El 1° de enero pasado se cumplieron 60 años del triunfo de la Revolución Cubana, sin lugar a dudas un acontecimiento de grandes repercusiones geopolíticas que marcó un antes y un después en toda la historia de América Latina. Con el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista, el 1° de enero de 1959, Fidel Castro Ruz deseaba construir “una nación más democrática, más próspera, más independiente y más justa”. ¿Es Cuba en la actualidad un Estado “socialista de trabajadores”? ¿Es un país soberano, con libertad política y justicia social tal como lo señala su Constitución?.
A la luz de los hechos desde
1959 a la fecha se reemplazó un régimen dictatorial pro-norteamericano por otro
régimen dictatorial de corte comunista que sistemáticamente ha violado los
Derechos Humanos. En
Cuba no existe ni remotamente la libertad política como tampoco la libertad de
expresión ni las elecciones libres. Toda voz disidente es barrida por el
Partido Comunista, siendo el Estado totalitario quien controla y direcciona de
manera omnipresente a la sociedad. A su vez, todo tipo de organización política
por fuera del Partido Único está prohibida.
A lo largo de seis décadas el régimen cubano ha ejecutado a miles
de personas como así también muchas de ellas han sido sometidas arbitrariamente
a juicios y sumarios sin acceso a recursos legales por no existir un Poder
Judicial independiente ni un Estado de Derecho. En este sentido Cuba tiene hoy
por hoy uno de los índices más altos a nivel mundial en cuanto a
encarcelamientos por disidencias políticas. Televisión, radio,
periódicos, revistas y cine, todo al servicio de la difusión de la ideología
comunista. Inclusive para el acceso a Internet y el uso de computadoras se
firma un contrato de utilización con el Estado con cláusulas restrictivas.
En el marco del
“socialismo revolucionario” Cuba puso en práctica un modelo económico
centralizado en donde el Estado es el propietario de prácticamente todos los
medios de producción y en donde dirige el proceso productivo y la distribución
en forma centralmente planificada. Basada en la mono-producción de azúcar, la
isla se fue transformando casi desde los inicios de la Revolución en una
economía totalmente dependiente de la Unión Soviética, fuertemente subsidiada
para mantenerse a flote. El colapso de la URSS la obligó a buscar una mayor
diversificación de su economía pero las ineficiencias de su modelo no le han
permitido el progreso.
Una de las soluciones
que se encontró para reemplazar la ayuda soviética fue la de los dólares del
turismo extranjero (vaya paradoja). Y al dejar de recibir préstamos a largo
plazo y con bajísimos intereses que la URSS le otorgaba automáticamente para
cubrir su sistemático déficit comercial anual Cuba ha incumplido pagos con
numerosísimos países, entre ellos con el Reino Unido, Francia, Bélgica, Canadá,
España, Chile, Japón y México. A la fecha su escalofriante deuda externa con
Rusia es de US$ 32,1 mil millones, con el Club de París (19 países) US$ 11,1 mil
millones y con China US$6 mil millones, entre otros.
La Habana sigue dependiendo de ayuda extranjera para su estabilidad económica, hoy por hoy a través de fuertes subsidios del gobierno dictatorial comunista de
Venezuela. Pero el rentable negocio del narcotráfico en Cuba fue ya desde
principios de la Revolución algo más que auspicioso, manejado por un círculo
cerrado de altos narco-funcionarios agrupados en torno al MINFAR (Ministerio de
las Fuerzas Armadas) y el MININT (Ministerio del Interior). De esta manera se
pudo consolidar el cartel de La Habana que nada tiene para envidiarle a
carteles de la droga más conocidos como el de Medellín o Cali.
Desde los años ’70,
bajo la responsabilidad de Raúl Castro y a través del MINFAR, se comenzó a
preparar una gran infraestructura que iba a servir como centro de operaciones
para el tráfico de drogas por toda Iberoamérica. Una de las principales bases se
estableció en Cayo Largo (costa sur) y
posteriormente en Moa (provincia de Holguín). En esta última se encuentra
instalada una de las plantas de procesamiento de drogas más importantes del
mundo, construida con equipos provenientes de Alemania del Este para el
procesamiento de cocaína y otras sustancias tóxicas. Este es el tan proclamado
"territorio libre de América".
El régimen siempre se
ha jactado por sus grandes logros en materia de salud pública y educación, en haber
combatido el analfabetismo, la desnutrición, en haber aumentado el índice de esperanza
de vida como así también en haber reducido la mortalidad infantil y el
desempleo. Después del triunfo de la Revolución, Fidel Castro había iniciado un
proceso para eliminar a los sectores medios y altos de la sociedad,
principalmente a través de la tan mentada Reforma Agraria, que incluyó la
nacionalización de empresas estadounidenses y la erradicación de la propiedad
privada sobre los medios de producción. En su demagogia populista prometió que
tras 20 años Cuba iba a tener un PBI superior al de EEUU y que iba a ser algo
así como “la Suiza de América”. A los pequeños productores que se beneficiaron
con la Reforma tampoco se les dio plena libertad puesto que el Estado fue
siempre el que estableció qué producir y a qué precio.
De la Revolución no
surgió el tan anhelado "Hombre Nuevo" proclamado por el Che Guevara
ni mucho menos. De una incipiente “primavera comunista” a nivel social se pasó
a un durísimo “invierno”. Si bien hubo importantes logros al comienzo -especialmente
en el sistema de salud y educación- en los últimos 20 años esos avances no han
sido perdurables. Ha habido un
claro retroceso en muchos indicadores. Inclusive el hecho de que sistemáticamente
miles de ciudadanos de la isla hayan estado dispuestos a subirse a balsas y
otros objetos flotantes precarios para cruzar un mar infestado de tiburones y tratar
de llegar como refugiados a EEUU es la evidencia clara de que la Revolución
históricamente estuvo lejos de haber construido el tan mentado "socialismo de los trabajadores" como alguna vez se prometió.
A 60 años del acontecimiento que marcó un
quiebre en América Latina, que inició un baño de sangre en América Latina en
general y en Argentina en particular, en Cuba no hay libertades políticas ni existe
la libertad de expresión. El estándar de vida de la población ha empeorado
extremadamente con un increíble índice de pobreza actual del 90% y un salario
mínimo en promedio de U$S 9. Su economía es dependiente del exterior e importa
el 80% de su comida, incluido el azúcar.
Este es el tan afamado “paraíso socialista”
de América Latina: Un Sistema en donde rige un capitalismo de Estado para hacer
grandes negocios desde el poder; una cúpula narco-comunista que se beneficia
ampliamente con el cartel de la droga cubana; un país ferozmente endeudado con la
Usura Internacional y una población arrastrada al atraso, a la miseria y la postración…
población anteriormente fusilada por los jerarcas de un claro régimen despótico-dictatorial.
Darío Coria, Secretario de Educación
y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario
"Estirpe Nacional".
15-01-2019

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