sábado, 2 de febrero de 2019

CASEROS, LA MAYOR TRAGEDIA POLÍTICA ARGENTINA


Cuando el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas había alcanzado el mayor de los prestigios, la mayor de las glorias –después de sus memorables triunfos contra la agresión colonialista anglo-francesa– comenzó a gestarse la coalición que finalmente habría de derrocarlo. Su caída política, producida el día 3 de febrero de 1852 en la batalla de Caseros, no debe interpretarse como una mera disputa interna por el poder.

Su derrocamiento fue planeado por el Poder Mundial del Dinero, y se orquestó a través de una coalición internacional encabezada por la diplomacia británica (conjuntamente con la Masonería Internacional), el Imperio del Brasil y el instrumento para esta acción, el General Justo José de Urquiza, por entonces gobernador de la provincia de Entre Ríos. Tanto la política exterior imperial brasileña como la británica coincidían en los intereses expansivos económicos y geopolíticos, y no descansaban en su intento de querer imponer la libre navegación de nuestros ríos como así también el sistema de libre cambio.

Ambas cancillerías utilizaron la astucia en el sentido de ganarse el apoyo de los enemigos internos de Rosas. Y la presa más codiciada fue el general Urquiza, que además de ser el gobernador entrerriano estaba a cargo de ejército más poderoso del que disponía la Confederación. Los unitarios le hicieron creer a este gobernador timorato y falto de carácter que la mayor de las glorias para la “civilización y el progreso” era derrocar a la primera magistratura nacional; que se debía actuar en nombre de una supuesta libertad.

La ambición personal de Urquiza de aliarse con los brasileños se debió a que Rosas había adoptado poner fin al espurio comercio que tanto había enriquecido al entrerriano. Urquiza traficaba con oro, transgrediendo la Ley Nacional de Aduanas y menoscabando de esta manera el Bien Común de los argentinos. Claro que encubrió sus verdaderas motivaciones alegando que se pronunciaba en contra del Restaurador para dar al país una constitución y para terminar con una “tiranía”.

De esta manera los acontecimientos se van a precipitar. En mayo de 1851 se firmó la alianza ofensiva/defensiva entre el Imperio del Brasil, el ilegítimo gobierno uruguayo de Rivera (quien había derrocado a su presidente legítimo Manuel Oribe) y la gobernación de Entre Ríos. La excusa de esta alianza fue querer pacificar al Estado oriental. Pero ninguno de los gobiernos provinciales respondió al llamado salvo Corrientes, provincia satélite de Urquiza. Esta actitud del gobernador entrerriano provocó en el país una gran ola de escándalo e indignación, en donde se lo acusó lisa y llanamente de traidor. Por consiguiente, el 18 de agosto de 1851 la Confederación Argentina le declaró formalmente la guerra al Imperio del Brasil. El 21 de noviembre de este mismo año se firmó en Montevideo la alianza entre el Brasil, Entre Ríos, Corrientes como agregada, y el Estado oriental para llevar adelante esta cruzada en nombre de una hipócrita libertad.

Urquiza concentró sus fuerzas en Gualeguaychú. Con la incorporación de sus ambiciosos aliados reunió en total 24.000 hombres, que en su vanidad lo denominó ‘Ejército Grande’, comenzando de esta manera el cruce del río Paraná. Tanto la caballada como el material bélico fueron transportados en navíos brasileños. Casi sin obstáculos prosiguió su marcha. El 31 de enero de 1852 el General Ángel Pacheco hizo retirar de manera inexplicable a sus 5.000 hombres –la columna vanguardia de la defensa – en lo que se conoció como Puente de Márquez, en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Según lo descripto por algunos historiadores en realidad Pacheco ya se había entendido de manera secreta con Urquiza.

La famosa batalla de Caseros –oeste del Gran Buenos Aires– se inició por la mañana del día 3 de febrero. La defensa nacional contó con 22.000 soldados más 60 cañones, aunque con muy poca munición. Fue un combate realmente encarnizado que se libró por espacio de dos horas, constituyendo los brasileños el verdadero y disciplinado ejército enemigo. Urquiza no ganó en Caseros, fue un simple conductor de las pocas tropas de caballería argentina que lo acompañaron en la deslealtad y en la traición. El verdadero vencedor en el campo de batalla fue el brigadier brasilero Marques de Souza. Es más, en Brasil se considera a Caseros como un triunfo propio, una suerte de desquite por la batalla de Ituzaingó librada el 20 de febrero de 1827.      

Rosas, que había presenciado la batalla a una cierta distancia, no tuvo más remedio que acatar el fallo adverso de las armas. Y seguido de unos cuantos fieles emprendió la retirada hacia la ciudad. Herido en su mano derecha y en las inmediaciones de la actual Plaza Constitución redactó su famosa renuncia a la Sala de Representantes. Luego se dirigió al corazón de la ciudad –cubierto con sombrero y poncho para no ser reconocido– y arribó a la residencia del inglés Robert Gore, el encargado británico de negocios en nuestro país, para luego partir definitivamente hacia Inglaterra.

Y lo que parece ser contradictorio no lo es en lo más mínimo. Lo suyo no fue un “exilio” como vulgarmente se sostiene. Fue una prisión disimulada en una granja de Southampton, donde vivió humildemente. Esta fue la estrategia inglesa conocida como deshacerse del enemigo permitiéndole escapar, estrategia que utilizaron muchas veces y en diferentes teatros de guerra. Vale decir, luego de ser derrotado en Caseros, Rosas tenía dos opciones: O entregarse a los unitarios para seguramente ser fusilado o entregarse al verdadero vencedor, Inglaterra. Lo suyo fue un destino obligado. Los ingleses lo “recibieron” para deshacerse de él en el sentido de tenerlo controlado en su propio país. Si lo mataban lo hubieran convertido en un mito. Y si el Restaurador hubiera ido a otro país se podía dar el caso hipotético de que regresara a la Confederación para retomar el poder.

La consecuencia más importante de la caída política de Rosas fue la disolución de un sistema político independiente de toda forma de dominación extranjera, estableciéndose en adelante diferentes gobiernos funcionales a los intereses geopolíticos colonialistas del Orden Mundial capitalista financiero en expansión. Vamos a dejar de ser una Nación Libre para convertirnos en una miserable colonia extranjera. El librecambio y la libre navegación de nuestros ríos van a estar a la cabeza como dogmas indiscutibles. A partir de entonces se comenzó a inventar un nuevo país. En nombre de la libertad de comercio se arrasó con las manufacturas criollas que tanto habían prosperado desde 1835 en adelante. Brasil sacó su enorme tajada al obtener las Misiones orientales, la libre navegación de nuestros ríos, la independencia del Paraguay (que Rosas sistemáticamente nunca reconoció por considerarla parte integrante del Virreinato), y la hegemonía sobre Uruguay y Argentina.

Se llevó adelante también una sistemática matanza de nativos, prevaleciendo lo que se daba a conocer como ‘inutilidad del criollo’. Era ni más ni menos que el efecto buscado por los liberales: Propiciar un rebaje psicológico y moral en el argentino mismo, acabar con la soberanía de lo propio, con la soberanía de lo autónomo, con el verdadero Arquetipo. En definitiva, esta fue la característica esencial de lo que vulgarmente se conoció como “período de la Organización Nacional”, que de nacional no tuvo nada, donde evidentemente nos organizarían pero con una mentalidad de colonia. Y todo ello en nombre de una civilización pero entendida como algo propio de extranjeros, de europeos, y entendiendo por bárbaro (en el mismo lenguaje liberal) todo aquello que era argentino y criollo. De la misma manera se empezó a considerar de tiránico al más popular de los gobiernos habidos en el siglo XIX, comenzándose también a denominar “democráticos” a los nuevos gobiernos post-Caseros que en verdad constituyeron verdaderas oligarquías que gobernaron de espaldas a los intereses de la Nación.

La batalla de Caseros fue la mayor calamidad política de nuestra historia. Sin lugar a dudas se frustraba el destino nacional. La Confederación Argentina respetada, gloriosa, fuerte, con su difícil unidad política lograda (y cuyo ejemplo más patente fue la resistencia al colonialismo extranjero) pasaba a ser un recuerdo melancólico. Comenzó a inventarse otro país conforme a los parámetros de la Masonería y del capitalismo financiero internacional. Una anti-Argentina, de espaldas a la Argentina real y en contra de su verdadero Ser. Un anti-Estado, como el actual que tenemos, que asegura el gobierno de los peores y la sumisión a la plutocracia capitalista.

Ese Espíritu de Libertad degradado es el que los argentinos debemos recuperar en la actualidad. Sin Soberanía Política ningún gobierno puede tomar decisiones plenas ni administrar justicia en base al Bien Común. La clave siempre estará en disponer de total libertad de acción. No estar manipulado por sectores concentrados de la economía o por cualquier forma de dominación extranjera (ya sea la dominación de tipo militar, ideológica, política, económica/financiera o cultural). Debemos volver a tener una Nación Grande, una Nación Fuerte e Independiente como en los tiempos de Don Juan Manuel de Rosas. Y que los cipayos y delincuentes que gobiernan hoy en día a la Argentina (que son del mismo linaje a los de Caseros) paguen por todo el daño hecho.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


03-02-2019

jueves, 17 de enero de 2019

EL FALSO HÉROE Y SU FALSA DOCTRINA


Ernesto “Che” Guevara es una suerte de “paradigma” de rebeldía juvenil que está estampado en infinidades de remeras que se venden, vaya paradoja, bajo el sistema capitalista. Se lo retrata como un revolucionario, como un luchador por la democracia y las libertades, algo así como un “mártir” del bien común social. Pero la realidad fue muy distinta ya que a través de sus teorizaciones se buscó la toma del poder en toda América Latina y de una manera totalmente violenta y sanguinaria: La lucha armada guerrillera buscó implementar a nivel continental una dictadura totalitaria marxista-comunista.

Fue el primero en América Latina que teorizó sobre el concepto de guerrilla, que según él mismo fue algo que surgió de la experiencia que tuvo junto a Fidel Castro durante la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista en Sierra Maestra, Cuba, y su consiguiente derrocamiento en enero de 1959. Guevara explica las premisas y principios fundamentales por los cuales se debe construir toda insurgencia guerrillera.

De sus teorizaciones se desprenden groseros errores (que a la larga pueden explicar su inevitable fracaso y fin en Bolivia en 1967). Siempre parte de una irreal situación política ya que sistemáticamente da una visión falsamente ideologizada y ajena al sentido común. En “Guerra de Guerrillas”, su principal obra, sostiene: “(…) Tres aportaciones básicas y fundamentales hizo la Revolución Cubana a la mecánica de los movimientos revolucionarios de América, son ellas: 1) Las fuerzas populares pueden ganar un guerra contra el ejército regular; 2) No siempre es necesario que se den todas las condiciones para la revolución, el foco puede crearlas; 3) En América subdesarrollada el terreno de la lucha armada debe ser fundamentalmente el campo”.

De su grosero análisis se desprende lo siguiente: Sin el apoyo total de una población (tanto campesina como urbana) el movimiento insurgente siempre se va a constituir en un grupo violento que va a matar ante la indiferencia o el odio general. Priorizar la guerrilla en el ámbito rural y subordinar las acciones urbanas como algo secundario (o en todo caso como apoyo a las primeras en hombres, pertrechos bélicos, agitaciones obreras y estudiantiles, etc.) también demuestra una gran falta de visión.

Según el guevarismo, se debe priorizar la lucha en el campo porque precisamente las condiciones de vida son más duras en cuanto a la explotación y la opresión, constituyendo los campesinos, así, el enorme potencial insurgente. Más aún, se establece que un enfrentamiento de fuerzas irregulares mezcladas con el campesinado y luchando en un hábitat natural hacen que las FFAA resulten a la larga impotentes. Pero hasta el trotskismo (más allá de lo aberrante como teoría) descalificó esa “tesis” de exportación para toda América Latina al establecer que en realidad son las masas populares las verdaderas protagonistas en vez de un foco guerrillero rural.

En “Crear Dos, Tres… Muchos Vietnam es la Consigna”, otra de sus obras de cabecera, Guevara nos ilustra cómo debe ser de “democrática” la esencia de la lucha guerrillera: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así”.

En cuanto a su “lucha” contra las dictaduras latinoamericanas lo que sistemáticamente se oculta es que según su concepción cualquier gobierno ubicado en las esferas del “capitalismo” era considerado una dictadura. Es decir, se debía llevar adelante el foco guerrillero y más allá de la índole del gobierno, así se tratare de una dictadura o de una democracia ultra-legalista. Es tal cual lo afirma en “Guerra de Guerrillas”: “No debemos admitir que la palabra Democracia utilizada en forma apologética para representar la dictadura de las clases explotadoras pierda su profundidad de concepto y adquiera el de ciertas libertades más o menos óptimas dadas al ciudadano. Luchar por conseguir la restauración de cierta legalidad burguesa, sin plantearse, en cambio, el problema del poder revolucionario, es luchar para retornar a cierto orden dictatorial preestablecido por las clases sociales dominantes”.

En definitiva, de una experiencia vivida en Cuba Guevara quiso torpemente generalizar una doctrina para ser aplicada a toda América Latina. No todos los países latinoamericanos eran Cuba ni mucho menos se daba el mismo proceso político y económico como para aplicarse esos “principios”. Inclusive en el triunfo de la Revolución Cubana hay mucha tergiversación. El enfrentamiento con las fuerzas de Batista consistió más que nada en escaramuzas y combates con un muy reducido número de bajas. Los soldados batistianos carecieron siempre de una moral de combate, no estando muy lejos de deponer las armas por arreglos económicos con el enemigo. Y de una guerra de estas características no se pueden deducir postulados básicos para encarar otras, y mucho menos a nivel continental.

La base de su doctrina es toda una vil falacia. El desgraciado recuerdo de las guerrillas marxistas con su impronta de odio, resentimiento, terrorismo y disfrazadas bajos los conceptos de “liberación” y de “amor a la humanidad” nos deja una lección más que clara. Nos permite ver como se puede luchar, como se puede matar y como se puede morir por una abstracción ideológica, por algo que no puede estar nunca plasmado por ser una utopía pura: El comunismo, tan irreal y falso como el Che Guevara.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


17-01-2019

martes, 15 de enero de 2019

LA REVOLUCIÓN CUBANA, SU LEGADO A 60 AÑOS


  El 1° de enero pasado se cumplieron 60 años del triunfo de la Revolución Cubana, sin lugar a dudas un acontecimiento de grandes repercusiones geopolíticas que marcó un antes y un después en toda la historia de América Latina. Con el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista, el 1° de enero de 1959, Fidel Castro Ruz deseaba construir “una nación más democrática, más próspera, más independiente y más justa”. ¿Es Cuba en la actualidad un Estado “socialista de trabajadores”? ¿Es un país soberano, con libertad política y justicia social tal como lo señala su Constitución?.

A la luz de los hechos desde 1959 a la fecha se reemplazó un régimen dictatorial pro-norteamericano por otro régimen dictatorial de corte comunista que sistemáticamente ha violado los Derechos Humanos. En Cuba no existe ni remotamente la libertad política como tampoco la libertad de expresión ni las elecciones libres. Toda voz disidente es barrida por el Partido Comunista, siendo el Estado totalitario quien controla y direcciona de manera omnipresente a la sociedad. A su vez, todo tipo de organización política por fuera del Partido Único está prohibida.


En el marco del “socialismo revolucionario” Cuba puso en práctica un modelo económico centralizado en donde el Estado es el propietario de prácticamente todos los medios de producción y en donde dirige el proceso productivo y la distribución en forma centralmente planificada. Basada en la mono-producción de azúcar, la isla se fue transformando casi desde los inicios de la Revolución en una economía totalmente dependiente de la Unión Soviética, fuertemente subsidiada para mantenerse a flote. El colapso de la URSS la obligó a buscar una mayor diversificación de su economía pero las ineficiencias de su modelo no le han permitido el progreso.

Una de las soluciones que se encontró para reemplazar la ayuda soviética fue la de los dólares del turismo extranjero (vaya paradoja). Y al dejar de recibir préstamos a largo plazo y con bajísimos intereses que la URSS le otorgaba automáticamente para cubrir su sistemático déficit comercial anual Cuba ha incumplido pagos con numerosísimos países, entre ellos con el Reino Unido, Francia, Bélgica, Canadá, España, Chile, Japón y México. A la fecha su escalofriante deuda externa con Rusia es de US$ 32,1 mil millones, con el Club de París (19 países) US$ 11,1 mil millones y con China US$6 mil millones, entre otros.

La Habana sigue dependiendo de ayuda extranjera para su estabilidad económica, hoy por hoy a través de fuertes subsidios del gobierno dictatorial comunista de Venezuela. Pero el rentable negocio del narcotráfico en Cuba fue ya desde principios de la Revolución algo más que auspicioso, manejado por un círculo cerrado de altos narco-funcionarios agrupados en torno al MINFAR (Ministerio de las Fuerzas Armadas) y el MININT (Ministerio del Interior). De esta manera se pudo consolidar el cartel de La Habana que nada tiene para envidiarle a carteles de la droga más conocidos como el de Medellín o Cali.

Desde los años ’70, bajo la responsabilidad de Raúl Castro y a través del MINFAR, se comenzó a preparar una gran infraestructura que iba a servir como centro de operaciones para el tráfico de drogas por toda Iberoamérica. Una de las principales bases se estableció en Cayo Largo (costa sur)  y posteriormente en Moa (provincia de Holguín). En esta última se encuentra instalada una de las plantas de procesamiento de drogas más importantes del mundo, construida con equipos provenientes de Alemania del Este para el procesamiento de cocaína y otras sustancias tóxicas. Este es el tan proclamado "territorio libre de América".

El régimen siempre se ha jactado por sus grandes logros en materia de salud pública y educación, en haber combatido el analfabetismo, la desnutrición, en haber aumentado el índice de esperanza de vida como así también en haber reducido la mortalidad infantil y el desempleo. Después del triunfo de la Revolución, Fidel Castro había iniciado un proceso para eliminar a los sectores medios y altos de la sociedad, principalmente a través de la tan mentada Reforma Agraria, que incluyó la nacionalización de empresas estadounidenses y la erradicación de la propiedad privada sobre los medios de producción. En su demagogia populista prometió que tras 20 años Cuba iba a tener un PBI superior al de EEUU y que iba a ser algo así como “la Suiza de América”. A los pequeños productores que se beneficiaron con la Reforma tampoco se les dio plena libertad puesto que el Estado fue siempre el que estableció qué producir y a qué precio.

De la Revolución no surgió el tan anhelado "Hombre Nuevo" proclamado por el Che Guevara ni mucho menos. De una incipiente “primavera comunista” a nivel social se pasó a un durísimo “invierno”. Si bien hubo importantes logros al comienzo -especialmente en el sistema de salud y educación- en los últimos 20 años esos avances no han sido perdurables. Ha habido un claro retroceso en muchos indicadores. Inclusive el hecho de que sistemáticamente miles de ciudadanos de la isla hayan estado dispuestos a subirse a balsas y otros objetos flotantes precarios para cruzar un mar infestado de tiburones y tratar de llegar como refugiados a EEUU es la evidencia clara de que la Revolución históricamente estuvo lejos de haber construido el tan mentado "socialismo de los trabajadores" como alguna vez se prometió.

A 60 años del acontecimiento que marcó un quiebre en América Latina, que inició un baño de sangre en América Latina en general y en Argentina en particular, en Cuba no hay libertades políticas ni existe la libertad de expresión. El estándar de vida de la población ha empeorado extremadamente con un increíble índice de pobreza actual del 90% y un salario mínimo en promedio de U$S 9. Su economía es dependiente del exterior e importa el 80% de su comida, incluido el azúcar.

Este es el tan afamado “paraíso socialista” de América Latina: Un Sistema en donde rige un capitalismo de Estado para hacer grandes negocios desde el poder; una cúpula narco-comunista que se beneficia ampliamente con el cartel de la droga cubana; un país ferozmente endeudado con la Usura Internacional y una población arrastrada al atraso, a la miseria y la postración… población anteriormente fusilada por los jerarcas de un claro régimen despótico-dictatorial.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

15-01-2019

domingo, 30 de diciembre de 2018

LUIS ALBERTO ROMERO, LOS DELIRIOS DE UN DEFORMADOR POR EXCELENCIA DE NUESTRA HISTORIA


Si hay un historiador que permanentemente fabula sobre el Nacionalismo y sobre nuestra Historia ese es sin lugar a dudas Luis Alberto Romero, una de las plumas indiscutidas del liberalismo masónico en la Argentina. El 9 de diciembre del 2014 se publicó en el diario Clarín un artículo de su autoría y bajo el pomposo título ‘Delirio nacionalista: el mito del combate de Obligado’ (www.clarin.com/opinion/combate-obligado-nacionalismo-malvinas-revisionismo-historico_0_HkZ8bKPqDXg.html). El argumento central para este deformador nato de nuestro pasado es que en Vuelta de Obligado “no se defendieron los intereses nacionales”, que “no fue una victoria nacional”, queel Nacionalismo festeja derrotas”, concluyendo que “el revisionismo concluyó convirtiendo la derrota en victoria”. A su vez exalta que “es un mito que Rosas haya combatido al imperialismo inglés”.

En este sentido afirma: “En el núcleo del mito está la idea de que en Obligado Rosas resistió al imperialismo y defendió los intereses nacionales. Es cierto que el gobernador de Buenos Aires enfrentó a la ‘diplomacia de las cañoneras’ y defendió la soberanía de su provincia. La tergiversación consiste en identificar esta forma de imperialismo, propia de mediados de siglo XIX, con la idea posterior de imperialismo –popularizada inicialmente por Lenin– que aplicada a nuestro caso identifica toda la relación anglo argentina con la dominación y la explotación”.

A su vez sostiene: “El punto central del mito reside en la idea de que allí se defendieron los intereses nacionales. Pero en 1845 la nación y el Estado argentinos no existían. Había provincias, guerra civil y discusión de proyectos contrapuestos, basados en intereses distintos. El Combate de Vuelta de Obligado, y todo el conflicto en la Cuenca del Plata, es un ejemplo de esas diferencias. Rosas aspiraba a someter a las provincias, incluyendo a la Banda Oriental y a Paraguay, cuya independencia no reconocía”. Estos argumentos son un verdadero disparate. En 1845 sí existía el Estado Argentino, con una primera magistratura que gobernaba conforme a una de las organizaciones políticas más trascendentales del siglo XIX, el Pacto Federal, ya establecido desde 1831 en adelante y en el marco de las guerras civiles que lamentablemente atravesaba el país.

Y en Vuelta de Obligado –que es lo que tanto le molesta a Romero– el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas sí defendió los intereses nacionales. Sino ¿qué sentido tuvo pelear nada más ni nada menos que contra los anglo-franceses? La agresión fue la consecuencia lógica de toda una política nacionalista desplegada desde 1835 en adelante y que chocaba abiertamente contra los intereses colonialistas de la época: La Ley Nacional de Aduanas; el sistema de exclusiva navegación; la liquidación del Banco Nacional (la principal entidad financiera del país administrada por la especulación y la usura inglesa); la fundación del Banco de la Provincia de Buenos Aires (que ponía el crédito en función de objetivos nacionales).

A lo anterior se suma el desarrollo de una política nacional agraria; el desconocimiento de la hipoteca a favor de los ingleses y que pesaba sobre nuestra tierra pública (como consecuencia de haber contraído nuestro país la primer deuda externa en 1824, en tiempos del unitario-liberal y pro-inglés Bernardino Rivadavia); la venta de tierras públicas detentadas por enfiteutas, concentradores y terratenientes siempre en relación con el capital británico (por negarse a pagar el doble de canon exigido por Rosas para renovar la concesión de sus tierras). En este sentido se había puesto en marcha un reparto más justo de tierras para la producción primaria.

A su vez, lo que el Nacionalismo reivindica de las acciones de Vuelta de Obligado es el hecho puntual y definido de la gesta heroica, la defensa de la Soberanía Nacional nada más ni nada menos que frente a las dos potencias más poderosas de la época, Inglaterra y Francia. Romero nos quiere hacer creer que fue “Obligado y nada más”, y que en consecuencia los argentinos somos tontos y “festejamos una derrota”. Esta explicación barata no resiste análisis: Vuelta de Obligado fue el comienzo de una serie de combates.

Luego de apoderarse de la entrada del río Paraná, la escuadra enemiga continuó su rumbo por el río estando ahora solamente reducida a 6 unidades de combate más 44 navíos mercantes. La increíble resistencia argentina prosiguió a lo largo de la costa con sendos cañonazos en Tonelero (al sur de San Nicolás), San Lorenzo (a la altura norte de Rosario) y Quebracho (al norte de San Lorenzo). Y lo peor fue la tortura del regreso por el río para arribar a Montevideo. En total quedaron incendiados siete barcos y los buques mercantes averiados hasta arrojaban sus mercaderías al agua.

Quebracho fue la última acción de resistencia, en junio de 1846. Y lo que pareció imposible, ocurrió: Un claro y contundente triunfo político de la Causa Nacional. Inglaterra firmó el tratado de paz con la Argentina el 24 de marzo de 1849, haciendo lo propio Francia el 31 de agosto de 1850. Muy a pesar de Romero, ambas potencias reconocieron ante Rosas la total independencia del país y saludaron el Pabellón Nacional con 21 cañonazos de desagravio.

En realidad Romero sabe perfectamente que representó Vuelta de Obligado, como así también quien terminó ganando la guerra en el marco de la brutal agresión anglo-francesa de 1845 contra la Confederación Argentina. El Revisionismo Histórico, serio y analítico, en ningún momento sostuvo que en ese combate hubo una victoria nacional, en absoluto. El tema es que Romero tiene como una suerte de problema patológico e irreversible con el Nacionalismo y con el Revisionismo, algo que permanentemente vomita y escupe. Lo suyo es sentirse acomplejado por algo que infinitamente lo supera. ¿Y qué es lo que lo supera? Precisamente ese Revisionismo que permanentemente ha buscado estructurar el relato del pasado argentino con un sentido de verdad y de coherencia.

Haciendo un paralelismo con la Guerra inconclusa de Malvinas, Romero cierra en su artículo: “Celebrar una derrota –como ocurre hoy en Malvinas– es la quintaesencia de nuestro enfermizo nacionalismo, soberbio y paranoico”. Claro, esa es la cuestión… la soberbia y la paranoia la encontramos en él. A pesar de su enfermizo prejuicio ideológico, Luis Alberto Romero tiene que saber que el Nacionalismo no festeja derrotas. Lo que el Nacionalismo y el Revisionismo Histórico hacen es reivindicar siempre la Defensa de la Soberanía Nacional, cuyos dos acontecimientos paradigmáticos sin lugar a dudas lo constituyeron Vuelta de Obligado y Malvinas.

Es decir, todos aquellos acontecimientos cargados de heroísmo que hicieron grande a la Nación, todas aquellas gestas que se libraron con la clara intención de luchar por nuestra Libertad y por nuestra Nación Soberana. Es tal como se lo manifestara el General Don José de San Martín al Brigadier General Don  Juan Manuel de Rosas en referencia al Combate de Vuelta de Obligado y en carta fechada el 10 de mayo de 1846, al sostener: “(…) En mi opinión, es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”.

Pero pretender que el historiador Romero reconozca esto del Nacionalismo es como pedirle a un burgués que comprenda que la Historia es un mandato de lucha para el presente. Luis Alberto Romero, los delirios de un deformador por excelencia de nuestra Historia. La mediocridad y el cipayismo intelectual al desnudo.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

30-12-2018

sábado, 29 de diciembre de 2018

FEMINISMO: LA IDEOLOGÍA DEL HEMBRISMO


  La Real Academia Española define al feminismo como “un principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”. Y sobre la base de esa igualdad el sociólogo feminista Michael Paul Johnson enfatiza que se busca “eliminar la dominación y la violencia de los varones sobre las mujeres”. Al fragor de ver lo que es el feminismo en pleno siglo XXI resulta imperioso reformular una definición y analizar varios de sus conceptos.

A lo largo de la historia las mujeres han obtenido numerosos logros. Al luchar por derechos civiles y políticos, el feminismo se ganó un lugar más que justo dentro de las demandas sociales a nivel mundial. Durante el siglo XIX y principios del siglo XX se luchó por la igualdad en referencia a derechos de propiedad y derechos dentro del matrimonio. Desde fines del siglo XIX la lucha se centró en la obtención de derechos políticos, básicamente el derecho al sufragio. Sin lugar a dudas conquistas nobles y más que auspiciosas. ¿Quién puede estar en contra de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres? ¿Cómo no mirar con buenos ojos el derecho de las mujeres a votar o a tener una misma remuneración que el hombre en el ámbito laboral?

Sin embargo, el feminismo hoy en día significa algo extremadamente distinto. A pesar de que hay muchísimas personas que siguen luchando por esa igualdad de oportunidades, ese feminismo primigenio en esencia ya no existe más. Vale decir, el feminismo hoy por hoy transmutó en una ideología radicalizada y anti-natural expresada desde lo socio-cultural y en muchos casos con muy fuerte respaldo político. Sus ideas rectoras giran básicamente en torno a la sexualidad, la reproducción, el aborto, el androcentrismo, el “patriarcado”, la “ideología de género” y la “liberación femenina”. De esta manera el feminismo derivó en hembrismo, en un machismo a la inversa. ¿Y cómo operó esta invisible transmutación? A través de la farsa dialéctica materialista marxista de opuestos irreconciliables.

De la lucha de clases entre patrones (opresores) y obreros (oprimidos) se pasó a una guerra de sexos entre hombres (opresores) y mujeres (oprimidas) como “motor de la historia”. Inclusive Friedrich Engels fue quien sentó las bases de la unión entre el marxismo y el feminismo tal como lo sostiene en su muy conocida obra “El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado”, escrita por el pensador judeo-alemán en 1884: “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino”

El feminismo como clara ideología hembrista-sexista va a parir de la mano de la escritora francesa feminista bisexual, escandalosa, promiscua y pederasta Simone de Beauvoir (1908-1986). Su obra “El segundo sexo” (1949) es una suerte de “biblia” para el movimiento feminista y fuente de inspiración para futuras referentes e ideólogas de esta expresión.​ Según las ideas de Beauvoir se debe partir de un categórico rechazo al hombre por la sencilla razón de que la mujer ha sido sistemáticamente reducida a un papel de sirvienta o esclava. Su célebre frase “la mujer no nace, se hace” dio inicio a la interpretación de que las personas poseen sexo no desde su nacimiento natural biológico sino a partir de una construcción social, a partir de cuando el hombre o la mujer quieran ser lo que les guste ser y en el amplio sentido de la palabra.

Al estar siempre  latente el de rechazo abierto al hombre, al encarnar el “mal” dentro de la sociedad, la derivación lógica de esta visión va a ser el fomento del lesbianismo, ya que en la visión de Beauvoir “la homosexualidad de la mujer es una tentativa, entre otras, para conciliar su autonomía con la pasividad de su carne. Y, si se invoca a la Naturaleza, puede decirse que toda mujer es homosexual por naturaleza”. Otra de sus ideas principales fue la amplia difusión que propagó sobre el aborto y la libre elección de la mujer a elegir, tal las tesis en su Manifiesto por el aborto legal” de 1971, en donde sostiene: “El aborto libre y gratuito no es nuestra única plataforma de lucha. Esta demanda es simplemente una exigencia elemental. Si no se la toma en cuenta, el combate político no puede ni siquiera comenzar. Recuperar, reintegrar nuestro propio cuerpo constituye para nosotras, las mujeres, una necesidad vital. De frente a la historia, nuestra situación es bastante singular: en una sociedad moderna como la nuestra, somos seres humanos a quienes se les prohíbe disponer de sus cuerpos. Una situación que en el pasado sólo los esclavos han conocido”.

La canadiense Shulamith Firestone (1945-2012) es otra de las grandes referentes del feminismo radicalizado, partidaria de la pedofilia, de la emancipación sexual desde la infancia. Su obra más conocida es “La dialéctica del sexo” (1970), en donde también sustituye la lucha de clases por la lucha de sexos. Según sus afirmaciones la maternidad representa la "opresión radical que sufre la mujer" y la “servidumbre reproductiva determinada por la biología". Su pedofilia feminista queda más que explícita en su famosa obra: “Si el niño puede elegir relacionarse sexualmente con los adultos, incluso si él debe escoger su propia madre genética, no habría razones a priori para que ella rechace los avances sexuales, debido a que el tabú del incesto habría perdido su función. (…) Las relaciones con niños incluirían tanto sexo genital como el niño sea capaz de recibir -probablemente considerablemente más de lo que ahora creemos-, porque el sexo genital ya no sería el foco central de la relación, pues la falta de orgasmo no presentaría un problema grave. El tabú de las relaciones adulto/niño y homosexuales desaparecerían”.

A su vez la expresión ‘patriarcado’ (otro enfoque esencial feminista) se debe a la escritora, cineasta, escultora y feminista estadounidense Kate Millet (1934-2017), la activista lesbiana que combatió abiertamente el amor romántico y cuyas ideas centrales se encuentran en su obra “Política Sexual” (1970). Para Millet, el patriarcado es el dominio del orden social por los hombres opresores y que se expresa de diferentes formas, configurándose en ello toda una “violencia simbólica” que estructura toda esa opresión varonil hacia las mujeres. Esta “violencia” se reflejaría desde lo sexual (y en el sentido de que sólo el placer es el de los hombres) pasando inclusive por el lenguaje al utilizarse palabras masculinas que incluyen o “subordinan” a las mujeres, como por ejemplo “ciudadanos”. Esta “opresión patriarcal” dio pié para el desarrollo del paradigma del "androcentrismo", es decir, la visión del mundo y de las relaciones sociales centradas desde un punto de vista masculino.

Queda claro que el sexo viene determinado por naturaleza, una persona nace con sexo masculino o con sexo femenino. Si partimos de la base de que el género es la construcción psicosocial del sexo, y que en definitiva esa construcción determina los diferentes comportamientos emocionales y naturales, las diferentes identidades propias del hombre y de la mujer (haciéndolo más diferentes que similares), para el feminismo el género pasa a ser la construcción misma del sexo y desde un componente cultural: El sexo ya no es un dato originario de la naturaleza sino lo que se siente llenar y darle sentido a la vida, un papel social del que se decide autónomamente.

El género como construcción social y no biológico es una de las contribuciones más importantes de la teoría feminista. Por consiguiente, esta “ideología de género” es una mera categorización social, una artificial y caprichosa “toma de conciencia” de valores y conductas que tira por tierra la natural construcción psicosocial del sexo biológico. La consecuencia lógica, tal como lo sostiene la feminista judía estadounidense Judith Butler, es que tanto “hombre” como “masculino” podrían aceptarse tanto en un cuerpo femenino como en uno masculino, y a su vez, “mujer” y “femenino” podrían aceptarse también para ambos cuerpos.

Bajo esta visión del género como construcción social se establece la idea de “violencia de género”. De esta manera se instala la idea-fuerza de que el hombre es agresivo y violento or naturaleza y que la mujer es pacifista y víctima indefensa. Con una pisca de sentido común siempre se va a concluir que la violencia se debe condenar en todo sentido, sean cuales fuesen las fuentes y las causas. Es más que justa la lucha por darle voz a los que sufren y padecen algún tipo de maltrato, como es el caso de las mujeres. Esto debe ocurrir siempre y cuando la justicia prime y se lleve a cabo un análisis y un proceso igualitario en todo aspecto. Pero esto es lo que precisamente no sucede y más que nada cuando vemos el bombardeo mediático demonizando al hombre. Esta es la clave para entender la trampa de la frase ‘Ni Una Menos’. La verdadera frase tendría que ser ‘Nadie Menos’: Ni mujeres, ni hombres, ni ancianos, ni niños, ni trabajadores ni estudiantes. En realidad todos somos víctimas de un sistema de degradación cultural siempre al servicio del Nuevo Orden Mundial. Se bombardea una y otra vez de que la “violencia de género” es unidireccional, solamente del hombre hacia la mujer.

Conclusión

El feminismo se ha alejado abruptamente de su primigenia y legítima igualdad entre hombres y mujeres, transmutándose en un sistema de creencias que distorsiona la realidad basada en la misandria y en la cultura de la victimización de la mujer. Por eso es la ideología del hembrismo, de un machismo a la inversa. Al establecer las bases del androcentrismo patriarcal (en donde supuestamente se oprime y se subyuga a las mujeres), el feminismo establece toda una histeria colectiva contra lo masculino. Po eso, al generar un odio visceral y una aversión hacia todo lo varonil o masculino se convierte en una misandria. ¿Se podría decir que mujeres poderosas en su momento como Margaret Thatcher, Hillary Clinton, Christine Lagarde o Ángela Merkel forman parte del “sexo oprimido” según las tesis feministas?.

En los primeros años de la década de 1990 el locutor de radio y comentarista estadounidense Rush Limbaugh popularizó el término peyorativo "feminazi", asociando de manera burda algunas corrientes feministas con un pretendido “nazismo”. Nada más alejado de la realidad que esto tanto desde lo ideológico como desde lo político y cultural. Se trata de la subversión cultural marxista, que tiene como objetivo dividir y fracturar a la sociedad a través de la fabricación de conflictos artificiales, en este caso conflictos abstractos sexistas entre los hombres y las mujeres. Conflictos que parten precisamente de la base de que la mujer es objeto persistente de opresión por parte del hombre y que la mujer misma no es diferente del hombre y que a su vez es capaz de desempeñar todas las funciones que éste realiza. O sea, es un movimiento que utiliza como pantalla una supuesta reivindicación de derechos de las mujeres para así esconder su verdadera naturaleza, la fabricación de conflictos artificiales entre hombres y mujeres como factor de división dentro de una Comunidad Nacional.

Detrás de la guerra de sexos del marxismo cultural, detrás del feminismo como ideología del hembrismo se encuentra la Escuela de Frankfurt, el germen antinatural y destructor de la vida de los pueblos, la gran usina ideológica-educativa y psicológica-propagandística del Nuevo Orden Mundial que opera para desarticular y dominar a los Pueblos desde sus mismísimos cimientos internos. Por eso se hace más que imperioso establecer las bases de un Nuevo Orden Social Patriótico para que ponga un real freno a este germen destructivo de la Familia, de la Tradición, de la Vida y de los sanos valores culturales.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

29-12-2018

lunes, 17 de diciembre de 2018

LA ESCUELA DE FRANKFURT, INSTRUMENTO PARA LA DOMINACIÓN CULTURAL


La “Revolución Cultural”

La Escuela de Frankfurt es el principal instrumento de imposición del Nuevo Orden Mundial para dominar, adormecer y manipular mentalmente a los pueblos desde lo educativo, psicológico, cultural y propagandístico. Para comprender a fondo este verdadero laboratorio de ingeniería social primero debemos partir de un concepto clave en el armado de la agenda mundialista, el marxismo cultural. Este concepto es fundamental, y como tal, nos muestra la esencia del actual Sistema plutocrático-capitalista de Dominación Mundial.

En tal sentido, Antonio Gramsci (1891-1937), fundador del Partido Comunista Italiano y uno de los pensadores marxistas más influyentes del siglo XX, sentó las bases al establecer una suerte de “revisionismo” dentro de los postulados doctrinarios del marxismo economicista clásico. Se trataba precisamente de “revisar” la teoría marxista ante el rotundo fracaso de la tan anhelada “revolución proletaria” que supuestamente iba a triunfar en Europa luego de finalizada la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

  Para Gramsci, la “superestructura” de una sociedad (que en el lenguaje común y corriente marxista vendría a ser “lo que oprime”) no es el sistema económico imperante como lo sostenía Kissel Mordechai (1818-1883), más conocido como Karl Marx, el ideólogo y pensador fundacional de la subversión materialista conocida como Comunismo. Por el contrario, Gramsci sostenía que dicha “superestructura” eran las tradiciones, las identidades y las culturas particulares de cada uno de los pueblos y en su visión eran las que generaban una determinada forma de economía. Por ende, para el triunfo de la tan anhelada revolución política marxista en Europa y Occidente, primero se debía combatir a la “verdadera superestructura”.

A este cambio de paradigma dentro del mundo marxista se le dio el nombre de Revolución Cultural, en esencia un conjunto de ideas subversivas anti-naturales elaboradas para atacar los valores tradicionales como la familia, la religión, la vida natural, la cultura y las identidades nacionales de los pueblos. Para el marxismo gramsciano el problema en sí era la civilización y la cultura occidental europea, lo que se va a considerar como algo "atrasado” y “opresivo". La táctica utilizada desde un primer momento será la infiltración silenciosa a través del control de los diferentes sistemas y niveles educativos, el arte, las editoriales y los medios de comunicación.

El nacimiento de la Escuela de Frankfurt

El aporte fundacional de Gramsci se va a consolidar con la creación del denominado Instituto de Investigaciones Sociales o Instituto para la Investigación Social (Institut für Sozialforschung), fundado el 27 de junio de 1924 en la Universidad de Frankfurt (Alemania), en plena República de Weimar. Un verdadero laboratorio subversivo de intelectuales neo-marxistas de renombre, lo que se conoció informalmente como Escuela de Frankfurt, bajo el patrocinio de los internacionalistas Georg Lukács y Félix Weil. Esta fue la gran usina a partir de la cual se pretendió llevar adelante una serie de cambios en masa en la sociedad, trasladando al marxismo desde lo estrictamente económico a lo cultural. Es que la Revolución Cultural gramsciana se la entendía como primordial a la hora de demoler a una sociedad desde sus mismos cimientos internos. Por eso nunca se dejaba de “teorizar” sobre los conceptos de familia, educación, autoridad, medios de comunicación, sexo y cultura popular.

Los principales referentes de la Escuela de Frankfurt (que fundamentalmente se desarrolló desde 1945 con la finalización de la Segunda Guerra Mundial) fueron: Max Horkheimer, Theodor Adorno, Erich Fromm, Herbert Marcuse, Jürgen Habermas, Walter Benjamin, Bertrand Rusell, Alfred Schmidt y Albrecht Wellmer, por citar a los más paradigmáticos. Todos internacionalistas. En la década del ‘30, los trabajos de Horkheimer, Adorno, Fromm y Marcuse culminaron en lo que se conoció como Teoría Crítica, un concepto que como tal apuntó básicamente a eso, a que la teoría es criticar. Y criticando cada uno de los aspectos, las características o instituciones de la sociedad occidental se podía fracturar a la sociedad misma desde sus cimientos espirituales, éticos, morales y naturales.

En 1933, con el ascenso al poder en Alemania del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP), esta Escuela neo-marxista emigró hacia la ciudad suiza de Ginebra, luego a París para posteriormente establecerse en Nueva York a través de la Universidad de Columbia que le dio cobijo, o sea, refugio en el tan “odiado capitalismo”. Sus teorías no sólo fueron aceptadas oficialmente por EEUU sino que hasta han logrado el financiamiento por parte de la Fundación Rockefeller. A su vez, Hebert Marcuse se convirtió en figura clave del Office of Strategic Services (OSS), el Servicio de Inteligencia de los Estados Unidos de América durante la Segunda Guerra Mundial, el antecesor de la Central Intelligence Agency (CIA). Y otros como Horkheimer y Adorno se trasladaron temporalmente a Hollywood para aplicar sus ideas en los grandes medios de comunicación y el cine.

Max Horkheimer se hizo cargo de la dirección de la Escuela de Frankfurt a partir de 1930, atrayendo a dos muy influyentes teorizantes del marxismo cultural: Theodor Adorno (1903-1969), sociólogo, filósofo y músico nacido en Alemania; y Erich Fromm (1900-1980), psicoanalista y filósofo también nacido en Alemania, ferviente defensor de la “liberación sexual” y de las políticas de género.

Hebert Marcuse

Sin lugar a dudas, el filósofo y sociólogo Marcuse (1898-1979), nacido en Alemania, fue uno de los más influyentes de la Escuela de Frankfurt, haciéndose miembro de la misma en 1932 y constituyéndose en uno de los grandes gurúes del auge y expansión de la denominada Nueva Izquierda en EEUU, en la década del ’60. Junto a Fromm desarrolló el “pansexualismo” de  Sigismund Schlomo Freud (1856-1939), más conocido con el nombre de Sigmund Freud, médico y psicólogo, creador de la pseudociencia que lleva por nombre psicoanálisis.

En su obra Eros y Civilización’, de 1955, no sólo condenaba cualquier restricción en el comportamiento sexual, sino que daba a entender que las personas eran neuróticas porque sus instintos sexuales estaban reprimidos. En su visión sólo se podía vislumbrar un futuro si se podía destruir ese orden represivo, liberando el eros, la líbido o deseo sexual para alcanzar así una sociedad de “perversidad poliforma” (según sus propias expresiones), vale decir, una sociedad con “satisfacción sexual” fuera del alcance de los parámetros sociales éticos y morales que la regulan. Esta idea abrió las puertas para el posterior desarrollo de la denominada ‘liberación gay’.

Para Marcuse se debía tener mucho sexo con muchas personas y todo el tiempo. La idea de liberación sexual se volvió muy popular sobre todo en las décadas del ’60 y ’70 entre los hippies y en los diferentes movimientos estudiantiles de izquierda. Estos planteamientos –junto con los de Fromm que sostenía que la masculinidad y la feminidad no son reflejos de diferencias sexuales biológicas naturales sino que el sexo está determinado por una construcción social– también fueron decisivos para sentar las bases de los posteriores movimientos feministas.

Siguiendo con Freud, se apuntó a masificar la idea de que se debía buscar el placer por el placer mismo, explotándose diferencias artificiales entre el sexo masculino y el sexo femenino, quebrándose las relaciones tradicionales entre el Hombre y la Mujer. También se apuntó a atacar la autoridad del padre, negar los roles específicos paternos y maternos, y hasta arrebatar a la Familia su derecho natural como principal educador de sus hijos. A su vez, suprimir toda forma de dominación masculina y declarar abiertamente que la mujeres son la ‘clase oprimida’ mientras que los hombres la ‘clase opresora’ (en lenguaje neo-marxista).

Las ideas marcuseanas influenciaron devastadoramente en millones de jóvenes a nivel mundial. Sus postulados también asentaron las bases del denominado Mayo Francés de 1968 y su famoso “prohibido prohibir”, un movimiento ideológico marxista generado en la Universidad de París y que se levantó sobre dos supuestos básicos: el fin del principio de autoridad y la superación de la moral “represora” tradicional.

Terrorismo intelectual y corrección política

En su ensayo ‘Tolerancia Represiva’, de 1965, Marcuse acuña un concepto clave, la tolerancia liberadora. Este concepto parte de la base de que se deben crear las condiciones óptimas para una tolerancia hacia la ‘izquierda’ (tal su terminología) y una intolerancia irrestricta hacia lo que él denomina ‘derecha’. La miopía de este intelectual consistió en caer en un reduccionismo simplista sobre la palabra ‘derecha’, ya que la entendía como todo aquello que se oponía a los postulados culturales de la Escuela de Frankfurt. Pero bien sabemos que ambos términos están perimidos hoy en día, y en nada se distinguen a los fines prácticos como usinas artificiales funcionales al Nuevo Orden Mundial.

Por su parte, en 1950 Adorno escribió su obra más influyente, La Personalidad Autoritaria, sosteniendo que el pueblo de Estados Unidos poseía muchos rasgos “fascistas”, y que todo aquel partidario de la tradicional cultura estadounidense era poco más que un desequilibrado mental. No es casual que los defensores a ultranza de la corrección política utilicen las habituales etiquetas o estigmatizaciones como “fascistas” o “ultraderechistas” hacia todos aquellos que simplemente piensan distinto. Vaya si el Nacionalismo Argentino lo ha sufrido en carne propia.

Se buscaba así que las sociedades pierdan su capacidad crítica ante el verdadero trasfondo de los problemas existenciales, que vivan estigmatizadas si contradecían los parámetros establecidos por la corrección política. Es ni más ni menos que la imposición cultural de la censura y del terrorismo intelectual. Esta ‘corrección política’ es lo que se puede observar en las diferentes Universidades de nuestro país, en donde nada se debe criticar si es políticamente correcto para el Sistema, y en cambio todo se puede y se debe criticar si es políticamente incorrecto para los deseos de los “Amos del Mundo”. Vale decir, criticar la ideología de género, el Feminismo, el Multiculturalismo, el Sionismo o los postulados de la Historia Oficial a través del Revisionismo Históricos es sinónimo de represalia. Por eso es aquí donde se aprecia con mayor nitidez el carácter totalitario y dictatorial del marxismo cultural.

Conclusión

La Escuela de Frankfurt, germen antinatural y destructor de la vida de los pueblos, es la gran usina ideológica-educativa y psicológica-propagandística del Nuevo Orden Mundial que opera para desarticular y dominar a los pueblos desde sus mismísimos cimientos internos. En la Argentina, las diferentes teorizaciones neo-marxistas se van a consolidar definitivamente con el advenimiento de la Republiqueta del 14 de Junio de 1982 y se van a afirmar aún más desde el régimen kirchnerista en adelante.

Y todo ello a través de diferentes políticas “educativas” como así también a través del control cultural de las escuelas, universidades y grandes medios de comunicación. El ejemplo más visible de todo ello es el conductor y productor televisivo Marcelo Tinelli, un ferviente exponente y lucrador de la frivolidad, la promiscuidad, el destape y el sexo como valor televisivo generador de rating, distinguido en el año 2014 como “Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires”. 

La consecuencia lógica lograda por el mundialismo globalizante –y su partidocracia sistémica siempre dócil–  es la descomposición de los valores éticos y morales, la consolidación de un nihilismo cada vez más angustiante, y por consiguiente, la falta de cohesión, la división y fracturación social, que es lo que lamentablemente sufre nuestra querida Patria.

¿Qué hacer entonces? En primer lugar debemos tomar una real conciencia sobre el estado de indefensión y de agresión externa sufrida a través de la explicada “infiltración silenciosa”. En segundo lugar comprometernos firmemente, día a día, con el Despertar de la Patria Grande, con la consolidación del Nacionalismo Social Argentino como única y verdadera alternativa en el poder.

Es que se es verdaderamente nacionalista solamente por el alto grado de sacrificio que se está dispuesto a hacer por la Patria. Debemos reafirmar un Nacionalismo Cultural Argentino, reivindicar a la Familia como pilar fundamental de nuestra comunidad. Ser firmes custodios de una Vida Natural, de una Identidad Nacional, de una Tradición y de una Cultura que nos es propia, de una Argentina para los Argentinos libre de toda forma de dominación extranjera.



Artículo aparecido originariamente en el periódico Bandera de octubre de 2016.

Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

17-12-2018