con la incorporación de sus ambiciosos aliados reunió en total 24.000 hombres, que en su vanidad lo denominó ‘Ejército Grande’, comenzando de esta manera el cruce del río Paraná. Tanto la caballada como el material bélico fueron transportados en navíos brasileños. Casi sin obstáculos prosiguió su marcha. El 31 de enero de 1852 el General Ángel Pacheco hizo retirar de manera inexplicable a sus 5.000 hombres –la columna vanguardia de la defensa – en lo que se conoció como Puente de Márquez, en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Según lo descripto por algunos historiadores en realidad Pacheco ya se había entendido de manera secreta con Urquiza.

La famosa batalla de Caseros –oeste del Gran Buenos Aires– se inició por la mañana del día 3 de febrero. La defensa nacional contó con 22.000 soldados más 60 cañones, aunque con muy poca munición. Fue un combate realmente encarnizado que se libró por espacio de dos horas, constituyendo los brasileños el verdadero y disciplinado ejército enemigo. Urquiza no ganó en Caseros, fue un simple conductor de las pocas tropas de caballería argentina que lo acompañaron en la deslealtad y en la traición. El verdadero vencedor en el campo de batalla fue el brigadier brasilero Marques de Souza. Es más, en Brasil se considera a Caseros como un triunfo propio, una suerte de desquite por la batalla de Ituzaingó librada el 20 de febrero de 1827.      

Rosas, que había presenciado la batalla a una cierta distancia, no tuvo más remedio que acatar el fallo adverso de las armas. Y seguido de unos cuantos fieles emprendió la retirada hacia la ciudad. Herido en su mano derecha y en las inmediaciones de la actual Plaza Constitución redactó su famosa renuncia a la Sala de Representantes. Luego se dirigió al corazón de la ciudad –cubierto con sombrero y poncho para no ser reconocido– y arribó a la residencia del inglés Robert Gore, el encargado británico de negocios en nuestro país, para luego partir definitivamente hacia Inglaterra.

Y lo que parece ser contradictorio no lo es en lo más mínimo. Lo suyo no fue un “exilio” como vulgarmente se sostiene. Fue una prisión disimulada en una granja de Southampton, donde vivió humildemente. Esta fue la estrategia inglesa conocida como deshacerse del enemigo permitiéndole escapar, estrategia que utilizaron muchas veces y en diferentes teatros de guerra. Vale decir, luego de ser derrotado en Caseros, Rosas tenía dos opciones: O entregarse a los unitarios para seguramente ser fusilado o entregarse al verdadero vencedor, Inglaterra. Lo suyo fue un destino obligado. Los ingleses lo “recibieron” para deshacerse de él en el sentido de tenerlo controlado en su propio país. Si lo mataban lo hubieran convertido en un mito. Y si el Restaurador hubiera ido a otro país se podía dar el caso hipotético de que regresara a la Confederación para retomar el poder.

La consecuencia más importante de la caída política de Rosas fue la disolución de un sistema político independiente de toda forma de dominación extranjera, estableciéndose en adelante diferentes gobiernos funcionales a los intereses geopolíticos colonialistas del Orden Mundial capitalista financiero en expansión. Vamos a dejar de ser una Nación Libre para convertirnos en una miserable colonia extranjera. El librecambio y la libre navegación de nuestros ríos van a estar a la cabeza como dogmas indiscutibles. A partir de entonces se comenzó a inventar un nuevo país. En nombre de la libertad de comercio se arrasó con las manufacturas criollas que tanto habían prosperado desde 1835 en adelante. Brasil sacó su enorme tajada al obtener las Misiones orientales, la libre navegación de nuestros ríos, la independencia del Paraguay (que Rosas sistemáticamente nunca reconoció por considerarla parte integrante del Virreinato), y la hegemonía sobre Uruguay y Argentina.

Se llevó adelante también una sistemática matanza de nativos, prevaleciendo lo que se daba a conocer como ‘inutilidad del criollo’. Era ni más ni menos que el efecto buscado por los liberales: Propiciar un rebaje psicológico y moral en el argentino mismo, acabar con la soberanía de lo propio, con la soberanía de lo autónomo, con el verdadero Arquetipo. En definitiva, esta fue la característica esencial de lo que vulgarmente se conoció como “período de la Organización Nacional”, que de nacional no tuvo nada, donde evidentemente nos organizarían pero con una mentalidad de colonia. Y todo ello en nombre de una civilización pero entendida como algo propio de extranjeros, de europeos, y entendiendo por bárbaro (en el mismo lenguaje liberal) todo aquello que era argentino y criollo. De la misma manera se empezó a considerar de tiránico al más popular de los gobiernos habidos en el siglo XIX, comenzándose también a denominar “democráticos” a los nuevos gobiernos post-Caseros que en verdad constituyeron verdaderas oligarquías que gobernaron de espaldas a los intereses de la Nación.

La batalla de Caseros fue la mayor calamidad política de nuestra historia. Sin lugar a dudas se frustraba el destino nacional. La Confederación Argentina respetada, gloriosa, fuerte, con su difícil unidad política lograda (y cuyo ejemplo más patente fue la resistencia al colonialismo extranjero) pasaba a ser un recuerdo melancólico. Comenzó a inventarse otro país conforme a los parámetros de la Masonería y del capitalismo financiero internacional. Una anti-Argentina, de espaldas a la Argentina real y en contra de su verdadero Ser. Un anti-Estado, como el actual que tenemos, que asegura el gobierno de los peores y la sumisión a la plutocracia capitalista.

Ese Espíritu de Libertad degradado es el que los argentinos debemos recuperar en la actualidad. Sin Soberanía Política ningún gobierno puede tomar decisiones plenas ni administrar justicia en base al Bien Común. La clave siempre estará en disponer de total libertad de acción. No estar manipulado por sectores concentrados de la economía o por cualquier forma de dominación extranjera (ya sea la dominación de tipo militar, ideológica, política, económica/financiera o cultural). Debemos volver a tener una Nación Grande, una Nación Fuerte e Independiente como en los tiempos de Don Juan Manuel de Rosas. Y que los cipayos y delincuentes que gobiernan hoy en día a la Argentina (que son del mismo linaje a los de Caseros) paguen por todo el daño hecho.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


03-02-2019