martes, 16 de octubre de 2018

17 DE OCTUBRE DE 1945: LA MISMA LUCHA, LA MISMA ENTREGA


En el marco de la triunfante Revolución Nacional del 4 de Junio de 1943, la Argentina dio un salto verdaderamente cualitativo por las amplísimas medidas socialistas establecidas por el entonces Coronel Juan Domingo Perón al frente de la flamante Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Había impulsado una amplísima política de reivindicación socialista a favor de los trabajadores realizado una inédita distribución de la riqueza y armonizando las relaciones entre el Capital y el Trabajo. Pago de vacaciones; aguinaldo; previsión de accidentes laborales; convenios colectivos a favor de los trabajadores; aumento de salarios; extensión del régimen jubilatorio; creación de Tribunales de Trabajo para regular el enfrentamiento entre patrones y obreros; sanción del Estatuto del Peón (lo que tanto había enfurecido en su momento a los sectores concentrados del campo).

La popularidad del Coronel Perón fue creciendo cada vez más. Desde principios de 1944 va a ostentar el Ministerio de Guerra y desde junio de ese año la mismísima vicepresidencia de la Nación. Pero el triunfo aliado en la 2da. GM dio un vuelco a la situación: Desde mayo de 1945 hizo su arribo a nuestro país un personaje de suma importancia por todos los hechos posteriores, el recordado embajador de EEUU Spruille Braden, quien durante más de cuatro meses fue el conductor de la oposición al gobierno, dentro de la cual estuvo la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista y los conservadores.

El gobierno del General Edelmiro Farrell estaba cada vez más cercado por una importantísima fuerza opositora: La embajada norteamericana (y a través de ella Inglaterra); la Unión Industrial Argentina; la Sociedad Rural Argentina; la Bolsa de Comercio; la Federación Universitaria Argentina; las asociaciones de comerciantes y ganaderos; los tradicionales partidos políticos; la totalidad de la Marina -netamente anti-peronista- como así también un importante sector del Ejército. El 8 de octubre de 1945 el enfrentamiento entre el Coronel Perón y el General Eduardo Ávalos, Jefe de Campo de Mayo (la guarnición militar más poderosa del país) aceleró el proceso. La oficialidad superior le pidió a Perón que renunciara a sus tres cargos (la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, el Ministerio de Guerra y la Vicepresidencia de la Nación), y producto de una permanente presión el carismático Líder de los Trabajadores renunció al día siguiente. Sólo la miopía política gobernante podía ignorar todo lo que vendría. La noticia de la renuncia fue un verdadero impacto emocional, una verdadera bomba de tiempo.

En su reemplazo al frente del Ministerio de Guerra se nombró al General Ávalos. El 13 de octubre Perón llegó en calidad de detenido a la isla Martín García. El Poder Ejecutivo decidió detenerlo porque se temía que se podía atentar contra su vida. Evidentemente era el triunfo de la Anti-Patria, de la oposición a una Nación Libre, Justa y Soberana. La defenestración hacia Perón y la reacción anti-nacionalista y anti-obrera dio lugar a la aparición de diferentes personeros siempre vinculados al antiguo régimen del fraude, de la corrupción y del entreguismo. A pesar de todo, la gesta social-patriótica se puso en marcha.

Para buscar descomprimir el eufórico y desbordante reclamo del pueblo trabajador en la histórica Plaza de Mayo, el designado Ministro de Guerra Ávalos se entrevistó con Perón en el Hospital Militar, para luego comunicarse telefónicamente con Campo de Mayo y hacerle saber a la oficialidad superior que Perón hablaría desde el balcón de la Casa Rosada. La noticia confundió y contrarió a estos militares (que se habían jugado el todo por el todo en el derrocamiento de Perón). Pero ya era demasiado tarde como para generar alguna reacción.

El grito del Pueblo a toda esta dramática situación se hizo sentir y de una manera muy contundente. Comenzaron a levantarse huelgas y manifiestos de protestas a través de diferentes sindicatos. La Confederación General del Trabajo había decretado una huelga nacional por espacio de 24 horas y a partir del día 18 de octubre. Pero de manera espontánea el Pueblo Trabajador fue el principal protagonista, arrasando con todo y exigiendo como única consigna la liberación del Líder de los Trabajadores. Y desde la isla Martín García el desterrado pidió por su restitución a Buenos Aires, cuestión a lo que el presidente Farrell accedió trasladándolo al Hospital Militar de esta ciudad.

Lo más singular del 17 de Octubre fue su auténtica expresión popular, una expresión que surgió de manera espontánea por la nueva realidad nacional que se vivía desde el 4 de junio de 1943. Los argentinos tradicionalmente periféricos, los ignorados de siempre, los omitidos como hoy en día que de súbito aparecieron en la mismísima ciudad de Buenos Aires para imponerse de manera arrolladora. Desde la mañana de este famoso miércoles 17 de Octubre la masa trabajadora empezó a volcarse de manera masiva hacia la Capital Federal, con muy nutridas columnas que marchaban hacia el centro de Buenos Aires. Era una verdadera marea humana la que una y otra vez pasaba, proveniente más que nada de las zonas industriales del Conurbano Bonaerense. El objetivo era arribar a la Plaza de Mayo. Metafóricamente hablando, nadie los conducía, todos eran capitanes.

A las 21.45 horas Perón ya estaba con el presidente Farrell en la residencia. Conversaron hasta las 22.25 horas y después se dirigieron hacia la Casa de Gobierno. El número de concurrentes se situó entre las 200.000 y 300.000 personas. Y a esto hay que agregarle la permanente tensión de los concurrentes que con gran frenesí y de manera infatigable seguía aclamando el nombre de Perón y reclamando sí o sí su presencia. Poco después de las 23 horas finalmente Perón salió al Balcón de la Casa Rosada estallando una impactante ovación por espacio ininterrumpido de 15 minutos. Era la felicidad total. La gente parecía como haberse vuelto loca: Gritaban, saltaban, lloraban y coreaban estribillos con voces cada vez más enronquecidas. Allí tenían enfrente al referente por el cual se habían jugado. Sano y salvo, vencedor.

Farrell intentó hacerse oír, pero más que un discurso era una presentación hacia el hombre que había sabido ganarse el corazón de millones de argentinos. Y cuando por fin el gran triunfador de la memorable jornada pronunció su primera palabra desde el Balcón, expresión que fue “¡Trabajadores!” una nueva explosión de júbilo se hizo sentir. A continuación señaló: “Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino”. Y en otra parte expresó estas palabras que también quedaron para el recuerdo, “dejo el honroso uniforme que me entregó la Patria para vestir la casaca de civil y confundirme con una masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria. Con esto doy un abrazo final a esa institución que es un puntal de la Patria: el ejército. Y doy también el primer abrazo a esa grandiosa que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es el pueblo”. Luego de su memorable discurso, la consecuencia inmediata desde lo político fue la renuncia de Ávalos al frente del ministerio de Guerra.

La Argentina ya no fue la misma, hubo un quiebre, un antes y un después. Y las consecuencias de fondo más importantes fueron: En primer lugar el surgimiento de una nueva, muy significativa, innovadora y revolucionaria fuerza política que giró en torno a la figura estelar del 17 de Octubre, el Coronel Perón. En segundo lugar la definitiva incorporación de los trabajadores al proceso político del país y como uno de los factores de poder, desde ya subordinados a su conductor natural. Y en tercer lugar, el nacimiento de la antinomia peronismo/anti-peronismo, que es lo mismo que decir Patria vs. Antipatria, algo que por supuesto es lo que perdura en nuestros días.

Fue la movilización más emblemática en toda la historia de las luchas sociales. Lo que se puso en juego fue la Justicia Social, como en otros tiempos se puso en juego la emancipación, la independencia, el federalismo como forma de gobierno o el voto. Fue una epopeya, un verdadero Despertar de la Patria Grande, o como diría el destacadísimo historiador revisionista Raúl Scalabrini Ortiz fue el subsuelo de la Patria sublevado. Fue el triunfo del Honor y de la Dignidad de todo un Pueblo que comprendió cabalmente que peligraba el destino de la Patria, jugándose la vida para que triunfase la Justicia y la Verdad. El hecho que marcó el fin de una Argentina para dar comienzo a otra Argentina. Pero más que eso, el 17 de Octubre de 1945 es la vigencia de una Lucha, porque el verdadero Nacionalismo es aquel que tiene una fuerte impronta socialista, el que profesa y pone en práctica una auténtica Justicia Social como sin lugar a dudas lo llevó adelante el Nacional-justicialismo. Un impactante acontecimiento, espejo en el cual hoy más que nunca todos los argentinos nos tenemos que mirar ante tanta miseria política, ante tanta degradación social, ante tanto cipayismo y corrupción organizada.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


16-10-2018

viernes, 5 de octubre de 2018

LOS HÉROES DE FORMOSA... ¡ACÁ NO SE RINDE NADIE CARAJO!


Sin lugar a dudas el ataque más espectacular y brutal que la guerrilla terrorista marxista haya realizado en nuestro país, el ataque al RIM 29, Regimiento de Infantería de Monte en la Provincia de Formosa, el 5 de octubre de 1975. Fue la denominada Operación Primicia, dirigida desde lo operativo por Raúl Yagüer, el N° 4 de la Conducción Nacional de Montoneros (siendo los tres primeros en jerarquía Mario Eduardo Firmenich, Roberto Cirilo Perdía y Roberto Jorge Quieto). Por entonces, el Poder Ejecutivo Nacional era ejercido por Isabel Perón, justo de licencia en esos angustiantes momentos y reemplazada por Ítalo Argentino Luder, presidente provisional del Senado.

Fue el primer ataque de Montoneros a un cuartel militar, abandonando sus atentados selectivos y copiando de ahora en más al autodenominado ERP, Ejército Revolucionario del Pueblo, la otra gran guerrilla terrorista que asolaba al país. En total hubo 70 combatientes que participaron en forma directa de esta acción, que constó de 5 etapas:

En primer lugar, el secuestro del vuelo 706 de Aerolíneas Argentinas, por parte de 7 montoneros disimulados a bordo con 102 pasajeros. El avión había salido del Aeroparque Jorge Newbery, y el secuestro se produjo a la altura de la Provincia de Corrientes para ser desviado a Formosa. En segundo lugar, el copamiento del aeropuerto El Pucú, en la entrada de la capital formoseña. En tercer lugar el ataque propiamente dicho al Regimiento de Infantería de Monte 29, de importante poder de fuego a nivel nacional. En cuarto lugar, la fuga en un Boeing de Aerolíneas Argentinas y en una avioneta cessna 182, que sirvió para confundir en la huida. Y por último, el aterrizaje del avión en una pista improvisada cerca de Rafaela, en Santa Fe. De hecho, en la improvisada pista había una fila de diez vehículos que esperaban a los extremistas, que bajaron todo el cargamento de armas y explosivos robados para ahora sí, darse a la fuga.

El grueso de la información sobre el Regimiento, como así también sobre el aeropuerto y la ciudad en general, ya había sido dado de antemano por un montonero infiltrado dentro del mismísimo Regimiento, el soldado Roberto Mayol, (finalmente perforado por una lluvia de disparos por parte de los defensores). Del ataque en total participaron 30 guerrilleros. Y en media hora de encarnizado combate hubo 24 muertos, 12 de cada lado y los atacantes se robaron 18 fales. Murieron 10 soldados defensores, un sargento 1° y un subteniente. Los soldados conscriptos Antonio Arrieta, Heriberto Ávalos, José Coronel, Dante Salvatierra, Ismael Sánchez, Edmundo Sosa, Marcelino Torales, Alberto Villalba y Hermindo Luna; el subteniente Ricardo Massaferro y el sargento Víctor Sanabria.

En la defensa fue muy heroico el arrojo del soldado Hermindo ‘Negro’ Luna, de tan sólo 20 años de edad. Proveniente de una familia muy humilde, justo en ese momento se encontraba de guardia. Repentinamente se le aparecieron cinco terroristas fuertemente armados que habían bajado de una camioneta y le dijeron: -Rendite, negro, que con vos no es la cosa. A lo que Luna respondió ¡Acá no se rinde nadie carajo! y fusil en mano trató de replegarse hacia el fondo, con la intención de advertir a sus compañeros del asalto y darles la posibilidad de reaccionar cuanto antes. Luego de iniciar el tiroteo, Hermindo Luna fue finalmente alcanzado de manera mortal.

Con esta brutal acción, Montoneros concretó su acción militar más importante, lográndose provocar una fuerte conmoción social. El objetivo inmediato consistió en deteriorar al gobierno constitucional de Isabel, y el objetivo de fondo fue provocar una reacción militar, es decir, provocar a los militares para que tomen el poder. Los terroristas creían que podrían generar las condiciones en las cuales ellos supuestamente ganarían respaldo popular y así desplazarían al gobierno militar, desde ya una tesis tan ridícula como disparatada.

El ataque conmocionó al gobierno, al peronismo y a los militares, provocando que el General Jorge Rafael Videla y el Almirante Emilio Eduardo Massera fijaran la fecha para el golpe de Estado el 24 de marzo de 1976. Tanto Videla como Massera querían dar el golpe luego del ataque, pero no contaban con el convencimiento del Jefe de la Fuerza Aérea, el Brigadier Héctor Fautario. Igual siguieron adelante en sus planes ya que hacia fines del ’75 lograron desplazar a Fautario a través de una rebelión que desembocó en su reemplazo por el Brigadier Orlando Agosti.

Como consecuencia del ataque al regimiento formoseño, el lunes 6 de octubre del ’75 el presidente provisional Luder impulsó tres decretos contra la subversión. El primero de ellos, el N° 2.770, creaba un Consejo de Seguridad Interna y el Consejo de Defensa, integrado desde ya por el poder político pero también por los militares. El segundo, el N° 2.771, disponía que el Ministerio del Interior firmara convenios con los gobernadores para que las fuerzas de seguridad de cada provincia quedaran bajo el control del Consejo de Defensa, en el marco de la lucha contra la subversión. Y el tercero de los decretos, el N° 2.772, ordenaba a las FFAA las operaciones militares y de seguridad necesarias para aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio nacional.

De esta manera las FFAA tenían ahora la autoridad para asumir la lucha contra los terroristas, hasta el momento algo manejado (o mal manejado) por la Policía Federal. Estos recordados decretos fueron como una suerte de ampliación de lo que Isabel había establecido y firmado en la provincia de Tucumán. En el fondo, el gobierno civil pasó a depender del Ejército, casi un certificado de defunción.

El actual aparato cultural y propagandístico oficial nos sigue machacando con una épica artificial, con una farsa dialéctica que supuestamente enfrentó a ‘ángeles del pueblo’ contra denominados ‘demonios de las oligarquías’. En esta épica que nunca existió el uso de las armas y el desprecio por la democracia quedan disimulados como si tratase de una cuestión meramente juvenil. Sólo parecen importar los DDHH de apenas un sector. Y el mejor ejemplo de esta concepción parcial y arbitraria de la Historia es el pago de cuantiosas indemnizaciones a los familiares de los guerrilleros que murieron atacando el Regimiento de Formosa. O sea, un Estado democrático actual indemnizando a quienes atacaron a otro Estado democrático (el gobierno de Isabel). Hasta los montoneros que participaron de la Operación Primicia señalaron en su revista oficial de la época, ‘Evita Montonera’, que sus compañeros habían caído en combate. Es decir, que no habían sido víctimas de la represión ilegal por parte del aparato estatal.

Por eso, para aquellos que creen que en los ’70 se trató de idealistas que lucharon contra feroces dictaduras (descontextualizando los acontecimientos externos como siempre) ese brutal ataque al Regimiento de Infantería de Monte de Formosa (como otros tantos) fue en pleno gobierno constitucional y democrático de Isabel Perón… Ante un nuevo aniversario de esta verdadera tragedia ocurrida en nuestro país, ante la sistemática distorsión de la historia, ante los enormes negociados de los pretendidos ‘Derechos Humanos’ y ante la impunidad de la que gozan los terroristas montoneros hoy en día: ¡¡Acá no se rinde nadie carajo!! ¡¡Gloria y Honor al soldado Hermindo Luna!! ¡¡Gloria y Honor a los Héroes de Formosa!!



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


05-10-2018

lunes, 24 de septiembre de 2018

JOSÉ IGNACIO RUCCI, EMBLEMA DE LUCHA Y LEALTAD


Nació un 15 de mayo de 1924 en Alcorta, sur de la Provincia de Santa Fe, desempeñándose en tareas rurales. Instalado en Buenos Aires entró en la fábrica de cocinas ‘Catita’, una marca muy popular de la época, arrancando bien desde abajo hasta convertirse en obrero metalúrgico. En 1947 inició su actividad gremial al ser elegido delegado de esa fábrica. Luego del golpe de Estado de 1955 estuvo preso y posteriormente participó activamente en la Resistencia Peronista.

Para ese entonces ya era un ávido lector del Revisionismo Histórico Argentino, con José María Rosa a la cabeza. Además leía al mismísimo General Juan Domingo Perón y a nacionalistas católicos como Charles Maurras. A principios de los ’70 fue designado encargado de prensa dentro de la Unión Obrera Metalúrgica. El 6 de julio de 1970 asumió el cargo de Secretario General de la CGT, convirtiéndose de esta manera como uno de los hombres más poderosos del país. Carismático, pasional, hablaba muy bien en público. Desde este máximo cargo siempre pidió aumentos salariales y mejoras laborales, pero fue más allá al exigir el retorno de Perón y el fin de su proscripción. Sus reclamos siempre tenían un estilo bastante directo, frontal y combativo hacia la dictadura de Alejandro Lanusse (un antiperonista de pura cepa que inclusive se había sublevado en 1951).

Para Rucci el Movimiento Obrero no podía estar al margen de los grandes problemas existentes del país, sólo podía alcanzar la plenitud de sus derechos con la toma del poder, o sea con Perón. En este sentido luego de la asunción de Héctor Cámpora como presidente, el 25 de mayo de 1973, de su traición hacia el peronismo, de su apertura hacia las organizaciones guerrilleras marxistas, de los crecientes accionares terroristas de estas organizaciones, y en definitiva de su debilitamiento en el poder hasta terminar renunciando, la campaña pre-electoral del 23 de septiembre de 1973 fue llevada adelante por los sindicatos, y por supuesto, con Rucci a la cabeza. En esta histórica fecha Perón se convirtió presidente de los argentinos por tercera vez.

El Líder de la CGT fue una pieza clave en el denominado Pacto Social, que fue la médula del plan de gobierno de Perón, lo que implicaba una vuelta al peronismo, al desarrollo industrial y al reparto equitativo de la riqueza. Este Pacto Social le dio a Rucci muchísimo poder porque todos los nombramientos en los puestos clave del Estado necesitaban de su firma, junto con la del ministro de Economía José Gelbar. Y a medida que Rucci aumentaba su protagonismo político junto a Perón y en contra de la organización terrorista Montoneros, fue concentrando toda la bronca y toda la ira. El martes 25 de septiembre de 1973 al mediodía fue acribillado en la vereda de su domicilio, en Avenida Avellaneda 2.953 en el barrio porteño de Flores. O sea, a tan sólo dos días del triunfo del Líder de los Trabajadores en las elecciones presidenciales. Cuando abrió la puerta de su casa para salir, sus 13 guarda-espaldas estaban en sus puestos, sentados en los cuatro autos estacionados sobre la avenida. Pero esto no impidió el accionar.

En total le dieron 25 tiros entre tres personas, que le dispararon con FAL, itaka y una pistola 9 milímetros. Fue la denominada Operación Traviata por los 23 agujeritos de las galletitas Traviata. Este tremendo acto terrorista ocurrió cuando precisamente intentó abrir la manija del auto Torino rojo para subir. Su principal asesino fue Julio Iván Roqué, alias ‘Lino’, el N° 6 de la Conducción Nacional de Montoneros y uno de los fundadores de las FAR. Este siniestro personaje ya había recibido instrucción militar en Cuba, y luego del atentado hizo cursos militares por Argelia, el Líbano y Europa del este. Inclusive, el 25 de mayo de 1973 (con la asunción de Cámpora) había sido uno de los tantos presos liberados de la cárcel de Devoto. Finalmente murió en mayo de 1977 en Haedo, luego de tomar una pastilla de cianuro y volarse al estar rodeado por miembros de la Marina (para ese año ya era el N° 1 de Montoneros). En este sentido, el periodista y ex guerrillero Miguel Bonasso, afirmó en su libro ‘Diario de un Clandestino’ que fue el propio Mario Firmenich quien le confirmó oficialmente del asesinato a manos de esta organización. Su muerte fue un apriete al mismísimo General. Se trató de “persuadirlo” para que se los tuviera en cuenta en la conducción del Gobierno y del Movimiento, una lectura más que burda y disparatada.

Tal como lo afirma el periodista e investigador Ceferino Reato en su obra ‘Operación Traviata’, muchos de quienes hoy se reivindican como los herederos de Montoneros y de la década del ’70 adoptan un status de superioridad moral en relación al resto de la sociedad: Construyen un relato histórico que acomoda los hechos a su antojo. Cuando se les habla de sus crímenes y de sus aberraciones ya esgrimen los “ideales”, como si esto bastara para justificar sus actos demenciales. Si los ideales no alcanzan entonces hablan de los desaparecidos y torturados por la dictadura (como si esto también alcanzara para dejar de lado sus crímenes). Y si lo anterior no alcanza ya optan por descalificar al que piensa distinto.

Ante un nuevo aniversario de su vil y cobarde asesinato a manos de la organización terrorista Montoneros, José Ignacio Rucci pasó a la historia como un luchador de causas superiores, como el máximo símbolo de Lealtad hacia Perón y hacia la causa Nacional-justicialista. Es tal como lo expresara este verdadero peronista, el mejor de todos: La reconstrucción de la Patria es una tarea común para todos los argentinos, sin sectarismos ni exclusiones. La liberación será el destino común que habremos sabido conquistar, con patriotismo, sin egoísmos, abiertos mentalmente a una sociedad nueva, para una vida más justa, para un mundo mejor”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


24-09-2018

sábado, 15 de septiembre de 2018

16 DE SEPTIEMBRE DE 1955, LA HORA DE LOS ENANOS


El cobarde derrocamiento del General Juan Domingo Perón fue un acontecimiento que sin lugar a dudas marcó un antes y un después en la Argentina. Los sucesos previos marcaron un terrible acto demencial: El 16 de junio de 1955 cuarenta aviones de la Marina bombardearon y ametrallaron Casa de Gobierno y Plaza de Mayo. La intención era más que clara, asesinar a Perón. Este acto terrorista fue acompañado por el accionar de la Infantería de Marina que atacó la Casa Rosada, acto que finalmente fue contrarrestado. El saldo fue de más de 300 civiles muertos y 3.000 heridos. Tras este brutal bombardeo el Líder justicialista dio la orden de que ningún obrero concurriese a Plaza de Mayo. Pero de manera espontánea, y ante la difícil hora que se vivía, una enorme multitud se congregó frente a la histórica Plaza y bajo el lema defender a Perón.

En un clima tremendamente caldeado y mientras el país digería como podía la carnicería de junio, tres meses después, exactamente el 16 de de septiembre del ´55, estalló finalmente la sublevación militar en Córdoba que puso fin al gobierno Nacional-justicialista. Mientras el foco insurreccional cordobés resistía, la Marina bombardeaba pozos de petróleo de YPF en Mar del Plata donde había emplazado 19 buques. La mayoría de las Fuerzas Armadas permanecieron leales a Perón, pero sus acciones para reprimir el levantamiento fueron tan ineficaces como parsimoniosas. La flota mantuvo su curso hacia Buenos Aires y por radio ordenó a los habitantes de Berisso que evacúen la zona porque sino destruirían la destilería de YPF.

Luego de unos días de indefinición tras el levantamiento, el General Perón finalmente presentó su renuncia, aduciendo querer evitar un derramamiento de sangre. La dimisión desde ya que fue aceptada por los altos mandos liberales conspiradores. El General Eduardo Lonardi -jefe del levantamiento en Córdoba- y el Almirante Isaac Rojas se hicieron cargo del Poder Ejecutivo. El 23 de septiembre Lonardi asumió la presidencia de la Nación en un brevísimo período de tiempo y bajo la hipócrita consigna ‘ni vencedores ni vencidos’.

De esta manera comenzaba un nuevo y sangriento proceso político argentino. El golpe de Estado de 1955 fue presentado ante la opinión pública como la supuesta recuperación de la tradición republicana, iniciada en la Revolución de Mayo de 1810, frente al gobierno de Perón caratulado como de segunda “tiranía”. Porque claro, para el pensamiento liberal de cuño masónico la primera tiranía había sido el gobierno del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. Esta contra-revolución antiperonista ya había empezado a tomar cuerpo anteriormente. El 28 de septiembre de 1951 el General Benjamín Menéndez había encabezado un intento de golpe, en donde más de 200 oficiales fueron juzgados y pasados a retiro. Inclusive el General José Suárez había encabezado otro intento golpista en 1952. Su plan consistía en tomar la Casa Rosada a través de una acción comando y asesinar a Perón. Finalmente, por una filtración del servicio de Informaciones de la Aeronáutica la conspiración se frustró.

Luego de su breve presidencia de casi dos meses, el 13 de noviembre Lonardi fue remplazado por el General ultra-antiperonista Pedro Eugenio Aramburu, quien rápidamente procedió a dictar el Decreto 3.855/55 disolviendo al Partido Peronista, y en marzo de 1956 el Decreto 4.161 con la rúbrica de Isaac Rojas y Álvaro Alsogaray estipulándose penas que prohibían toda participación política del peronismo y penas por el sólo hecho de pronunciar las palabras ‘Evita’, ‘peronismo’ o ‘Perón’. La Argentina volvía a perder su propio destino, volvía a ser colonia de las potencias mundiales, de la Usura Internacional. Se ingresó al Fondo Monetario Internacional, política de vasallaje que continuará en el tiempo. Hacia abril del ´56 la “Libertadora” derogó plenamente la Constitución de 1949. Y el 9 de junio de 1956 los generales Juan José Valle y Raúl Tanco iniciaron un levantamiento cívico-militar que tuvo la clara intención de restaurar al peronismo, lo que va a terminar en una terrible tragedia con 27 civiles y militares fusilados. En definitiva, desde 1955 comenzaba un período de 18 años de proscripción, de persecución y sangre al peronismo, que recién pudo reivindicarse en 1973.

Para comprender el trasfondo del derrocamiento del General Perón sólo basta con tener presente dos frases tristemente célebres de Winston Churchill, Primer Ministro del Reino Unido de 1940 a 1955, sin lugar a dudas uno de los personajes más nefastos de toda la historia política a nivel mundial. Durante la famosa conferencia de Yalta de 1945 entre los aliados de la 2ª GM, Churchill expresó: “No dejen que la Argentina se convierta en potencia, porque detrás de ella arrastrará a toda Hispanoamérica”. Y en un discurso pronunciado en la Cámara de los Comunes, en 1955, afirmó de manera contundente: “La caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria de la Segunda Guerra Mundial. Y las fuerzas del Imperio inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida, ni tampoco después de muerto”

Es que la revolución peronista había herido sensiblemente a las minorías concentradoras del poder económico en nuestro país, perjudicando a su vez los intereses plutocráticos colonialistas británicos. En esto reside la clave de todo. El Nacional-justicialismo estableció el legado de la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social. Y fue precisamente Perón el que como ningún otro presidente en la historia de nuestro país reivindicó a los trabajadores con amplias medidas socialistas, realizando una efectiva distribución de la riqueza y armonizando las relaciones entre el Capital y el Trabajo.

El peronismo fue sin lugar a dudas la doctrina libertaria del siglo XX, también reflejada en el principio de la Tercera Posición, un posicionamiento totalmente libre ante los embates de las izquierdas y de las derechas, ante el marxismo y el capitalismo, ante el colonialismo yanki y el colonialismo soviético de esa época, colonialismos siempre manejados por el Poder Oculto, por la Sinarquía Internacional al decir del Líder justicialista. Y con una fuerte política de industrialización interna (también, como nunca antes visto en el país) la Independencia Económica tuvo como finalidad reconquistar las fuentes de riqueza de la Nación para hacer un reparto más equitativo, para mejorar la calidad de vida de todos los argentinos. Se desligó al país de todo organismo financiero usurero, no había deuda externa. Se nacionalizó el Banco Central de la República Argentina como así también los sectores estratégicos de la economía. Se llevó adelante una verdadera integración económica a nivel latinoamericano. Y todo ello a pesar de la terrible presión ejercida por EEUU, el país “bueno y democrático” vencedor en la 2ª GM. En definitiva, era la Comunidad Organizada.

Tal como lo sostuvo el mismísimo Perón, 1955 marcó la hora de los enanos. Enanos en referencia a todos aquellos agentes de la decadencia moral e intelectual, en cuyas manos recaía el poder político para ser dócil a los deseos del colonialismo. Enanos por todos aquellos traidores que pasaron a engrosar las filas de los que humillaban a la Patria. Enanos por todos aquellos que no pudieron comprender al Pueblo, y en esta incomprensión se pasaron a la vereda del enemigo. Y enanos también por los que entregaron la Soberanía Nacional, los que derribaron la Independencia Económica y la Justicia Social.

Y si hablamos de enanos, la actual partidocracia argentina claramente lo es. Lo que hoy sobra es mucho dolor: Postración, degradación social, pobreza, indigencia, concentración económica, clientelismo político, corrupción organizada, rebaje cultural, entrega del patrimonio nacional, subordinación hacia los poderes mundiales, pago de la mayor estafa al pueblo argentino –la Deuda Externa–. Por eso, el 16 de septiembre de 1955 marcó el gran quiebre en nuestro país: Parió a los enanos y vendepatrias del pasado e hizo crecer a los enanos y vendepatrias del presente.




Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

15-09-2018

lunes, 10 de septiembre de 2018

PEDRO BONIFACIO PALACIOS, EL PADRE DEL AULA


Pedro Bonifacio Palacios, conocido popularmente por su seudónimo Almafuerte, se destacó como un gran docente, periodista, y gran poeta comprometido con la sociedad de su tiempo. Nació el 13 de mayo de 1854 en San Justo, en el oeste del conurbano bonaerense, en el seno de una familia muy humilde.

Tuvo una infancia muy sufrida, ya que a su marcada pobreza perdió a su madre y luego fue abandonado por su padre. En medio de la extrema pobreza en la que creció, se orientó primero hacia las artes plásticas. Por su imposibilidad económica para viajar a París (que era, como hoy, el centro principal de los pintores y estudiantes del arte), la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires propuso a Almafuerte como candidato para una beca que le permitiera viajar a Europa y perfeccionarse. Sin embargo, la Cámara de Senadores se la negó. Esta frustración personal profundizó en él su disgusto con la política, su desconfianza hacia los partidos, con una visión crítica y filosa que volcaría, más tarde, en muchos de sus escritos.

De esta manera cambió su rumbo. De adolescente se dedicó a la docencia y a la escritura. A los 16 años, sin tener siquiera el título de maestro, tuvo una larga experiencia al frente de diferentes clases, en donde fue nombrado inclusive Director de una escuelita rural en Chacabuco, en plena campaña bonaerense. También fue docente en Mercedes y Salto. En 1884 conoció en Chacabuco al ex presidente Domingo Faustino Sarmiento, sin lugar a dudas unos de los máximos referentes del procerato liberal post Caseros.

En su visión, la pobreza sólo podía ser revertida a través de la educación. En las escuelas rurales de Buenos Aires, Salto, Chacabuco, Mercedes y Trenque Lauquen, se extenuó horas y horas con clases ininterrumpidas. En aulas precarias y simples taperas, Palacios enseñaba las primeras letras, recitaba poemas y transmitía los rudimentos de las matemáticas a grupos de niños rurales, hijos de peones, hambreados, castigados, excluidos, analfabetos, con una dedicación tan admirable como casi única.

Su labor no consistió en transmitir pasivamente datos fríos. Conocía instintivamente las técnicas para estimular la creatividad de los alumnos, los guiaba hacia la investigación, los incentivaba a buscar el saber, los estimulaba a sentir la sed inagotable de conocimiento que él mismo sentía. Enseñaba Ciencias y Geografía a campo abierto (en el lugar de los hechos como él decía). Y su método docente obligaba al alumno a observar la naturaleza y deducir de esa observación las leyes que la regían. No contento con esto, extendió su campo de acción: Pedía a los niños que trajeran a sus padres para estudiar. Y de esta manera su éxito fue total.

Los cursos que él dictaba comenzaban con no más de 10 o 15 alumnos, para, al promediar el año, verse colmados por 200 o 300 educandos de todas las edades. Lamentablemente fue apartado de su cargo por tener una postura política crítica hacia esa Argentina conservadora en la cual se vivía, porque su forma de ejercer la docencia irritaba a los “doctos”. En 1894 retomó su labor como decente en una escuela de Trenque Lauquen, pero en 1896 el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires lo destituyó nuevamente de las aulas, poniéndose como motivo el hecho concreto de que el gran maestro no contaba con un título oficial habilitante. En realidad, su destitución se debió a que sus poemas eran altamente críticos para con el gobierno. Pero Almafuerte, fiel a su nombre, no cedió. Redobló su labor dialéctica y poética, siguió enseñando en forma privada defendiendo el rol del docente, exaltando la cultura y trabajando para los pobres.

Como poeta fue realmente un autodidacta, y resulta casi imposible clasificarlo dentro de las corrientes literarias de su época. Cuando cumplió 20 años, el diario Tribuna publicó su primer poema, ‘Olvídate de mí’. En 1875 fue ‘Pobre Teresa’, una obra de teatro en cuatro actos, escrita en verso. Y con el ímpetu de esos pequeños primeros logros, continuó publicando en medios de mínima o regular tirada: En La Ondina de Plata, El Álbum del Hogar, Caras y Caretas y La Biblioteca. Sus poemas los escribía para ser recitados frente a multitudes. La poesía almafuertiana es, en realidad, un ejercicio de oratoria y retórica, poéticamente perfecta en rima, métrica, técnica y estilo. Aprendió elocuencia de eximios oradores políticos de su época, y por ejemplo Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle arengaban a las masas con el mismo estilo con el que Almafuerte elaboraba sus poemas.

Como periodista también tuvo una vida pública muy destacada. Escribió en el diario Buenos Aires; fue secretario de redacción de El Oeste de la ciudad de Mercedes y fundó el diario El Progreso en Chacabuco. En 1887 se trasladó a La Plata e ingresó como periodista en el diario El Pueblo, para luego dirigirlo. Y en esta trinchera de resistencia cultural combatió ácidamente al gobierno de turno. Con el tiempo fue nombrado Pro-secretario de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, y más tarde fue bibliotecario y traductor en la Dirección General de Estadística de la provincia. Su forma política de pensar siempre fue libertaria. Con el estallido de la Revolución del Parque en 1890 Almafuerte se identificó con los ideales de Alem y los orígenes revolucionarios de ese movimiento.

Pero desengañado de la política se volvió más introspectivo, solitario y hosco. Se recluyó a escribir y se desligó de las funciones públicas. Sintió por esta época que los únicos que merecían su esfuerzo eran los pobres, los miserables, los enfermos, los ignorantes, y a ellos se volcó de modo definitivo. Pero la admiración que existía por sus poesías era cada vez mayor. Fue tan así que en 1893 el diario La Nación empezó a publicar sus poemas. Las masas se sentían identificadas con él, con el poeta cultísimo, ampliamente cultivado, capaz de escribir versos técnicamente perfectos, llenos de sangre y de pasión, donde hablaba y se comprometía con un profundo contenido social.

También escribió miles de cartas a los poderosos de turno solicitando alimento, trabajo, vivienda, educación, medicamentos, becas o subsidios para los pobres, para alumnos y ex alumnos. Por regla general sus reclamos tenían éxito. Y Al final de su vida, el Congreso de la Nación Argentina le otorgó una pensión vitalicia para que se pudiera dedicar de lleno a su actividad como poeta. Sin embargo no pudo gozar de ella, ya que el 28 de febrero de 1917 falleció en la ciudad de La Plata, a la edad de 62 años.

En La Plata se encuentra la casa donde transcurrieron los últimos días de Don Pedro Bonifacio Palacios, convertida hoy en museo que se declaró ‘Monumento Histórico de la Ciudad, de la Provincia y de la Nación’, un más que justo homenaje a su gran labor humanística y literaria. Y cincuenta y siete años después de su muerte, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires lo declaró Maestro Honoris Causa, otorgándole por fin el título que nunca tuvo en vida y que se convirtió en su sueño más preciado.

En esta Argentina actual tan degradada, tan sometida a los poderes mundiales y tan viciada en la corrupción organizada debemos levantar la bandera del gran docente y poeta social por excelencia que dio nuestro país: La bandera del combate contra la injusticia, contra la exclusión social, la mezquindad humana y la miseria espiritual. Ya lo decía con claridad meridiana Almafuerte en ‘Piu Avanti’, uno de sus poemas más significativos:

No te des por vencido, ni aun vencido,
No te sientas esclavo, ni aun esclavo;
Trémulo de pavor, piénsate bravo,
Y arremete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido,
Que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
No la cobarde intrepidez del pavo
Que amaina su plumaje al primer ruido.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

10-09-2018

miércoles, 29 de agosto de 2018

LOS MAPUCHES Y LA SECESIÓN TERRITORIAL DE LA ARGENTINA


¿Qué reclaman?

Desde hace varios años el sur argentino es objeto de sistemáticas ocupaciones y reclamos territoriales violentos por parte de los muy promocionados mapuches, un pueblo “originario” sólo en la inventiva del Foreign Office británico. En la reivindicación de tierras consideradas como “propias” se amparan en el artículo 75, inciso 17, de nuestra Constitución Nacional, que sostiene: “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones”.

Fuertemente organizados, en la actualidad usurpan terrenos que no les pertenecen por ser legalmente de propietarios privados, del Estado o de Parques Nacionales. Son muchos los ejemplos que abundan al respecto, basta con leer las permanentes noticias sobre esta problemática para confirmarlo. Hasta llegan a cobrar peajes paralelos ilegales invocando que están en “tierra mapuche”. Según las investigaciones, ya hay más de 400 ocupaciones de tierras ricas, y se estima que en la actualidad hay más de 120.000 mapuches en la Argentina, cerca de los cuales 80.000 residen fundamentalmente en Neuquén y en el resto de las provincias sureñas.


El origen de los mapuches

A pesar de la sistemática tergiversación historiográfica oficial, los tan promocionados “mapuches” nunca existieron. En realidad se trata de los araucanos, un pueblo guerrero proveniente de la provincia de Arauco en la República de Chile. En tal sentido, cuando en 1550 la Corona española crea la Capitanía General de Chile, algunos araucanos –ante el avance de los españoles– comienzan a emigrar cruzando la Cordillera de los Andes. La emigración fue una constante desde el siglo XVI en adelante, pero se hizo verdaderamente masiva desde el siglo XIX.

Por eso nunca fueron un “pueblo originario” de nuestro actual territorio como se pretende, sino claramente invasores. Y mientras los araucanos llegaban a lo que hoy es Argentina, estas tierras ya estaban ocupadas por los reales pueblos originarios de la zona, los tehuelches, puelches, ranqueles y pampas, pueblos que los mismísimos araucanos, en cruentas guerras, hicieron desaparecer cometiendo un verdadero genocidio. Los hoy denominados burdamente mapuches acusan al General Julio Argentino Roca de genocida, cuando fueron sus ancestros los responsables del exterminio de los tehuelches. Por esta razón, investigadores argentinos serios como Estanislao Zeballos, Lucio Mansilla o Manuel Prado no mencionan en sus libros a los mapuches como pueblo originario. Tampoco Juan Manuel de Rosas o el General Roca los mencionan en sus respectivas expediciones hacia el sur.

Y en el marco de la denominada ‘Campaña del Desierto’ de 1879 encabezada por Julio Argentino Roca, General en Jefe del Ejército Argentino, el futuro presidente enfrentó precisamente a los araucanos que ya contaban con fusiles Reming­ton provistos desde Chile por obra y gracia de la diplomacia inglesa a cam­bio de ganado criollo que era robado por los sistemáticos malo­nes. Prueba de ello es que la columna del Ejér­cito Nacio­nal coman­dada por el Gral. Ville­gas tenía como obje­tivo clau­su­rar y con­tro­lar los pasos andi­nos por donde les lle­ga­ban a los arau­ca­nos los fusiles Remington.

La Cam­paña de Roca estuvo des­ti­nada a inte­grar, a incor­po­rar de manera efectiva el sector patagónico que por derecho histórico y político siempre nos correspondió y que estaba bajo el poder tirá­nico del malón arau­cano cuyos fru­tos más nota­bles eran el robo de ganado, el de muje­res y la pro­vo­ca­ción de incendios. En realidad, la expe­di­ción del General Roca resultó ser la pri­mera gue­rra con­tra Chile y no una cam­paña con­tra el indio como vulgarmente se quiere dar a entender. Es que el 90% de la pobla­ción chi­lena era indí­gena, lo que no es cosa menor ya que en definitiva nues­tro país defen­día la sobe­ra­nía sobre una Pata­go­nia que los caci­ques araucanos desea­ban…. y que eran chilenos. Entonces ¿con que derecho los mapuches invocan en la actualidad el carácter de “pueblo originario” en el suelo argentino?. 


El colonialismo británico

Las fal­sas reivin­di­ca­cio­nes que llevan adelante los mapuches son claras maniobras antinacionales manejadas desde las mismísimas superestructuras internacionalistas, más en concreto desde el Foreign Office británico, uno de los principales bancos de cerebros del Nuevo Orden Mundial. A su vez, la “causa mapuche” es una de las grandes banderas levantadas por el marxismo internacionalista que hace del indigenismo recalcitrante una suerte de causa suprema de lucha, haciéndole siempre el juego al expansionismo plutocrático-capitalista. A ello hay que sumarle la complicidad de una partidocracia que prácticamente convive con el reclamo mapuche y que no muestra ningún tipo de reacción seria ante tamaña problemática, con todo un aparato propagandístico funcional a los diferentes reclamos territoriales. 

La sede mapuche se encuentra en Inglaterra, a través de la conformación de su principal ONG denominada Enlace Mapuche Internacional, ubicada en 6 Lodge Street, Bristol, Inglaterra. La dirección de la sede no podía ser más simbólica: “La sexta calle de la logia”, en clara referencia a la Masonería. Su sitio oficial en la web es http://www.mapuche-nation.org/, un sitio que se edita en inglés, francés, alemán y español. Salvo un nombre de origen araucano, Reynaldo Mariqueo, el resto de los miembros ejecutivos de la ONG tienen nombres anglos: Watson, Melville, Stanley, McCarthy, Chambers y Harvey. Y entre sus más “ilustres” colaboradores se destaca el parisino Philippe Paul Alexandre Henry Boiry, auto-titulado ''Príncipe de Araucania y Patagonia'', Gran Maestre de la Masonería Francesa, descendiente del internacionalista Orélie Antoine de Tounens y de fuertes vínculos con la Banca Rothschild.

El sitio oficial de la web resalta el origen británico en la “causa” mapuche: “Enlace Mapuche Internacional o Mapuche International Link (MIL) fue fundado el 11 de mayo de 1996 en Bristol (Reino Unido). Tuvo su origen en un grupo de mapuches y europeos preocupados por la situación de las naciones y pueblos indígenas de América y concienciados por los derechos inalienables que les asisten. Esta nueva organización vino a reemplazar al Comité Exterior Mapuche (CEM), organización que venía operando internacionalmente desde enero de 1978 desde su base ubicada en la ciudad de Bristol. MIL heredó y puso en práctica los principios y objetivos del CEM con la firme determinación de contribuir a la lucha de los pueblos indígenas para lograr mayores niveles de autonomía y libre determinación en sus procesos de desarrollo. La creación de esta nueva organización se enmarcó dentro del programa de las Naciones Unidas conocido como ‘Decenio Internacional de los Pueblos Indígenas’ del Mundo (1995 a 2004), cuyo objetivo fue promover y proteger a nivel mundial el respeto de los derechos de los pueblos indígenas en cuestiones tales como los derechos humanos, el medio ambiente, el desarrollo, la salud, la cultura y la educación”.

El gran objetivo es la conformación del Estado Mapuche dentro de la actual Patagonia argentino-chilena. Inclusive hasta se difunde impunemente y ante la total indiferencia de funcionarios provinciales y del Gobierno Nacional el mapa de la ‘Nación Mapu’, que va desde el Océano Pacífico hasta el Océano Atlántico, que toma la 9ª y la 10ª región sureña de Chile y prácticamente un 30% del territorio argentino. Así lo sostiene también su sitio web: “La Nación Mapuche está ubicada en el sur de los territorios que hoy ocupan los estados de Chile y Argentina. Hace un poco más de 130 años su territorio ancestral, y el de otros pueblos originarios aliados, se extendía desde el sur del río Bio-Bio (Chile) hasta el extremo austral del continente, y en Argentina desde los ríos Colorado y Salado hasta el estrecho de Magallanes”.


Conclusión

Con el establecimiento del “Estado Mapuche” alentado por el Foreign Office, la Masonería Internacional y el marxismo cultural, lo que se busca en el fondo es fracturar el territorio de la República Argentina en aras del geoestratégico expansionismo británico. El Reino Unido tiene vitales intereses geopolíticos en el Atlántico Sur, razón por la que, gracias a su poderío atómico y al de la OTAN, usurpa las Islas Malvinas, Sandwinch del Sur y Georgias del Sur, con proyección hacia nuestro sector antártico.

En nuestro país los araucanos –artificialmente denominados mapuches–, no sólo invadieron el sur argentino desde el siglo XVI sino que exterminaron a nuestros tehuelches patagónicos. En la actualidad reclaman tierras que no les pertenecen y desconocen nuestra integridad territorial como país soberano. El problema es más serio de lo que parece, está en juego nada más ni nada menos que nuestro patrimonio territorial. Por eso hoy más que nunca hace falta un gobierno auténticamente nacionalista que ponga fin a la inoperancia –cuando no la indiferencia– de los diferentes gobiernos locales de turno que de una u otra forma han relegado sistemáticamente los principios de Soberanía Política y de Defensa Nacional. Tomemos real conciencia del peligro mapuche en nuestra Patria, de cómo los poderes mundiales operan entre bastidores en claro perjuicio del Destino Nacional. ¡Despertemos!.




Artículo reactualizado aparecido originariamente en el periódico Bandera de agosto de 2016.

Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

29-08-2018

viernes, 17 de agosto de 2018

GENERAL SAN MARTÍN, PADRE DE LA PATRIA


En primer lugar es el Padre de la Patria porque defendió sistemáticamente el patriotismo argentino como valor absoluto en sí, como postura ante la vida, como cultura, como idea de fondo ante los inconvenientes que plantea la existencia humana. Y dentro de ese Ser Nacional defendió a capa y espada nuestros valores tradicionales y costumbres.

En ese Espíritu de Bien Común que siempre lo caracterizó la consecuencia lógica fue hacer causa común con el Federalismo Argentino, y en especial con el máximo defensor de nuestra Soberanía Nacional, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. El artículo 3° de su famoso testamento expresa: El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla”.

Fue el verdadero impulsor del Congreso de Tucumán en 1816, impregnando de heroísmo y de firme decisión a los diputados que allí asistieron en un momento sumamente difícil ya que parecía que nuestras armas se desmoronaban ante los españoles. Al defender una dignidad de Patria nos enseñó que debemos ser solidarios, trabajar incansablemente para que en la Argentina no haya un solo infeliz que sufra el desamparo y la desgracia. Y esto a pesar de los obstáculos, de los gobiernos indiferentes ante la desgracia social como el actual que tenemos o como los gobiernos insensibles unitarios sufridos por el Libertador y por los argentinos mismos de esa época.

San Martín nos da el claro ejemplo también de que no se hacen patriotas con discursos. De que se es verdaderamente nacionalista solamente por el alto grado de sacrificio que se está dispuesto a hacer por la Patria. Que para que exista un verdadero patriotismo se debe poseer una aguda sensibilidad social como él poseía de sobra; que debe haber un total desprendimiento de egoísmos sectoriales que nos haga ver que antes que nada primero está el Bien Común, la felicidad y el progreso de todo un Pueblo.

En segundo lugar es el Padre de la Patria porque siempre buscó la unidad de todos los argentinos. La buscó y en un momento muy difícil a nivel interno por la cruenta lucha entre unitarios y federales. Nunca participó en las guerras civiles del país, dedicando todo su esfuerzo en la liberación continental. En aras de un hermanado encuentro entre argentinos, en marzo de 1819 le escribió una carta al caudillo oriental federal José Gervasio Artigas, expresándole: “Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón. Paisano mío, hagamos un esfuerzo, transemos todo, y dediquémonos únicamente a la destrucción de los enemigos que quieran atacar nuestra libertad. No tengo más pretensiones que la felicidad de la Patria. Mi sable jamás se sacará de la vaina por opiniones políticas”.
 
Cuando se le ordenó desde el gobierno de Buenos Aires que suspendiera ni más ni menos que la campaña libertadora y regresara al territorio nacional, que pusiera al Ejército Libertador al servicio del centralismo oligárquico unitario y que solucionase como por arte de magia el enfrentamiento con el federalismo (sobre todo en el litoral), San Martín se negó rotundamente. Su pureza radicó en que nunca pensó derramar una sola gota de sangre entre argentinos. Hasta inclusive fue difamado por Bernardino Rivadavia, el hombre fuerte de los gobiernos reformistas de Buenos Aires en la década del ’20 y el tristemente célebre hacedor de nuestra primera e ignominiosa Deuda Externa contraída en 1824 con la banca financiera inglesa Baring Brothers.

En tercer lugar es el Padre de la Patria por los altos valores éticos y morales que siempre puso en práctica como Padre de Familia. En 1825 escribió un listado de consejos para su hija Mercedes, en donde volcó sus ideales educativos, su amor como gran padre: 1°) Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aún con los insectos que nos perjudican. 2°) Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira. 3°) Inspirarle gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto. 4°) Estimular en Mercedes la caridad a los pobres. 5°) Respeto hacia la propiedad ajena. 6°) Acostumbrarla a guardar un secreto. 7°) Inspirarle sentimiento de respeto hacia todas las religiones. 8°) Dulzura con los criados, pobres y viejos. 9°) Que hable poco y lo preciso. 10°) Acostumbrarla a estar formal en la mesa. 11°) Amor al aseo y desprecio al lujo.

El 24 de agosto es el Día del Padre en la provincia de Mendoza en honor precisamente de su futura compañera de exilio, su hija Mercedes Tomasa, quien había nacido en esa provincia en 1816. Más allá de las batallas y de las enfermedades, José de San Martín y su hija Mercedes permanecieron cerca aunque distara entre ellos cientos de kilómetros. Estuvieron siempre fuertemente unidos a través de una relación signada por el respeto y el cariño. La siempre agitada tarea del General no fue excusa para desentenderse de la educación de su única hija. Si bien se preocupó por formar a una ‘tierna madre y buena esposa’, no se olvidó de estudiar en detalle que conocimientos se le impartían a la niña. El Libertador no se cansaba de repetir que ‘sin educación no hay sociedad’, y este concepto se lo transmitió a su hija durante toda su vida.

En síntesis, en San Martín como Padre de la Patria se ve una actitud de servicio llena de máximo patriotismo; se ve una anhelada unidad nacional; una gran honradez y una gran ética por la educación y los altos valores morales que le inculcó a su hija. En estos tiempos de falta de valores morales, de televisión basura, de corrupción organizada, de desgobiernos, de cada vez mayor concentración de la riqueza en sanguijuelas mundialistas, de indiferencia ante los que más sufren y de servilismo ante los poderes mundiales, el Libertador nos deja como legado fundamental a todos los argentinos que debemos tener Dignidad.

Que debemos dejar de lado toda codicia materialista, todo egoísmo sectario, toda actitud burguesa y pasiva ante los graves y estructurales problemas que tenemos como país. Que debemos trascender como personas con Espíritu Heroico ante los problemas de la vida; que debemos conquistar un Señorío de lo Propio, ser independientes de toda forma de dominación extranjera.

La sanmartiniana Paz del Honor consiste en ejecutar la libre autodeterminación de nuestra Nación con respecto a los poderes financieros globalizantes y sus entreguistas locales de turno. Unión, esfuerzo, sacrificio, firmeza, iniciativa, desprendimientos, solidaridad, ética, moral libertaria. Ya lo decía con claridad meridiana el mismísimo Libertador al afirmar: “Para defender la causa de la Patria no hace falta otra cosa que Orgullo Nacional”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

17-08-2018