martes, 27 de noviembre de 2018

CUMBRE DEL G-20 EN BUENOS AIRES: RENDIDOS ANTE EL NUEVO ORDEN MUNDIAL


Según su sitio en internet www.g20.org el Grupo de los 20 se presenta como “el principal foro internacional para la cooperación económica, financiera y política”, sosteniéndose además que “aborda los grandes desafíos globales y busca generar políticas públicas que los resuelvan”. Es un foro mundialista integrado por países fuertemente industrializados y países emergentes. Lo componen en la actualidad Estados Unidos, Reino Unido, China, Rusia, Alemania, Francia, Japón, Corea del Norte, Canadá, Arabia Saudita, Brasil, México, Australia, Italia, India, Indonesia, Argentina, Sudáfrica y Turquía a los cuales se suma una representación de la Unión Europea. A su vez se señala de manera categórica que “la presidencia del G20 cambia todos los años entre los 19 países miembro del grupo. Como el foro no tiene sede central ni personal permanente, el país que preside el G20 organiza las reuniones y tiene un rol central en el diseño de la agenda y en la construcción de consensos entre los miembros. Para ampliar el alcance y el impacto del foro, y para garantizar que su enfoque sea realmente global, se invita a participar a los principales organismos internacionales, como las Naciones Unidas (ONU), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial”.

Dicho de otra manera el G-20 es uno de los tantos brazos operativos del Nuevo Orden Mundial para llevar adelante la agenda mundialista. Por primera vez la Argentina ocupará su presidencia siendo la ciudad de Buenos Aires su anfitriona entre el 30 de noviembre y el 1° de diciembre del corriente año, recibiéndose nada más ni nada menos que a los principales mandatarios del mundo. Un acontecimiento sin precedentes sobre todo por la delicada crisis económica y social que atraviesa el país. Una ciudad prácticamente paralizada, más globalizada que nunca, fuertemente blindada y con un inmenso operativo de seguridad que ya cuenta con la activa participación de fuerzas de seguridad, servicios de inteligencia, sistemas de espionaje y tropas extranjeras provenientes de China y sobre todo de la alianza globalista anglo-norteamericana-sionista.

El discurso políticamente correcto del G-20 en Buenos Aires apunta a plantear el desarrollo de las economías regionales, la infraestructura, el futuro alimentario, la creación de fuentes laborales, el planteamiento de una mejor calidad de vida y sobre todo la necesidad de un financiamiento internacional para la realización de obras de infraestructura. Pero la realidad pasa por otro lado. De antemano no se pueden dar garantías para semejante evento por la torpeza e incapacidad manifiesta del actual Gobierno en materia de seguridad. Sólo basta con observar lo sucedido en el vergonzoso operativo de seguridad de la trunca súper-final de la Copa Libertadores entre River y Boca.   

La cumbre se da en el marco de una crisis estructural que vive la Argentina: Fuerte recesión económica, inflación cada vez más creciente, desindustrialización por apertura de importaciones, quiebra de pequeñas y medianas empresas, brutal aumento de tarifas de servicios públicos, sistemática devaluación del peso y agiotismo del Dólar, fuerte endeudamiento externo, subordinación al Fondo Monetario Internacional y aumento cada vez más pronunciado de la pobreza e indigencia. ¿Podemos creer tan ingenuamente que bajo este panorama la cumbre del G-20 pueda aportar soluciones de fondo a un problema que radica en el Sistema o Régimen de Dominación Mundial mismo? ¿Cuál es entonces el verdadero trasfondo?

Lo esencial de la cumbre del G-20 en Buenos Aires radica en ratificar formalmente un mayor grado de dependencia, colonialismo y entrega del Gobierno de Mauricio Macri hacia el Nuevo Orden Mundial. No por nada el primer mandatario argentino había manifestado hacia fines del 2017 que los argentinos "le inspiramos confianza al mundo porque ven que estamos por el camino correcto". Inclusive Buenos Aires va a ser el escenario de las fuertes disputas comerciales entre las principales potencias mundiales, fundamentalmente entre EEUU y China (con bases militares en nuestro país). Teniendo en cuenta que la ilegal y parasitaria Deuda Externa Argentina es el gran condicionante de nuestra economía, el canje de deuda por territorio es una de las grandes variantes que maneja la elite globalista, un aspecto esencial que no debe dejarse de lado ni subestimar por el fuerte lobby de los diferentes poderes mundiales que operan desde hace largo tiempo en el país.

Desde el Partido Bandera Vecinal, Partido integrante del Frente Patriota, no sólo rechazamos la presencia del G-20 en la Argentina sino que ratificamos nuestro más enérgico repudio al colonialismo globalista, a la rapiña plutocrática-capitalista de los tiburones de la Usura Internacional y al entreguismo servil de gobiernos marionetas de turno como sin lugar a dudas lo es el Gobierno de Mauricio Macri.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

26-11-2018

lunes, 19 de noviembre de 2018

DÍA DE LA SOBERANÍA NACIONAL: LA ARGENTINA DEL HONOR Y DE LA LIBERTAD


El Combate de la Vuelta de Obligado, librado el 20 de noviembre de 1845 en aguas del río Paraná, sobre su margen derecha, al norte de la provincia de Buenos Aires en el actual partido de San Pedro, constituyó una de las páginas más memorables de toda nuestra historia. Una gesta heroica en donde las armas de la Patria defendieron nuestra soberanía política e integridad territorial frente a la agresión colonialista nada más ni nada menos que de las dos escuadras navales más poderosas de la época, Inglaterra y Francia.

El Nacionalismo de Rosas

En el marco de una profunda guerra civil entre unitarios y federales, y ante la conmoción nacional que produjo el asesinato del prestigioso caudillo federal Facundo Quiroga, el 7 de marzo de 1835 la Sala de Representantes de la ciudad de Buenos Aires nombró a Juan Manuel de Rosas como gobernador de la provincia de Buenos Aires con la suma del poder público y por un período de cinco años. Luego de ser casi unánimemente plebiscitado por el pueblo bonaerense los días 26, 27 y 28 de marzo, finalmente el día 13 de abril asumió como gobernador con el encargo de las Relaciones Exteriores. Un gobierno enérgico y decididamente patriótico que a lo largo de diecisiete años ejercerá de manera ininterrumpida. Su política nacionalista chocaba abiertamente contra los intereses imperialistas de las principales potencias mundiales europeas.

El 18 de noviembre de 1835 Rosas dictó la Ley de Aduanas, de espíritu proteccionista, en la cual se estableció toda una serie de impuestos aduaneros de entre el 15 y el 50% sobre artículos importados que el país era capaz de producir o que eran de lujo. El hecho financiero más trascendental de su gobierno fue la liquidación del Banco Nacional, la principal institución crediticia creada desde 1826 que era manejada por agiotistas ingleses en connivencia con los prohombres del círculo unitario rivadaviano. El 30 de mayo de 1836 Rosas dispuso su cierre fundando el actual Banco de la Provincia de Buenos Aires ya que, en su concepción, el Estado era el único que podía y debía garantizar la moneda circulante.

La Ley Agraria, sancionada el 10 de mayo de 1836 desconocía la hipoteca que pesaba sobre la tierra pública a favor de los ingleses como consecuencia de la ignominiosa primer Deuda Externa contraída en 1824 por Bernardino Rivadavia (por entonces ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del gobernador de la Provincia de Buenos aires, el General Martín Rodríguez) y la compañía financiera Baring Brothers. A su vez, Rosas procedió a la venta de tierras públicas detentadas por enfiteutas y especuladores terratenientes que se negaban a pagar un canon justo para renovar la concesión de sus tierras, impulsándose toda una política de colonización de tierras en pequeñas fracciones, con asistencia estatal para sus pobladores. La tierra libre de enfiteutas quedó en manos de pequeños propietarios.

A su vez, el decreto del 31 de agosto de 1837 establecía la prohibición de la extracción de oro y plata en el país, algo muy codiciado por Inglaterra, Estados Unidos y Brasil que buscaban cubrir sus quebrantos financieros a costa de nuestras reservas metálicas. El sistema de exclusiva navegación nacional puso fin al sistema de libre navegación de nuestros ríos –que tanto beneficiaba al imperialismo económico británico y brasileño en la venta de sus manufacturas–, sentando las bases para el desarrollo de una marina mercante. Todas estas medidas generaron un extraordinario progreso a lo largo de todo el país, un gran desarrollo industrial y agropecuario. Por la gran prosperidad generalizada, los salarios de la Confederación Argentina estaban entre los más altos del mundo. Era una Nación orgullosa de su propio destino.

Intervencionismo y colaboracionismo unitario

Para comprender el modus operandi del intervencionismo imperialista mundial de la época debemos remontarnos al intento colonial desplegado por los franceses  en nuestro país entre 1838 y 1840. El 28 de marzo de 1838, Francia le declaró a la Confederación Argentina el bloqueo al puerto de Buenos Aires. La excusa ante semejante acto de guerra era pretender la libertad de connacionales franceses, que en realidad se trataba de personas acusadas de asesinato, y que los franceses mismos estuvieran exentos de la reclusión militar en nuestro país. Cada reclamo justificaba el envío de una escuadra, el bloqueo, la extorsión, y de ser necesaria, la agresión militar. Era una metodología que se había demostrado infalible en las naciones donde había sido aplicada, enmascarada con intenciones “civilizadoras y humanitarias”.

Con justa razón, y en defensa de la dignidad nacional, Rosas se mantuvo inflexible desde lo diplomático. Y como consecuencia, el contraalmirante francés Luis Leblanc –jefe de las fuerzas navales francesas en América del Sur– decretó el riguroso bloqueo al puerto de Buenos Aires. Si bien la casi totalidad de los recursos provenían de las rentas de Aduana, esta situación se contrarrestó con créditos y contribuciones voluntarias  a favor del Estado. Otra circunstancia que facilitaba la resistencia fue la Ley de Aduanas. Es decir, dentro de la prosperidad general interna, el cierre del comercio exterior se podía soportar sin generar alguna crisis económica (y por ende crisis política).

La insolente agresión francesa también contó con el colaboracionismo unitario exiliado en Montevideo, que a través de la denominada Comisión Argentina buscó aliarse a la potencia agresora. Sus dos máximos exponentes fueron Florencio Varela y Julián Segundo de Agüero, pero su alma fue Bernardino Rivadavia, quien desde Santa Catalina (Brasil) monitoreaba todas las iniciativas anti-nacionales. Por su parte, Juan Bautista Alberdi también realizó en Montevideo una fuerte campaña periodística a favor de una amplia alianza con los franceses sitiadores. En este sentido se delinearon diferentes focos de insurrección, siendo el más relevante la expedición “libertadora” del General Juan Galo Lavalle desde el litoral, expedición financiada por Francia pero que va a terminar en un rotundo fracaso por la permanente hostilidad de la población hacia Lavalle mismo. Finalmente, ante la firmísima actitud del Restaurador de las Leyes, Francia levantó su bloqueo, suscribiéndose la paz el 29 de octubre de 1840, reconociéndose la total soberanía de nuestro país y enarbolándose la bandera argentina a bordo del buque francés Alcmene para saludarla con veintiún cañonazos de desagravio.

Ante tales circunstancias, el Libertador General José de San Martín, en carta del 10 de julio de 1839 a dirigida a Rosas desde su exilio en Francia, afirmaba: “Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufriríamos en tiempos de la dominación española. Una tal felonía, ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”. Y en reconocimiento a la firme defensa de la soberanía nacional, el General San Martín, con fecha 23 de enero de 1844, estableció en la cláusula tercera de su testamento: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le será entregado al general de la república Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.

A pesar de este rotundo triunfo diplomático de la Confederación Argentina, los unitarios no cesaron en su intención de asociarse con diferentes potencias imperialistas contra su propia Patria, siendo el pretexto para ello la lucha contra una supuesta tiranía. En este sentido, el 11 de agosto de 1843 Florencio Varela fue nombrado por la Comisión Argentina y por el ilegal gobierno uruguayo del General Fructuoso Rivera como agente oficial en Europa para negociar la ayuda británica y francesa. Inclusive, el mismísimo Domingo Faustino Sarmiento ya había alentado tiempo atrás la secesión de la Patagonia a favor de Chile durante su exilio en este país, como así también el general unitario José María Paz había proyectado establecer la “República de la Mesopotamia”, conformada por las provincias de Entre Ríos y Corrientes bajo el paraguas protector británico.

La resistencia nacionalista ante la agresión colonialista de 1845

La intervención colonialista anglo-francesa de 1845, tan requerida por los unitarios que no vacilaron en traicionar una vez más a la Patria con tal de derrocar a Rosas se originó, o mejor dicho, tuvo su excusa en los sucesos que ocurrían en Uruguay. Las potencias aliadas intimaron a Rosas para que evacuara las tropas argentinas que sitiaban este país y que la escuadra naval del almirante Guillermo Brown levantara el bloqueo que pesaba sobre Montevideo. Esta situación perjudicaba el comercio de las grandes potencias europeas. ¿Y por qué había un estado de beligerancia entre la Confederación Argentina y el Estado oriental? El presidente uruguayo, el General Manuel Oribe, había sido derrocado en 1838 por el General Fructuoso Rivera, quien con apoyo unitario planeó además segregar la Mesopotamia argentina para unirla al Uruguay y así formar un Estado aparte.

Al no prosperar la restitución de Oribe, el acuerdo diplomático fracasó. De manera insolente, las escuadras anglo-francesas se apoderaron de los buques argentinos, bombardeando la ciudad de Colonia y tomando la isla Martín García. Fueron hechos que exaltaron el sentimiento patriótico, en donde todas las provincias, con sus gobernadores y legisladores al frente, se pronunciaron en contra de la agresión ofreciendo sus contingentes para resistir. Todos a excepción del círculo unitario…

Ante el inminente ataque de las poderosas flotas enemigas, el General Lucio Mansilla fortificó el paraje de Vuelta de Obligado, lugar situado sobre la margen derecha del Paraná, que allí baja en dirección noroeste-sureste, para luego desviarse de norte a sur, y nuevamente de oeste a este. De allí lo de “vuelta”, por el cambio de rumbo del canal principal, tomando el nombre de su propietario, don Antonio Obligado. Mansilla solicitó el envío urgente de proyectiles, caballos para facilitar el traslado de tropa y cañones apostados a lo largo del río. No contaba con artilleros experimentados, por lo que tuvo que improvisar.

El grueso del ejército de la Confederación mantenía el sitio de Montevideo que no podía abandonarse, ni siquiera debilitarse, ya que esto hubiera significado ceder al propósito del enemigo. Tampoco disponía de la flota de Brown, apresada en la isla Martín García, por lo que la defensa del río debía hacerse desde tierra por milicianos y vecinos. En Vuelta de Obligado las fuerza patrias sólo disponían de cuatro baterías para la defensa. La ‘Manuelita’, al mando del teniente coronel de Artillería Juan Bautista Thorne; la ‘General Mansilla’ al mando del teniente de Artillería Felipe Palacios (servida de tres cañones); la ‘General Brown’, al mando del marino Eduardo Brown, hijo del famoso almirante (con cinco cañones) y la ‘Restaurador Rosas’, al mando del ayudante mayor de Marina Álvaro Alsogaray (con seis cañones). A su vez, en la primera línea de combate se ubicaron 400 hombres de infantería del cuerpo de Regimiento de Patricios, bajo el mando del coronel Ramón Rodríguez.

En total se apostaron para enfrentar a las dos mayores potencias bélicas del mundo un poco más de 2.100 hombres, instalándose 35 piezas de artillería. Y como símbolo de soberanía Mansilla atravesó el curso del Paraná con gruesas cadenas de hierro afirmadas sobre veinticuatro barcazas desmanteladas fondeadas en línea y fuertemente atadas a las cadenas con banderas argentinas. Sobre la orilla entrerriana se posicionó el bergatín Republicano, armado con seis cañones de escaso calibre, una tripulación de dos oficiales, veintiún artilleros y trece marineros.

La fuerza invasora británica estaba formada por el Gorgon, buque insignia a vapor de 1.200 toneladas, al mando del comandante en jefe, capitán Hotham; el Firebrand, también a vapor, comandado por el capitán Hope; la corbeta Comus, al mando del capitán Inglefield, los bergantines Philomel, Dolphin y Fanny, al mando de los capitanes Sullivan, Leving y Key. Portaban en total cincuenta cañones, casi el doble que los argentinos, de mejor puntería y largo alcance. La escuadra francesa estaba integrada por el buque a vapor Fulton, de 650 toneladas al mando del capitán Mazeres; la corbeta Expeditive, al mando del capitán De Muriac; los bergantines Pandour y Procida, al mando de los capitanes Du Marc y Riviere, y la nave capitana Saint Martin, a cargo del comandante Francois Trehouart. Esta última en realidad era la nave insignia de la Confederación, San Martín (al mando del Almirante Guillermo Brown), capturada frente a Montevideo e incorporada a la flota agresora. Los cañones franceses sumaban cuarenta y nueve.   

El Combate de la Vuelta de Obligado

A las 8.43 horas de la mañana de aquel famoso 20 de noviembre de 1845 la poderosa escuadra enemiga avanzó con el Saint Martin al frente, una ofensa que enfureció aún más a los argentinos. Y ante la inminencia del ataque, el General Mansilla realizó una emotiva y conmovedora arenga a su tropa, que quedará por siempre en los anales de nuestra historia: “¡Milicianos del departamento del norte! ¡Valientes soldados federales, defensores denodados de la independencia de la República y de la América! Los insignificantes restos de los salvajes traidores unitarios que han podido salvar de la persecución de los victoriosos ejércitos de la Confederación y orientales libres, en las memorables batallas de Arroyo Grande, India Muerta y otras; que pudieron asilarse de las murallas de la desgraciada ciudad de Montevideo, vienen hoy sostenidos por los codiciosos marinos de Francia e Inglaterra, navegando las aguas del gran Paraná, sobre cuya costa estamos para privar su navegación bajo otra bandera que no sea la nacional… ¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis!... Considerad el tamaño del insulto que viene haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. Pero se engañan esos miserables: aquí no lo serán… ¿no es verdad camaradas? ¡Vamos a probarlo!... ¡suena ya el cañón! Ya no hay paz con la Francia ni con la Inglaterra. ¡Mueran los enemigos!... Tremole en el río Paraná y en sus costas el pabellón azul y blanco, y muramos todos antes de verlo bajar de donde flamea”. Inmediatamente se entonó el Himno Nacional Argentino acompañado por la Banda del Regimiento de Patricios. Y finalmente, ante un ensordecedor  ‘¡Viva la Patria!’, se produjo el momento más esperado: se abrió fuego contra los once buques de guerra enemigos equipados entre todos con casi 100 cañones de mayor capacidad de fuego que los anticuados cañones patrios.

Fue un combate realmente encarnizado: el Saint Martin quedó seriamente dañado y a la deriva. A pesar de que el fuego europeo hizo estragos en las baterías defensoras, estas no dejaban de responder con su escasa capacidad de fuego, lo suficiente como para dejar fuera de combate a los bergantines Pandour y Dolphin, para obligar a retirarse al Comus y para silenciar los cañones mayores del Fulton. Por su parte, el bergantín patriota Republicano, agotada su munición, fue volado por su capitán Craig para evitar que caiga en poder del enemigo. Pronto se hizo más que evidente que la heroica resistencia no lograría mantener a raya por mucho tiempo más a los europeos. Los proyectiles se agotaban al tiempo que las bajas humanas se incrementaban. Esta merma permitió que un comando atacante alcanzara las pesadas cadenas que cortaban el tránsito del Paraná, cortándoselas a martillazos en un yunque improvisado.

Luego del intenso cañoneo, 325 infantes de marina intentaron un desembarco, pero fueron repelidos a lanza y bayoneta. Hacia las cuatro de la tarde, los proyectiles patriotas se habían agotado, y de esta manera los ingleses decidieron intentar un nuevo desembarco al mando de Hotham, jefe de su escuadra. En medio de la feroz lucha, los franceses también desembarcan tropas para reforzar a las británicas, siempre apoyadas por el intenso y eficaz cañoneo de las naves. Pero sobre el anochecer de ese histórico día, y luego de haber sufrido graves pérdidas humanas, las tropas invasoras reembarcaron. Las bajas locales fueron un poco más de seiscientas (la tercera parte de los 2.160 hombres que intervinieron en la defensa), mientras que hubo ciento cincuenta del lado de los agresores. El costo de los aliados fue grave, ya que se dañaron diez de sus once naves agresoras. Y como consecuencia, los invasores tuvieron que destinar cuarenta días para reparar sus navíos.

El Triunfo de la Causa Nacional

Luego de apoderarse de la entrada del río Paraná, la escuadra enemiga continuó su rumbo por el río, estando ahora solamente reducida a seis unidades de combate más cuarenta y cuatro navíos mercantes. Esto generó una profunda alegría en los unitarios exiliados en Montevideo, imaginando que este accionar haría caer el gobierno del Restaurador. Pero la épica resistencia nacionalista lejos de aminorar prosiguió a lo largo de la costa acosando a cañonazos a los invasores el 9 de enero de 1846 en Tonelero (sur de San Nicolás), para proseguir una semana después en San Lorenzo (norte de Rosario) y Quebracho (al norte de San Lorenzo). Los agresores no tenían forma de aprovisionarse, y el ánimo empezó a mermar. Por consiguiente, la maltrecha flota aliada decidió separarse: los franceses navegaron hasta Corrientes con la intención de colocar allí sus productos pero fracasaron ante la patriótica negativa correntina. En cambio los ingleses continuaron viaje hasta Asunción, intentando en vano un acuerdo con el mariscal Carlos Antonio López, de arraigadas convicciones nacionalistas.

Ante la decepción que generó los magros resultados comerciales –el principal objetivo de la empresa colonialista anglo-francesa– los aliados ahora debían soportar el regreso para arribar a Montevideo, sabiendo que serían nuevamente atacados a cañonazos en Quebracho, Tonelero, San Lorenzo y otras posiciones en el Paraná. En total quedaron incendiados siete barcos y los buques mercantes averiados hasta arrojaban sus mercaderías al agua. Quebracho fue la última acción de resistencia, el 4 de junio de 1846. Finalmente, el gobierno inglés, ante la tenaz resistencia que oponía Rosas, presionado por la opinión pública, las denuncias periodísticas y el creciente malestar entre comerciantes que temían por sus negocios en el Río de la Plata, empezó a entablar negociaciones con la Confederación Argentina.

Luego de varias gestiones truncas, lo que pareció imposible, ocurrió: el 24 de noviembre de 1849 se firmó el acuerdo Arana-Southern que básicamente sostenía la evacuación de la Isla Martín García por parte de los ingleses, la devolución de los buques argentinos en el estado previo en el que se encontraban y el reconocimiento de la plena soberanía argentina. Y como cierre de oro, el día 27 de febrero de 1850 –ante un nuevo aniversario de la creación de la bandera nacional– se levantó en la proa de la nave capitana británica Southampton la bandera de la Confederación Argentina, solemnemente desagraviada con veintiún cañonazos. Por su parte, el 31 de agosto de 1850 se firmó el acuerdo Arana-Lepredour con Francia, en idénticas condiciones a lo establecido con los ingleses. En este caso, los veintiún cañonazos de desagravio al pabellón nacional se dispararon con solemnidad desde el buque francés Astrolabe. Fue un enorme triunfo de Rosas y de la Causa Americana.

Argentina para los argentinos

El combate de la Vuelta de Obligado representó, por la digna defensa que llevó adelante el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, una de las páginas más brillantes de toda la historia argentina. En vez de doblegarnos y ser una miserable colonia (como hoy en día por obra y gracia de la partidocracia extranjerizante), optamos por ser una nación libre. Optamos por el camino de la lucha, del sacrificio, de los desprendimientos personales, del honor, de la dignidad, del orgullo patrio y de la libertad. Y todo ello por obra de un Líder, de un Conductor con sentido de real grandeza.

La Soberanía Política debe ser siempre un principio irrenunciable. Si alguna vez fuimos capaces de protagonizar una epopeya de gran magnitud esa Argentina orgullosa de su propio Ser volverá a triunfar y bajo un gobierno auténticamente nacionalista. Ante un nuevo aniversario del Día de la Soberanía Nacional… ¡Gloria y Honor a los Héroes del Combate de la Vuelta de Obligado! ¡Gloria y Honor a su ilustre defensor, Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas!.





Artículo reactualizado aparecido originariamente en el periódico Bandera de noviembre / diciembre de 2016.

Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

19-11-2018

viernes, 9 de noviembre de 2018

10 DE NOVIEMBRE, DÍA DE LA TRADICIÓN


El Día de la Tradición se aprobó de manera oficial primero en la ciudad de La Plata al sancionarse la Ley 4.756 / 39 en agosto de 1939, empezándose a conmemorar dicha fecha en la ciudad de las diagonales. Recién en 1975, durante el gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón, el Congreso Nacional aprobó la Ley 21.154 extendiéndose a todo el territorio argentino dicha conmemoración.

En el Día de la Tradición está el reconocimiento a la Identidad Argentina, a un Arquetipo bien representativo de la misma como sin lugar a dudas lo fue José Hernández, nacido el 10 de noviembre de 1834 en el actual Partido de General San Martín (Conurbano bonaerense). Tuvo una vida pública muy destacable. Fue poeta, periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político. Comenzó a leer y a escribir con tan sólo cuatro años de edad. En 1843, año del fallecimiento de su madre, su padre lo llevó a vivir al campo, donde era capataz en las estancias del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas (por aquellos tiempos primera Magistratura del país).

Fue en este entorno campestre cuando tomó contacto con gauchos e indios. Debido a su proximidad con ellos tuvo la oportunidad de conocer sus costumbres, su mentalidad, su lenguaje, su cultura. Aprendió a quererlos, a admirarlos, a comprenderlos, y también a entender sus dificultades en la vida cotidiana. En 1857 –poco después de fallecer su padre–se instaló en la ciudad de Paraná, contrayendo matrimonio dos años después. Su labor periodística la inició en el diario El Nacional Argentino, con una serie de artículos en los que condenaba el asesinato del caudillo federal riojano, Brigadier General Ángel Vicente ‘Chacho’ Peñaloza (asesinado vilmente el 12 de noviembre de 1863 durante la presidencia de Bartolomé Mitre y por encargo del por entonces gobernador de San Juan, Domingo Faustino Sarmiento). El Chacho había sido uno de los últimos líderes federales en resistir el despotismo y el centralismo pro-inglés y masónico del poder político de Buenos Aires.

En 1863 estos artículos fueron publicados como libro bajo el título Rasgos biográficos del General Ángel Peñaloza. En 1869 fundó el diario El Río de la Plata, en cuyas columnas defendió a los gauchos y denunció los abusos cometidos por las autoridades de la campaña. También fundó el diario El Eco, de la provincia de Corrientes, cuyas instalaciones fueron destruidas por sus adversarios políticos. Colaboró además en los periódicos La Reforma Pacífica, de Paraná y La Patria, de Montevideo. En el orden militar intervino en dos batallas muy importantes para el destino del país: En la batalla de Cepeda (en 1859) y en la batalla de Pavón (en 1861). Además luchó junto al caudillo federal entrerriano Ricardo López Jordán. Este último había llevado adelante una rebelión federal en la poderosa Provincia de Entre Ríos del General Justo José de Urquiza, por el acercamiento político de éste hacia el presidente Sarmiento. Esta rebelión duró desde el 11 de abril de 1870 (fecha del asesinato de Urquiza en el majestuoso Palacio San José de Entre Ríos) hasta el 16 de septiembre de 1876 (cuando López Jordán finalmente capituló y cayó derrotado). La rebelión jordanista fue el último conflicto, si se puede decir así, entre unitarios y federales.

Debido a las continuas guerras civiles en nuestro país, José Hernández se vio obligado a exiliarse, viviendo en Brasil y posteriormente en Uruguay. Recién en 1874 y gracias a una amnistía política que paró la violencia pudo volver al país. En el orden legislativo se desempeñó como diputado y luego como senador de la Provincia de Buenos Aires. Tomó parte activa junto a Dardo Rocha en la fundación de La Plata, en el año 1882. Y siendo presidente de la Cámara de Diputados defendió el proyecto de federalización de Buenos Aires, que pasó a ser la capital del país en 1880.

A fines de 1872 se produjo la salida de su obra cumbre El Gaucho Martín Fierro, el poema de género gauchesco que se convirtió en la obra literaria del más puro y genuino folclore argentino. Traducido a numerosos idiomas, es la obra por excelencia de la literatura argentina. Y es aquí donde Don José rinde homenaje al gaucho, a quien lo describe en su ser, en sus vivencias, en su drama cotidiano, en su desamparo, en sus vicisitudes y en sus bravuras. Este gran éxito literario lo llevó a continuarlo con la salida en 1879 de su segunda parte, La vuelta de Martín Fierro. Posteriormente, en 1881 publicó su obra Instrucción del Estanciero. El 21 de octubre de 1886 falleció en su quinta de Belgrano.

El Martín Fierro de José Hernández es en el fondo la descripción de la dura realidad que vivía el país hacia la segunda mitad de siglo XIX. Una denuncia social que encierra las grandes verdades de aquel momento como hoy en día: La falta de educación, el menosprecio a lo nacional, la subordinación a los poderes mundiales, la corrupción en lo judicial, la deficiente organización militar, la deficiencia de la policía y el resentimiento de los sectores postergados por el poder político de turno. Y todo ello a través de un clarísimo lenguaje rural.

Una denuncia social dentro de un contexto político en particular. Con la derrota nacional en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852 (sin lugar a dudas la mayor tragedia política que haya sufrido el país), el unitarismo masónico aliado al Imperio del Brasil y a Inglaterra disolvió el sistema político independiente de toda forma de dominación extranjera y terminó con el Federalismo como política de Estado. Con la caída de Rosas el país dejó de ser una Nación libre para convertirse nuevamente en colonia. En adelante se van a establecer diferentes gobiernos funcionales a los intereses geopolíticos colonialistas del Orden Mundial capitalista en expansión. Y la entrega económica estuvo acompañada de una entrega tanto territorial como espiritual. En nombre de la “libertad de comercio” se arrasó con las manufacturas criollas que tanto habían prosperado en los tiempos del Restaurador. Brasil inclusive sacó su enorme tajada al incorporarse de manera unilateral para sus dominios las Misiones orientales, al obtener la libre navegación de los ríos y la hegemonía política sobre Uruguay y la Argentina.

Y todo ello en nombre de la “civilización”, pero civilización entendida como algo propio de extranjeros, de europeos, y entendiendo por bárbaro (en el mismo lenguaje liberal) todo aquello que era argentino, que era criollo. De la misma manera se va a empezar a considerar “tiránico” al más popular de los gobiernos habidos en el siglo XIX, comenzándose de manera paralela a denominar “democráticos” a los nuevos gobiernos post-Caseros que en realidad constituyeron oligarquías que gobernaron (en mayor o menor medida) de espaldas a los intereses de la Comunidad Nacional.

Desde 1852 en adelante se comenzó a inventar un nuevo país conforme a los dictados de la Masonería Internacional, proyectándose una subordinación hacia los intereses del colonialismo anglo-sajón. Una anti-Argentina, de espaldas a la Argentina real, en contra de su verdadero Ser. Un anti-Estado, como el actual que tenemos, que asegura el gobierno de los peores y la sumisión de nuestra Patria el Capital Financiero Internacional con toda una enorme transferencia de riquezas al extranjero. Inclusive, el repudio a lo autóctono se ejecutó en un verdadero genocidio, en sistemáticas matanzas de criollos, imponiéndose esa falsa muletilla conocida como “inutilidad del criollo”, lo que tampoco era ninguna novedad ya que venía propagándose desde los tiempos de Rivadavia. Y todo esto produjo el efecto buscado por los liberales: Propiciar un rebaje psicológico y moral en el argentino mismo, acabar con el verdadero Arquetipo.

Es en todo este proceso de aculturación y de desprecio por lo nuestro en donde se debe contextualizar el Martín Fierro de José Hernández, la obra literaria argentina por excelencia, la narración de un verdadero drama social que tiene como principal protagonista al gaucho de estas tierras, a aquel que a pesar de tantos sinsabores sufridos siempre resiste fiel y bajo su viejo Código de Honor.

Ante un nuevo aniversario por el Día de la Tradición reafirmemos una vez más nuestra Identidad, nuestra Cultura y nuestro Ser Nacional. El Nacionalismo convoca a la unión de todos los argentinos. Ya lo decía con claridad meridiana José Hernández en el inmortal Martín Fierro: “LOS HERMANOS SEAN UNIDOS PORQUE ESA ES LA LEY PRIMERA; TENGAN UNIÓN VERDADERA EN CUALQUIER TIEMPO QUE SEA, PORQUE SI ENTRE ELLOS PELEAN LOS DEVORAN LOS DE AFUERA”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

09-11-2018

miércoles, 31 de octubre de 2018

NUEVO ORDEN MUNDIAL VS. NACIONALISMO, EL CHOQUE DECISIVO


Dos conceptos radicalmente antagónicos, abiertamente enfrentados. En el periódico nacionalista ‘Patria Argentina’, del ejemplar de diciembre del año 2004, su director teniente coronel (R) Santiago Roque Alonso, define el término Nuevo Orden Mundial de la siguiente manera: “Se trata del proceso de centralización del poder a escala global, operado por unos pocos que concentran la riqueza mundial –en una magnitud como nunca antes ocurrió en la civilización humana– aplicado a todos los ámbitos de la vida (político, económico-financiero, cultural-educativo, espiritual-religioso, psicosocial, etc.), y que se caracteriza por imponer una homogeneización que destruye las identidades e intereses de los grupos humanos y procura reducir o eliminar la soberanía de los estados nacionales, con la finalidad de imponer un gobierno mundial”.

Una definición que aporta muchísima luz a la hora de comprender porque ocurre lo que ocurre en el mundo (guerras, invasiones, carreras armamentísticas, masacre de poblaciones, explotación de recursos naturales, pobreza extrema, degradación social, miseria, hambre). A su vez, el reconocido historiador norteamericano Carroll Quigley, en su libro ‘Tragedia y Esperanza’, libro considerado por algunos sectores norteamericanos como la “Biblia de la Globalización” afirma: “(…) El poder del capitalismo financiero tiene un objetivo trascendental, nada menos que crear un sistema de control financiero mundial en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía del mundo como un todo”.

Y en otra parte de este revelador libro el autor sostiene de manera contundente: “Este sistema ha estado controlado de un modo feudal por los Bancos Centrales del mundo actuando concertadamente y por acuerdos secretos, a los que se llegan en reuniones privadas y conferencias. Cada Banco Central buscó dominar a su Gobierno mediante la habilidad para controlar los préstamos al Tesoro del Estado, para manipular el mercado de cambios, en la determinación de la actividad económica del país y en influir sobre los políticos colaboracionistas mediante recompensas posteriores en el mundo de los negocios”.

Y tal como lo sostiene Carroll Quigley, el factor de control y el ejercicio del poder de la Plutocracia (plutos riqueza; kratos poder) lo constituye el Dinero, porque a través del ejercicio de la Usura y del endeudamiento permanente el Dinero se crea de la nada, monopolizando su regulación mediante los Bancos Centrales privados y los organismos multilaterales de crédito, brazos operativos del Nuevo Orden Mundial.

Vale decir, el mundo es regido hoy en día por una élite imperial-capitalista, un Régimen de Dominación que ha consolidado su poder sin lugar a dudas desde la finalización de la 2ª GM y que luego de finalizada la denominada Guerra Fría (con la desintegración de la Unión Soviética en 1991) su despótico poder se ha centralizado aún más. En pleno siglo XXI, la Tiranía del Nuevo Orden Mundial no guarda ningún tipo de respeto en referencia a los DDHH de los Pueblos, en referencia a la Democracia, al bienestar humano o el resguardo del medio ambiente. Por eso se trata de romper las cadenas, de romper con esta tiranía mundialista que tanto oprime y masacra al Ser Humano.

Por consiguiente el Nacionalismo es una necesidad vital. Planteado desde el sentido común no puede existir jamás una Nación ni una Soberanía Nacional sin un Nacionalismo puesto en práctica desde lo político. Esto es algo que se comprueba con el estudio de la mismísima Historia Universal, a pesar de aquellos que siempre tergiversan el concepto. Es a través del Nacionalismo que se puede reconquistar la Nación Argentina, lamentablemente hoy en manos de una casta política corrupta y cipaya (en mayor o menor medida), siempre al servicio del Nuevo Orden Mundial.

El Nacionalismo es la categoría política superior a la hora de definir el SER o NO SER de la Argentina. No se puede amar a la Nación como algo abstracto. ¿Alguien amaría al amor de su vida de manera abstracta? ¿Alguien podría expresar amor abstracto a un hijo, a una madre? El verdadero nacionalista ama a su Pueblo porque es su elemento constitutivo vital. Puede existir una Nación sin territorio, pero nunca sin Pueblo o Población.

Se desprende entonces que el Nacionalismo es la defensa de los objetivos e intereses de la Patria, pero de todos los intereses: Espirituales, culturales, físicos-mentales, políticos, económicos-financieros, sociales. Es revolucionario por querer romper abiertamente con el actual Sistema plutocrático-capitalista (Poder Mundial del Dinero) y por ser el centinela de una Comunidad Orgánica, Sana y Natural. Esta cosmovisión siempre se va a plasmar en una doctrina (o cuerpo de ideas rectoras) y se va a poner en práctica a través de un movimiento político de resuelto Espíritu de Lucha.

En este sentido cobran vigencia las palabras de Julio Irazusta, una de las plumas más brillantes de la Escuela del Revisionismo Histórico quien en un reportaje que se le realizó, hacia mayo de 1967, sostuvo: “En la Argentina el Nacionalismo es indispensable ante el abandono total de los intereses del pueblo por el Estado Argentino, que fue normalmente un agente de los intereses extranjeros. Porque existe una doctrina tradicional, promulgada por Alberdi, que sostiene que el país debe estar siempre sujeto al extranjero en beneficio de la seguridad nacional”. Por consiguiente, si los argentinos somos capaces de reconocer la raíz de nuestra degradación como Nación, que no es ni más ni menos que el accionar del Nuevo Orden Mundial sobre nuestra Patria, si nos queda este diagnóstico de fondo, entonces podremos actuar mejor ante ese problema.

Igualmente el problema en sí no está en ese colonialismo que avasalla la Soberanía y la Dignidad de los Pueblos. El problema en sí se halla en los entregadores de turno que le han abierto las puertas (de una u otra forma) a la rapiña plutocrática-colonialista. Ejemplos hay de sobra a lo largo de nuestra historia y viendo nuestra actualidad. A los fines prácticos, la tradicional partidocracia argentina constituye una oligarquía nacional siempre tecnócrata del Poder Mundial del Dinero. Esconden sus miserias y su insoportable corrupción al amparo de los fueros parlamentarios y de la impunidad, que es lo que genera el mismísimo Sistema.

  Una Revolución Nacionalista no se resuelve como algunos ingenuamente creen en el plano material y político exclusivamente. Pasa preferentemente por el Espíritu de Lucha que se tenga, por una fortaleza anímica indestructible que se posea, en saber superar los diferentes confucionismos ideológicos propuestos por el Sistema, confucionismos que adormece conciencias, que esclaviza sin que nos demos cuenta, que anestesia y que siempre busca rebajar al Pueblo a la categoría de ‘masa’. Por eso, hoy más que nunca se hace indispensable reconquistar primero un Espíritu de Lucha. Esta es y será siempre la condición previa para que se puedan asumir las responsabilidades, los sacrificios personales y la resistencia que a la larga impone la lucha política. Seamos leales a una estirpe, a una sangre derramada, a todos aquellos Arquetipos que nos legaron un Destino de grandeza. Seamos nobles y libres de verdad.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


31-10-2018

martes, 16 de octubre de 2018

17 DE OCTUBRE DE 1945: LA MISMA LUCHA, LA MISMA ENTREGA


En el marco de la triunfante Revolución Nacional del 4 de Junio de 1943, la Argentina dio un salto verdaderamente cualitativo por las amplísimas medidas socialistas establecidas por el entonces Coronel Juan Domingo Perón al frente de la flamante Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Había impulsado una amplísima política de reivindicación socialista a favor de los trabajadores realizado una inédita distribución de la riqueza y armonizando las relaciones entre el Capital y el Trabajo. Pago de vacaciones; aguinaldo; previsión de accidentes laborales; convenios colectivos a favor de los trabajadores; aumento de salarios; extensión del régimen jubilatorio; creación de Tribunales de Trabajo para regular el enfrentamiento entre patrones y obreros; sanción del Estatuto del Peón (lo que tanto había enfurecido en su momento a los sectores concentrados del campo).

La popularidad del Coronel Perón fue creciendo cada vez más. Desde principios de 1944 va a ostentar el Ministerio de Guerra y desde junio de ese año la mismísima vicepresidencia de la Nación. Pero el triunfo aliado en la 2da. GM dio un vuelco a la situación: Desde mayo de 1945 hizo su arribo a nuestro país un personaje de suma importancia por todos los hechos posteriores, el recordado embajador de EEUU Spruille Braden, quien durante más de cuatro meses fue el conductor de la oposición al gobierno, dentro de la cual estuvo la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista y los conservadores.

El gobierno del General Edelmiro Farrell estaba cada vez más cercado por una importantísima fuerza opositora: La embajada norteamericana (y a través de ella Inglaterra); la Unión Industrial Argentina; la Sociedad Rural Argentina; la Bolsa de Comercio; la Federación Universitaria Argentina; las asociaciones de comerciantes y ganaderos; los tradicionales partidos políticos; la totalidad de la Marina -netamente anti-peronista- como así también un importante sector del Ejército. El 8 de octubre de 1945 el enfrentamiento entre el Coronel Perón y el General Eduardo Ávalos, Jefe de Campo de Mayo (la guarnición militar más poderosa del país) aceleró el proceso. La oficialidad superior le pidió a Perón que renunciara a sus tres cargos (la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, el Ministerio de Guerra y la Vicepresidencia de la Nación), y producto de una permanente presión el carismático Líder de los Trabajadores renunció al día siguiente. Sólo la miopía política gobernante podía ignorar todo lo que vendría. La noticia de la renuncia fue un verdadero impacto emocional, una verdadera bomba de tiempo.

En su reemplazo al frente del Ministerio de Guerra se nombró al General Ávalos. El 13 de octubre Perón llegó en calidad de detenido a la isla Martín García. El Poder Ejecutivo decidió detenerlo porque se temía que se podía atentar contra su vida. Evidentemente era el triunfo de la Anti-Patria, de la oposición a una Nación Libre, Justa y Soberana. La defenestración hacia Perón y la reacción anti-nacionalista y anti-obrera dio lugar a la aparición de diferentes personeros siempre vinculados al antiguo régimen del fraude, de la corrupción y del entreguismo. A pesar de todo, la gesta social-patriótica se puso en marcha.

Para buscar descomprimir el eufórico y desbordante reclamo del pueblo trabajador en la histórica Plaza de Mayo, el designado Ministro de Guerra Ávalos se entrevistó con Perón en el Hospital Militar, para luego comunicarse telefónicamente con Campo de Mayo y hacerle saber a la oficialidad superior que Perón hablaría desde el balcón de la Casa Rosada. La noticia confundió y contrarió a estos militares (que se habían jugado el todo por el todo en el derrocamiento de Perón). Pero ya era demasiado tarde como para generar alguna reacción.

El grito del Pueblo a toda esta dramática situación se hizo sentir y de una manera muy contundente. Comenzaron a levantarse huelgas y manifiestos de protestas a través de diferentes sindicatos. La Confederación General del Trabajo había decretado una huelga nacional por espacio de 24 horas y a partir del día 18 de octubre. Pero de manera espontánea el Pueblo Trabajador fue el principal protagonista, arrasando con todo y exigiendo como única consigna la liberación del Líder de los Trabajadores. Y desde la isla Martín García el desterrado pidió por su restitución a Buenos Aires, cuestión a lo que el presidente Farrell accedió trasladándolo al Hospital Militar de esta ciudad.

Lo más singular del 17 de Octubre fue su auténtica expresión popular, una expresión que surgió de manera espontánea por la nueva realidad nacional que se vivía desde el 4 de junio de 1943. Los argentinos tradicionalmente periféricos, los ignorados de siempre, los omitidos como hoy en día que de súbito aparecieron en la mismísima ciudad de Buenos Aires para imponerse de manera arrolladora. Desde la mañana de este famoso miércoles 17 de Octubre la masa trabajadora empezó a volcarse de manera masiva hacia la Capital Federal, con muy nutridas columnas que marchaban hacia el centro de Buenos Aires. Era una verdadera marea humana la que una y otra vez pasaba, proveniente más que nada de las zonas industriales del Conurbano Bonaerense. El objetivo era arribar a la Plaza de Mayo. Metafóricamente hablando, nadie los conducía, todos eran capitanes.

A las 21.45 horas Perón ya estaba con el presidente Farrell en la residencia. Conversaron hasta las 22.25 horas y después se dirigieron hacia la Casa de Gobierno. El número de concurrentes se situó entre las 200.000 y 300.000 personas. Y a esto hay que agregarle la permanente tensión de los concurrentes que con gran frenesí y de manera infatigable seguía aclamando el nombre de Perón y reclamando sí o sí su presencia. Poco después de las 23 horas finalmente Perón salió al Balcón de la Casa Rosada estallando una impactante ovación por espacio ininterrumpido de 15 minutos. Era la felicidad total. La gente parecía como haberse vuelto loca: Gritaban, saltaban, lloraban y coreaban estribillos con voces cada vez más enronquecidas. Allí tenían enfrente al referente por el cual se habían jugado. Sano y salvo, vencedor.

Farrell intentó hacerse oír, pero más que un discurso era una presentación hacia el hombre que había sabido ganarse el corazón de millones de argentinos. Y cuando por fin el gran triunfador de la memorable jornada pronunció su primera palabra desde el Balcón, expresión que fue “¡Trabajadores!” una nueva explosión de júbilo se hizo sentir. A continuación señaló: “Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino”. Y en otra parte expresó estas palabras que también quedaron para el recuerdo, “dejo el honroso uniforme que me entregó la Patria para vestir la casaca de civil y confundirme con una masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria. Con esto doy un abrazo final a esa institución que es un puntal de la Patria: el ejército. Y doy también el primer abrazo a esa grandiosa que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es el pueblo”. Luego de su memorable discurso, la consecuencia inmediata desde lo político fue la renuncia de Ávalos al frente del ministerio de Guerra.

La Argentina ya no fue la misma, hubo un quiebre, un antes y un después. Y las consecuencias de fondo más importantes fueron: En primer lugar el surgimiento de una nueva, muy significativa, innovadora y revolucionaria fuerza política que giró en torno a la figura estelar del 17 de Octubre, el Coronel Perón. En segundo lugar la definitiva incorporación de los trabajadores al proceso político del país y como uno de los factores de poder, desde ya subordinados a su conductor natural. Y en tercer lugar, el nacimiento de la antinomia peronismo/anti-peronismo, que es lo mismo que decir Patria vs. Antipatria, algo que por supuesto es lo que perdura en nuestros días.

Fue la movilización más emblemática en toda la historia de las luchas sociales. Lo que se puso en juego fue la Justicia Social, como en otros tiempos se puso en juego la emancipación, la independencia, el federalismo como forma de gobierno o el voto. Fue una epopeya, un verdadero Despertar de la Patria Grande, o como diría el destacadísimo historiador revisionista Raúl Scalabrini Ortiz fue el subsuelo de la Patria sublevado. Fue el triunfo del Honor y de la Dignidad de todo un Pueblo que comprendió cabalmente que peligraba el destino de la Patria, jugándose la vida para que triunfase la Justicia y la Verdad. El hecho que marcó el fin de una Argentina para dar comienzo a otra Argentina. Pero más que eso, el 17 de Octubre de 1945 es la vigencia de una Lucha, porque el verdadero Nacionalismo es aquel que tiene una fuerte impronta socialista, el que profesa y pone en práctica una auténtica Justicia Social como sin lugar a dudas lo llevó adelante el Nacional-justicialismo. Un impactante acontecimiento, espejo en el cual hoy más que nunca todos los argentinos nos tenemos que mirar ante tanta miseria política, ante tanta degradación social, ante tanto cipayismo y corrupción organizada.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


16-10-2018

viernes, 5 de octubre de 2018

LOS HÉROES DE FORMOSA... ¡ACÁ NO SE RINDE NADIE CARAJO!


Sin lugar a dudas el ataque más espectacular y brutal que la guerrilla terrorista marxista haya realizado en nuestro país, el ataque al RIM 29, Regimiento de Infantería de Monte en la Provincia de Formosa, el 5 de octubre de 1975. Fue la denominada Operación Primicia, dirigida desde lo operativo por Raúl Yagüer, el N° 4 de la Conducción Nacional de Montoneros (siendo los tres primeros en jerarquía Mario Eduardo Firmenich, Roberto Cirilo Perdía y Roberto Jorge Quieto). Por entonces, el Poder Ejecutivo Nacional era ejercido por Isabel Perón, justo de licencia en esos angustiantes momentos y reemplazada por Ítalo Argentino Luder, presidente provisional del Senado.

Fue el primer ataque de Montoneros a un cuartel militar, abandonando sus atentados selectivos y copiando de ahora en más al autodenominado ERP, Ejército Revolucionario del Pueblo, la otra gran guerrilla terrorista que asolaba al país. En total hubo 70 combatientes que participaron en forma directa de esta acción, que constó de 5 etapas:

En primer lugar, el secuestro del vuelo 706 de Aerolíneas Argentinas, por parte de 7 montoneros disimulados a bordo con 102 pasajeros. El avión había salido del Aeroparque Jorge Newbery, y el secuestro se produjo a la altura de la Provincia de Corrientes para ser desviado a Formosa. En segundo lugar, el copamiento del aeropuerto El Pucú, en la entrada de la capital formoseña. En tercer lugar el ataque propiamente dicho al Regimiento de Infantería de Monte 29, de importante poder de fuego a nivel nacional. En cuarto lugar, la fuga en un Boeing de Aerolíneas Argentinas y en una avioneta cessna 182, que sirvió para confundir en la huida. Y por último, el aterrizaje del avión en una pista improvisada cerca de Rafaela, en Santa Fe. De hecho, en la improvisada pista había una fila de diez vehículos que esperaban a los extremistas, que bajaron todo el cargamento de armas y explosivos robados para ahora sí, darse a la fuga.

El grueso de la información sobre el Regimiento, como así también sobre el aeropuerto y la ciudad en general, ya había sido dado de antemano por un montonero infiltrado dentro del mismísimo Regimiento, el soldado Roberto Mayol, (finalmente perforado por una lluvia de disparos por parte de los defensores). Del ataque en total participaron 30 guerrilleros. Y en media hora de encarnizado combate hubo 24 muertos, 12 de cada lado y los atacantes se robaron 18 fales. Murieron 10 soldados defensores, un sargento 1° y un subteniente. Los soldados conscriptos Antonio Arrieta, Heriberto Ávalos, José Coronel, Dante Salvatierra, Ismael Sánchez, Edmundo Sosa, Marcelino Torales, Alberto Villalba y Hermindo Luna; el subteniente Ricardo Massaferro y el sargento Víctor Sanabria.

En la defensa fue muy heroico el arrojo del soldado Hermindo ‘Negro’ Luna, de tan sólo 20 años de edad. Proveniente de una familia muy humilde, justo en ese momento se encontraba de guardia. Repentinamente se le aparecieron cinco terroristas fuertemente armados que habían bajado de una camioneta y le dijeron: -Rendite, negro, que con vos no es la cosa. A lo que Luna respondió ¡Acá no se rinde nadie carajo! y fusil en mano trató de replegarse hacia el fondo, con la intención de advertir a sus compañeros del asalto y darles la posibilidad de reaccionar cuanto antes. Luego de iniciar el tiroteo, Hermindo Luna fue finalmente alcanzado de manera mortal.

Con esta brutal acción, Montoneros concretó su acción militar más importante, lográndose provocar una fuerte conmoción social. El objetivo inmediato consistió en deteriorar al gobierno constitucional de Isabel, y el objetivo de fondo fue provocar una reacción militar, es decir, provocar a los militares para que tomen el poder. Los terroristas creían que podrían generar las condiciones en las cuales ellos supuestamente ganarían respaldo popular y así desplazarían al gobierno militar, desde ya una tesis tan ridícula como disparatada.

El ataque conmocionó al gobierno, al peronismo y a los militares, provocando que el General Jorge Rafael Videla y el Almirante Emilio Eduardo Massera fijaran la fecha para el golpe de Estado el 24 de marzo de 1976. Tanto Videla como Massera querían dar el golpe luego del ataque, pero no contaban con el convencimiento del Jefe de la Fuerza Aérea, el Brigadier Héctor Fautario. Igual siguieron adelante en sus planes ya que hacia fines del ’75 lograron desplazar a Fautario a través de una rebelión que desembocó en su reemplazo por el Brigadier Orlando Agosti.

Como consecuencia del ataque al regimiento formoseño, el lunes 6 de octubre del ’75 el presidente provisional Luder impulsó tres decretos contra la subversión. El primero de ellos, el N° 2.770, creaba un Consejo de Seguridad Interna y el Consejo de Defensa, integrado desde ya por el poder político pero también por los militares. El segundo, el N° 2.771, disponía que el Ministerio del Interior firmara convenios con los gobernadores para que las fuerzas de seguridad de cada provincia quedaran bajo el control del Consejo de Defensa, en el marco de la lucha contra la subversión. Y el tercero de los decretos, el N° 2.772, ordenaba a las FFAA las operaciones militares y de seguridad necesarias para aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio nacional.

De esta manera las FFAA tenían ahora la autoridad para asumir la lucha contra los terroristas, hasta el momento algo manejado (o mal manejado) por la Policía Federal. Estos recordados decretos fueron como una suerte de ampliación de lo que Isabel había establecido y firmado en la provincia de Tucumán. En el fondo, el gobierno civil pasó a depender del Ejército, casi un certificado de defunción.

El actual aparato cultural y propagandístico oficial nos sigue machacando con una épica artificial, con una farsa dialéctica que supuestamente enfrentó a ‘ángeles del pueblo’ contra denominados ‘demonios de las oligarquías’. En esta épica que nunca existió el uso de las armas y el desprecio por la democracia quedan disimulados como si tratase de una cuestión meramente juvenil. Sólo parecen importar los DDHH de apenas un sector. Y el mejor ejemplo de esta concepción parcial y arbitraria de la Historia es el pago de cuantiosas indemnizaciones a los familiares de los guerrilleros que murieron atacando el Regimiento de Formosa. O sea, un Estado democrático actual indemnizando a quienes atacaron a otro Estado democrático (el gobierno de Isabel). Hasta los montoneros que participaron de la Operación Primicia señalaron en su revista oficial de la época, ‘Evita Montonera’, que sus compañeros habían caído en combate. Es decir, que no habían sido víctimas de la represión ilegal por parte del aparato estatal.

Por eso, para aquellos que creen que en los ’70 se trató de idealistas que lucharon contra feroces dictaduras (descontextualizando los acontecimientos externos como siempre) ese brutal ataque al Regimiento de Infantería de Monte de Formosa (como otros tantos) fue en pleno gobierno constitucional y democrático de Isabel Perón… Ante un nuevo aniversario de esta verdadera tragedia ocurrida en nuestro país, ante la sistemática distorsión de la historia, ante los enormes negociados de los pretendidos ‘Derechos Humanos’ y ante la impunidad de la que gozan los terroristas montoneros hoy en día: ¡¡Acá no se rinde nadie carajo!! ¡¡Gloria y Honor al soldado Hermindo Luna!! ¡¡Gloria y Honor a los Héroes de Formosa!!



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


05-10-2018