miércoles, 20 de junio de 2018

EL SÍMBOLO MÁS SAGRADO


¿Cuál fue el verdadero color de la Bandera Argentina? Manuel Belgrano la creó azul y blanca y no celeste-blanca que es la que posteriormente nos impusieron Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento (los dos grandes referentes del procerato liberal unitario). En el azul como color original hay varias versiones. Lo más preciso es señalar que la inspiración estuvo en la escarapela azul-celeste del Triunvirato. Pero además el cintillo que representaba al Regimiento de Patricios ya era azul. Otros autores sostienen que la elección del azul y el blanco se originó por el escudo de Buenos Aires, precisamente de estos colores.

Al respecto, el 25 de febrero de 1818 el Congreso sancionó la Ley de Banderas, estableciendo claramente que la insignia nacional tenía dos colores, el azul y el blanco. Estos fueron los colores que flamearon en el Fuerte de Buenos Aires como así también los que flamearon en la enorme gesta de liberación encabezada por el General San Martín y en la popular guerra contra el Brasil. El general Juan Galo Lavalle, cuando en 1840 inició la miserable invasión contra la Patria, contra Rosas (y financiado por Francia), utilizó la bandera unitaria celeste y blanca para distinguirla de la nacional.

Durante la época de la Confederación Argentina, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas estableció la bandera con un color azul oscuro, respetando el azul original de Belgrano y diferenciándose claramente del celeste de los unitarios. A ese azul-oscuro y blanco de la bandera Rosas le agregó cuatro gorros frigios de color punzó en sus extremos, en honor al sistema político de representación nacional que sin lugar a dudas fue la Confederación Argentina.

¿Cuál es la visión ideológica del Nacionalismo respecto de la Bandera como máximo símbolo? El Nacionalismo ama a la Patria, a su Pueblo, y esto desde el remoto origen pasando por valores, tradiciones y símbolos. La Bandera es lo más sagrado que existe por la sencilla razón de que es lo más identitario, lo que más nos identifica como Nación. Al ser el máximo símbolo de toda una Comunidad se pertenece a ella en Cuerpo y en Espíritu. Es la que a todos los nacionalistas nos genera estremecimientos de unión, de veneración. La que nos puede generar la imagen de un soldado o camarada en una guerra de liberación y dándolo absolutamente todo por la Patria, defendiendo esos colores que llevan implícitos la idea de la Libertad y de la Dignidad.

Embanderarse significa encolumnarse detrás de un gran objetivo, detrás de un gran ideal. Y este no puede ser otro que la liberación de la Patria de sus enemigos externos y sobre todo internos. En definitiva, la Bandera Argentina es el máximo símbolo que nos guía hacia un norte, hacia un destino universal de grandeza. Es la que siempre debe ondear bien alto y con Honor. Planteado de otra manera ¿qué es lo que más ofende a la Bandera creada por Manuel Belgrano? El engaño, la mentira, el relato que esconde la dura realidad social del país, la entrega de nuestras riquezas a los poderes mundiales, la corrupción organizada, los fueros parlamentarios y los espurios patrimonios personales millonarios. Pero también hay otra cuestión de fondo que ofende profundamente a la Bandera: La comodidad burguesa, la cobardía, el tener una actitud pasiva ante los inconvenientes existenciales, el no hacer nada para que la Argentina cambie de verdad.

Por eso lo más importante siempre va a ser que nuestra Bandera se mantenga firme y victoriosa generación tras generación a través de la lucha y del sacrificio que se está dispuesto a hacer por la Patria. Los hombres y las mujeres orgullosamente argentinos tienen un sentido del Honor y del Deber en abierta oposición a la anti-Patria. Y el Honor no tiene una medida, se lo posee o no se lo posee. Es como la Bandera, que se la defiende valientemente o se la traiciona cobardemente.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

20-06-2018

viernes, 8 de junio de 2018

GENERAL JUAN JOSÉ VALLE ¡PRESENTE!


El día sábado 9 de junio de 1956 se produjo el levantamiento cívico-militar encabezado por el General Juan José Valle y secundado por el General Raúl Tanco. De esta manera el peronismo derrocado y proscrito produjo la primera tentativa seria de retomar el poder mediante un estallido de base militar y con cierto apoyo civil activo, al estilo de las viejas revoluciones radicales. El epicentro del alzamiento estuvo en el Regimiento N° 7 de Infantería de la ciudad de La Plata, en la Guarnición de Campo de Mayo, y en la provincia de La Pampa.
                           
La proclama del alzamiento se justificaba en la durísima realidad que vivía la Argentina: “Al pueblo de la Nación. Las horas dolorosas que vive la República, y el clamor angustioso de su Pueblo, sometido a la más cruda y despiadada tiranía, nos han decidido a tomar las armas para restablecer el nuestra Patria el imperio de la libertad y la justicia al amparo de la Constitución y las leyes. Como responsable de este Movimiento de Recuperación Nacional integrado por la Fuerzas Armadas y por la inmensa mayoría del Pueblo –del que provienen y al que sirven– declaramos solemnemente que no nos guía otro propósito que el de restablecer la soberanía popular, esencia de nuestras instituciones democráticas, y arrancar a la Nación del caos y la anarquía a que ha sido llevada por una minoría despótica encaramada y sostenida por el terror y la violencia en el poder. Conscientes de nuestra responsabilidad ante la historia, comprendemos que nuestra decisión es el único camino que nos queda para impedir el aniquilamiento de la República en una lucha estéril y sangrienta entre hermanos, cada día más inevitable e inminente… ¡Viva la Patria!”. Movimiento de Recuperación Nacional - General de División Juan José Valle, General de División Raúl Tanco, Buenos Aires, 9 de junio de 1956.

Era una proclama muy realista. El país vivía bajo el gobierno del General pro-británico Pedro Eugenio Aramburu una verdadera tiranía. Se había intervenido la CGT, se perseguía al sector obrero peronista, se encarcelaba, se confinaba, se despojaba, se excluía de la vida cívica a la fuerza mayoritaria que sin lugar a dudas era el peronismo. A su vez, el tristemente famoso decreto 4161, del 5 de marzo de 1956 establecía: “Queda prohibida la utilización (…) de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas y obras artísticas (…) pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del peronismo. Se considerará especialmente violatoria de esta disposición, la utilización de la fotografía retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones ‘peronismo’, ‘peronista’, ‘justicialismo’, ‘justicialista’, ‘tercera posición’ la abreviatura ‘PP’, las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las composiciones musicales  ‘Marcha de los Muchachos Peronista’ y ‘Evita Capitana’ o fragmentos de las mismas y los discursos del presidente depuesto o su esposa o fragmentos de los mismos”. Bueno, realmente patético…

Desde 1955 la Argentina entraba formalmente a la lógica capitalista del endeudamiento permanente al ingresar al FMI, aboliéndose la Constitución Nacional-justicialista para lograr sobre todo terminar con el artículo 40 que impedía la entrega de los servicios públicos y las riquezas naturales al capitalismo internacional, pretendiéndose retrotraer al país al más crudo colonialismo mediante la entrega de los servicios vitales de nuestra economía. Por consiguiente se re-establecía la constitución liberal unitaria de 1853.

La historia del levantamiento fue realmente muy corta. Entre el comienzo de las operaciones y la reducción del último foco revolucionario transcurrieron menos de doce horas. La guarnición de Santa Rosa fue atacada por aviones de la Fuerza Aérea y la Marina. La dictadura militar decidió efectuar un castigo ejemplificador y completamente inusual para la historia argentina del siglo XX disponiendo el fusilamiento de los sublevados. Los fusilamientos se produjeron en Lanús, en los basurales de José León Suárez, en La Plata, Campo de Mayo, en la Escuela del Ejército, en el Automóvil Club Argentino y en la Penitenciaría Nacional de la ciudad de Buenos Aires. Entre los días 9 y 12 de junio del ’56 fueron fusiladas 27 personas entre civiles y militares, inclusive antes de que se dictase la ley marcial.

El General Juan José Valle, muy deprimido por los fusilamientos que ya se conocían, se había refugiado en la casa de su amigo Andrés Gabrielli. Y como buscaba entregarse para terminar con el derramamiento de sangre, Gabrielli se entrevistó con el capitán Francisco Manrique en la Casa de Gobierno y obtuvo la promesa de que se respetaría la vida del Líder del levantamiento. Valle se entregó y lo llevaron al Regimiento de Palermo, donde lo interrogaron y lo condenaron a muerte. El capitán Manrique se entrevistó con Aramburu para que la pena pudiera ser conmutada, pero el dictador se negó rotundamente.

El increíble argumento era que después de que se fusiló a sub-oficiales y civiles no se podía dejar de aplicar la misma pena para el cabecilla del movimiento. La hija de Valle, Susana, de tan sólo 18 años de edad, en un último y desesperado intento prácticamente corrió a entrevistarse con monseñor Tato, el mismo que había sido expulsado en 1955. Y por intermedio del Nuncio Apostólico obtuvo que el Papa telegrafiara un pedido de clemencia a Aramburu, pero sin resultado. Finalmente, el 12 de junio de 1956, en la antigua Penitenciaría Nacional de la ciudad de Buenos Aires, actual parque Las Heras (en las calles Coronel Díaz y Las Heras), el General Juan José Valle, Líder del frustrado levantamiento cívico-militar del 9 de junio fue fusilado.

Ante un nuevo aniversario del trágico levantamiento cívico-militar de junio de 1956, el General Juan José Valle está presente en la memoria colectiva de los argentinos que aspiramos a una Patria Libre Justa y Soberana. Está presente en la memoria de los que aspiramos al Bien Común Social, a una Democracia Sustancial, a una Argentina para los argentinos y sin ningún tipo de injerencia foránea.

En su memoria, y en la memoria de todos los compatriotas que dieron su vida en aquella etapa tan oscura de nuestro país, el Nacionalismo Social Argentino reafirma un compromiso de lucha, reafirma un compromiso social-patriótico, un sentido del deber para lograr la Gran Argentina que todos nos merecemos. ¡General Juan José Valle Presente! ¡Gloria y Honor!  





Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

08-06-2018

domingo, 3 de junio de 2018

4 DE JUNIO DE 1943, EL AMANECER DE UNA GRAN ARGENTINA


El 4 de Junio de 1943 se produjo el pronunciamiento militar que puso fin al gobierno de Ramón Castillo (el último de los presidentes de la ‘Década Infame’), generándose las sucesivas presidencias de los generales Arturo Rawson (que apenas duró dos días en el poder), Pedro Pablo Ramírez y posteriormente Edelmiro Farrell, cargo que este último va a ostentar desde febrero del ’44 hasta junio del ’46 cuando asuma el electo presidente Juan Domingo Perón.

Este levantamiento militar fue el único en nuestra historia en donde no estuvieron al tanto las embajadas extranjeras. Al amanecer de ese 4 de junio, unos 8.000 soldados aproximadamente –y al mando del general Rawson– avanzaron desde la guarnición militar de Campo de Mayo hacia la Capital Federal. Al llegar a la Escuela de Mecánica de la Armada la columna fue atacada por fuerzas leales al gobierno, pero finalmente se van a rendir. De esta manera la suerte de Castillo estaba echada.

A la tarde de aquella histórica jornada, los jefes del levantamiento ya estaban instalados en la Casa de Gobierno, y al principio se caracterizaron por tener ideas y posturas ideológicas bastante heterogéneas. El efímero presidente Rawson era pro-aliado, siendo abruptamente sustituido por Ramírez quien era nacionalista. Por lo pronto, y en referencia a la guerra, se afirmaba una política de neutralidad. El nuevo gobierno militar fue recibido en menor o mayor grado con aprobación y expectativas, más que nada teniendo en cuenta lo odioso que fue el Régimen derrocado.

Los militares de la Revolución no tenían la más mínima intención de entregar el Poder a partido político alguno, ni siquiera parcialmente. Es más, aborrecían de los políticos, y esto no era para menos por todo lo que se había vivido durante la Década Infame en cuanto a fraude electoral sistemático, corrupción, entrega y problemáticas sociales nunca resueltas.

El GOU (‘Grupo Obra y Unificación’) fue una cerrada organización militar secreta que desempeñó el papel fundamental y decisivo en el derrocamiento de Castillo, y posteriormente en las maniobras internas que precipitaron las sucesivas salidas de la presidencia de los generales Rawson y Ramírez, posibilitando el ascenso del general Farrell. El GOU fue más que necesario para que la Revolución del 4 de junio no se desviara como la del 6 de septiembre de 1930. Se compuso por un reducido grupo de oficiales, coroneles, tenientes coroneles y capitanes todos ellos en servicio activo. En definitiva fue el avance de los oficiales jóvenes del Ejército, muchos de ellos provenientes de sectores medios y bajos sin influencia, que encontraron un momento histórico oportuno como para dar un salto de calidad, sobre todo porque en enero del ’43 había fallecido el general conservador y anglófilo Agustín P. Justo, quien había controlado al Ejército por casi dos décadas.

Los integrantes del GOU tenían una clara visión nacionalista, en contra del Comunismo y de la Masonería, una postura neutralista frente a la 2ª GM y políticamente hablando querían terminar de una vez por todas con la corrupción de los gobiernos conservadores. Formar una fuerte conciencia nacional, con un contenido social, económico y jurídico claramente distinto al que se venía dando. Si bien simpatizaban con el Eje en la 2ª GM no tenían incorporada como doctrina la ortodoxia cosmovisional del Nacional-socialismo. Igualmente (y como simpatizantes) entendían que un hipotético triunfo del Eje Berlín-Roma-Tokio (luego extendido a otros países) le daría a la Argentina un papel eminente en el escenario continental americano. A su vez especulaban con la idea de que una derrota norteamericana y británica pondría fin a la histórica expoliación colonialista sufrida por nuestro país. El verdadero cerebro y líder del GOU fue el coronel Juan Domingo Perón. Junto al coronel Miguel Ángel Montes fue el artífice del manifiesto o proclama de 1943.

En este año, y por primera vez en nuestra historia, la producción industrial va a superar a la tradicional producción agropecuaria. Entre 1942 y 1946 (es decir previo a la llegada de Perón a la presidencia) se habían creado 25.000 establecimientos industriales diversos. Estos cambios fundamentales habían comenzado de manera paulatina con la industrialización por sustitución de importaciones de la Década Infame, proteccionismo que se aceleró con el estallido de la 2ª GM y que el gobierno de la Revolución estimuló aún más llevando adelante una serie de medidas muy importantes.

Por ejemplo el fomento y la defensa de la industria, como así también la rebaja y luego el congelamiento de los precios de alquileres. También la rebaja de los arrendamientos agrícolas. Esto último generó un extraordinario incremento de la industria tambera y granjera en el sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires, zonas que antes tenían un sistema de arriendos casi feudales. A su vez se creó el Banco de Crédito Industrial y se promovieron las fabricaciones militares. Otra medida muy importante fue la intervención de la odiada Corporación de Transportes (que en el marco del pacto Roca-Runciman del año ’33 se le daba la concesión y el monopolio del transporte público de la ciudad de Buenos Aires a corporaciones empresariales de origen británico).

Todas estas medidas marcaban una línea de indiscutible sentido nacional, y hacia 1945  la infraestructura industrial ya abarcaba a casi todos los rubros livianos, con el ánimo de incursionar en sectores de la industria pesada. Pero sin lugar a dudas, la obra más trascendental del gobierno revolucionario estuvo en una serie de medidas adoptadas bajo la directa conducción del coronel Perón en el orden social.

El antiguo Departamento Nacional de Trabajo se convirtió en noviembre del ’43 en la famosa Secretaría de Trabajo y Previsión Social, alentándose claramente una mejor redistribución de la riqueza nacional, como así también un mejoramiento sustancial en las relaciones entre el Capital y el Trabajo. Se extendió el régimen jubilatorio; se crearon los tribunales de Trabajo para así regular el enfrentamiento tradicional entre patrones y obreros en el orden judicial. Hubo un reconocimiento definitivo al movimiento sindical y hacia 1945 el movimiento obrero ya era netamente peronista. A su vez, se estableció el pago de vacaciones y de aguinaldo; hubo una sistemática política de aumento de salarios; se estableció la previsión por accidentes de trabajo como así también la elaboración de convenios colectivos a favor de los trabajadores.

El famoso ‘estatuto del Peón’ dictado por Perón fue lo que más enfureció a la oligarquía conservadora de aquel entonces, ya que estipulaba derechos y obligaciones para el patrón y para el peón. De ahora en más existía un poder superior a la patronal, en defensa de los tradicionalmente postergados del campo. Hacia principios de 1945 ya no había dudas del proceso popular que se estaba gestando. Luego de casi dos años de creada la Secretaría de Trabajo y Previsión Social se había conseguido que los obreros fueran el más firme apoyo del coronel Perón.

La Revolución del 4 de Junio de 1943 marcó sin lugar a dudas una nueva Era en el país. No fue una asonada militar más destinada a cambiar hombres o partidos. Fue profundamente transformadora, apuntó a un claro Resurgir Nacional como así también a una idea moral y humanista. A su vez el GOU (o sea, el mismísimo Perón) hizo que se cumpliera el programa de la Revolución imponiendo una norma de conducta y con un contenido económico, social y jurídico totalmente innovador, dándose paso al fenómeno popular más trascendental de toda la historia argentina: El peronismo.

Y precisamente, ese peronismo es el que se fue gestando de manera inadvertida allá por noviembre del ’43 con la inauguración de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, secretaría que tantos y amplios beneficios dio al pueblo argentino. Que sin lugar a dudas tuvo su mayor expresión en la gesta nacional y popular del 17 de Octubre de 1945. En definitiva, la Revolución del 4 de Junio de 1943 fue el amanecer de una Gran Argentina, el despertar de la conciencia colectiva del Pueblo Honesto y Trabajador.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


03-06-2018

lunes, 28 de mayo de 2018

EL TRATADO DE VERSALLES ARGENTINO


De rodillas

La derrota militar de la Argentina en la guerra inconclusa de Malvinas de 1982 generó cuatro gravísimas consecuencias para nuestro país con el establecimiento de los diferentes gobiernos civiles desde 1983 en adelante: Un vergonzoso proceso de desarme y de desmantelamiento de nuestras Fuerzas Armadas; una sistemática política educativa-propagandística de desmalvinización; una política exterior siempre pasiva ante la ocupación británica en el Atlántico Sur (con apenas una formalidad discursiva de reclamo tibio en foros internacionales) y la firma de una ignominiosa capitulación incondicional, lo que se conoció como “Tratado de Versalles Argentino”.

La desmalvinización fue una práctica constante desde 1983 a la fecha. En tal sentido son muy recordadas las frases tristemente célebres de los ex presidentes Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Néstor Kirchner. Alfonsín habló en su momento de ‘acto demencial’, de ‘carro atmosférico’. Para Menem fue una ‘triste y traumática mancha en la Historia de nuestras relaciones con Gran Bretaña’. Y para Kirchner fue ‘otro crimen de la dictadura’.

El actual presidente Mauricio Macri tampoco se queda atrás, ya que en los ’90 se pronunciaba sobre Malvinas expresando “nunca entendí los temas de soberanía en un país tan grande como el nuestro”, o que “las Malvinas serían un déficit adicional para el país”. Esta línea de pensamiento del actual mandatario es la que se pudo corroborar cuando participó en enero del 2016 del Foro Económico de Davos, en Suiza (agenda del Nuevo Orden Mundial), manteniendo su tan promocionado “encuentro” con el por entonces primer ministro británico David Cameron quien de antemano le advirtió que la soberanía de las Islas no se discutían.

El repudio a la gesta malvinera siempre fue una constante en la partidocracia argentina, reforzándose permanentemente la idea de que fue una “aventura loca”, o que hubo “chicos de la guerra”. Vale decir, un desprecio imperdonable que en definitiva es lo mejor que le puede suceder a la diplomacia británica.


El Versalles Argentino

Con la humillante firma de los Tratados Anglo-Argentinos de 1990, suscriptos por el entonces presidente Carlo Menem y su ministro de Relaciones Exteriores Domingo Cavallo (miembro prominente de la Trilateral Comission) la Argentina consolidó formalmente todo el proceso de desmalvinización y de entrega iniciado desde 1983. Dos tratados que aseguran hasta el día de la fecha el status de colonia y de dependencia de nuestro país hacia la geopolítica expansiva del Reino Unido en el Atlántico Sur. El 15 de febrero de 1990 se firmó en Madrid el Primer Tratado Anglo-Argentino, denominado burdamente “Declaración conjunta de las delegaciones de la Argentina y del Reino Unido”, que se complementaría con el denominado “Tratado Anglo-Argentino de Promoción y Protección de Inversiones", suscripto en Londres el 11 de diciembre de 1990, y posteriormente sancionado por el Congreso de la Nación Argentina el 4 de noviembre de 1992 (Ley N° 24.184).

El Tratado de Madrid consta de un total de 18 artículos y 4 anexos. Por ejemplo, el artículo 4°, establece “dejar sin efecto la Zona de Protección establecida alrededor de las islas Malvinas -Falkland Islands-”, lo que habla a las claras de la imposición enemiga sobre el mar continental argentino. A su vez, el artículo 5° deja bien en claro los derechos que adquiere Gran Bretaña sobre las FFAA de nuestro país, procediéndose a establecer un “Sistema Transitorio de Información y Consulta Recíprocas sobre los movimientos de las unidades de sus Fuerzas Armadas en áreas del Atlántico Sudoccidental”.

En tal sentido, los anexos 1-3 de este artículo establecen la información recíproca que debe existir ante movimientos militares: La República Argentina y Gran Bretaña se han de proporcionar por escrito y con veinticinco (25) días de anticipación la información correspondiente al movimiento de sus Fuerzas Navales y de sus Fuerzas Aéreas y de los ejercicios que verifiquen unas y otras (…)”. Vale decir, mientras los buques y aeronaves que se desplacen por la plataforma continental argentina han de estar subordinados a un fácil y seguro control británico, los buques ingleses no están sometidos a igual control.

A la colonización enemiga sobre nuestro sector Atlántico Sur y su control sobre nuestras FFAA se suma la dependencia económica. El artículo 7° consolida una “bilateralidad económica pesquera” en una importante extensión argentina: entre el paralelo de 45° latitud sur y el paralelo de 60° latitud sur (aproximadamente la zona marítima que se extiende desde Puerto Camarones en la provincia del Chubut hasta las Islas Orcadas en la Antártida). Además, se destacan las operaciones conjuntas que deben realizar las flotas pesqueras británicas y argentinas en el intercambio de informaciones, estadísticas y evaluaciones sobra la fauna ictícola en la región. 

El artículo 9° promueve una “bilateralidad comercial” entre los habitantes de las Islas Malvinas y el territorio continental argentino, vale decir, no aislar y abastecer en todo momento el territorio usurpado. Y para que todas las cesiones de derechos territoriales y económicas no queden tan expuestas, el artículo 10° apela al sentimiento del país vencido concediendo un derecho de visita a los familiares directos de los caídos en combate en el actual Cementerio de Darwin (el cementerio militar habilitado por el Reino Unido para sepultar a los combatientes argentinos que murieron en la guerra).

Todo un sarcasmo que manifiesta la omnipotencia sin concesiones de la fuerza bestial con que el Imperio Británico mantiene su hegemonía. A su vez, el artículo 12° extiende esta “sociedad” anglo-argentina a nuestro territorio continental, con la proyección de un Acuerdo de Promoción y Protección de Inversiones en donde otros países queden excluidos. Con esto se ratifica una vez más el Tratado Anglo-Argentino de sumisión suscripto el 2 de febrero de 1825 que en su artículo 9° ya adjudicaba a los intereses británicos la ‘cláusula de nación más favorecida’.

El “Tratado Anglo-Argentino de Promoción y Protección de Inversiones”, de diciembre del ’90, fue un acuerdo que en realidad complementó al alcanzado en Madrid. Consta de un total de 14 artículos, mereciéndose destacar el artículo 2° que establece las condiciones para la protección del Capital agiotista británico: “Cada Parte Contratante promoverá y creará condiciones favorables para que inversores de la otra Parte Contratante inviertan capitales dentro de su respectivo territorio y, sujeto a su derecho de ejercer los poderes conferidos por su legislación, admitirá dichos capitales”. Además, el artículo 3° hace referencia a la histórica cláusula de nación más favorecida: “Ninguna Parte Contratante someterá en su territorio las inversiones y las ganancias de inversores de la otra Parte Contratante a un trato menos favorable que el otorgado a las inversiones y ganancias de sus propios inversores o a las inversiones y ganancias de inversores de cualquier tercer Estado”.

El artículo 6° asegura a los británicos la transferencia de ganancias, en donde “cada parte Contratante garantizará a los inversores de la otra Parte Contratante respecto a sus inversiones, la transferencia sin restricciones de sus inversiones y ganancias hacia el país donde aquellos residen”. El artículo 13° sostiene que el tratado suscripto debe tener tratamiento parlamentario y ser sancionado con fuerza de ley: “Cada Parte Contratante notificará por escrito a la otra del cumplimiento de los requisitos constitucionales exigidos en su territorio para la entrada en vigor del presente Convenio. El presente Convenio entrará en vigor en la fecha de la última de las dos notificaciones”. Este tratado de Londres fue el motor de las posteriores privatizaciones y transferencias de bienes patrimoniales estatales a diferentes corporaciones británicas, una sistemática política menemista de descarado vaciamiento del patrimonio nacional

En esencia, la firma de los Tratados Anglo-Argentinos de 1990 no fueron otra cosa que la imposición de un verdadero Tratado de Versalles Argentino, una de las más grandes humillaciones y postraciones de nuestra Historia. Inclusive la prensa londinense presentó el establecimiento de los mismos como un éxito del presidente Carlos Saúl Menem. Cabe repetir una vez más que son tratados que aún siguen vigentes y que ninguno de los diferentes gobiernos “democráticos” ni siquiera quiso revisar.


Visión de grandeza

La Gesta de Malvinas generó enormes repercusiones geopolíticas, geoestratégicas, jurídicas y diplomáticas a nivel internacional. A pesar de la postración hacia la Corona Británica con la imposición del Tratado de Versalles Argentino, hoy más que nunca debemos luchar para recuperar todo lo que es nuestro, todo lo que nos identifica, todo lo que amamos, todo lo que forma parte de nuestro Ser Nacional. Luchar por la grandeza de la Patria, luchar por la memoria de nuestro Héroes que lo dieron absolutamente todo y sin ningún tipo de reservas en la guerra inconclusa de Malvinas.

Con la gesta malvinera no sólo se reconquistó el Orgullo Nacional perdido sino que se conmovió al mundo entero durante los 74 días de disputa directa y luego de guerra con el pirata invasor, siendo la Argentina la protagonista central de la política mundial y en donde toda una conciencia colectiva popular se puso de pie apoyando fervorosamente esa magna gesta.

Sin lugar a dudas uno de los acontecimientos más trascendentales de la Historia Argentina del siglo XX. Ya lo decía con claridad meridiana el Padre de la Patria, General Don José de San Martín: “Seamos libres, lo demás no importa nada”.





Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

28-05-2018

domingo, 27 de mayo de 2018

DOCTRINA NACIONALISTA DEL CAMPO


Para la cosmovisión del Nacionalismo, la tierra no es una mercancía ni un simple factor de producción, es una parte vital en la vida de cada uno de los pueblos. Tampoco es un bien de renta sino un bien de trabajo.

A su vez, campesino es todo aquel que trabaja su terruño de manera incondicional y por arraigo. Por consiguiente, el título honorífico de “campesino” debe corresponder por derecho propio a todo aquel argentino vinculado a su tierra.

El problema actual del campo es un problema en el cual están ligadas todas las demás actividades del país. El ciclo económico que toda Nación debe respetar es el de la producción, industrialización, comercialización y consumo.

De nada valdría a los chacareros producir si en el país no hubiera consumo o la exportación no insumiera al remanente de su producción. Un verdadero Estado debe encadenar esas cuatro operaciones, lo que implica que deba darse al problema del agro una auténtica solución nacional.

Con la conquista del Poder Nacional –y conforme a su cosmovisión– el Nacionalismo plantea un verdadero y profundo cambio, una Reforma Agraria como base de fondo y teniendo en cuenta las siguientes ideas-fuerza:

1°) Adquisición de tierras productivas sólo por argentinos, y que en esa adquisición se demuestre la sinceridad de querer trabajar y progresar.
2°) Prohibición de su utilización para la especulación financiera o para generar cualquier tipo de renta sin trabajo, aboliéndose las hipotecas de tierras a prestamistas privados.
3°) Otorgamiento de tierras por parte del Estado ajustadas a su valor productivo y no a un valor inflado producto de una especulación determinada (eliminada de raíz).
4°) Fomento de asociaciones cooperativas para el comercio mayorista de productos primarios, precios, suministro de maquinarias u otros elementos para el desarrollo rural.
5°) Formación y capacitación profesional adecuada, incumbiéndole al Estado el derecho de supervisión.
6°) Otorgamiento de créditos estatales socialistas para el desarrollo productivo rural, prohibiéndose el proceder criminal de la Usura.
7°) Nacionalización o expropiación –según el caso– de tierras en posesión de no-argentinos y agiotistas.
8°) Establecimiento de un férreo proteccionismo arancelario en defensa del sector frente a todos aquellos productos primarios de procedencia extranjera.

Una Reforma Agraria nunca debe perder su norte principista, debe ser el instrumento de la liberación del campesino y el instrumento de realización del Bien Común en el sector primario.

La tierra debe ser para el campesino argentino; para el pequeño y mediano propietario; para el compatriota que hunde en ella sus manos y crea riquezas para todos. Para el Hombre que lucha y enraíza su propio destino en los surcos profundos y forjadores de la vida.




Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


27-05-2018

martes, 1 de mayo de 2018

DOCTRINA NACIONALISTA DEL TRABAJO


Sin lugar a dudas el Trabajo es uno de los pilares de la Cosmovisión nacionalista, puesto que el interés de una Comunidad Organizada siempre debe estar por encima de todo individualismo sectario. El Nacionalismo considera que el Trabajo es la fuente de riqueza más importante que tiene un país, y por lo tanto el dinero no vale nada si no es fruto de aquel.

La vida laboral de todo un Pueblo sólo puede ser digna y decente si mediante diferentes actividades se concretan objetivos trascendentales. En este sentido no es el Capital ni las posesiones materiales lo que constituye lo más importante. Lo fundamental siempre va a ser el potencial laboral, o sea, la aptitud mental o física, el talento creativo o práctico. Y la medida de esto último siempre va a estar dada por la Lealtad, por el Honor, por el Saber, por la Voluntad, por la Constancia, por la Responsabilidad, por el Sentimiento y el Carácter.

En abierta oposición doctrinaria a este principio nacionalista se encuentra el liberal-capitalismo idólatra del dinero y que mide al Hombre solamente por la cantidad de bienes materiales que posee. A su vez, no son las condiciones económicas las que determinan las relaciones sociales. El internacionalista Kiselly Mordecai -conocido por su seudónimo Karl Marx- sostenía en su falso análisis del sistema capitalista que la economía es la infraestructura, vale decir, que es el gran condicionante de todo lo que ocurre en una sociedad. Pero es absolutamente todo lo contrario. Son los conceptos morales los que determinan las relaciones económicas y por ende el tipo de relaciones sociales. O sea, el tipo de moralidad que predomina en la vida de los diferentes pueblos siempre va a ser el gran determinante a la hora de entender porque se establece un sistema económico en particular.

El Nacionalismo sostiene que siempre se debe poner énfasis en los principios espirituales como el Honor y la Lealtad antes que en los detalles materiales o comerciales. Una persona honorable siempre será aquella que cumpla con el deber de trabajar, aquella que a través de su comportamiento demuestra ser digna de su posición laboral. Para un verdadero y autentico gobierno nacionalista siempre estará la preocupación por el cuidado de cada compatriota dentro del ámbito del Trabajo; el interés por la integridad y el grado de realización que se pudiera alcanzar para la vida tanto desde lo espiritual como desde lo físico y mental.

Así como todo compatriota tiene frente a la Comunidad el deber de trabajar, el Estado tiene la obligación moral de crear puestos dignos. Y para obtener una producción plena en el país es absolutamente necesario primero fortalecer un potencial laboral, segundo poseer una voluntad para querer producir y en tercer lugar crear puestos. Pero no se trata de ubicar indiscriminadamente y de un modo cuantitativo ese potencial en puestos elegidos al azar o creados sin una adecuada planificación previa.

Así como el talento superior es el que siempre debe acceder a los puestos de mando, el Trabajo productivo y creador –tanto manual como intelectual– debe ser el fundamento de toda economía. El que debe otorgar el primer sitio de Honor dentro de una Comunidad Nacional. Por eso el Nacionalismo se pone al frente de una Economía Orgánica y Natural y revaloriza al Trabajo como la real y viva expresión de la vida de un Pueblo. 
    


Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

01-05-2018

viernes, 13 de abril de 2018

LA ECONOMÍA ORGÁNICA Y NATURAL


El Nacionalismo no considera a la economía como un ente autónomo, como un proceso natural que se desarrolla según sus propias leyes. Para la cosmovisión nacionalista la economía es simplemente un medio, una herramienta para arribar a un fin. En lo inmediato, su finalidad reposa en la satisfacción de necesidades humanas, y en lo fundamental y de fondo, debe generar la grandeza espiritual, ética, moral y física de un Pueblo. 

De esta manera, y en abierta oposición a la ideología del liberalismo, toda economía sana rechaza el concepto individualista de ganancia monetaria y de rentabilidad como fines económicos absolutos en sí. Abrazar estos paradigmas capitalistas equivaldría entonces a negar el interés de la Comunidad y considerar el interés especulativo y agiotista del gran Capital. Es que la vida económica (como la vida humana misma) solo debe ser concebida en Comunidad. Y toda Comunidad solamente puede desarrollarse si dentro de ella cada miembro se compenetra con Espíritu de Sacrificio, vale decir, si cada compatriota se desenvuelve con visión de conjunto.

Para el ideario nacionalista la política económica representa una doctrina de servicio, de valor y de energía que saca sus fuerzas de las entrañas mismas del Pueblo. Por eso a toda actividad económica le debe competer el desarrollo de todas las fuerzas éticas, morales y anímicas de la Nación. No se trata entonces de que la economía procure sacar ventajas en los individuos, tampoco de poner en primer lugar la mejor y más barata provisión de bienes materiales, sino que estén decididamente en primera línea la Dignidad de todos, la Independencia y el Honor Nacional.

Una Economía Orgánica es aquella en donde el Pueblo no vive para la economía y la economía no se subordina a la rapiña y expoliación del Capital Internacional, sino muy por el contrario, que el Capital sirve a la economía, y la economía al Pueblo. Este es el motivo por el cual debe subordinarse a un Estado (garante de lo anterior). Se desprende así que el Estado no actúa “porque sí” sino que lo hace por ser el regulador, el conductor y guía de la economía en su totalidad.

Por consiguiente, el gran paradigma rector será “el Bien Común debe prevalecer sobre todo bien privado”, lo que debe entenderse en el sentido de que el natural interés por la ganancia no debe lesionar o despreciar (tan siquiera mínimamente) el Bien Común, el Bien del Estado y el interés de la totalidad. Por eso el Nacionalismo se dirige con sus exigencias fundamentales a la conciencia ética y moral de los que actúan en la vida económica.

A su vez, la Personalidad libre, creadora y responsable debe ser el fundamento de toda la conducción económica del conjunto. Pero esa Personalidad libre y creadora no tiene derecho a pensar solamente en sí misma. Debe subordinarse sí o sí en los más elevados fines estatales en el terreno económico.

Para que exista una Economía Orgánica debe haber un Despertar del Espíritu dentro de la mismísima Comunidad, debe haber un Espíritu económico, una Ética económica, una formación de la conciencia de la responsabilidad hacia la totalidad. En definitiva, para que exista una Economía Orgánica debe haber una Revolución Nacionalista.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional". 

13-04-2018