Ernesto “Che” Guevara es una suerte de “paradigma”
de rebeldía juvenil que está estampado en infinidades de remeras que se venden,
vaya paradoja, bajo el sistema capitalista. Se lo retrata como un
revolucionario, como un luchador por la democracia y las libertades, algo así
como un “mártir” del bien común social. Pero la realidad fue muy distinta ya
que a través de sus teorizaciones se buscó la toma del poder en toda América
Latina y de una manera totalmente violenta y sanguinaria: La lucha armada
guerrillera buscó implementar a nivel continental una dictadura totalitaria
marxista-comunista.
Fue el primero en América Latina que teorizó sobre
el concepto de guerrilla, que según él mismo fue algo que surgió de la
experiencia que tuvo junto a Fidel Castro durante la lucha armada contra la
dictadura de Fulgencio Batista en Sierra Maestra, Cuba, y su consiguiente
derrocamiento en enero de 1959. Guevara explica las premisas y principios
fundamentales por los cuales se debe construir toda insurgencia guerrillera.
De sus teorizaciones se desprenden groseros
errores (que a la larga pueden explicar su inevitable fracaso y fin en Bolivia
en 1967). Siempre parte de una irreal situación política ya que sistemáticamente
da una visión falsamente ideologizada y ajena al sentido común. En “Guerra de Guerrillas”, su principal
obra, sostiene: “(…) Tres aportaciones básicas y fundamentales hizo la Revolución
Cubana a la mecánica de los movimientos revolucionarios de América, son ellas:
1) Las fuerzas populares pueden ganar un guerra contra el ejército regular; 2)
No siempre es necesario que se den todas las condiciones para la revolución, el
foco puede crearlas; 3) En América subdesarrollada el terreno de la lucha
armada debe ser fundamentalmente el campo”.
De su grosero análisis se desprende lo
siguiente: Sin el apoyo total de una población (tanto campesina como urbana) el
movimiento insurgente siempre se va a constituir en un grupo violento que va a matar
ante la indiferencia o el odio general. Priorizar la guerrilla en el ámbito
rural y subordinar las acciones urbanas como algo secundario (o en todo caso
como apoyo a las primeras en hombres, pertrechos bélicos, agitaciones obreras y
estudiantiles, etc.) también demuestra una gran falta de visión.
Según el guevarismo, se debe priorizar la
lucha en el campo porque precisamente las condiciones de vida son más duras en
cuanto a la explotación y la opresión, constituyendo los campesinos, así, el
enorme potencial insurgente. Más aún, se establece que un enfrentamiento de
fuerzas irregulares mezcladas con el campesinado y luchando en un hábitat
natural hacen que las FFAA resulten a la larga impotentes. Pero hasta el trotskismo
(más allá de lo aberrante como teoría) descalificó esa “tesis” de exportación
para toda América Latina al establecer que en realidad son las masas populares
las verdaderas protagonistas en vez de un foco guerrillero rural.
En “Crear
Dos, Tres… Muchos Vietnam es la Consigna”, otra de sus obras de cabecera,
Guevara nos ilustra cómo debe ser de “democrática” la esencia de la lucha
guerrillera: “El odio como factor de
lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las
limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta,
selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así”.
En cuanto a su “lucha” contra las dictaduras
latinoamericanas lo que sistemáticamente se oculta es que según su concepción
cualquier gobierno ubicado en las esferas del “capitalismo” era considerado una
dictadura. Es decir, se debía llevar adelante el foco guerrillero y más allá de
la índole del gobierno, así se tratare de una dictadura o de una democracia
ultra-legalista. Es tal cual lo afirma en “Guerra
de Guerrillas”: “No debemos admitir
que la palabra Democracia utilizada en forma apologética para representar la
dictadura de las clases explotadoras pierda su profundidad de concepto y
adquiera el de ciertas libertades más o menos óptimas dadas al ciudadano. Luchar
por conseguir la restauración de cierta legalidad burguesa, sin plantearse, en
cambio, el problema del poder revolucionario, es luchar para retornar a cierto
orden dictatorial preestablecido por las clases sociales dominantes”.
En definitiva, de una experiencia vivida en Cuba
Guevara quiso torpemente generalizar una doctrina para ser aplicada a toda América
Latina. No todos los países latinoamericanos eran Cuba ni mucho menos se daba
el mismo proceso político y económico como para aplicarse esos “principios”. Inclusive
en el triunfo de la Revolución Cubana hay mucha tergiversación. El
enfrentamiento con las fuerzas de Batista consistió más que nada en escaramuzas
y combates con un muy reducido número de bajas. Los soldados batistianos
carecieron siempre de una moral de combate, no estando muy lejos de deponer las
armas por arreglos económicos con el enemigo. Y de una guerra de estas
características no se pueden deducir postulados básicos para encarar otras, y mucho
menos a nivel continental.
La base de su doctrina es toda una vil falacia.
El desgraciado recuerdo de las guerrillas marxistas con su impronta de odio, resentimiento,
terrorismo y disfrazadas bajos los conceptos de “liberación” y de “amor a la
humanidad” nos deja una lección más que clara. Nos permite ver como se puede
luchar, como se puede matar y como se puede morir por una abstracción
ideológica, por algo que no puede estar nunca plasmado por ser una utopía pura:
El comunismo, tan irreal y falso como el Che Guevara.
Darío Coria, Secretario de Educación
y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario
"Estirpe Nacional".
17-01-2019

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