domingo, 30 de junio de 2019

EL REVISIONSIMO HISTÓRICO ARGENTINO Y SU VIGENCIA EN LA ACTUALIDAD


El Revisionismo Histórico es una corriente historiográfica de reinterpretación de la Historia, una escuela de revisión de diferentes procesos históricos tanto a nivel mundial como argentino. Busca esclarecer y poner mucha luz sobre diferentes procesos del pasado, siempre tergiversados o silenciados por la denominada “Historia Oficial”. Y dicha corriente revisionista tiene hoy en día una difusión cada vez mayor tanto a nivel internacional como en nuestro país.

La Historia siempre nos debe servir para comprender cabalmente un pasado y así poder resignificar un presente. Si se la falsifica es precisamente para favorecer (directa o indirectamente) a todo un Sistema o Régimen de Dominación ajeno a los intereses del Ser Nacional. Es decir, esconder toda una realidad a través de la enseñanza educativa y de los medios propagandísticos. En tal sentido, el revisionismo argentino siempre buscó estructurar el relato del pasado argentino con un sentido de verdad y de coherencia para devolver al pueblo una conciencia y un alma perdida.

En nuestro país hubo verdaderas eminencias historiográficas revisionistas, verdaderas mentes prolíficas. Los referentes más paradigmáticos fueron Adolfo Saldías (considerado el pionero del revisionismo argentino); José María Rosa (de extensa trayectoria y uno de los más referenciales); Ernesto Palacio; Julio Irazusta; Carlos Ibarguren; Federico Ibarguren; el padre Castellani; Jaime María De Mahie (de por sí con obras muy abarcativas sobre religión, raza, biopolítica, política, sociología y economía, siendo además muy influyente en su momento en el Movimiento Nacionalista Tacuara y posteriormente en CEDADE); Manuel Gálvez; Raúl Scalabrini Ortíz y Arturo Jauretche entre otros. 

Entre 1881 y 1883 Adolfo Saldías publicó “Historia de la Confederación Argentina”, una obra clásica sobre el período de gobierno del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. En 1927 los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, junto con Ernesto Palacio, fundaron el periódico “La Nueva República”. Pero es a partir de los años ’30 cuando las ideas y los proyectos nacionalistas comenzaron a incidir fuertemente en la vida política y cultural de la República Argentina.

Durante esta década se publicaron obras muy destacadas como “Juan Manuel de Rosas. Su vida, su tiempo, su drama”, de Carlos Ibarguren, un libro muy esclarecedor sobre la figura del Restaurador. Los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta publicaron “La Argentina y el Imperialismo Británico”, una obra clave que denunciaba el humillante pacto Roca-Runciman, un verdadero acto de vasallaje económico de la Argentina hacia Inglaterra (mayo de 1933), esclareciéndose además sobre una serie de traiciones que habían comenzado con el ministro Bernardino Rivadavia y la primer deuda externa contraída por nuestro país con la financiera inglesa Braring Brothers (1824).

A fines de los años ’30 también vería su aparición “La Historia Falsificada” de Ernesto Palacio, una obra donde se demostraba con criterio investigativo que la realidad del país había sido falseada por la “historia oficial”. Años más tarde aparecería su monumental “Historia de la Argentina, 1515-1938”, un libro clave y de muchísima repercusión.

El 8 de agosto de 1938 se fundó el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (institución oficial desde 1997 y bajo el nombre Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas), donde confluyeron intelectuales revisionistas de renombre: Julio Irazusta, Ernesto Palacio, Ramón Doll, Manuel Gálvez y José María Rosa, este último presidente del Instituto en 1951 luego de formar parte del mismo en 1941 como colaborador de la revista de dicha institución.

Un párrafo aparte merecen sus obras, de por sí muy extensas. En la década del ’40 José María Rosa publicará “Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica”, una obra clave que contraponía los efectos negativos del liberalismo económico en nuestro país (liberalismo unitario y pro-inglés) con los efectos positivos del proteccionismo económico nacionalista en tiempos de la Confederación Argentina. A su vez “Artigas, prócer de la nacionalidad”, será un libro reivindicatorio del Protector de los Pueblos Libres (una de las figuras más eminentes del proceso emancipador). En la década del ’50 dejaría obras importantísimas como “Nos, los Representantes del Pueblo” y “La Caída de Rosas”. Su célebre libro “Historia de la Argentina”, de trece tomos y aparecida entre 1964 y 1980, es considerado directamente una de las mayores obras monumentales que haya dado el revisionismo argentino.

Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche fueron dos personalidades destacadísimas del movimiento yrigoyenista-nacionalista FORJA (Fuerza Orientadora Radical de la Joven Argentina, un movimiento que después va a confluir en el Nacional-justicialismo). El primero publicó, iniciándose la década del ’40, su muy destacada “Historia de los Ferrocarriles Argentinos”, donde se demostraba y se denunciaba toda la estructura imperialista pro-inglesa montada en la Argentina con el desarrollo del ferrocarril y bajo la consolidación del modelo agro-exportador de materias primas desde la segunda mitad de siglo XIX. Jauretche (fundador de FORJA) también dejaría obras de renombre entre los ’50 y ’60: “Los Profetas del Odio y la Yapa”, “Política Nacional y Revisionismo Histórico”, “Forja y la Década Infame”, “Manual de Zonceras Argentinas”.

Es innegable que hoy en día convivimos con dos historias, la oficial internacionalista –de izquierdas y derechas– y la revisionista de corte nacionalista. Cada una de ellas con sus propias jerarquías de valores a la hora de dar a entender los diferentes procesos históricos del país. Y así como en la actualidad existen dos historias también existen dos Argentinas, la liberal-masónica-partidocrática extranjerizante, y la de integración con toda la Comunidad Nacional, la que ve un Destino, una empresa colectiva siempre en marcha, una misión en la historia, una misión en lo universal, anhelos afectivos y espirituales, sueños y esperanzas de dimensiones míticas.

O somos para siempre una Nación con un claro destino de grandeza o nos quedamos eternamente en el chiquitaje del coloniaje mental, en lo dependiente y materialista. Prescindir de la verdadera Historia de un Pueblo (como lo hace la “Historia Oficial”) es algo así como separarse de un Espíritu, de un Yo Despierto. Revisar la Historia y reinterpretarla significará siempre encontrar aquellas herramientas que nos permitan comprender el presente para así construir el futuro. Ya lo decía con claridad meridiana Platón: “El precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

30-06-2019

domingo, 16 de junio de 2019

MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES, LA PATRIA GRANDE


Es un hecho realmente inédito para la historia de las Armas de la Patria que un buque de guerra sea tomado por una partida de caballería. Al caer la tarde del 12 de agosto de 1806 (Día de la Reconquista de Buenos Aires), el joven Martín Miguel de Güemes, al mando de un grupo de jinetes montados tomó la fragata inglesa “Justina”, de 26 cañones, que por la bajante de las aguas había quedado varada en el río.

En el marco del proceso político revolucionario iniciado con la Gesta de Mayo se incorporó al ejército partriota y se le destinó al Alto Perú, formando parte de las tropas que combatieron contra las fuerzas realistas en la famosa batalla de Suipacha (actual Bolivia), el 7 de noviembre de 1810. Una batalla que significó el primer triunfo de los ejércitos argentinos en la Guerra de Indepenencia contra España. Hacia 1815 volvió a su Salta natal organizando a su pueblo en la resistencia a los ejércitos realistas. El 15 de mayo de ese año fue electo gobernador de su provincia, cargo que ejercerá hasta 1820. Reconociéndosele su arrojo en el combate, el flamante Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón lo ascendió al grado de coronel mayor. Y el General San Martín –por los valores militares demostrados– le confió la custodia de la frontera del nor-oeste de nuestro país.

Producto del accionar de sus gauchos milicianos la situación se tornaba cada vez más difícil para el jefe de las fuerzas realistas, el general Joaquín de la Pezuela. La táctica era el hostigamiento y el acoso permanente hacia el enemigo, lo que se conoció popularmente con el nombre de guerra de guerrillas. Sin embargo la situación tampoco era nada fácil para las armas patrias. Hacia principios de 1817 el Mariscal realista José De la Serna planeaba una poderosísima invasión a Salta, y con un experimentado ejército de más de 5.000 hombres, vencedores en su momento de Napoleón. Pero Güemes se puso a la altura de la Historia. Organizó a la provincia en pie de guerra, con un verdadero ejército popular en partidas de no más de veinte hombres.

El 1° de marzo de 1817 Güemes logró recuperar Humahuaca y se dispuso a esperar la invasión, siempre con la táctica del hostigamiento permanente e inesperado hacia el enemigo, su ya famosa y legendaria guerra de guerrillas. Las fuerzas del realista de De La Serna llegaron a Salta el 16 de abril de 1817, y en este sentido el boicot de la población salteña fue algo absoluto, sufriendo el enemigo permanentes ataques relámpago. Esto generó preocupación y desmoralización en los invasores, y como consecuencia de la victoria de San Martín en Chacabuco (Chile), De la Serna decidió emprender la retirada hacia el bastión realista del Alto Perú.

Hacia marzo de 1819 se produjo una nueva invasión realista. Güemes se preparó nuevamente para resistir sabiendo que no iba a contar con el apoyo de Buenos Aires por las miserias políticas que rodeó al nuevo Director Supremo de las Provincias Unidas, José Rondeau. La prioridad de Rondeau no era la Guerra de Independencia contra los españoles sino poner fin al modelo patriótico y federal artiguista en la Banda Oriental. A pesar del desprecio del Directorio unitario de Buenos Aires, a pesar de los campos arrasados, a pesar de la interrupción del comercio con el Alto Perú producto de la interminable guerra, a pesar de las lágrimas, de las agonías que había que soportar en Salta, de la miseria generalizada, el prestigioso caudillo y gobernador salteño siguió resistiendo con Honor.

Hacia febrero del año ’20 el general realista Canterac ocupó Jujuy y a fines de mayo logró tomar la ciudad de Salta. El Héroe resistió una vez más y con el espaldarazo que le había dado San Martín al nombrarlo desde Chile General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú. Canterac terminó como De La Serna: Se tuvo que retirar con su ejército hacia el Norte.

En el marco de las guerras civiles entre unitarios y federales, las divisiones internas en Salta debilitaron el poder de Güemes, facilitando la penetración española en territorio norteño. De manera miserable los sectores poderosos de esta provincia no dudaron en ofrecer su colaboración al enemigo con tan de eliminar al Líder popular. José María Valdés, coronel salteño a las órdenes del ejército español, avanzó con sus hombres y ocupó Salta el 7 de junio de 1821. Valdés contó con el apoyo de los terratenientes salteños. Güemes se refugió en la casa de su hermana Magdalena Güemes de Tejada, "Macacha", y al escuchar unos disparos decidió escapar a caballo. En la huída recibió un balazo en la espalda. A pesar de ello siguió con una increíble y altísima moral de combate, ya que si bien llegó gravemente herido a su campamento de Chamical intentó preparar nada más ni nada menos que la novena defensa de Salta, reuniendo a sus oficiales, transfiriendo el mando y dando las últimas instrucciones.

Murió el 17 de junio de 1821, con tan sólo 36 años de edad,  en la Cañada de la Horqueta, cerca de la ciudad de Salta. Apenas unas semanas después de su muerte, sus hombres obligaron al ejército español a evacuar Salta. La Guerra Gaucha seguía en pie. Fue la última invasión realista al norte argentino, con lo que Güemes —aunque no llegó a verlo— finalmente venció a sus enemigos.

De esta manera se iba para siempre un verdadero Arquetipo de la Patria, un verdadero Héroe de la Independencia Nacional cuya actuación fue realmente crucial: Sin su tenaz resistencia en el nor-oeste argentino no hubieran sido posibles las campañas libertadoras del General San Martín. Ante un nuevo aniversario de su muerte… ¡Gloria eterna al Líder y Conductor de la Guerra Gaucha! ¡Gloria eterna Martín Miguel de Güemes!





Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

16-06-2019