jueves, 17 de enero de 2019

EL FALSO HÉROE Y SU FALSA DOCTRINA


Ernesto “Che” Guevara es una suerte de “paradigma” de rebeldía juvenil que está estampado en infinidades de remeras que se venden, vaya paradoja, bajo el sistema capitalista. Se lo retrata como un revolucionario, como un luchador por la democracia y las libertades, algo así como un “mártir” del bien común social. Pero la realidad fue muy distinta ya que a través de sus teorizaciones se buscó la toma del poder en toda América Latina y de una manera totalmente violenta y sanguinaria: La lucha armada guerrillera buscó implementar a nivel continental una dictadura totalitaria marxista-comunista.

Fue el primero en América Latina que teorizó sobre el concepto de guerrilla, que según él mismo fue algo que surgió de la experiencia que tuvo junto a Fidel Castro durante la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista en Sierra Maestra, Cuba, y su consiguiente derrocamiento en enero de 1959. Guevara explica las premisas y principios fundamentales por los cuales se debe construir toda insurgencia guerrillera.

De sus teorizaciones se desprenden groseros errores (que a la larga pueden explicar su inevitable fracaso y fin en Bolivia en 1967). Siempre parte de una irreal situación política ya que sistemáticamente da una visión falsamente ideologizada y ajena al sentido común. En “Guerra de Guerrillas”, su principal obra, sostiene: “(…) Tres aportaciones básicas y fundamentales hizo la Revolución Cubana a la mecánica de los movimientos revolucionarios de América, son ellas: 1) Las fuerzas populares pueden ganar un guerra contra el ejército regular; 2) No siempre es necesario que se den todas las condiciones para la revolución, el foco puede crearlas; 3) En América subdesarrollada el terreno de la lucha armada debe ser fundamentalmente el campo”.

De su grosero análisis se desprende lo siguiente: Sin el apoyo total de una población (tanto campesina como urbana) el movimiento insurgente siempre se va a constituir en un grupo violento que va a matar ante la indiferencia o el odio general. Priorizar la guerrilla en el ámbito rural y subordinar las acciones urbanas como algo secundario (o en todo caso como apoyo a las primeras en hombres, pertrechos bélicos, agitaciones obreras y estudiantiles, etc.) también demuestra una gran falta de visión.

Según el guevarismo, se debe priorizar la lucha en el campo porque precisamente las condiciones de vida son más duras en cuanto a la explotación y la opresión, constituyendo los campesinos, así, el enorme potencial insurgente. Más aún, se establece que un enfrentamiento de fuerzas irregulares mezcladas con el campesinado y luchando en un hábitat natural hacen que las FFAA resulten a la larga impotentes. Pero hasta el trotskismo (más allá de lo aberrante como teoría) descalificó esa “tesis” de exportación para toda América Latina al establecer que en realidad son las masas populares las verdaderas protagonistas en vez de un foco guerrillero rural.

En “Crear Dos, Tres… Muchos Vietnam es la Consigna”, otra de sus obras de cabecera, Guevara nos ilustra cómo debe ser de “democrática” la esencia de la lucha guerrillera: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así”.

En cuanto a su “lucha” contra las dictaduras latinoamericanas lo que sistemáticamente se oculta es que según su concepción cualquier gobierno ubicado en las esferas del “capitalismo” era considerado una dictadura. Es decir, se debía llevar adelante el foco guerrillero y más allá de la índole del gobierno, así se tratare de una dictadura o de una democracia ultra-legalista. Es tal cual lo afirma en “Guerra de Guerrillas”: “No debemos admitir que la palabra Democracia utilizada en forma apologética para representar la dictadura de las clases explotadoras pierda su profundidad de concepto y adquiera el de ciertas libertades más o menos óptimas dadas al ciudadano. Luchar por conseguir la restauración de cierta legalidad burguesa, sin plantearse, en cambio, el problema del poder revolucionario, es luchar para retornar a cierto orden dictatorial preestablecido por las clases sociales dominantes”.

En definitiva, de una experiencia vivida en Cuba Guevara quiso torpemente generalizar una doctrina para ser aplicada a toda América Latina. No todos los países latinoamericanos eran Cuba ni mucho menos se daba el mismo proceso político y económico como para aplicarse esos “principios”. Inclusive en el triunfo de la Revolución Cubana hay mucha tergiversación. El enfrentamiento con las fuerzas de Batista consistió más que nada en escaramuzas y combates con un muy reducido número de bajas. Los soldados batistianos carecieron siempre de una moral de combate, no estando muy lejos de deponer las armas por arreglos económicos con el enemigo. Y de una guerra de estas características no se pueden deducir postulados básicos para encarar otras, y mucho menos a nivel continental.

La base de su doctrina es toda una vil falacia. El desgraciado recuerdo de las guerrillas marxistas con su impronta de odio, resentimiento, terrorismo y disfrazadas bajos los conceptos de “liberación” y de “amor a la humanidad” nos deja una lección más que clara. Nos permite ver como se puede luchar, como se puede matar y como se puede morir por una abstracción ideológica, por algo que no puede estar nunca plasmado por ser una utopía pura: El comunismo, tan irreal y falso como el Che Guevara.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


17-01-2019

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