domingo, 16 de junio de 2019

MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES, LA PATRIA GRANDE


Es un hecho realmente inédito para la historia de las Armas de la Patria que un buque de guerra sea tomado por una partida de caballería. Al caer la tarde del 12 de agosto de 1806 (Día de la Reconquista de Buenos Aires), el joven Martín Miguel de Güemes, al mando de un grupo de jinetes montados tomó la fragata inglesa “Justina”, de 26 cañones, que por la bajante de las aguas había quedado varada en el río.

En el marco del proceso político revolucionario iniciado con la Gesta de Mayo se incorporó al ejército partriota y se le destinó al Alto Perú, formando parte de las tropas que combatieron contra las fuerzas realistas en la famosa batalla de Suipacha (actual Bolivia), el 7 de noviembre de 1810. Una batalla que significó el primer triunfo de los ejércitos argentinos en la Guerra de Indepenencia contra España. Hacia 1815 volvió a su Salta natal organizando a su pueblo en la resistencia a los ejércitos realistas. El 15 de mayo de ese año fue electo gobernador de su provincia, cargo que ejercerá hasta 1820. Reconociéndosele su arrojo en el combate, el flamante Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón lo ascendió al grado de coronel mayor. Y el General San Martín –por los valores militares demostrados– le confió la custodia de la frontera del nor-oeste de nuestro país.

Producto del accionar de sus gauchos milicianos la situación se tornaba cada vez más difícil para el jefe de las fuerzas realistas, el general Joaquín de la Pezuela. La táctica era el hostigamiento y el acoso permanente hacia el enemigo, lo que se conoció popularmente con el nombre de guerra de guerrillas. Sin embargo la situación tampoco era nada fácil para las armas patrias. Hacia principios de 1817 el Mariscal realista José De la Serna planeaba una poderosísima invasión a Salta, y con un experimentado ejército de más de 5.000 hombres, vencedores en su momento de Napoleón. Pero Güemes se puso a la altura de la Historia. Organizó a la provincia en pie de guerra, con un verdadero ejército popular en partidas de no más de veinte hombres.

El 1° de marzo de 1817 Güemes logró recuperar Humahuaca y se dispuso a esperar la invasión, siempre con la táctica del hostigamiento permanente e inesperado hacia el enemigo, su ya famosa y legendaria guerra de guerrillas. Las fuerzas del realista de De La Serna llegaron a Salta el 16 de abril de 1817, y en este sentido el boicot de la población salteña fue algo absoluto, sufriendo el enemigo permanentes ataques relámpago. Esto generó preocupación y desmoralización en los invasores, y como consecuencia de la victoria de San Martín en Chacabuco (Chile), De la Serna decidió emprender la retirada hacia el bastión realista del Alto Perú.

Hacia marzo de 1819 se produjo una nueva invasión realista. Güemes se preparó nuevamente para resistir sabiendo que no iba a contar con el apoyo de Buenos Aires por las miserias políticas que rodeó al nuevo Director Supremo de las Provincias Unidas, José Rondeau. La prioridad de Rondeau no era la Guerra de Independencia contra los españoles sino poner fin al modelo patriótico y federal artiguista en la Banda Oriental. A pesar del desprecio del Directorio unitario de Buenos Aires, a pesar de los campos arrasados, a pesar de la interrupción del comercio con el Alto Perú producto de la interminable guerra, a pesar de las lágrimas, de las agonías que había que soportar en Salta, de la miseria generalizada, el prestigioso caudillo y gobernador salteño siguió resistiendo con Honor.

Hacia febrero del año ’20 el general realista Canterac ocupó Jujuy y a fines de mayo logró tomar la ciudad de Salta. El Héroe resistió una vez más y con el espaldarazo que le había dado San Martín al nombrarlo desde Chile General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú. Canterac terminó como De La Serna: Se tuvo que retirar con su ejército hacia el Norte.

En el marco de las guerras civiles entre unitarios y federales, las divisiones internas en Salta debilitaron el poder de Güemes, facilitando la penetración española en territorio norteño. De manera miserable los sectores poderosos de esta provincia no dudaron en ofrecer su colaboración al enemigo con tan de eliminar al Líder popular. José María Valdés, coronel salteño a las órdenes del ejército español, avanzó con sus hombres y ocupó Salta el 7 de junio de 1821. Valdés contó con el apoyo de los terratenientes salteños. Güemes se refugió en la casa de su hermana Magdalena Güemes de Tejada, "Macacha", y al escuchar unos disparos decidió escapar a caballo. En la huída recibió un balazo en la espalda. A pesar de ello siguió con una increíble y altísima moral de combate, ya que si bien llegó gravemente herido a su campamento de Chamical intentó preparar nada más ni nada menos que la novena defensa de Salta, reuniendo a sus oficiales, transfiriendo el mando y dando las últimas instrucciones.

Murió el 17 de junio de 1821, con tan sólo 36 años de edad,  en la Cañada de la Horqueta, cerca de la ciudad de Salta. Apenas unas semanas después de su muerte, sus hombres obligaron al ejército español a evacuar Salta. La Guerra Gaucha seguía en pie. Fue la última invasión realista al norte argentino, con lo que Güemes —aunque no llegó a verlo— finalmente venció a sus enemigos.

De esta manera se iba para siempre un verdadero Arquetipo de la Patria, un verdadero Héroe de la Independencia Nacional cuya actuación fue realmente crucial: Sin su tenaz resistencia en el nor-oeste argentino no hubieran sido posibles las campañas libertadoras del General San Martín. Ante un nuevo aniversario de su muerte… ¡Gloria eterna al Líder y Conductor de la Guerra Gaucha! ¡Gloria eterna Martín Miguel de Güemes!





Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

16-06-2019

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