miércoles, 28 de agosto de 2019

ERNESTO PALACIO Y SU GRAN APORTE AL REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO


Docente, abogado, periodista, ministro y diputado nacional, fue uno de los historiadores más importantes surgidos de la Escuela del Revisionismo Histórico en nuestro país. Sin lugar a dudas una de las eminencias historiográficas más brillantes que ha batallado desde la honestidad intelectual con el fin de esclarecer sobre nuestro pasado nacional -tan tergiversado por la Historia Oficial- para así poder re-significar un presente.

Hijo de Alberto Palacio y de Ana Calandrelli, hermano del dibujante Lino Palacio, nació un 4 de enero de 1900 en el Partido de General San Martín. En 1919 ingresó a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires para estudiar abogacía, egresando en 1926. Enseñó Historia Antigua e Historia Argentina en la Escuela Comercial de Mujeres, entre 1931 y 1938; Geografía en el Colegio Justo José de Urquiza, e Historia de la Edad Media en el Colegio Nacional Bernardino Rivadavia, entre 1931 y 1955. En la función pública se desempeñó durante los años 1930/1931 como ministro de Gobierno e Instrucción Pública de la Intervención Nacional en San Juan.

En su obra “Alianza Libertadora Nacionalista” Edgardo Atilio Moreno expresa: “Estrictamente hablando, el nacionalismo argentino nació en 1927 cuando los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, junto con Ernesto Palacio y César Pico, entre otros, fundaron el periódico La Nueva República”. Sin lugar a dudas, y más allá de ciertos personajes oportunistas que no faltaron, este periódico sentó las bases de un nacionalismo embrionario, que con el paso de los años cobró mayor forma y consistencia desde lo doctrinario. La publicación llevaba por subtítulo “Órgano del nacionalismo argentino”, y el cuerpo estable de redactores estaba integrado por Rodolfo Irazusta como director, Palacio como jefe de redacción, Juan Carulla y Julio Irazusta como redactores permanentes

 Palacio escribió asiduamente en La Nueva República basando su línea de pensamiento en las ideas de Leopoldo Lugones. También editó el semanario Nuevo Orden, que tuvo su primera aparición en julio de 1940. A su vez fue uno de los fundadores del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, en 1938, y miembro de la Comisión Directiva del mismo. Posteriormente fue diputado nacional durante los dos primeros gobiernos peronistas, adhiriendo al Nacional-justicialismo y ejerciendo además la presidencia de la Comisión de Cultura.

A mediados de 1948 Palacio pronunció en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires su disertación El Realismo Político, que fue la base de su libro Teoría del Estado publicado un año después. En su visión, la realidad política es independiente de los sistemas de gobierno. Luego de preguntarse dónde se encuentra el poder y si en la monarquía la ejerce el rey o si en las democracias el pueblo, responde que “cualquier observador un poco atento de los fenómenos políticos deberá reconocer que la realidad histórica de los Estados rara vez corresponde a las categorías aristotélicas, y que hay aparentes monarquías absolutas que presentan rasgos acusados de oligarquía, democracias aparentes que son despotismos encubiertos, supuestas tiranías que se caracterizan por la debilidad del titular, instrumento dócil de camarillas militares o plutocráticas”.

Luego del Golpe de Estado que el 16 de septiembre de 1955 derrocó al General Juan Domingo Perón (la autodenominada Revolución Libertadora), fue proscripto y perseguido. Leopoldo Marechal, reconocido poeta, dramaturgo, novelista y ensayista argentino, autor de Adán Buenosayres, una de las novelas más importantes de la literatura argentina del siglo XX, describió al historiador revisionista como un “triunfante al haber impuesto su mentalidad a todo el mundo”. Palacio fue autor de La Inspiración y la Gracia (de 1929); El Espíritu y la Letra (de 1936); Historia de Roma (de 1939); La Historia Falsificada (de 1939); Catilina. La Revolución contra la Plutocracia en Roma (de 1945); Teoría del Estado (de 1949); y su Historia de la Argentina 1515-1938 (su obra cumbre que vería la luz en 1954).

En esta última y extraordinaria obra Palacio afirma de manera contundente: “La historia  ha de ser viviente, estimulante, ejemplarizadora, o no servirá para nada… Domina en nuestro país la falsa idea de una historia dogmática y absoluta, cuyas conclusiones deben acatarse como cosa juzgada, so pena de incurrir en el delito de leso patriotismo. Aquí se ejercita un verdadero terrorismo de la ciencia oficial, por medio de la prensa, la universidad y la enseñanza media. Su consecuencia es el estancamiento de la labor  histórica, cuyo corolario es un oscurecimiento cada vez mayor del sentimiento nacional, ya que las nuevas generaciones no encuentran, en el esquema heredado de sus padres y abuelos, los estímulos y lecciones que aquellos encontraron para la realización de su destino cívico…”.

En otro apartado de La Historia Falsificada señala: “La Historia convencional, escrita para servir propósitos políticos ya perimidos, huele a cosa muerta para la inteligencia de las nuevas generaciones. Ante el empeño de enseñar una historia dogmática, fundada en dogmas que ya nadie acepta, las nuevas generaciones han resuelto no estudiar historia, simplemente. Con lo que llevamos algo ganado. Nadie sabe historia, ni la verdadera, ni la oficial”.

Haciendo alusión a la Historia Oficial sostiene: “Fraguada para servir  a los intereses de un partido dentro del país, llenó la misión a que se la destinaba: fue el antecedente y la justificación de la acción política de nuestras oligarquías gobernantes, o sea el partido de la civilización. No se trataba de ser independientes, fuertes y dignos; se trataba de hacernos en cualquier forma, de seguir dócilmente las huellas de Europa. No de imponernos, sino de someternos. No  de ser heroicos, sino de ser ricos. No de ser una gran nación sino una colonia próspera. No de crear una cultura propia, sino de copiar la ajena. No de poseer nuestras industrias, nuestro comercio, nuestros navíos, sino de entregarlo todo al extranjero y fundar, en cambio, muchas escuelas primarias donde se enseñara, precisamente, que había que recurrir a ese expediente para suplir nuestra propia incapacidad. Y muchas Universidades, donde se profesara como dogma que el capital es intangible y que el Estado es mal administrador”.

Y siguiendo con La Historia Falsificada, y ante la disyuntiva de que debemos hacer, Palacio sostiene: “Hacer nuestro destino. Fácil es decirlo; pero, ¿estamos preparados para ello? Obrar sí, pero, ¿en qué sentido? Una nación obra válidamente en el sentido que la determina su propia índole, prescrita en su historia. Para hacer, hay que ser”. Es decir, desde un punto de vista filosófico, para el autor el problema de las cosas que hacemos siempre va a estar condicionado o subordinado por el problema de lo que somos. Y si no sabemos lo que somos es precisamente porque ignoramos muchas cosas y tal como él lo señala “porque se nos ha confundido deliberadamente sobre nuestros orígenes y no sabemos ahora de dónde venimos”.

Sin lugar a dudas su pensamiento fue muy iluminado, y como tal fue un eximio formador de la Conciencia e Identidad Nacional. Sus palabras cobran una vigencia total si analizamos la realidad actual de nuestro país. Ernesto Palacio falleció en la ciudad de Buenos Aires a los 78 años, un 3 de enero de 1979. Y al despedir sus restos mortales, el Dr. Julio Irazusta (otra de las grandes plumas prolíficas que ha dado el Revisionismo Histórico) lo calificó directamente como “el mejor dotado de todos los escritores de nuestra generación”. Vaya reconocimiento.

En estos tiempos de tergiversación historiográfica, de amarillismo y manipulación mediática, de cinismo y demagogia de la dirigencia política gobernante, de colonialismo hacia el Nuevo Orden Mundial y de historias falsificadas, el insigne historiador nos deja como legado un reencontrarnos a nosotros mismos a través de la comprensión de nuestro pasado nacional. Ya lo decía con claridad meridiana en su monumental obra Historia de la Argentina: “Este libro ha sido escrito con la preocupación obsesiva por nuestro destino. ¿Para qué, si no, serviría la historia? Cuando no se buscan en ella los signos de una vocación, queda reducida a simple pasatiempo erudito, o a pretexto de canonjías burocráticas. La función del conocimiento histórico consiste en iluminar los caminos del porvenir”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


28-08-2019

viernes, 19 de julio de 2019

JOSÉ MARÍA ROSA Y LA DIFUSIÓN DEL REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO


Abogado, historiador, diplomático y catedrático, fue una de las plumas más prolíficas de la Escuela del Revisionismo Histórico. Nació en la ciudad de Buenos Aires el 20 de agosto de 1906, en el seno de una familia tradicional. Su bisabuelo, Vicente Rosa, había llegado desde España en 1828 y se destacó como director de aduanas durante el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas (1829 – 1832). Fue nieto del Dr. José María Rosa, ministro de Hacienda del general Julio Argentino Roca durante su segunda presidencia (1898 – 1904).

José María Rosa residió en sus comienzos en la provincia de Santa Fe. En 1931 contrajo matrimonio con María Luisa Julia Delfina Bunge, con quien tuvieron tres hijos y una hija, José María, Eduardo Manuel, Juan Ignacio y Lucila. Dos años después se doctoró en derecho en la Universidad de Buenos Aires y bajo la tesis ‘Orígenes místicos del Estado’. En Santa Fe y junto a otros colegas fundó en 1938 el Instituto de Estudios Federalistas, dictándose conferencias y estableciéndose lazos con instituciones similares dentro y fuera del país, mostrando ya que se debía revisar la historia, como así también abordarla desde un costado social. Se destacó como docente secundario y universitario en diferentes cátedras de las universidades nacionales del Litoral (provincia de Santa Fe), para proseguir posteriormente en La Plata y Buenos Aires.  

El 8 de agosto de 1938 se fundó el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (institución oficial desde 1997 bajo el nombre Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas). En esta prestigiosa institución confluyeron intelectuales revisionistas de verdadero renombre: Julio Irazusta, Ernesto Palacio, Ramón Doll, Manuel Gálvez. Rosa colaboró desde 1941 en la revista de dicha institución como así también en diferentes publicaciones. Dictó varias conferencias, algunas de las cuales llevaron por título “Aniversario de la suma del poder público”; “Los jefes del partido popular: Soler 1815-1820, Dorrego 1820-1828 y Rosas 1829-1852” y “¿Por qué fue condenado Rosas?”. En la Revista del Instituto escribió entre otros artículos: “Don Bernardo de Irigoyen”; “Los heterodoxos argentinos: Pequeña biografía de Salvador María Del Carril”; “Rosas y la República Independiente de Río Grande (1836-1845)”.

Hacia 1945 se trasladó definitivamente a Buenos Aires, y luego de formar parte de la gesta nacional y popular del 17 de Octubre se enroló en la Alianza Libertadora Nacionalista, movimiento que apoyó al peronismo con una fórmula electoral propia. En 1951 asumió como presidente del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas y tres años después contrajo matrimonio con Ana María Rocca, con quien tuvo un hijo llamado Vicente.

Con el derrocamiento del General Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955 su labor docente fue abruptamente interrumpida expulsándoselo de sus cátedras. Formó parte de la Resistencia Peronista, siendo detenido por espacio de 70 días para luego formar parte activa del fracasado levantamiento cívico-militar del 9 de junio de 1956, razón por la cual se exiliará primero en Uruguay y luego en España. En la Memoria del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (Revista Nº 17, pp. 102-103) se hace una aclaración preliminar sobre la detención de Rosa y la persecución a esta entidad por parte de la dictadura pro-británica: “Debe decirse que le fue prohibido al Instituto la realización de sus conferencias, que las pocas que pudieron llevarse a cabo fueron atentamente controladas por la policía y que en determinados momentos se tuvo la sensación, la certeza casi, de que la entidad podría ser intervenida o clausurada. Cabe mencionar aquí la prisión a todas luces injusta de que fue objeto el presidente, Dr. Rosa, y que –como se desprende de lo públicamente declarado con posterioridad por él–, fue motivada exclusivamente por su posición personal en materia histórica… a partir de los últimos días del año 1955, las actividades del Instituto quedarán prácticamente reducidas a la sola atención del público y despacho de la correspondencia”.

Fue precisamente en el destierro donde se dedicó a seguir investigando sobre nuestro pasado nacional accediendo a diferentes archivos y bibliotecas extranjeras. Formó parte de la comitiva que acompañó al general Juan Domingo Perón en su regreso a la Argentina, el 17 de noviembre de 1972. Y tras la victoria electoral nacional-justicialista del 23 de septiembre de 1973, Rosa fue designado por Perón como embajador en Asunción del Paraguay. Luego del fallecimiento del presidente en ejercicio fue designado embajador en Atenas, cargo que ejercerá hasta el 24 de marzo de 1976. Con el advenimiento del auto-denominado ‘Proceso de Reorganización Nacional’ sus libros empezaron a ser retirados de las bibliotecas. Bajo este contexto va a fundar la revista nacionalista ‘Línea’, que se expresará como la única voz disidente en esos tiempos aciagos que asolaban al país y cuya frase de cabecera rezaba “la voz de los que no tienen voz”. Los militares buscaron todos los medios para acallarlo, desde el secuestro de la revista hasta innumerables juicios entablados en su contra.

Entre sus obras más destacadas se encuentran: “Defensa y pérdida de nuestra Independencia Económica”, una obra clave publicada en el año 1942 que contraponía los efectos negativos del liberalismo económico en nuestro país (liberalismo unitario y pro-inglés) con los efectos positivos del proteccionismo económico nacionalista en tiempos de la Confederación Argentina. En esa década del ’40 saldrían a la luz “Artigas, prócer de la nacionalidad”, un libro reivindicatorio del Protector de los Pueblos Libres (una de las figuras más eminentes que ha dado el proceso emancipatorio en el Río de la Plata). En la década del ’50 dejaría obras destacadísimas como “La misión García de 1815 ante Lord Strangford”; “El cóndor ciego”. Con su libro “La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas” Rosa va a ser muy conocido en Paraguay, siendo invitado a dar asiduas conferencias y asistir a eventos relacionados con el prócer Francisco Solano López. Otras de sus obras muy significativas fueron “Del municipio indiano a la provincia argentina”; “Nos, los Representantes del Pueblo” y “La Caída de Rosas”. Posteriormente daría a la luz “Rivadavia y el imperialismo financiero”. Su célebre “Historia de la Argentina” aparecería en trece tomos entre 1964 y 1980, siendo considerada una de las mayores obras monumentales que haya dado el Revisionismo Histórico Argentino.

José María Rosa murió el 2 de julio de 1991 en la ciudad de Buenos Aires. Fue una de las plumas más prolíficas y eminentes que ha dado el Revisionismo Argentino. De moral intachable, de porte inquebrantable, de compromiso firme y decidido para con los destinos políticos de la Argentina, fue un verdadero patriota de ley. ¿Cuál fue su mayor legado? En primer lugar haber trabajado con archivos y piezas documentales inéditas para la época, y a través de fuentes verídicas nos hizo ver que es fundamental para comprender nuestro pasado nacional develar la trama y el rol de los diferentes colonialismos de turno, como en su momento fue el caso de Inglaterra, Francia, Brasil y EEUU. En segundo lugar, contribuyó enormemente a la formación de una conciencia nacionalista en el ámbito político, económico, social y cultural, como así también fue un denodado defensor de unidad hispanoamericana.

En estos tiempos de tanto servilismo a los poderes mundiales –por obra y gracia de una partidocracia tan corrupta como entreguista– las obras historiográficas de José María Rosa cobran más vigencia que nunca. Es como lo señala con claridad meridiana en “Defensa y pérdida de nuestra independencia económica” cuando afirma: “Una de las curiosas paradojas del liberalismo es que sirvió para enajenar nuestra libertad. Ni la Argentina puede usar hoy, en pleno goce de su soberanía, ni los argentinos somos dueños de una parte suficiente, siquiera, de la riqueza de nuestra tierra. Dejando aparte las frases hechas ¿qué papel real desempeñamos nosotros en nuestra patria? ¿Tenemos en realidad patria?”.

Y como corolario final de esta esclarecedora obra sostiene: “En los años actuales comprendemos que es necesario, imprescindible, para mantener y consolidar la independencia política, que se haya logrado juntamente con la sana afirmación del espíritu nacional, una suficiente independencia económica. Todo lo demás es literatura”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


19-07-2019

domingo, 7 de julio de 2019

ADOLFO SALDÍAS Y EL INICIO DEL REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO


Adolfo Saldías nació en Buenos Aires un 6 de septiembre de 1849, tres años antes de la caída política del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires y en sus comienzos tuvo una formación liberal, muy a tono con el nuevo ordenamiento político post-Caseros.

En 1874 se recibió de abogado. En ese mismo año, con la sublevación militar del 24 de septiembre encabezada por Mitre por el resultado de las elecciones presidenciales que había dado el triunfo a Nicolás Avellaneda, se enroló en la Guardia Nacional contra los sediciosos, otorgándosele el grado de capitán de Compañía. En 1875 fue secretario de Educación trabajando al lado de Sarmiento y un año después fue electo diputado a la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires.

Nadie podía mínimamente imaginarse, por su formación liberal, que se transformaría en el primer historiador revisionista de nuestro pasado nacional. La denominada ‘Historia Oficial’ nace hacia la segunda mitad del siglo XIX bajo el auspicio de dos destacadas figuras de la Masonería Argentina, el ex presidente argentino Bartolomé Mitre y el abogado, político y diputado nacional Vicente Fidel López. Esta corriente de pensamiento historiográfico liberal se fue consolidando a lo largo del tiempo para luego “profesionalizarse” hacia principios de siglo XX a través de los historiadores Ricardo Levene y Emilio Ravignani, con la fundación de la denominada “Nueva Escuela Histórica”.

Saldías ante todo buscó la verdad, que es lo que naturalmente deben hacer los verdaderos historiadores, y no se dejó llevar por sus prejuicios ideológicos liberales del comienzo. En 1878 salió a la luz ‘Ensayo sobre la Historia de la Constitución Argentina’, en donde cabe resaltar una frase más que significativa de esta obra: “Si Rosas representó en el gobierno las aspiraciones de la mayoría de la provincia, se ésta se empeñó en mantenerlo en él, legalizando todos sus actos por medio de demostraciones de adhesión, que jamás prodigó a ningún otro gobernante, ¿la historia debe descargar sobre la cabeza de Rosas todas las acusaciones, todo el oprobio, toda la odiosidad que pueda inspirar la tiranía?”.

En 1881, a cuatro años de la muerte del Restaurador de las Leyes, aparecerá su obra clásica ‘Historia de Rozas y su Época’, libro pionero del Revisionismo Histórico Argentino. Con esta obra cumbre, fuente de inspiración de futuros historiadores honestos, se produjo la total evolución en el pensamiento de Saldías, tanto desde su honestidad intelectual como desde su concepción ideológica. Para elaborar su ‘Historia de Rozas y su Época’, en primer lugar el joven historiador se interesó por los archivos existentes en el país, archivos menospreciados por los que llevaron adelante desde lo cultural y propagandístico lo que se nos machacó una y otra vez como Historia Oficial. Tuvo acceso a colecciones periodísticas de ‘La Gaceta Mercantil’ y el ‘Archivo Americano’, como así también acceso a los Diarios de Sesiones de la legislatura rosista. Pero todo pegó un gran giro cuando pudo acceder al archivo del mismísimo Restaurador de las Leyes. Luego de la derrota nacional en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, Rosas se preocupó muchísimo por salvar su copioso archivo, seguramente con la idea fija de que los unitarios lo harían desaparecer o quemar.

Por tal motivo, en varios cajones hizo llevar toda su documentación -su único tesoro como él Restaurador diría- a la Legación inglesa de la calle Defensa, y luego de allí al buque ‘Conflict’ donde marchó finalmente a Inglaterra como ruta obligada. Después de su muerte, su gran archivo quedó en la casa de su hija Manuelita, en Londres. Y es precisamente en Inglaterra donde Saldías ha teniendo acceso al archivo personal que Rosas había traído consigo. De esta manera terminó de plasmar su famosa obra, el libro fundacional del revisionismo histórico de nuestro país.

En esos cajones se encontraban testimonios de primera mano, documentos muy valiosísimos, todas las cartas recibidas por Rosas: del Libertador José de San Martín, del General Alvear, de Lord Palmerston (Primer Ministro del Reino Unido hacia mediados del siglo XIX), de Manuel de Sarratea, Manuel Oribe, etc. etc. También contó con los borradores de las notas oficiales, de los mensajes, notas diplomáticas; informes reservados de sus ministros en Londres, París, Washington y Río de Janeiro; como así también informes reservados de la policía. Todo cuidadosamente clasificado por años y materias, en sus correspondientes carpetas y legajos, de acuerdo al meticuloso orden que siempre ponía en práctica Rosas.

En 1887, durante la presidencia de Miguel Juárez Celman, apareció el tercer y último tomo de ‘Historia de Rozas y su Época’. Y cinco años después, en plena represión al naciente radicalismo, bajo la presidencia de Carlos Pellegrini, la obra fue reeditada en su versión definitiva de cuatro volúmenes, con la denominación consagratoria de ‘Historia de la Confederación Argentina’. Como dijera con claridad meridiana Julio Irazusta “la historia de Rosas esclarecida por Saldías iluminó la historia argentina para acá de 1852.  Las consecuencias de Caseros se nos mostraron en perfecta relación del efecto con su causa en el desarrollo posterior del país”.  Esto quiere decir que don Adolfo fue el modelo del intelectual comprometido, y como tal, fundador de la escuela científica del revisionismo histórico.

Falto de prejuicios, Saldías le envió un ejemplar de su obra cumbre al mismísimo Bartolomé Mitre, que fiel a su colonialismo cultural, le respondió de manera lapidaria condenando su trabajo y sus conclusiones. La prensa ocultó el libro a conciencia, limitando enormemente su publicación. Lo único que debía prevalecer era la Historia Oficial mitrista, y así Saldías fue prácticamente condenado a la muerte civil desde lo historiográfico. A pesar de todo ello prosiguió adelante con el esclarecimiento de nuestro pasado dando luz a más obras y llevando adelante una intensa labor periodística.

Participó activamente en la Revolución del Parque, la insurrección cívica-militar contra el régimen oligárquico que estalló el 26 de julio de 1890, dirigida por la naciente Unión Cívica Radical liderada por Leandro N. Alem. Fue uno de los primeros en entrar al Parque de Artillería junto a Alem, siendo posteriormente detenido y desterrado a Uruguay. Además fue uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical en 1891, y volvió a ser parte de una insurrección armada en la Revolución radical de 1893, siendo nuevamente detenido, encarcelado en Ushuaia y nuevamente desterrado a Uruguay. En 1898 fue Ministro de Obras Públicas y en 1902 Vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, acompañando a Marcelino Ugarte. Posteriormente se incorporó a la Cámara de Diputados de la Nación, y no obstante su inmensa actividad política no dejó de lado su labor historiográfica e investigativa, por ejemplo publicando “La evolución republicana en la Revolución Argentina”. Falleció el 17 de octubre de 1914 en La Paz, Bolivia, a la edad de 65 años, rindiéndosele honores oficiales al arribar sus restos a la ciudad de Buenos Aires.

Sin lugar a dudas, su mayor legado fue marcar el inicio del esclarecimiento de nuestro pasado nacional, poder comprometernos con nuestra Historia para darle sentido a nuestras acciones del presente, esclarecer con la verdad y sin ningún tipo de prejuicios o amarillismos ideológicos. Lo que vale decir realizar un esfuerzo sincero y obstinado para conocer la verdadera grandeza de nuestro Ser Nacional a pesar del colonialismo cultural cipayo que sigue vigente en la actualidad.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


08-07-2019

domingo, 30 de junio de 2019

EL REVISIONSIMO HISTÓRICO ARGENTINO Y SU VIGENCIA EN LA ACTUALIDAD


El Revisionismo Histórico es una corriente historiográfica de reinterpretación de la Historia, una escuela de revisión de diferentes procesos históricos tanto a nivel mundial como argentino. Busca esclarecer y poner mucha luz sobre diferentes procesos del pasado, siempre tergiversados o silenciados por la denominada “Historia Oficial”. Y dicha corriente revisionista tiene hoy en día una difusión cada vez mayor tanto a nivel internacional como en nuestro país.

La Historia siempre nos debe servir para comprender cabalmente un pasado y así poder resignificar un presente. Si se la falsifica es precisamente para favorecer (directa o indirectamente) a todo un Sistema o Régimen de Dominación ajeno a los intereses del Ser Nacional. Es decir, esconder toda una realidad a través de la enseñanza educativa y de los medios propagandísticos. En tal sentido, el revisionismo argentino siempre buscó estructurar el relato del pasado argentino con un sentido de verdad y de coherencia para devolver al pueblo una conciencia y un alma perdida.

En nuestro país hubo verdaderas eminencias historiográficas revisionistas, verdaderas mentes prolíficas. Los referentes más paradigmáticos fueron Adolfo Saldías (considerado el pionero del revisionismo argentino); José María Rosa (de extensa trayectoria y uno de los más referenciales); Ernesto Palacio; Julio Irazusta; Carlos Ibarguren; Federico Ibarguren; el padre Castellani; Jaime María De Mahie (de por sí con obras muy abarcativas sobre religión, raza, biopolítica, política, sociología y economía, siendo además muy influyente en su momento en el Movimiento Nacionalista Tacuara y posteriormente en CEDADE); Manuel Gálvez; Raúl Scalabrini Ortíz y Arturo Jauretche entre otros. 

Entre 1881 y 1883 Adolfo Saldías publicó “Historia de la Confederación Argentina”, una obra clásica sobre el período de gobierno del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. En 1927 los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, junto con Ernesto Palacio, fundaron el periódico “La Nueva República”. Pero es a partir de los años ’30 cuando las ideas y los proyectos nacionalistas comenzaron a incidir fuertemente en la vida política y cultural de la República Argentina.

Durante esta década se publicaron obras muy destacadas como “Juan Manuel de Rosas. Su vida, su tiempo, su drama”, de Carlos Ibarguren, un libro muy esclarecedor sobre la figura del Restaurador. Los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta publicaron “La Argentina y el Imperialismo Británico”, una obra clave que denunciaba el humillante pacto Roca-Runciman, un verdadero acto de vasallaje económico de la Argentina hacia Inglaterra (mayo de 1933), esclareciéndose además sobre una serie de traiciones que habían comenzado con el ministro Bernardino Rivadavia y la primer deuda externa contraída por nuestro país con la financiera inglesa Braring Brothers (1824).

A fines de los años ’30 también vería su aparición “La Historia Falsificada” de Ernesto Palacio, una obra donde se demostraba con criterio investigativo que la realidad del país había sido falseada por la “historia oficial”. Años más tarde aparecería su monumental “Historia de la Argentina, 1515-1938”, un libro clave y de muchísima repercusión.

El 8 de agosto de 1938 se fundó el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (institución oficial desde 1997 y bajo el nombre Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas), donde confluyeron intelectuales revisionistas de renombre: Julio Irazusta, Ernesto Palacio, Ramón Doll, Manuel Gálvez y José María Rosa, este último presidente del Instituto en 1951 luego de formar parte del mismo en 1941 como colaborador de la revista de dicha institución.

Un párrafo aparte merecen sus obras, de por sí muy extensas. En la década del ’40 José María Rosa publicará “Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica”, una obra clave que contraponía los efectos negativos del liberalismo económico en nuestro país (liberalismo unitario y pro-inglés) con los efectos positivos del proteccionismo económico nacionalista en tiempos de la Confederación Argentina. A su vez “Artigas, prócer de la nacionalidad”, será un libro reivindicatorio del Protector de los Pueblos Libres (una de las figuras más eminentes del proceso emancipador). En la década del ’50 dejaría obras importantísimas como “Nos, los Representantes del Pueblo” y “La Caída de Rosas”. Su célebre libro “Historia de la Argentina”, de trece tomos y aparecida entre 1964 y 1980, es considerado directamente una de las mayores obras monumentales que haya dado el revisionismo argentino.

Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche fueron dos personalidades destacadísimas del movimiento yrigoyenista-nacionalista FORJA (Fuerza Orientadora Radical de la Joven Argentina, un movimiento que después va a confluir en el Nacional-justicialismo). El primero publicó, iniciándose la década del ’40, su muy destacada “Historia de los Ferrocarriles Argentinos”, donde se demostraba y se denunciaba toda la estructura imperialista pro-inglesa montada en la Argentina con el desarrollo del ferrocarril y bajo la consolidación del modelo agro-exportador de materias primas desde la segunda mitad de siglo XIX. Jauretche (fundador de FORJA) también dejaría obras de renombre entre los ’50 y ’60: “Los Profetas del Odio y la Yapa”, “Política Nacional y Revisionismo Histórico”, “Forja y la Década Infame”, “Manual de Zonceras Argentinas”.

Es innegable que hoy en día convivimos con dos historias, la oficial internacionalista –de izquierdas y derechas– y la revisionista de corte nacionalista. Cada una de ellas con sus propias jerarquías de valores a la hora de dar a entender los diferentes procesos históricos del país. Y así como en la actualidad existen dos historias también existen dos Argentinas, la liberal-masónica-partidocrática extranjerizante, y la de integración con toda la Comunidad Nacional, la que ve un Destino, una empresa colectiva siempre en marcha, una misión en la historia, una misión en lo universal, anhelos afectivos y espirituales, sueños y esperanzas de dimensiones míticas.

O somos para siempre una Nación con un claro destino de grandeza o nos quedamos eternamente en el chiquitaje del coloniaje mental, en lo dependiente y materialista. Prescindir de la verdadera Historia de un Pueblo (como lo hace la “Historia Oficial”) es algo así como separarse de un Espíritu, de un Yo Despierto. Revisar la Historia y reinterpretarla significará siempre encontrar aquellas herramientas que nos permitan comprender el presente para así construir el futuro. Ya lo decía con claridad meridiana Platón: “El precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

30-06-2019

domingo, 16 de junio de 2019

MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES, LA PATRIA GRANDE


Es un hecho realmente inédito para la historia de las Armas de la Patria que un buque de guerra sea tomado por una partida de caballería. Al caer la tarde del 12 de agosto de 1806 (Día de la Reconquista de Buenos Aires), el joven Martín Miguel de Güemes, al mando de un grupo de jinetes montados tomó la fragata inglesa “Justina”, de 26 cañones, que por la bajante de las aguas había quedado varada en el río.

En el marco del proceso político revolucionario iniciado con la Gesta de Mayo se incorporó al ejército partriota y se le destinó al Alto Perú, formando parte de las tropas que combatieron contra las fuerzas realistas en la famosa batalla de Suipacha (actual Bolivia), el 7 de noviembre de 1810. Una batalla que significó el primer triunfo de los ejércitos argentinos en la Guerra de Indepenencia contra España. Hacia 1815 volvió a su Salta natal organizando a su pueblo en la resistencia a los ejércitos realistas. El 15 de mayo de ese año fue electo gobernador de su provincia, cargo que ejercerá hasta 1820. Reconociéndosele su arrojo en el combate, el flamante Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón lo ascendió al grado de coronel mayor. Y el General San Martín –por los valores militares demostrados– le confió la custodia de la frontera del nor-oeste de nuestro país.

Producto del accionar de sus gauchos milicianos la situación se tornaba cada vez más difícil para el jefe de las fuerzas realistas, el general Joaquín de la Pezuela. La táctica era el hostigamiento y el acoso permanente hacia el enemigo, lo que se conoció popularmente con el nombre de guerra de guerrillas. Sin embargo la situación tampoco era nada fácil para las armas patrias. Hacia principios de 1817 el Mariscal realista José De la Serna planeaba una poderosísima invasión a Salta, y con un experimentado ejército de más de 5.000 hombres, vencedores en su momento de Napoleón. Pero Güemes se puso a la altura de la Historia. Organizó a la provincia en pie de guerra, con un verdadero ejército popular en partidas de no más de veinte hombres.

El 1° de marzo de 1817 Güemes logró recuperar Humahuaca y se dispuso a esperar la invasión, siempre con la táctica del hostigamiento permanente e inesperado hacia el enemigo, su ya famosa y legendaria guerra de guerrillas. Las fuerzas del realista de De La Serna llegaron a Salta el 16 de abril de 1817, y en este sentido el boicot de la población salteña fue algo absoluto, sufriendo el enemigo permanentes ataques relámpago. Esto generó preocupación y desmoralización en los invasores, y como consecuencia de la victoria de San Martín en Chacabuco (Chile), De la Serna decidió emprender la retirada hacia el bastión realista del Alto Perú.

Hacia marzo de 1819 se produjo una nueva invasión realista. Güemes se preparó nuevamente para resistir sabiendo que no iba a contar con el apoyo de Buenos Aires por las miserias políticas que rodeó al nuevo Director Supremo de las Provincias Unidas, José Rondeau. La prioridad de Rondeau no era la Guerra de Independencia contra los españoles sino poner fin al modelo patriótico y federal artiguista en la Banda Oriental. A pesar del desprecio del Directorio unitario de Buenos Aires, a pesar de los campos arrasados, a pesar de la interrupción del comercio con el Alto Perú producto de la interminable guerra, a pesar de las lágrimas, de las agonías que había que soportar en Salta, de la miseria generalizada, el prestigioso caudillo y gobernador salteño siguió resistiendo con Honor.

Hacia febrero del año ’20 el general realista Canterac ocupó Jujuy y a fines de mayo logró tomar la ciudad de Salta. El Héroe resistió una vez más y con el espaldarazo que le había dado San Martín al nombrarlo desde Chile General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú. Canterac terminó como De La Serna: Se tuvo que retirar con su ejército hacia el Norte.

En el marco de las guerras civiles entre unitarios y federales, las divisiones internas en Salta debilitaron el poder de Güemes, facilitando la penetración española en territorio norteño. De manera miserable los sectores poderosos de esta provincia no dudaron en ofrecer su colaboración al enemigo con tan de eliminar al Líder popular. José María Valdés, coronel salteño a las órdenes del ejército español, avanzó con sus hombres y ocupó Salta el 7 de junio de 1821. Valdés contó con el apoyo de los terratenientes salteños. Güemes se refugió en la casa de su hermana Magdalena Güemes de Tejada, "Macacha", y al escuchar unos disparos decidió escapar a caballo. En la huída recibió un balazo en la espalda. A pesar de ello siguió con una increíble y altísima moral de combate, ya que si bien llegó gravemente herido a su campamento de Chamical intentó preparar nada más ni nada menos que la novena defensa de Salta, reuniendo a sus oficiales, transfiriendo el mando y dando las últimas instrucciones.

Murió el 17 de junio de 1821, con tan sólo 36 años de edad,  en la Cañada de la Horqueta, cerca de la ciudad de Salta. Apenas unas semanas después de su muerte, sus hombres obligaron al ejército español a evacuar Salta. La Guerra Gaucha seguía en pie. Fue la última invasión realista al norte argentino, con lo que Güemes —aunque no llegó a verlo— finalmente venció a sus enemigos.

De esta manera se iba para siempre un verdadero Arquetipo de la Patria, un verdadero Héroe de la Independencia Nacional cuya actuación fue realmente crucial: Sin su tenaz resistencia en el nor-oeste argentino no hubieran sido posibles las campañas libertadoras del General San Martín. Ante un nuevo aniversario de su muerte… ¡Gloria eterna al Líder y Conductor de la Guerra Gaucha! ¡Gloria eterna Martín Miguel de Güemes!





Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

16-06-2019

jueves, 30 de mayo de 2019

El ARTE EN LA COSMOVISIÓN NACIONALISTA


Arte es un concepto que en principio engloba todas las creaciones realizadas por el ser humano para expresar una visión sensible acerca del mundo, tanto real como imaginario. Mediante recursos plásticos, lingüísticos o sonoros, permite expresar ideas, emociones, percepciones y sensaciones.
¿Cuál debe ser el fin de una obra artística según la cosmovisión nacionalista? Ni más ni menos que saber transmitir elevados sentimientos humanos y con ello poder enriquecer una personalidad individual pero no en un sentido individualista sectario, sino en un sentido de integración social en el marco de una Comunidad Nacional Organizada y con un claro Norte a seguir.

Para el Nacionalismo (y ante tanta actividad degenerada, destructiva y disolvente que se observa hoy en día en la vida de los Pueblos), Arte es toda aquella manifestación que a través de su plasmación en la arquitectura, la escultura, la pintura, la música y la literatura genera una elevación espiritual al reflejar una sensibilidad por lo trascendental, lo superior, lo noble, lo estético, lo arquetípico y lo bello.

Por ende, toda Obra de Arte que no implique esa elevación espiritual mencionada, que vaya en un sentido contrario (como por ejemplo un cuadro que refleje la pobreza o la lucha de clases economicista marxista), no es Arte, o en todo caso es ‘arte decadente’.

Tampoco se debe confundir Arte con Política en el sentido de que sirva como herramienta de propaganda. Si para el Nacionalismo la economía es una herramienta, un mero instrumento al servicio de la política y la política debe estar al servicio del Estado para así volcarla hacia los intereses y la grandeza de la Patria, la acción política para con el Arte se la debe entender como servicio en su fin ulterior, en la plasmación de la elevación espiritual mencionada.

No caben dudas de que existen artistas geniales como así también mediocres, pero el Arte en sí no debe tomarse como una actividad individualista ya que es tan importante la creatividad del artista como la recepción, lo que se quiere transmitir como lo que se percibe con eso que se quiere transmitir.

En ese sentido no se trata de imponer o de actuar selectivamente ante un determinado estilo artístico por meras simpatías personales hacia un autor o por afinidades políticas, sino juzgar el estilo en base a su verdadero valor intrínseco.

El Nacionalismo no plantea bajo ningún punto de vista un Arte como mera herramienta o propaganda política ni busca convertir al artista en un funcionario a sueldo del Estado, sino que plantea un Arte independiente o en todo caso que tal mensaje coincida con la elevación espiritual del Pueblo, lo que todo Estado nacionalista debe fomentar y desarrollar.

El propósito del Arte en el ideario nacionalista siempre va a ser la ELEVACIÓN ESPIRITUAL DEL PUEBLO a través de su innata riqueza cultural, a través de los nobles sentimientos que se desean transmitir y a través de una forma concreta de expresarse.


Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

30-05-2019

lunes, 6 de mayo de 2019

DARWIN PASSAPONTI EN LA POESÍA


A Darwin Passaponti

Mi alma quiere sangrar. Tú, Passaponti,
le agrandas su infinito de tristeza:
tristeza de mirar tus años mozos
volcando sobre su fogón sobre la acera,
tristeza de querer a la Argentina
con magnitud de tierra,
tristeza de que te hayas ido solo
sin llamarnos contigo a la pelea.

Mi alma quiere sangrar, pero la Alianza
me enjuga esta canción con su bandera.

Ibas buscando Patria, Passaponti,
ibas buscando sí, la Patria Nueva,
Nueva y Vieja a la vez como la sangre,
la Patria que nos quema,
como un carbón prendido y sin ceniza,
la que quiere pureza y que pelea.

Era noche de octubre,
noche de primavera,
la avenida de Mayo estaba limpia
y se oían las voces de la tierra,
y en otras calles aguardaban hombres
que pedían el agua de una puerta.

Era noche de octubre,
noche de primavera:
el plomo comunista, Passaponti,
más rojo se volvió bajo tus venas.

Mañana, bajo el sol de los estíos,
te daremos la Patria que hoy esperas,
la que vamos haciendo como un surco
lleno de trigo fiel y sangre recia.

Mañana sí, y tal vez desde la Gloria
con otros camaradas de la tierra.
Mañana, cuando el lino sea argentino
y la noche y el yunque y los poemas.

Tacuara - Vocero de la UNES, agosto de 1946, pág. 18.


Recordando a Darwin Passaponti

¿Qué es es reflejo que en el cielo patrio
vemos que se extiende despejando sombras?
¿es acaso el fuego celestial y sacro,
o quizá la muerte, o quizá la gloria?

¿O quizá una estrella solitaria y nueva,
o tal vez un astro soñador, viajero?

¿O es una esperanza pura cual diadema
o es un alma augusta que se eleva al cielo?

¡Es el alma magna del que murió héroe!
¡Es la gloria pura del que salvó el alma!
¡Es la luz señera del que tuvo temple!
¡Es la sangre pura convertida en savia!
Es la brava esencia de la nueva raza,
Sangre y heroísmo, corazón, bonanza.

Es aquel muchacho que en gloriosa noche,
Noche de gigantes con aroma a Patria,
Quiso gritar... ¡viva! Al pabellón sagrado,
Símbolo de gloria frente a la antipatria.

Darwin Passaponti es su nombre egregio,
Sangre moza y noble que cubrió la acera
Con la frente rota por la bala roja,
Con la vista al cielo, con el alma entera.

Quiso ver su tierra libre de cobardes,
Grande y poderosa, justa y argentina,
Y se unió al gran Pueblo que en la tarde honrosa
Recorrió las calles llenas de alegría...

De la infamia cruenta por la puerta pasan
¡Cien tiros sonaron! ¡Cargó la jauría!
¡Hombres y mujeres, jóvenes y ancianos!
¡nada le importaba a la sierpe impía!
Manos de valientes empuñaron armas
¡que no quede uno! -todos se decían-
¡Que la Patria viva!... y que viva sana!
Los traidores ¡mueran! ¡muera la falsía!
-¡Darwin Passaponti, no vayas de frente;
ellos son cobardes!- pero él no oía;
cruza y se detiene ¡juventud valiente!

Y del negro antro sellan su agonía.
Y la bala atea da en la frente adusta,
Cae cubierto de sangre ¡quiso ir a la lucha!

Más del cuerpo mozo se fugó la vida.
Darwin Passaponti, con la enseña augusta
Se cubrió tu cuerpo, se tapó tu herida.

Tacuara - Vocero de la UNES, octubre de 1948, pág. 10.




Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

06-05-2019