viernes, 13 de julio de 2018

PATRÓN DÓLAR VS. PATRÓN TRABAJO, EL COMBATE DECISIVO


Existen dos clases de economías, la economía especulativa, aquella que se estructura como tal al servicio de la Plutocracia Internacional y de una minoría oligárquica nativa, y la economía comunitaria, aquella que se haya sí y sólo sí al servicio de una Comunidad Nacional. El primer sistema económico funciona con un Estado oligárquico, con un Anti-Estado, mientras que en el segundo sistema se desenvuelve un Estado Comunitario (al decir de Jacques De Mahieu).

¿Por qué es causa de miseria social anclar la moneda nacional de un país al Dólar? Ese anclaje es lo que comúnmente se denomina “tipo de cambio”, vale decir, la relación que existe entre el valor de una moneda local y el de una extranjera, o expresado de otra forma, la cantidad de dinero que se necesita para comprar una unidad de moneda extranjera, en este caso el Dólar. Pero en ese anclaje existe una perversa dinámica intrínseca por la cual la divisa de un país sistemáticamente se devalúa frente a la poderosa divisa norteamericana (patrón de pago internacional luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial).

¿Y quién fija el tipo de cambio en este tipo de economía especulativa? En teoría se nos dice habitualmente que el tipo de cambio es el resultado del equilibrio entre la demanda y la oferta de divisas. Los que demandan moneda extrajera vendrían a ser los importadores de mercaderías y servicios, los particulares por ahorro, el turismo, la especulación y el propio Estado. A su vez, la oferta de divisas la proveen los exportadores, la entrada de capitales para invertir, el ingreso de moneda extrajera por parte de particulares y el Estado. En Argentina, el tipo de cambio fue fijado históricamente por el Banco Central.

¿Qué efecto se produce entonces si no hay una oferta “óptima” de divisas? ¿Qué ocurre si no hay entrada de capitales para invertir, si no hay dólares para “ofertar”? Al romperse el equilibrio entre oferta y demanda entonces se produce una devaluación de la moneda local. Y los efectos de este perverso sistema de devaluación son letales: Desaceleración, estancamiento y crisis de la economía, inflación, precarización laboral y desocupación, pobreza e indigencia.

Esta es la sencilla razón por la cual el sistema del Patrón-Dólar debe ser urgentemente reemplazado por un sistema de Patrón-Trabajo. Cortar de raíz el accionar de las sanguijuelas y parásitos especulativos, léase los grandes banqueros internacionales que son los que se benefician pura y exclusivamente con este sistema a costa de la pauperización y degradación de todo un Pueblo.

Para el actual sistema capitalista del Patrón-Dólar es el Capital el que produce la riqueza, mientras que para el sistema nacionalista del Patrón-Trabajo es pura y exclusivamente el Trabajo el que produce la riqueza, cada uno de los miembros de una Comunidad Nacional que tiene la capacidad de crear algo en beneficio del Pueblo. De esta manera el sistema capital-socialista del Patrón-Trabajo sólo emite moneda para pagar un trabajo realizado.

¿En qué estaría respaldada la moneda de un país bajo este sistema? Simplemente bajo el trabajo productivo y la riqueza real de la Nación, y no, como en el actual sistema económico que nos rige, por una moneda extranjera y en base a la falacia de la "la confianza de los mercados". La masa monetaria de un país debe ser exactamente igual a la riqueza real y tangible de dicho país y no que haya más dinero o menos dinero que bienes y servicios disponibles. Si el Estado lleva adelante una política de creación de dinero primero debe crear riqueza.

Entonces, bajo una economía netamente capitalista se crea dinero para “financiar” obras, mientras que en una economía netamente capital-socialista primero se pone el acento en trabajar en las obras, y al existir ese trabajo físico y real entonces se emite dinero en la medida que la obra de trabajo queda terminada, dinero emitido cuyo fin excluyente es pagar al trabajador.

Por consiguiente, mientras en los países capitalistas si no hay dinero no hay trabajo, bajo un sistema capital-socialista de Patrón-Trabajo si no hay dinero de antemano no importa, porque la mirada se puntualiza en la voluntad de generar riqueza desde lo productivo (funcionamiento de fábricas), y por ende el dinero aparece y es emitido (retribución económica por el trabajo realizado). Bajo este segundo sistema económico el control de la emisión de la moneda lo lleva adelante el Estado y no los banqueros, no el “mercado”. O sea, la masa monetaria circulante aumenta conforme al valor real de una obra realizada.

El dinero no tiene valor por sí mismo, sólo es un bono por trabajo efectuado, una mera herramienta para facilitar el intercambio de trabajo, bienes y servicios. Nadie puede ponerse a crear dinero si el mismo no representa operaciones comerciales susceptibles de ser realizadas o si no representa una riqueza real creada. Por eso el Patrón-Trabajo es el modo más eficaz de saltarse los mecanismos de aquellos que emplean la emisión de dinero como una herramienta de dominación especulativa.

Si el Estado crea dinero para pagar a un trabajador que produce algo el aumento de la masa monetaria no tiene por qué repercutir en un aumento de la inflación ya que también se han aumentado en la misma medida los bienes disponibles producidos. Mientras el dinero esté respaldado por un activo tangible no puede existir nunca esa aberración económica llamada inflación, aberración  típica de las economías plutocráticas capitalistas.

Esta es la razón por la cual el capitalismo se llama así, porque sin capital no se puede empezar ninguna actividad económica. Es decir, en su ideología de base el dinero es la medida de todas las cosas, está por encima de todo. Lo mismo ocurre con el enfoque teórico del marxismo que postula que por más que existan los factores productivos de la tierra y de la mano de obra si no existe el otro componente esencial (en su visión) que es el capital (dinero) entonces ocurre lo mismo, la actividad productiva no se lleva adelante. No por nada tanto el capitalismo como el marxismo son dos caras de una misma moneda: El Poder Mundial del Dinero.

Por todo lo señalado, el sistema nacionalista del Patrón-Trabajo es vital para llevar adelante la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Patria. Debemos comprender que es sólo el Trabajo el que puede crear riqueza, y si esto finalmente ocurre entonces se termina para siempre la avaricia de los grandes banqueros internacionales que esclavizan a los Pueblos con el sistema del Patrón-Dólar.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


13-07-2018

domingo, 8 de julio de 2018

LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL Y SU MANDATO HISTÓRICO


El Congreso de Tucumán empezó a sesionar el 24 de marzo de 1816, y su instalación en aquella provincia fue una concesión más que necesaria al espíritu anti-porteño reinante a nivel general, al rechazo provincial de las políticas centralistas y unitarias del Directorio con sede en Buenos Aires como muy bien lo señala el insigne referente de la Escuela del Revisionismo Histórico Ernesto Palacio.

La influencia del General San Martín fue decisiva. El Libertador impregnó a los diputados de un verdadero acto de heroísmo teniendo en cuenta que las armas de la Patria parecía que se desmoronaban ante los españoles. Y sobre todo teniendo en cuenta la desastrosa batalla de Sipe-Sipe, librada el 29 de octubre de 1815 a pocos meses de la apertura del Congreso. Esta batalla dejó un saldo de 2000 muertos en nuestras filas y generó una gran desbandada, lo que finalmente se pudo compensar con la heroica lucha de las milicias salto-jujeñas del Jefe de la Guerra Gaucha Martín Miguel de Güemes en el noroeste argentino y como apoyo a San Martín.

En definitiva el Congreso de Tucumán fue obra pura y exclusiva de representantes del Interior hacia quienes predicaban tanto San Martín como Belgrano. No fue obra de los unitarios liberales de Buenos Aires, siempre sobornados por la geopolítica expansiva de la Corona británica.

Para el Nacionalismo Social Argentino lo que constituye el acto político y jurídico fundacional de nuestra Soberanía Nacional, de nuestra Nación Libre e Independiente de toda forma de dominación extranjera es el Acta de la Declaración de la Independencia proclamada en el histórico Congreso de San Miguel de Tucumán de 1816. Y esto se ratifica el día 19 de julio con el agregado al Acta de la frase “libre e independiente de toda otra forma de dominación extranjera”, agregado realizado a instancias del diputado por Buenos Aires Pedro Medrano.

No basta con afirmar formalmente la Independencia. Es indispensable que día a día esa voluntad política se ponga en acto, porque la Soberanía Nacional no es algo que se conquista para siempre o que se proclama en una fecha patria. Sólo existe cuando hay dominio de lo que es propio; cuando se la mantiene contra todo intento de colonialismo foráneo. Y en última instancia –para que se mantenga la supervivencia nacional– se la defiende a través de las armas.

Lamentablemente la Argentina –y desde hace varias décadas– ya no es una Nación ni independiente ni soberana. Casi nada es nuestro porque precisamente fue y es regalado por los entregadores de turno, siendo el Estado hoy por hoy una mera formalidad jurídica. Nuestro país sufre el avasallamiento del Sistema plutocrático-capitalista y la partidocracia gobernante de turno es responsable de ello. Estamos atados a las Altas Finanzas globalizadoras, a los tiburones de la Usura Internacional con la lógica del endeudamiento permanente y eterno. La fraudulenta e ilegítima Deuda Externa Argentina (la mayor estafa al pueblo argentino iniciada durante la última dictadura militar y multiplicada exponencialmente por los sucesivos gobiernos civiles desde 1983 en adelante) es un tema tabú y que ni siquiera se puede cuestionar para los personeros del Sistema.

Tampoco tenemos el control de los resortes estratégicos de nuestra economía. Las grandes corporaciones internacionales como Barrick Gold, Chevron (British Petroleum) depredan nuestros recursos naturales. Monsanto hace otro tanto con nuestro suelo. Diferentes colonialismos de turno nos acechan como Inglaterra, China, EEUU, el sionismo. A todo esto tenemos un modelo basado en los vaivenes del dólar; en la Bolsa de Valores; en la especulación financiera; en la agro-exportación dependiente del mercado internacional; en el derroche y el despilfarro de dinero para clientelismo político; en un sistema impositivo retrógrado cada vez más asfixiante; en una economía con inflación y sin ningún tipo de repuestas por parte del Estado, o mejor dicho del Anti-Estado. Crece la pobreza, la indigencia, la pauperización, el trabajo en negro.

Queda claro entonces que la Argentina nunca va a tener salida dentro del actual Sistema o Régimen de Dominación Mundial en el cual estamos entrampados. Debemos tomar conciencia de la realidad de la situación, y a partir de esto llevar adelante modos de acción y esfuerzos para cambiar la triste realidad que lamentablemente se vive.

Si nos encolumnamos en el Nacionalismo, en el Social-patriotismo, en el amor a la Patria, hay esperanzas de un gran cambio, hay destino de grandeza. El Nacionalismo Social Argentino aspira a hacer realidad un país infinitamente mejor al actual a través de la honestidad ética y moral; a través del ejercicio efectivo de la Soberanía Política, de la Independencia Económica, del Bien Común y de la defensa de los valores nacionales.

 El germen del Poder siempre reside en la intimidad del Espíritu de cada uno de nosotros. Entonces, despertar nuestro Espíritu y unirlo al mandato histórico del 9 de Julio de 1816 es levantar la bandera de la Libertad y de la Independencia contra toda forma de dominación extranjera, es levantar la llama de la argentinidad para que la Argentina vuelva a ser de y para los intereses de los argentinos.





Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

08-07-2018

miércoles, 20 de junio de 2018

EL SÍMBOLO MÁS SAGRADO


¿Cuál fue el verdadero color de la Bandera Argentina? Manuel Belgrano la creó azul y blanca y no celeste-blanca que es la que posteriormente nos impusieron Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento (los dos grandes referentes del procerato liberal unitario). En el azul como color original hay varias versiones. Lo más preciso es señalar que la inspiración estuvo en la escarapela azul-celeste del Triunvirato. Pero además el cintillo que representaba al Regimiento de Patricios ya era azul. Otros autores sostienen que la elección del azul y el blanco se originó por el escudo de Buenos Aires, precisamente de estos colores.

Al respecto, el 25 de febrero de 1818 el Congreso sancionó la Ley de Banderas, estableciendo claramente que la insignia nacional tenía dos colores, el azul y el blanco. Estos fueron los colores que flamearon en el Fuerte de Buenos Aires como así también los que flamearon en la enorme gesta de liberación encabezada por el General San Martín y en la popular guerra contra el Brasil. El general Juan Galo Lavalle, cuando en 1840 inició la miserable invasión contra la Patria, contra Rosas (y financiado por Francia), utilizó la bandera unitaria celeste y blanca para distinguirla de la nacional.

Durante la época de la Confederación Argentina, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas estableció la bandera con un color azul oscuro, respetando el azul original de Belgrano y diferenciándose claramente del celeste de los unitarios. A ese azul-oscuro y blanco de la bandera Rosas le agregó cuatro gorros frigios de color punzó en sus extremos, en honor al sistema político de representación nacional que sin lugar a dudas fue la Confederación Argentina.

¿Cuál es la visión ideológica del Nacionalismo respecto de la Bandera como máximo símbolo? El Nacionalismo ama a la Patria, a su Pueblo, y esto desde el remoto origen pasando por valores, tradiciones y símbolos. La Bandera es lo más sagrado que existe por la sencilla razón de que es lo más identitario, lo que más nos identifica como Nación. Al ser el máximo símbolo de toda una Comunidad se pertenece a ella en Cuerpo y en Espíritu. Es la que a todos los nacionalistas nos genera estremecimientos de unión, de veneración. La que nos puede generar la imagen de un soldado o camarada en una guerra de liberación y dándolo absolutamente todo por la Patria, defendiendo esos colores que llevan implícitos la idea de la Libertad y de la Dignidad.

Embanderarse significa encolumnarse detrás de un gran objetivo, detrás de un gran ideal. Y este no puede ser otro que la liberación de la Patria de sus enemigos externos y sobre todo internos. En definitiva, la Bandera Argentina es el máximo símbolo que nos guía hacia un norte, hacia un destino universal de grandeza. Es la que siempre debe ondear bien alto y con Honor. Planteado de otra manera ¿qué es lo que más ofende a la Bandera creada por Manuel Belgrano? El engaño, la mentira, el relato que esconde la dura realidad social del país, la entrega de nuestras riquezas a los poderes mundiales, la corrupción organizada, los fueros parlamentarios y los espurios patrimonios personales millonarios. Pero también hay otra cuestión de fondo que ofende profundamente a la Bandera: La comodidad burguesa, la cobardía, el tener una actitud pasiva ante los inconvenientes existenciales, el no hacer nada para que la Argentina cambie de verdad.

Por eso lo más importante siempre va a ser que nuestra Bandera se mantenga firme y victoriosa generación tras generación a través de la lucha y del sacrificio que se está dispuesto a hacer por la Patria. Los hombres y las mujeres orgullosamente argentinos tienen un sentido del Honor y del Deber en abierta oposición a la anti-Patria. Y el Honor no tiene una medida, se lo posee o no se lo posee. Es como la Bandera, que se la defiende valientemente o se la traiciona cobardemente.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

20-06-2018

viernes, 8 de junio de 2018

GENERAL JUAN JOSÉ VALLE ¡PRESENTE!


El día sábado 9 de junio de 1956 se produjo el levantamiento cívico-militar encabezado por el General Juan José Valle y secundado por el General Raúl Tanco. De esta manera el peronismo derrocado y proscrito produjo la primera tentativa seria de retomar el poder mediante un estallido de base militar y con cierto apoyo civil activo, al estilo de las viejas revoluciones radicales. El epicentro del alzamiento estuvo en el Regimiento N° 7 de Infantería de la ciudad de La Plata, en la Guarnición de Campo de Mayo, y en la provincia de La Pampa.
                           
La proclama del alzamiento se justificaba en la durísima realidad que vivía la Argentina: “Al pueblo de la Nación. Las horas dolorosas que vive la República, y el clamor angustioso de su Pueblo, sometido a la más cruda y despiadada tiranía, nos han decidido a tomar las armas para restablecer el nuestra Patria el imperio de la libertad y la justicia al amparo de la Constitución y las leyes. Como responsable de este Movimiento de Recuperación Nacional integrado por la Fuerzas Armadas y por la inmensa mayoría del Pueblo –del que provienen y al que sirven– declaramos solemnemente que no nos guía otro propósito que el de restablecer la soberanía popular, esencia de nuestras instituciones democráticas, y arrancar a la Nación del caos y la anarquía a que ha sido llevada por una minoría despótica encaramada y sostenida por el terror y la violencia en el poder. Conscientes de nuestra responsabilidad ante la historia, comprendemos que nuestra decisión es el único camino que nos queda para impedir el aniquilamiento de la República en una lucha estéril y sangrienta entre hermanos, cada día más inevitable e inminente… ¡Viva la Patria!”. Movimiento de Recuperación Nacional - General de División Juan José Valle, General de División Raúl Tanco, Buenos Aires, 9 de junio de 1956.

Era una proclama muy realista. El país vivía bajo el gobierno del General pro-británico Pedro Eugenio Aramburu una verdadera tiranía. Se había intervenido la CGT, se perseguía al sector obrero peronista, se encarcelaba, se confinaba, se despojaba, se excluía de la vida cívica a la fuerza mayoritaria que sin lugar a dudas era el peronismo. A su vez, el tristemente famoso decreto 4161, del 5 de marzo de 1956 establecía: “Queda prohibida la utilización (…) de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas y obras artísticas (…) pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del peronismo. Se considerará especialmente violatoria de esta disposición, la utilización de la fotografía retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones ‘peronismo’, ‘peronista’, ‘justicialismo’, ‘justicialista’, ‘tercera posición’ la abreviatura ‘PP’, las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las composiciones musicales  ‘Marcha de los Muchachos Peronista’ y ‘Evita Capitana’ o fragmentos de las mismas y los discursos del presidente depuesto o su esposa o fragmentos de los mismos”. Bueno, realmente patético…

Desde 1955 la Argentina entraba formalmente a la lógica capitalista del endeudamiento permanente al ingresar al FMI, aboliéndose la Constitución Nacional-justicialista para lograr sobre todo terminar con el artículo 40 que impedía la entrega de los servicios públicos y las riquezas naturales al capitalismo internacional, pretendiéndose retrotraer al país al más crudo colonialismo mediante la entrega de los servicios vitales de nuestra economía. Por consiguiente se re-establecía la constitución liberal unitaria de 1853.

La historia del levantamiento fue realmente muy corta. Entre el comienzo de las operaciones y la reducción del último foco revolucionario transcurrieron menos de doce horas. La guarnición de Santa Rosa fue atacada por aviones de la Fuerza Aérea y la Marina. La dictadura militar decidió efectuar un castigo ejemplificador y completamente inusual para la historia argentina del siglo XX disponiendo el fusilamiento de los sublevados. Los fusilamientos se produjeron en Lanús, en los basurales de José León Suárez, en La Plata, Campo de Mayo, en la Escuela del Ejército, en el Automóvil Club Argentino y en la Penitenciaría Nacional de la ciudad de Buenos Aires. Entre los días 9 y 12 de junio del ’56 fueron fusiladas 27 personas entre civiles y militares, inclusive antes de que se dictase la ley marcial.

El General Juan José Valle, muy deprimido por los fusilamientos que ya se conocían, se había refugiado en la casa de su amigo Andrés Gabrielli. Y como buscaba entregarse para terminar con el derramamiento de sangre, Gabrielli se entrevistó con el capitán Francisco Manrique en la Casa de Gobierno y obtuvo la promesa de que se respetaría la vida del Líder del levantamiento. Valle se entregó y lo llevaron al Regimiento de Palermo, donde lo interrogaron y lo condenaron a muerte. El capitán Manrique se entrevistó con Aramburu para que la pena pudiera ser conmutada, pero el dictador se negó rotundamente.

El increíble argumento era que después de que se fusiló a sub-oficiales y civiles no se podía dejar de aplicar la misma pena para el cabecilla del movimiento. La hija de Valle, Susana, de tan sólo 18 años de edad, en un último y desesperado intento prácticamente corrió a entrevistarse con monseñor Tato, el mismo que había sido expulsado en 1955. Y por intermedio del Nuncio Apostólico obtuvo que el Papa telegrafiara un pedido de clemencia a Aramburu, pero sin resultado. Finalmente, el 12 de junio de 1956, en la antigua Penitenciaría Nacional de la ciudad de Buenos Aires, actual parque Las Heras (en las calles Coronel Díaz y Las Heras), el General Juan José Valle, Líder del frustrado levantamiento cívico-militar del 9 de junio fue fusilado.

Ante un nuevo aniversario del trágico levantamiento cívico-militar de junio de 1956, el General Juan José Valle está presente en la memoria colectiva de los argentinos que aspiramos a una Patria Libre Justa y Soberana. Está presente en la memoria de los que aspiramos al Bien Común Social, a una Democracia Sustancial, a una Argentina para los argentinos y sin ningún tipo de injerencia foránea.

En su memoria, y en la memoria de todos los compatriotas que dieron su vida en aquella etapa tan oscura de nuestro país, el Nacionalismo Social Argentino reafirma un compromiso de lucha, reafirma un compromiso social-patriótico, un sentido del deber para lograr la Gran Argentina que todos nos merecemos. ¡General Juan José Valle Presente! ¡Gloria y Honor!  





Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

08-06-2018

domingo, 3 de junio de 2018

4 DE JUNIO DE 1943, EL AMANECER DE UNA GRAN ARGENTINA


El 4 de Junio de 1943 se produjo el pronunciamiento militar que puso fin al gobierno de Ramón Castillo (el último de los presidentes de la ‘Década Infame’), generándose las sucesivas presidencias de los generales Arturo Rawson (que apenas duró dos días en el poder), Pedro Pablo Ramírez y posteriormente Edelmiro Farrell, cargo que este último va a ostentar desde febrero del ’44 hasta junio del ’46 cuando asuma el electo presidente Juan Domingo Perón.

Este levantamiento militar fue el único en nuestra historia en donde no estuvieron al tanto las embajadas extranjeras. Al amanecer de ese 4 de junio, unos 8.000 soldados aproximadamente –y al mando del general Rawson– avanzaron desde la guarnición militar de Campo de Mayo hacia la Capital Federal. Al llegar a la Escuela de Mecánica de la Armada la columna fue atacada por fuerzas leales al gobierno, pero finalmente se van a rendir. De esta manera la suerte de Castillo estaba echada.

A la tarde de aquella histórica jornada, los jefes del levantamiento ya estaban instalados en la Casa de Gobierno, y al principio se caracterizaron por tener ideas y posturas ideológicas bastante heterogéneas. El efímero presidente Rawson era pro-aliado, siendo abruptamente sustituido por Ramírez quien era nacionalista. Por lo pronto, y en referencia a la guerra, se afirmaba una política de neutralidad. El nuevo gobierno militar fue recibido en menor o mayor grado con aprobación y expectativas, más que nada teniendo en cuenta lo odioso que fue el Régimen derrocado.

Los militares de la Revolución no tenían la más mínima intención de entregar el Poder a partido político alguno, ni siquiera parcialmente. Es más, aborrecían de los políticos, y esto no era para menos por todo lo que se había vivido durante la Década Infame en cuanto a fraude electoral sistemático, corrupción, entrega y problemáticas sociales nunca resueltas.

El GOU (‘Grupo Obra y Unificación’) fue una cerrada organización militar secreta que desempeñó el papel fundamental y decisivo en el derrocamiento de Castillo, y posteriormente en las maniobras internas que precipitaron las sucesivas salidas de la presidencia de los generales Rawson y Ramírez, posibilitando el ascenso del general Farrell. El GOU fue más que necesario para que la Revolución del 4 de junio no se desviara como la del 6 de septiembre de 1930. Se compuso por un reducido grupo de oficiales, coroneles, tenientes coroneles y capitanes todos ellos en servicio activo. En definitiva fue el avance de los oficiales jóvenes del Ejército, muchos de ellos provenientes de sectores medios y bajos sin influencia, que encontraron un momento histórico oportuno como para dar un salto de calidad, sobre todo porque en enero del ’43 había fallecido el general conservador y anglófilo Agustín P. Justo, quien había controlado al Ejército por casi dos décadas.

Los integrantes del GOU tenían una clara visión nacionalista, en contra del Comunismo y de la Masonería, una postura neutralista frente a la 2ª GM y políticamente hablando querían terminar de una vez por todas con la corrupción de los gobiernos conservadores. Formar una fuerte conciencia nacional, con un contenido social, económico y jurídico claramente distinto al que se venía dando. Si bien simpatizaban con el Eje en la 2ª GM no tenían incorporada como doctrina la ortodoxia cosmovisional del Nacional-socialismo. Igualmente (y como simpatizantes) entendían que un hipotético triunfo del Eje Berlín-Roma-Tokio (luego extendido a otros países) le daría a la Argentina un papel eminente en el escenario continental americano. A su vez especulaban con la idea de que una derrota norteamericana y británica pondría fin a la histórica expoliación colonialista sufrida por nuestro país. El verdadero cerebro y líder del GOU fue el coronel Juan Domingo Perón. Junto al coronel Miguel Ángel Montes fue el artífice del manifiesto o proclama de 1943.

En este año, y por primera vez en nuestra historia, la producción industrial va a superar a la tradicional producción agropecuaria. Entre 1942 y 1946 (es decir previo a la llegada de Perón a la presidencia) se habían creado 25.000 establecimientos industriales diversos. Estos cambios fundamentales habían comenzado de manera paulatina con la industrialización por sustitución de importaciones de la Década Infame, proteccionismo que se aceleró con el estallido de la 2ª GM y que el gobierno de la Revolución estimuló aún más llevando adelante una serie de medidas muy importantes.

Por ejemplo el fomento y la defensa de la industria, como así también la rebaja y luego el congelamiento de los precios de alquileres. También la rebaja de los arrendamientos agrícolas. Esto último generó un extraordinario incremento de la industria tambera y granjera en el sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires, zonas que antes tenían un sistema de arriendos casi feudales. A su vez se creó el Banco de Crédito Industrial y se promovieron las fabricaciones militares. Otra medida muy importante fue la intervención de la odiada Corporación de Transportes (que en el marco del pacto Roca-Runciman del año ’33 se le daba la concesión y el monopolio del transporte público de la ciudad de Buenos Aires a corporaciones empresariales de origen británico).

Todas estas medidas marcaban una línea de indiscutible sentido nacional, y hacia 1945  la infraestructura industrial ya abarcaba a casi todos los rubros livianos, con el ánimo de incursionar en sectores de la industria pesada. Pero sin lugar a dudas, la obra más trascendental del gobierno revolucionario estuvo en una serie de medidas adoptadas bajo la directa conducción del coronel Perón en el orden social.

El antiguo Departamento Nacional de Trabajo se convirtió en noviembre del ’43 en la famosa Secretaría de Trabajo y Previsión Social, alentándose claramente una mejor redistribución de la riqueza nacional, como así también un mejoramiento sustancial en las relaciones entre el Capital y el Trabajo. Se extendió el régimen jubilatorio; se crearon los tribunales de Trabajo para así regular el enfrentamiento tradicional entre patrones y obreros en el orden judicial. Hubo un reconocimiento definitivo al movimiento sindical y hacia 1945 el movimiento obrero ya era netamente peronista. A su vez, se estableció el pago de vacaciones y de aguinaldo; hubo una sistemática política de aumento de salarios; se estableció la previsión por accidentes de trabajo como así también la elaboración de convenios colectivos a favor de los trabajadores.

El famoso ‘estatuto del Peón’ dictado por Perón fue lo que más enfureció a la oligarquía conservadora de aquel entonces, ya que estipulaba derechos y obligaciones para el patrón y para el peón. De ahora en más existía un poder superior a la patronal, en defensa de los tradicionalmente postergados del campo. Hacia principios de 1945 ya no había dudas del proceso popular que se estaba gestando. Luego de casi dos años de creada la Secretaría de Trabajo y Previsión Social se había conseguido que los obreros fueran el más firme apoyo del coronel Perón.

La Revolución del 4 de Junio de 1943 marcó sin lugar a dudas una nueva Era en el país. No fue una asonada militar más destinada a cambiar hombres o partidos. Fue profundamente transformadora, apuntó a un claro Resurgir Nacional como así también a una idea moral y humanista. A su vez el GOU (o sea, el mismísimo Perón) hizo que se cumpliera el programa de la Revolución imponiendo una norma de conducta y con un contenido económico, social y jurídico totalmente innovador, dándose paso al fenómeno popular más trascendental de toda la historia argentina: El peronismo.

Y precisamente, ese peronismo es el que se fue gestando de manera inadvertida allá por noviembre del ’43 con la inauguración de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, secretaría que tantos y amplios beneficios dio al pueblo argentino. Que sin lugar a dudas tuvo su mayor expresión en la gesta nacional y popular del 17 de Octubre de 1945. En definitiva, la Revolución del 4 de Junio de 1943 fue el amanecer de una Gran Argentina, el despertar de la conciencia colectiva del Pueblo Honesto y Trabajador.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


03-06-2018

lunes, 28 de mayo de 2018

EL TRATADO DE VERSALLES ARGENTINO


De rodillas

La derrota militar de la Argentina en la guerra inconclusa de Malvinas de 1982 generó cuatro gravísimas consecuencias para nuestro país con el establecimiento de los diferentes gobiernos civiles desde 1983 en adelante: Un vergonzoso proceso de desarme y de desmantelamiento de nuestras Fuerzas Armadas; una sistemática política educativa-propagandística de desmalvinización; una política exterior siempre pasiva ante la ocupación británica en el Atlántico Sur (con apenas una formalidad discursiva de reclamo tibio en foros internacionales) y la firma de una ignominiosa capitulación incondicional, lo que se conoció como “Tratado de Versalles Argentino”.

La desmalvinización fue una práctica constante desde 1983 a la fecha. En tal sentido son muy recordadas las frases tristemente célebres de los ex presidentes Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Néstor Kirchner. Alfonsín habló en su momento de ‘acto demencial’, de ‘carro atmosférico’. Para Menem fue una ‘triste y traumática mancha en la Historia de nuestras relaciones con Gran Bretaña’. Y para Kirchner fue ‘otro crimen de la dictadura’.

El actual presidente Mauricio Macri tampoco se queda atrás, ya que en los ’90 se pronunciaba sobre Malvinas expresando “nunca entendí los temas de soberanía en un país tan grande como el nuestro”, o que “las Malvinas serían un déficit adicional para el país”. Esta línea de pensamiento del actual mandatario es la que se pudo corroborar cuando participó en enero del 2016 del Foro Económico de Davos, en Suiza (agenda del Nuevo Orden Mundial), manteniendo su tan promocionado “encuentro” con el por entonces primer ministro británico David Cameron quien de antemano le advirtió que la soberanía de las Islas no se discutían.

El repudio a la gesta malvinera siempre fue una constante en la partidocracia argentina, reforzándose permanentemente la idea de que fue una “aventura loca”, o que hubo “chicos de la guerra”. Vale decir, un desprecio imperdonable que en definitiva es lo mejor que le puede suceder a la diplomacia británica.


El Versalles Argentino

Con la humillante firma de los Tratados Anglo-Argentinos de 1990, suscriptos por el entonces presidente Carlo Menem y su ministro de Relaciones Exteriores Domingo Cavallo (miembro prominente de la Trilateral Comission) la Argentina consolidó formalmente todo el proceso de desmalvinización y de entrega iniciado desde 1983. Dos tratados que aseguran hasta el día de la fecha el status de colonia y de dependencia de nuestro país hacia la geopolítica expansiva del Reino Unido en el Atlántico Sur. El 15 de febrero de 1990 se firmó en Madrid el Primer Tratado Anglo-Argentino, denominado burdamente “Declaración conjunta de las delegaciones de la Argentina y del Reino Unido”, que se complementaría con el denominado “Tratado Anglo-Argentino de Promoción y Protección de Inversiones", suscripto en Londres el 11 de diciembre de 1990, y posteriormente sancionado por el Congreso de la Nación Argentina el 4 de noviembre de 1992 (Ley N° 24.184).

El Tratado de Madrid consta de un total de 18 artículos y 4 anexos. Por ejemplo, el artículo 4°, establece “dejar sin efecto la Zona de Protección establecida alrededor de las islas Malvinas -Falkland Islands-”, lo que habla a las claras de la imposición enemiga sobre el mar continental argentino. A su vez, el artículo 5° deja bien en claro los derechos que adquiere Gran Bretaña sobre las FFAA de nuestro país, procediéndose a establecer un “Sistema Transitorio de Información y Consulta Recíprocas sobre los movimientos de las unidades de sus Fuerzas Armadas en áreas del Atlántico Sudoccidental”.

En tal sentido, los anexos 1-3 de este artículo establecen la información recíproca que debe existir ante movimientos militares: La República Argentina y Gran Bretaña se han de proporcionar por escrito y con veinticinco (25) días de anticipación la información correspondiente al movimiento de sus Fuerzas Navales y de sus Fuerzas Aéreas y de los ejercicios que verifiquen unas y otras (…)”. Vale decir, mientras los buques y aeronaves que se desplacen por la plataforma continental argentina han de estar subordinados a un fácil y seguro control británico, los buques ingleses no están sometidos a igual control.

A la colonización enemiga sobre nuestro sector Atlántico Sur y su control sobre nuestras FFAA se suma la dependencia económica. El artículo 7° consolida una “bilateralidad económica pesquera” en una importante extensión argentina: entre el paralelo de 45° latitud sur y el paralelo de 60° latitud sur (aproximadamente la zona marítima que se extiende desde Puerto Camarones en la provincia del Chubut hasta las Islas Orcadas en la Antártida). Además, se destacan las operaciones conjuntas que deben realizar las flotas pesqueras británicas y argentinas en el intercambio de informaciones, estadísticas y evaluaciones sobra la fauna ictícola en la región. 

El artículo 9° promueve una “bilateralidad comercial” entre los habitantes de las Islas Malvinas y el territorio continental argentino, vale decir, no aislar y abastecer en todo momento el territorio usurpado. Y para que todas las cesiones de derechos territoriales y económicas no queden tan expuestas, el artículo 10° apela al sentimiento del país vencido concediendo un derecho de visita a los familiares directos de los caídos en combate en el actual Cementerio de Darwin (el cementerio militar habilitado por el Reino Unido para sepultar a los combatientes argentinos que murieron en la guerra).

Todo un sarcasmo que manifiesta la omnipotencia sin concesiones de la fuerza bestial con que el Imperio Británico mantiene su hegemonía. A su vez, el artículo 12° extiende esta “sociedad” anglo-argentina a nuestro territorio continental, con la proyección de un Acuerdo de Promoción y Protección de Inversiones en donde otros países queden excluidos. Con esto se ratifica una vez más el Tratado Anglo-Argentino de sumisión suscripto el 2 de febrero de 1825 que en su artículo 9° ya adjudicaba a los intereses británicos la ‘cláusula de nación más favorecida’.

El “Tratado Anglo-Argentino de Promoción y Protección de Inversiones”, de diciembre del ’90, fue un acuerdo que en realidad complementó al alcanzado en Madrid. Consta de un total de 14 artículos, mereciéndose destacar el artículo 2° que establece las condiciones para la protección del Capital agiotista británico: “Cada Parte Contratante promoverá y creará condiciones favorables para que inversores de la otra Parte Contratante inviertan capitales dentro de su respectivo territorio y, sujeto a su derecho de ejercer los poderes conferidos por su legislación, admitirá dichos capitales”. Además, el artículo 3° hace referencia a la histórica cláusula de nación más favorecida: “Ninguna Parte Contratante someterá en su territorio las inversiones y las ganancias de inversores de la otra Parte Contratante a un trato menos favorable que el otorgado a las inversiones y ganancias de sus propios inversores o a las inversiones y ganancias de inversores de cualquier tercer Estado”.

El artículo 6° asegura a los británicos la transferencia de ganancias, en donde “cada parte Contratante garantizará a los inversores de la otra Parte Contratante respecto a sus inversiones, la transferencia sin restricciones de sus inversiones y ganancias hacia el país donde aquellos residen”. El artículo 13° sostiene que el tratado suscripto debe tener tratamiento parlamentario y ser sancionado con fuerza de ley: “Cada Parte Contratante notificará por escrito a la otra del cumplimiento de los requisitos constitucionales exigidos en su territorio para la entrada en vigor del presente Convenio. El presente Convenio entrará en vigor en la fecha de la última de las dos notificaciones”. Este tratado de Londres fue el motor de las posteriores privatizaciones y transferencias de bienes patrimoniales estatales a diferentes corporaciones británicas, una sistemática política menemista de descarado vaciamiento del patrimonio nacional

En esencia, la firma de los Tratados Anglo-Argentinos de 1990 no fueron otra cosa que la imposición de un verdadero Tratado de Versalles Argentino, una de las más grandes humillaciones y postraciones de nuestra Historia. Inclusive la prensa londinense presentó el establecimiento de los mismos como un éxito del presidente Carlos Saúl Menem. Cabe repetir una vez más que son tratados que aún siguen vigentes y que ninguno de los diferentes gobiernos “democráticos” ni siquiera quiso revisar.


Visión de grandeza

La Gesta de Malvinas generó enormes repercusiones geopolíticas, geoestratégicas, jurídicas y diplomáticas a nivel internacional. A pesar de la postración hacia la Corona Británica con la imposición del Tratado de Versalles Argentino, hoy más que nunca debemos luchar para recuperar todo lo que es nuestro, todo lo que nos identifica, todo lo que amamos, todo lo que forma parte de nuestro Ser Nacional. Luchar por la grandeza de la Patria, luchar por la memoria de nuestro Héroes que lo dieron absolutamente todo y sin ningún tipo de reservas en la guerra inconclusa de Malvinas.

Con la gesta malvinera no sólo se reconquistó el Orgullo Nacional perdido sino que se conmovió al mundo entero durante los 74 días de disputa directa y luego de guerra con el pirata invasor, siendo la Argentina la protagonista central de la política mundial y en donde toda una conciencia colectiva popular se puso de pie apoyando fervorosamente esa magna gesta.

Sin lugar a dudas uno de los acontecimientos más trascendentales de la Historia Argentina del siglo XX. Ya lo decía con claridad meridiana el Padre de la Patria, General Don José de San Martín: “Seamos libres, lo demás no importa nada”.





Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

28-05-2018

domingo, 27 de mayo de 2018

DOCTRINA NACIONALISTA DEL CAMPO


Para la cosmovisión del Nacionalismo, la tierra no es una mercancía ni un simple factor de producción, es una parte vital en la vida de cada uno de los pueblos. Tampoco es un bien de renta sino un bien de trabajo.

A su vez, campesino es todo aquel que trabaja su terruño de manera incondicional y por arraigo. Por consiguiente, el título honorífico de “campesino” debe corresponder por derecho propio a todo aquel argentino vinculado a su tierra.

El problema actual del campo es un problema en el cual están ligadas todas las demás actividades del país. El ciclo económico que toda Nación debe respetar es el de la producción, industrialización, comercialización y consumo.

De nada valdría a los chacareros producir si en el país no hubiera consumo o la exportación no insumiera al remanente de su producción. Un verdadero Estado debe encadenar esas cuatro operaciones, lo que implica que deba darse al problema del agro una auténtica solución nacional.

Con la conquista del Poder Nacional –y conforme a su cosmovisión– el Nacionalismo plantea un verdadero y profundo cambio, una Reforma Agraria como base de fondo y teniendo en cuenta las siguientes ideas-fuerza:

1°) Adquisición de tierras productivas sólo por argentinos, y que en esa adquisición se demuestre la sinceridad de querer trabajar y progresar.
2°) Prohibición de su utilización para la especulación financiera o para generar cualquier tipo de renta sin trabajo, aboliéndose las hipotecas de tierras a prestamistas privados.
3°) Otorgamiento de tierras por parte del Estado ajustadas a su valor productivo y no a un valor inflado producto de una especulación determinada (eliminada de raíz).
4°) Fomento de asociaciones cooperativas para el comercio mayorista de productos primarios, precios, suministro de maquinarias u otros elementos para el desarrollo rural.
5°) Formación y capacitación profesional adecuada, incumbiéndole al Estado el derecho de supervisión.
6°) Otorgamiento de créditos estatales socialistas para el desarrollo productivo rural, prohibiéndose el proceder criminal de la Usura.
7°) Nacionalización o expropiación –según el caso– de tierras en posesión de no-argentinos y agiotistas.
8°) Establecimiento de un férreo proteccionismo arancelario en defensa del sector frente a todos aquellos productos primarios de procedencia extranjera.

Una Reforma Agraria nunca debe perder su norte principista, debe ser el instrumento de la liberación del campesino y el instrumento de realización del Bien Común en el sector primario.

La tierra debe ser para el campesino argentino; para el pequeño y mediano propietario; para el compatriota que hunde en ella sus manos y crea riquezas para todos. Para el Hombre que lucha y enraíza su propio destino en los surcos profundos y forjadores de la vida.




Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


27-05-2018