viernes, 9 de noviembre de 2018

10 DE NOVIEMBRE, DÍA DE LA TRADICIÓN


El Día de la Tradición se aprobó de manera oficial primero en la ciudad de La Plata al sancionarse la Ley 4.756 / 39 en agosto de 1939, empezándose a conmemorar dicha fecha en la ciudad de las diagonales. Recién en 1975, durante el gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón, el Congreso Nacional aprobó la Ley 21.154 extendiéndose a todo el territorio argentino dicha conmemoración.

En el Día de la Tradición está el reconocimiento a la Identidad Argentina, a un Arquetipo bien representativo de la misma como sin lugar a dudas lo fue José Hernández, nacido el 10 de noviembre de 1834 en el actual Partido de General San Martín (Conurbano bonaerense). Tuvo una vida pública muy destacable. Fue poeta, periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político. Comenzó a leer y a escribir con tan sólo cuatro años de edad. En 1843, año del fallecimiento de su madre, su padre lo llevó a vivir al campo, donde era capataz en las estancias del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas (por aquellos tiempos primera Magistratura del país).

Fue en este entorno campestre cuando tomó contacto con gauchos e indios. Debido a su proximidad con ellos tuvo la oportunidad de conocer sus costumbres, su mentalidad, su lenguaje, su cultura. Aprendió a quererlos, a admirarlos, a comprenderlos, y también a entender sus dificultades en la vida cotidiana. En 1857 –poco después de fallecer su padre–se instaló en la ciudad de Paraná, contrayendo matrimonio dos años después. Su labor periodística la inició en el diario El Nacional Argentino, con una serie de artículos en los que condenaba el asesinato del caudillo federal riojano, Brigadier General Ángel Vicente ‘Chacho’ Peñaloza (asesinado vilmente el 12 de noviembre de 1863 durante la presidencia de Bartolomé Mitre y por encargo del por entonces gobernador de San Juan, Domingo Faustino Sarmiento). El Chacho había sido uno de los últimos líderes federales en resistir el despotismo y el centralismo pro-inglés y masónico del poder político de Buenos Aires.

En 1863 estos artículos fueron publicados como libro bajo el título Rasgos biográficos del General Ángel Peñaloza. En 1869 fundó el diario El Río de la Plata, en cuyas columnas defendió a los gauchos y denunció los abusos cometidos por las autoridades de la campaña. También fundó el diario El Eco, de la provincia de Corrientes, cuyas instalaciones fueron destruidas por sus adversarios políticos. Colaboró además en los periódicos La Reforma Pacífica, de Paraná y La Patria, de Montevideo. En el orden militar intervino en dos batallas muy importantes para el destino del país: En la batalla de Cepeda (en 1859) y en la batalla de Pavón (en 1861). Además luchó junto al caudillo federal entrerriano Ricardo López Jordán. Este último había llevado adelante una rebelión federal en la poderosa Provincia de Entre Ríos del General Justo José de Urquiza, por el acercamiento político de éste hacia el presidente Sarmiento. Esta rebelión duró desde el 11 de abril de 1870 (fecha del asesinato de Urquiza en el majestuoso Palacio San José de Entre Ríos) hasta el 16 de septiembre de 1876 (cuando López Jordán finalmente capituló y cayó derrotado). La rebelión jordanista fue el último conflicto, si se puede decir así, entre unitarios y federales.

Debido a las continuas guerras civiles en nuestro país, José Hernández se vio obligado a exiliarse, viviendo en Brasil y posteriormente en Uruguay. Recién en 1874 y gracias a una amnistía política que paró la violencia pudo volver al país. En el orden legislativo se desempeñó como diputado y luego como senador de la Provincia de Buenos Aires. Tomó parte activa junto a Dardo Rocha en la fundación de La Plata, en el año 1882. Y siendo presidente de la Cámara de Diputados defendió el proyecto de federalización de Buenos Aires, que pasó a ser la capital del país en 1880.

A fines de 1872 se produjo la salida de su obra cumbre El Gaucho Martín Fierro, el poema de género gauchesco que se convirtió en la obra literaria del más puro y genuino folclore argentino. Traducido a numerosos idiomas, es la obra por excelencia de la literatura argentina. Y es aquí donde Don José rinde homenaje al gaucho, a quien lo describe en su ser, en sus vivencias, en su drama cotidiano, en su desamparo, en sus vicisitudes y en sus bravuras. Este gran éxito literario lo llevó a continuarlo con la salida en 1879 de su segunda parte, La vuelta de Martín Fierro. Posteriormente, en 1881 publicó su obra Instrucción del Estanciero. El 21 de octubre de 1886 falleció en su quinta de Belgrano.

El Martín Fierro de José Hernández es en el fondo la descripción de la dura realidad que vivía el país hacia la segunda mitad de siglo XIX. Una denuncia social que encierra las grandes verdades de aquel momento como hoy en día: La falta de educación, el menosprecio a lo nacional, la subordinación a los poderes mundiales, la corrupción en lo judicial, la deficiente organización militar, la deficiencia de la policía y el resentimiento de los sectores postergados por el poder político de turno. Y todo ello a través de un clarísimo lenguaje rural.

Una denuncia social dentro de un contexto político en particular. Con la derrota nacional en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852 (sin lugar a dudas la mayor tragedia política que haya sufrido el país), el unitarismo masónico aliado al Imperio del Brasil y a Inglaterra disolvió el sistema político independiente de toda forma de dominación extranjera y terminó con el Federalismo como política de Estado. Con la caída de Rosas el país dejó de ser una Nación libre para convertirse nuevamente en colonia. En adelante se van a establecer diferentes gobiernos funcionales a los intereses geopolíticos colonialistas del Orden Mundial capitalista en expansión. Y la entrega económica estuvo acompañada de una entrega tanto territorial como espiritual. En nombre de la “libertad de comercio” se arrasó con las manufacturas criollas que tanto habían prosperado en los tiempos del Restaurador. Brasil inclusive sacó su enorme tajada al incorporarse de manera unilateral para sus dominios las Misiones orientales, al obtener la libre navegación de los ríos y la hegemonía política sobre Uruguay y la Argentina.

Y todo ello en nombre de la “civilización”, pero civilización entendida como algo propio de extranjeros, de europeos, y entendiendo por bárbaro (en el mismo lenguaje liberal) todo aquello que era argentino, que era criollo. De la misma manera se va a empezar a considerar “tiránico” al más popular de los gobiernos habidos en el siglo XIX, comenzándose de manera paralela a denominar “democráticos” a los nuevos gobiernos post-Caseros que en realidad constituyeron oligarquías que gobernaron (en mayor o menor medida) de espaldas a los intereses de la Comunidad Nacional.

Desde 1852 en adelante se comenzó a inventar un nuevo país conforme a los dictados de la Masonería Internacional, proyectándose una subordinación hacia los intereses del colonialismo anglo-sajón. Una anti-Argentina, de espaldas a la Argentina real, en contra de su verdadero Ser. Un anti-Estado, como el actual que tenemos, que asegura el gobierno de los peores y la sumisión de nuestra Patria el Capital Financiero Internacional con toda una enorme transferencia de riquezas al extranjero. Inclusive, el repudio a lo autóctono se ejecutó en un verdadero genocidio, en sistemáticas matanzas de criollos, imponiéndose esa falsa muletilla conocida como “inutilidad del criollo”, lo que tampoco era ninguna novedad ya que venía propagándose desde los tiempos de Rivadavia. Y todo esto produjo el efecto buscado por los liberales: Propiciar un rebaje psicológico y moral en el argentino mismo, acabar con el verdadero Arquetipo.

Es en todo este proceso de aculturación y de desprecio por lo nuestro en donde se debe contextualizar el Martín Fierro de José Hernández, la obra literaria argentina por excelencia, la narración de un verdadero drama social que tiene como principal protagonista al gaucho de estas tierras, a aquel que a pesar de tantos sinsabores sufridos siempre resiste fiel y bajo su viejo Código de Honor.

Ante un nuevo aniversario por el Día de la Tradición reafirmemos una vez más nuestra Identidad, nuestra Cultura y nuestro Ser Nacional. El Nacionalismo convoca a la unión de todos los argentinos. Ya lo decía con claridad meridiana José Hernández en el inmortal Martín Fierro: “LOS HERMANOS SEAN UNIDOS PORQUE ESA ES LA LEY PRIMERA; TENGAN UNIÓN VERDADERA EN CUALQUIER TIEMPO QUE SEA, PORQUE SI ENTRE ELLOS PELEAN LOS DEVORAN LOS DE AFUERA”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

09-11-2018

miércoles, 31 de octubre de 2018

NUEVO ORDEN MUNDIAL VS. NACIONALISMO, EL CHOQUE DECISIVO


Dos conceptos radicalmente antagónicos, abiertamente enfrentados. En el periódico nacionalista ‘Patria Argentina’, del ejemplar de diciembre del año 2004, su director teniente coronel (R) Santiago Roque Alonso, define el término Nuevo Orden Mundial de la siguiente manera: “Se trata del proceso de centralización del poder a escala global, operado por unos pocos que concentran la riqueza mundial –en una magnitud como nunca antes ocurrió en la civilización humana– aplicado a todos los ámbitos de la vida (político, económico-financiero, cultural-educativo, espiritual-religioso, psicosocial, etc.), y que se caracteriza por imponer una homogeneización que destruye las identidades e intereses de los grupos humanos y procura reducir o eliminar la soberanía de los estados nacionales, con la finalidad de imponer un gobierno mundial”.

Una definición que aporta muchísima luz a la hora de comprender porque ocurre lo que ocurre en el mundo (guerras, invasiones, carreras armamentísticas, masacre de poblaciones, explotación de recursos naturales, pobreza extrema, degradación social, miseria, hambre). A su vez, el reconocido historiador norteamericano Carroll Quigley, en su libro ‘Tragedia y Esperanza’, libro considerado por algunos sectores norteamericanos como la “Biblia de la Globalización” afirma: “(…) El poder del capitalismo financiero tiene un objetivo trascendental, nada menos que crear un sistema de control financiero mundial en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía del mundo como un todo”.

Y en otra parte de este revelador libro el autor sostiene de manera contundente: “Este sistema ha estado controlado de un modo feudal por los Bancos Centrales del mundo actuando concertadamente y por acuerdos secretos, a los que se llegan en reuniones privadas y conferencias. Cada Banco Central buscó dominar a su Gobierno mediante la habilidad para controlar los préstamos al Tesoro del Estado, para manipular el mercado de cambios, en la determinación de la actividad económica del país y en influir sobre los políticos colaboracionistas mediante recompensas posteriores en el mundo de los negocios”.

Y tal como lo sostiene Carroll Quigley, el factor de control y el ejercicio del poder de la Plutocracia (plutos riqueza; kratos poder) lo constituye el Dinero, porque a través del ejercicio de la Usura y del endeudamiento permanente el Dinero se crea de la nada, monopolizando su regulación mediante los Bancos Centrales privados y los organismos multilaterales de crédito, brazos operativos del Nuevo Orden Mundial.

Vale decir, el mundo es regido hoy en día por una élite imperial-capitalista, un Régimen de Dominación que ha consolidado su poder sin lugar a dudas desde la finalización de la 2ª GM y que luego de finalizada la denominada Guerra Fría (con la desintegración de la Unión Soviética en 1991) su despótico poder se ha centralizado aún más. En pleno siglo XXI, la Tiranía del Nuevo Orden Mundial no guarda ningún tipo de respeto en referencia a los DDHH de los Pueblos, en referencia a la Democracia, al bienestar humano o el resguardo del medio ambiente. Por eso se trata de romper las cadenas, de romper con esta tiranía mundialista que tanto oprime y masacra al Ser Humano.

Por consiguiente el Nacionalismo es una necesidad vital. Planteado desde el sentido común no puede existir jamás una Nación ni una Soberanía Nacional sin un Nacionalismo puesto en práctica desde lo político. Esto es algo que se comprueba con el estudio de la mismísima Historia Universal, a pesar de aquellos que siempre tergiversan el concepto. Es a través del Nacionalismo que se puede reconquistar la Nación Argentina, lamentablemente hoy en manos de una casta política corrupta y cipaya (en mayor o menor medida), siempre al servicio del Nuevo Orden Mundial.

El Nacionalismo es la categoría política superior a la hora de definir el SER o NO SER de la Argentina. No se puede amar a la Nación como algo abstracto. ¿Alguien amaría al amor de su vida de manera abstracta? ¿Alguien podría expresar amor abstracto a un hijo, a una madre? El verdadero nacionalista ama a su Pueblo porque es su elemento constitutivo vital. Puede existir una Nación sin territorio, pero nunca sin Pueblo o Población.

Se desprende entonces que el Nacionalismo es la defensa de los objetivos e intereses de la Patria, pero de todos los intereses: Espirituales, culturales, físicos-mentales, políticos, económicos-financieros, sociales. Es revolucionario por querer romper abiertamente con el actual Sistema plutocrático-capitalista (Poder Mundial del Dinero) y por ser el centinela de una Comunidad Orgánica, Sana y Natural. Esta cosmovisión siempre se va a plasmar en una doctrina (o cuerpo de ideas rectoras) y se va a poner en práctica a través de un movimiento político de resuelto Espíritu de Lucha.

En este sentido cobran vigencia las palabras de Julio Irazusta, una de las plumas más brillantes de la Escuela del Revisionismo Histórico quien en un reportaje que se le realizó, hacia mayo de 1967, sostuvo: “En la Argentina el Nacionalismo es indispensable ante el abandono total de los intereses del pueblo por el Estado Argentino, que fue normalmente un agente de los intereses extranjeros. Porque existe una doctrina tradicional, promulgada por Alberdi, que sostiene que el país debe estar siempre sujeto al extranjero en beneficio de la seguridad nacional”. Por consiguiente, si los argentinos somos capaces de reconocer la raíz de nuestra degradación como Nación, que no es ni más ni menos que el accionar del Nuevo Orden Mundial sobre nuestra Patria, si nos queda este diagnóstico de fondo, entonces podremos actuar mejor ante ese problema.

Igualmente el problema en sí no está en ese colonialismo que avasalla la Soberanía y la Dignidad de los Pueblos. El problema en sí se halla en los entregadores de turno que le han abierto las puertas (de una u otra forma) a la rapiña plutocrática-colonialista. Ejemplos hay de sobra a lo largo de nuestra historia y viendo nuestra actualidad. A los fines prácticos, la tradicional partidocracia argentina constituye una oligarquía nacional siempre tecnócrata del Poder Mundial del Dinero. Esconden sus miserias y su insoportable corrupción al amparo de los fueros parlamentarios y de la impunidad, que es lo que genera el mismísimo Sistema.

  Una Revolución Nacionalista no se resuelve como algunos ingenuamente creen en el plano material y político exclusivamente. Pasa preferentemente por el Espíritu de Lucha que se tenga, por una fortaleza anímica indestructible que se posea, en saber superar los diferentes confucionismos ideológicos propuestos por el Sistema, confucionismos que adormece conciencias, que esclaviza sin que nos demos cuenta, que anestesia y que siempre busca rebajar al Pueblo a la categoría de ‘masa’. Por eso, hoy más que nunca se hace indispensable reconquistar primero un Espíritu de Lucha. Esta es y será siempre la condición previa para que se puedan asumir las responsabilidades, los sacrificios personales y la resistencia que a la larga impone la lucha política. Seamos leales a una estirpe, a una sangre derramada, a todos aquellos Arquetipos que nos legaron un Destino de grandeza. Seamos nobles y libres de verdad.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


31-10-2018

martes, 16 de octubre de 2018

17 DE OCTUBRE DE 1945: LA MISMA LUCHA, LA MISMA ENTREGA


En el marco de la triunfante Revolución Nacional del 4 de Junio de 1943, la Argentina dio un salto verdaderamente cualitativo por las amplísimas medidas socialistas establecidas por el entonces Coronel Juan Domingo Perón al frente de la flamante Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Había impulsado una amplísima política de reivindicación socialista a favor de los trabajadores realizado una inédita distribución de la riqueza y armonizando las relaciones entre el Capital y el Trabajo. Pago de vacaciones; aguinaldo; previsión de accidentes laborales; convenios colectivos a favor de los trabajadores; aumento de salarios; extensión del régimen jubilatorio; creación de Tribunales de Trabajo para regular el enfrentamiento entre patrones y obreros; sanción del Estatuto del Peón (lo que tanto había enfurecido en su momento a los sectores concentrados del campo).

La popularidad del Coronel Perón fue creciendo cada vez más. Desde principios de 1944 va a ostentar el Ministerio de Guerra y desde junio de ese año la mismísima vicepresidencia de la Nación. Pero el triunfo aliado en la 2da. GM dio un vuelco a la situación: Desde mayo de 1945 hizo su arribo a nuestro país un personaje de suma importancia por todos los hechos posteriores, el recordado embajador de EEUU Spruille Braden, quien durante más de cuatro meses fue el conductor de la oposición al gobierno, dentro de la cual estuvo la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista y los conservadores.

El gobierno del General Edelmiro Farrell estaba cada vez más cercado por una importantísima fuerza opositora: La embajada norteamericana (y a través de ella Inglaterra); la Unión Industrial Argentina; la Sociedad Rural Argentina; la Bolsa de Comercio; la Federación Universitaria Argentina; las asociaciones de comerciantes y ganaderos; los tradicionales partidos políticos; la totalidad de la Marina -netamente anti-peronista- como así también un importante sector del Ejército. El 8 de octubre de 1945 el enfrentamiento entre el Coronel Perón y el General Eduardo Ávalos, Jefe de Campo de Mayo (la guarnición militar más poderosa del país) aceleró el proceso. La oficialidad superior le pidió a Perón que renunciara a sus tres cargos (la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, el Ministerio de Guerra y la Vicepresidencia de la Nación), y producto de una permanente presión el carismático Líder de los Trabajadores renunció al día siguiente. Sólo la miopía política gobernante podía ignorar todo lo que vendría. La noticia de la renuncia fue un verdadero impacto emocional, una verdadera bomba de tiempo.

En su reemplazo al frente del Ministerio de Guerra se nombró al General Ávalos. El 13 de octubre Perón llegó en calidad de detenido a la isla Martín García. El Poder Ejecutivo decidió detenerlo porque se temía que se podía atentar contra su vida. Evidentemente era el triunfo de la Anti-Patria, de la oposición a una Nación Libre, Justa y Soberana. La defenestración hacia Perón y la reacción anti-nacionalista y anti-obrera dio lugar a la aparición de diferentes personeros siempre vinculados al antiguo régimen del fraude, de la corrupción y del entreguismo. A pesar de todo, la gesta social-patriótica se puso en marcha.

Para buscar descomprimir el eufórico y desbordante reclamo del pueblo trabajador en la histórica Plaza de Mayo, el designado Ministro de Guerra Ávalos se entrevistó con Perón en el Hospital Militar, para luego comunicarse telefónicamente con Campo de Mayo y hacerle saber a la oficialidad superior que Perón hablaría desde el balcón de la Casa Rosada. La noticia confundió y contrarió a estos militares (que se habían jugado el todo por el todo en el derrocamiento de Perón). Pero ya era demasiado tarde como para generar alguna reacción.

El grito del Pueblo a toda esta dramática situación se hizo sentir y de una manera muy contundente. Comenzaron a levantarse huelgas y manifiestos de protestas a través de diferentes sindicatos. La Confederación General del Trabajo había decretado una huelga nacional por espacio de 24 horas y a partir del día 18 de octubre. Pero de manera espontánea el Pueblo Trabajador fue el principal protagonista, arrasando con todo y exigiendo como única consigna la liberación del Líder de los Trabajadores. Y desde la isla Martín García el desterrado pidió por su restitución a Buenos Aires, cuestión a lo que el presidente Farrell accedió trasladándolo al Hospital Militar de esta ciudad.

Lo más singular del 17 de Octubre fue su auténtica expresión popular, una expresión que surgió de manera espontánea por la nueva realidad nacional que se vivía desde el 4 de junio de 1943. Los argentinos tradicionalmente periféricos, los ignorados de siempre, los omitidos como hoy en día que de súbito aparecieron en la mismísima ciudad de Buenos Aires para imponerse de manera arrolladora. Desde la mañana de este famoso miércoles 17 de Octubre la masa trabajadora empezó a volcarse de manera masiva hacia la Capital Federal, con muy nutridas columnas que marchaban hacia el centro de Buenos Aires. Era una verdadera marea humana la que una y otra vez pasaba, proveniente más que nada de las zonas industriales del Conurbano Bonaerense. El objetivo era arribar a la Plaza de Mayo. Metafóricamente hablando, nadie los conducía, todos eran capitanes.

A las 21.45 horas Perón ya estaba con el presidente Farrell en la residencia. Conversaron hasta las 22.25 horas y después se dirigieron hacia la Casa de Gobierno. El número de concurrentes se situó entre las 200.000 y 300.000 personas. Y a esto hay que agregarle la permanente tensión de los concurrentes que con gran frenesí y de manera infatigable seguía aclamando el nombre de Perón y reclamando sí o sí su presencia. Poco después de las 23 horas finalmente Perón salió al Balcón de la Casa Rosada estallando una impactante ovación por espacio ininterrumpido de 15 minutos. Era la felicidad total. La gente parecía como haberse vuelto loca: Gritaban, saltaban, lloraban y coreaban estribillos con voces cada vez más enronquecidas. Allí tenían enfrente al referente por el cual se habían jugado. Sano y salvo, vencedor.

Farrell intentó hacerse oír, pero más que un discurso era una presentación hacia el hombre que había sabido ganarse el corazón de millones de argentinos. Y cuando por fin el gran triunfador de la memorable jornada pronunció su primera palabra desde el Balcón, expresión que fue “¡Trabajadores!” una nueva explosión de júbilo se hizo sentir. A continuación señaló: “Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino”. Y en otra parte expresó estas palabras que también quedaron para el recuerdo, “dejo el honroso uniforme que me entregó la Patria para vestir la casaca de civil y confundirme con una masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria. Con esto doy un abrazo final a esa institución que es un puntal de la Patria: el ejército. Y doy también el primer abrazo a esa grandiosa que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es el pueblo”. Luego de su memorable discurso, la consecuencia inmediata desde lo político fue la renuncia de Ávalos al frente del ministerio de Guerra.

La Argentina ya no fue la misma, hubo un quiebre, un antes y un después. Y las consecuencias de fondo más importantes fueron: En primer lugar el surgimiento de una nueva, muy significativa, innovadora y revolucionaria fuerza política que giró en torno a la figura estelar del 17 de Octubre, el Coronel Perón. En segundo lugar la definitiva incorporación de los trabajadores al proceso político del país y como uno de los factores de poder, desde ya subordinados a su conductor natural. Y en tercer lugar, el nacimiento de la antinomia peronismo/anti-peronismo, que es lo mismo que decir Patria vs. Antipatria, algo que por supuesto es lo que perdura en nuestros días.

Fue la movilización más emblemática en toda la historia de las luchas sociales. Lo que se puso en juego fue la Justicia Social, como en otros tiempos se puso en juego la emancipación, la independencia, el federalismo como forma de gobierno o el voto. Fue una epopeya, un verdadero Despertar de la Patria Grande, o como diría el destacadísimo historiador revisionista Raúl Scalabrini Ortiz fue el subsuelo de la Patria sublevado. Fue el triunfo del Honor y de la Dignidad de todo un Pueblo que comprendió cabalmente que peligraba el destino de la Patria, jugándose la vida para que triunfase la Justicia y la Verdad. El hecho que marcó el fin de una Argentina para dar comienzo a otra Argentina. Pero más que eso, el 17 de Octubre de 1945 es la vigencia de una Lucha, porque el verdadero Nacionalismo es aquel que tiene una fuerte impronta socialista, el que profesa y pone en práctica una auténtica Justicia Social como sin lugar a dudas lo llevó adelante el Nacional-justicialismo. Un impactante acontecimiento, espejo en el cual hoy más que nunca todos los argentinos nos tenemos que mirar ante tanta miseria política, ante tanta degradación social, ante tanto cipayismo y corrupción organizada.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


16-10-2018

viernes, 5 de octubre de 2018

LOS HÉROES DE FORMOSA... ¡ACÁ NO SE RINDE NADIE CARAJO!


Sin lugar a dudas el ataque más espectacular y brutal que la guerrilla terrorista marxista haya realizado en nuestro país, el ataque al RIM 29, Regimiento de Infantería de Monte en la Provincia de Formosa, el 5 de octubre de 1975. Fue la denominada Operación Primicia, dirigida desde lo operativo por Raúl Yagüer, el N° 4 de la Conducción Nacional de Montoneros (siendo los tres primeros en jerarquía Mario Eduardo Firmenich, Roberto Cirilo Perdía y Roberto Jorge Quieto). Por entonces, el Poder Ejecutivo Nacional era ejercido por Isabel Perón, justo de licencia en esos angustiantes momentos y reemplazada por Ítalo Argentino Luder, presidente provisional del Senado.

Fue el primer ataque de Montoneros a un cuartel militar, abandonando sus atentados selectivos y copiando de ahora en más al autodenominado ERP, Ejército Revolucionario del Pueblo, la otra gran guerrilla terrorista que asolaba al país. En total hubo 70 combatientes que participaron en forma directa de esta acción, que constó de 5 etapas:

En primer lugar, el secuestro del vuelo 706 de Aerolíneas Argentinas, por parte de 7 montoneros disimulados a bordo con 102 pasajeros. El avión había salido del Aeroparque Jorge Newbery, y el secuestro se produjo a la altura de la Provincia de Corrientes para ser desviado a Formosa. En segundo lugar, el copamiento del aeropuerto El Pucú, en la entrada de la capital formoseña. En tercer lugar el ataque propiamente dicho al Regimiento de Infantería de Monte 29, de importante poder de fuego a nivel nacional. En cuarto lugar, la fuga en un Boeing de Aerolíneas Argentinas y en una avioneta cessna 182, que sirvió para confundir en la huida. Y por último, el aterrizaje del avión en una pista improvisada cerca de Rafaela, en Santa Fe. De hecho, en la improvisada pista había una fila de diez vehículos que esperaban a los extremistas, que bajaron todo el cargamento de armas y explosivos robados para ahora sí, darse a la fuga.

El grueso de la información sobre el Regimiento, como así también sobre el aeropuerto y la ciudad en general, ya había sido dado de antemano por un montonero infiltrado dentro del mismísimo Regimiento, el soldado Roberto Mayol, (finalmente perforado por una lluvia de disparos por parte de los defensores). Del ataque en total participaron 30 guerrilleros. Y en media hora de encarnizado combate hubo 24 muertos, 12 de cada lado y los atacantes se robaron 18 fales. Murieron 10 soldados defensores, un sargento 1° y un subteniente. Los soldados conscriptos Antonio Arrieta, Heriberto Ávalos, José Coronel, Dante Salvatierra, Ismael Sánchez, Edmundo Sosa, Marcelino Torales, Alberto Villalba y Hermindo Luna; el subteniente Ricardo Massaferro y el sargento Víctor Sanabria.

En la defensa fue muy heroico el arrojo del soldado Hermindo ‘Negro’ Luna, de tan sólo 20 años de edad. Proveniente de una familia muy humilde, justo en ese momento se encontraba de guardia. Repentinamente se le aparecieron cinco terroristas fuertemente armados que habían bajado de una camioneta y le dijeron: -Rendite, negro, que con vos no es la cosa. A lo que Luna respondió ¡Acá no se rinde nadie carajo! y fusil en mano trató de replegarse hacia el fondo, con la intención de advertir a sus compañeros del asalto y darles la posibilidad de reaccionar cuanto antes. Luego de iniciar el tiroteo, Hermindo Luna fue finalmente alcanzado de manera mortal.

Con esta brutal acción, Montoneros concretó su acción militar más importante, lográndose provocar una fuerte conmoción social. El objetivo inmediato consistió en deteriorar al gobierno constitucional de Isabel, y el objetivo de fondo fue provocar una reacción militar, es decir, provocar a los militares para que tomen el poder. Los terroristas creían que podrían generar las condiciones en las cuales ellos supuestamente ganarían respaldo popular y así desplazarían al gobierno militar, desde ya una tesis tan ridícula como disparatada.

El ataque conmocionó al gobierno, al peronismo y a los militares, provocando que el General Jorge Rafael Videla y el Almirante Emilio Eduardo Massera fijaran la fecha para el golpe de Estado el 24 de marzo de 1976. Tanto Videla como Massera querían dar el golpe luego del ataque, pero no contaban con el convencimiento del Jefe de la Fuerza Aérea, el Brigadier Héctor Fautario. Igual siguieron adelante en sus planes ya que hacia fines del ’75 lograron desplazar a Fautario a través de una rebelión que desembocó en su reemplazo por el Brigadier Orlando Agosti.

Como consecuencia del ataque al regimiento formoseño, el lunes 6 de octubre del ’75 el presidente provisional Luder impulsó tres decretos contra la subversión. El primero de ellos, el N° 2.770, creaba un Consejo de Seguridad Interna y el Consejo de Defensa, integrado desde ya por el poder político pero también por los militares. El segundo, el N° 2.771, disponía que el Ministerio del Interior firmara convenios con los gobernadores para que las fuerzas de seguridad de cada provincia quedaran bajo el control del Consejo de Defensa, en el marco de la lucha contra la subversión. Y el tercero de los decretos, el N° 2.772, ordenaba a las FFAA las operaciones militares y de seguridad necesarias para aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio nacional.

De esta manera las FFAA tenían ahora la autoridad para asumir la lucha contra los terroristas, hasta el momento algo manejado (o mal manejado) por la Policía Federal. Estos recordados decretos fueron como una suerte de ampliación de lo que Isabel había establecido y firmado en la provincia de Tucumán. En el fondo, el gobierno civil pasó a depender del Ejército, casi un certificado de defunción.

El actual aparato cultural y propagandístico oficial nos sigue machacando con una épica artificial, con una farsa dialéctica que supuestamente enfrentó a ‘ángeles del pueblo’ contra denominados ‘demonios de las oligarquías’. En esta épica que nunca existió el uso de las armas y el desprecio por la democracia quedan disimulados como si tratase de una cuestión meramente juvenil. Sólo parecen importar los DDHH de apenas un sector. Y el mejor ejemplo de esta concepción parcial y arbitraria de la Historia es el pago de cuantiosas indemnizaciones a los familiares de los guerrilleros que murieron atacando el Regimiento de Formosa. O sea, un Estado democrático actual indemnizando a quienes atacaron a otro Estado democrático (el gobierno de Isabel). Hasta los montoneros que participaron de la Operación Primicia señalaron en su revista oficial de la época, ‘Evita Montonera’, que sus compañeros habían caído en combate. Es decir, que no habían sido víctimas de la represión ilegal por parte del aparato estatal.

Por eso, para aquellos que creen que en los ’70 se trató de idealistas que lucharon contra feroces dictaduras (descontextualizando los acontecimientos externos como siempre) ese brutal ataque al Regimiento de Infantería de Monte de Formosa (como otros tantos) fue en pleno gobierno constitucional y democrático de Isabel Perón… Ante un nuevo aniversario de esta verdadera tragedia ocurrida en nuestro país, ante la sistemática distorsión de la historia, ante los enormes negociados de los pretendidos ‘Derechos Humanos’ y ante la impunidad de la que gozan los terroristas montoneros hoy en día: ¡¡Acá no se rinde nadie carajo!! ¡¡Gloria y Honor al soldado Hermindo Luna!! ¡¡Gloria y Honor a los Héroes de Formosa!!



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


05-10-2018

lunes, 24 de septiembre de 2018

JOSÉ IGNACIO RUCCI, EMBLEMA DE LUCHA Y LEALTAD


Nació un 15 de mayo de 1924 en Alcorta, sur de la Provincia de Santa Fe, desempeñándose en tareas rurales. Instalado en Buenos Aires entró en la fábrica de cocinas ‘Catita’, una marca muy popular de la época, arrancando bien desde abajo hasta convertirse en obrero metalúrgico. En 1947 inició su actividad gremial al ser elegido delegado de esa fábrica. Luego del golpe de Estado de 1955 estuvo preso y posteriormente participó activamente en la Resistencia Peronista.

Para ese entonces ya era un ávido lector del Revisionismo Histórico Argentino, con José María Rosa a la cabeza. Además leía al mismísimo General Juan Domingo Perón y a nacionalistas católicos como Charles Maurras. A principios de los ’70 fue designado encargado de prensa dentro de la Unión Obrera Metalúrgica. El 6 de julio de 1970 asumió el cargo de Secretario General de la CGT, convirtiéndose de esta manera como uno de los hombres más poderosos del país. Carismático, pasional, hablaba muy bien en público. Desde este máximo cargo siempre pidió aumentos salariales y mejoras laborales, pero fue más allá al exigir el retorno de Perón y el fin de su proscripción. Sus reclamos siempre tenían un estilo bastante directo, frontal y combativo hacia la dictadura de Alejandro Lanusse (un antiperonista de pura cepa que inclusive se había sublevado en 1951).

Para Rucci el Movimiento Obrero no podía estar al margen de los grandes problemas existentes del país, sólo podía alcanzar la plenitud de sus derechos con la toma del poder, o sea con Perón. En este sentido luego de la asunción de Héctor Cámpora como presidente, el 25 de mayo de 1973, de su traición hacia el peronismo, de su apertura hacia las organizaciones guerrilleras marxistas, de los crecientes accionares terroristas de estas organizaciones, y en definitiva de su debilitamiento en el poder hasta terminar renunciando, la campaña pre-electoral del 23 de septiembre de 1973 fue llevada adelante por los sindicatos, y por supuesto, con Rucci a la cabeza. En esta histórica fecha Perón se convirtió presidente de los argentinos por tercera vez.

El Líder de la CGT fue una pieza clave en el denominado Pacto Social, que fue la médula del plan de gobierno de Perón, lo que implicaba una vuelta al peronismo, al desarrollo industrial y al reparto equitativo de la riqueza. Este Pacto Social le dio a Rucci muchísimo poder porque todos los nombramientos en los puestos clave del Estado necesitaban de su firma, junto con la del ministro de Economía José Gelbar. Y a medida que Rucci aumentaba su protagonismo político junto a Perón y en contra de la organización terrorista Montoneros, fue concentrando toda la bronca y toda la ira. El martes 25 de septiembre de 1973 al mediodía fue acribillado en la vereda de su domicilio, en Avenida Avellaneda 2.953 en el barrio porteño de Flores. O sea, a tan sólo dos días del triunfo del Líder de los Trabajadores en las elecciones presidenciales. Cuando abrió la puerta de su casa para salir, sus 13 guarda-espaldas estaban en sus puestos, sentados en los cuatro autos estacionados sobre la avenida. Pero esto no impidió el accionar.

En total le dieron 25 tiros entre tres personas, que le dispararon con FAL, itaka y una pistola 9 milímetros. Fue la denominada Operación Traviata por los 23 agujeritos de las galletitas Traviata. Este tremendo acto terrorista ocurrió cuando precisamente intentó abrir la manija del auto Torino rojo para subir. Su principal asesino fue Julio Iván Roqué, alias ‘Lino’, el N° 6 de la Conducción Nacional de Montoneros y uno de los fundadores de las FAR. Este siniestro personaje ya había recibido instrucción militar en Cuba, y luego del atentado hizo cursos militares por Argelia, el Líbano y Europa del este. Inclusive, el 25 de mayo de 1973 (con la asunción de Cámpora) había sido uno de los tantos presos liberados de la cárcel de Devoto. Finalmente murió en mayo de 1977 en Haedo, luego de tomar una pastilla de cianuro y volarse al estar rodeado por miembros de la Marina (para ese año ya era el N° 1 de Montoneros). En este sentido, el periodista y ex guerrillero Miguel Bonasso, afirmó en su libro ‘Diario de un Clandestino’ que fue el propio Mario Firmenich quien le confirmó oficialmente del asesinato a manos de esta organización. Su muerte fue un apriete al mismísimo General. Se trató de “persuadirlo” para que se los tuviera en cuenta en la conducción del Gobierno y del Movimiento, una lectura más que burda y disparatada.

Tal como lo afirma el periodista e investigador Ceferino Reato en su obra ‘Operación Traviata’, muchos de quienes hoy se reivindican como los herederos de Montoneros y de la década del ’70 adoptan un status de superioridad moral en relación al resto de la sociedad: Construyen un relato histórico que acomoda los hechos a su antojo. Cuando se les habla de sus crímenes y de sus aberraciones ya esgrimen los “ideales”, como si esto bastara para justificar sus actos demenciales. Si los ideales no alcanzan entonces hablan de los desaparecidos y torturados por la dictadura (como si esto también alcanzara para dejar de lado sus crímenes). Y si lo anterior no alcanza ya optan por descalificar al que piensa distinto.

Ante un nuevo aniversario de su vil y cobarde asesinato a manos de la organización terrorista Montoneros, José Ignacio Rucci pasó a la historia como un luchador de causas superiores, como el máximo símbolo de Lealtad hacia Perón y hacia la causa Nacional-justicialista. Es tal como lo expresara este verdadero peronista, el mejor de todos: La reconstrucción de la Patria es una tarea común para todos los argentinos, sin sectarismos ni exclusiones. La liberación será el destino común que habremos sabido conquistar, con patriotismo, sin egoísmos, abiertos mentalmente a una sociedad nueva, para una vida más justa, para un mundo mejor”.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


24-09-2018

sábado, 15 de septiembre de 2018

16 DE SEPTIEMBRE DE 1955, LA HORA DE LOS ENANOS


El cobarde derrocamiento del General Juan Domingo Perón fue un acontecimiento que sin lugar a dudas marcó un antes y un después en la Argentina. Los sucesos previos marcaron un terrible acto demencial: El 16 de junio de 1955 cuarenta aviones de la Marina bombardearon y ametrallaron Casa de Gobierno y Plaza de Mayo. La intención era más que clara, asesinar a Perón. Este acto terrorista fue acompañado por el accionar de la Infantería de Marina que atacó la Casa Rosada, acto que finalmente fue contrarrestado. El saldo fue de más de 300 civiles muertos y 3.000 heridos. Tras este brutal bombardeo el Líder justicialista dio la orden de que ningún obrero concurriese a Plaza de Mayo. Pero de manera espontánea, y ante la difícil hora que se vivía, una enorme multitud se congregó frente a la histórica Plaza y bajo el lema defender a Perón.

En un clima tremendamente caldeado y mientras el país digería como podía la carnicería de junio, tres meses después, exactamente el 16 de de septiembre del ´55, estalló finalmente la sublevación militar en Córdoba que puso fin al gobierno Nacional-justicialista. Mientras el foco insurreccional cordobés resistía, la Marina bombardeaba pozos de petróleo de YPF en Mar del Plata donde había emplazado 19 buques. La mayoría de las Fuerzas Armadas permanecieron leales a Perón, pero sus acciones para reprimir el levantamiento fueron tan ineficaces como parsimoniosas. La flota mantuvo su curso hacia Buenos Aires y por radio ordenó a los habitantes de Berisso que evacúen la zona porque sino destruirían la destilería de YPF.

Luego de unos días de indefinición tras el levantamiento, el General Perón finalmente presentó su renuncia, aduciendo querer evitar un derramamiento de sangre. La dimisión desde ya que fue aceptada por los altos mandos liberales conspiradores. El General Eduardo Lonardi -jefe del levantamiento en Córdoba- y el Almirante Isaac Rojas se hicieron cargo del Poder Ejecutivo. El 23 de septiembre Lonardi asumió la presidencia de la Nación en un brevísimo período de tiempo y bajo la hipócrita consigna ‘ni vencedores ni vencidos’.

De esta manera comenzaba un nuevo y sangriento proceso político argentino. El golpe de Estado de 1955 fue presentado ante la opinión pública como la supuesta recuperación de la tradición republicana, iniciada en la Revolución de Mayo de 1810, frente al gobierno de Perón caratulado como de segunda “tiranía”. Porque claro, para el pensamiento liberal de cuño masónico la primera tiranía había sido el gobierno del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. Esta contra-revolución antiperonista ya había empezado a tomar cuerpo anteriormente. El 28 de septiembre de 1951 el General Benjamín Menéndez había encabezado un intento de golpe, en donde más de 200 oficiales fueron juzgados y pasados a retiro. Inclusive el General José Suárez había encabezado otro intento golpista en 1952. Su plan consistía en tomar la Casa Rosada a través de una acción comando y asesinar a Perón. Finalmente, por una filtración del servicio de Informaciones de la Aeronáutica la conspiración se frustró.

Luego de su breve presidencia de casi dos meses, el 13 de noviembre Lonardi fue remplazado por el General ultra-antiperonista Pedro Eugenio Aramburu, quien rápidamente procedió a dictar el Decreto 3.855/55 disolviendo al Partido Peronista, y en marzo de 1956 el Decreto 4.161 con la rúbrica de Isaac Rojas y Álvaro Alsogaray estipulándose penas que prohibían toda participación política del peronismo y penas por el sólo hecho de pronunciar las palabras ‘Evita’, ‘peronismo’ o ‘Perón’. La Argentina volvía a perder su propio destino, volvía a ser colonia de las potencias mundiales, de la Usura Internacional. Se ingresó al Fondo Monetario Internacional, política de vasallaje que continuará en el tiempo. Hacia abril del ´56 la “Libertadora” derogó plenamente la Constitución de 1949. Y el 9 de junio de 1956 los generales Juan José Valle y Raúl Tanco iniciaron un levantamiento cívico-militar que tuvo la clara intención de restaurar al peronismo, lo que va a terminar en una terrible tragedia con 27 civiles y militares fusilados. En definitiva, desde 1955 comenzaba un período de 18 años de proscripción, de persecución y sangre al peronismo, que recién pudo reivindicarse en 1973.

Para comprender el trasfondo del derrocamiento del General Perón sólo basta con tener presente dos frases tristemente célebres de Winston Churchill, Primer Ministro del Reino Unido de 1940 a 1955, sin lugar a dudas uno de los personajes más nefastos de toda la historia política a nivel mundial. Durante la famosa conferencia de Yalta de 1945 entre los aliados de la 2ª GM, Churchill expresó: “No dejen que la Argentina se convierta en potencia, porque detrás de ella arrastrará a toda Hispanoamérica”. Y en un discurso pronunciado en la Cámara de los Comunes, en 1955, afirmó de manera contundente: “La caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria de la Segunda Guerra Mundial. Y las fuerzas del Imperio inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida, ni tampoco después de muerto”

Es que la revolución peronista había herido sensiblemente a las minorías concentradoras del poder económico en nuestro país, perjudicando a su vez los intereses plutocráticos colonialistas británicos. En esto reside la clave de todo. El Nacional-justicialismo estableció el legado de la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social. Y fue precisamente Perón el que como ningún otro presidente en la historia de nuestro país reivindicó a los trabajadores con amplias medidas socialistas, realizando una efectiva distribución de la riqueza y armonizando las relaciones entre el Capital y el Trabajo.

El peronismo fue sin lugar a dudas la doctrina libertaria del siglo XX, también reflejada en el principio de la Tercera Posición, un posicionamiento totalmente libre ante los embates de las izquierdas y de las derechas, ante el marxismo y el capitalismo, ante el colonialismo yanki y el colonialismo soviético de esa época, colonialismos siempre manejados por el Poder Oculto, por la Sinarquía Internacional al decir del Líder justicialista. Y con una fuerte política de industrialización interna (también, como nunca antes visto en el país) la Independencia Económica tuvo como finalidad reconquistar las fuentes de riqueza de la Nación para hacer un reparto más equitativo, para mejorar la calidad de vida de todos los argentinos. Se desligó al país de todo organismo financiero usurero, no había deuda externa. Se nacionalizó el Banco Central de la República Argentina como así también los sectores estratégicos de la economía. Se llevó adelante una verdadera integración económica a nivel latinoamericano. Y todo ello a pesar de la terrible presión ejercida por EEUU, el país “bueno y democrático” vencedor en la 2ª GM. En definitiva, era la Comunidad Organizada.

Tal como lo sostuvo el mismísimo Perón, 1955 marcó la hora de los enanos. Enanos en referencia a todos aquellos agentes de la decadencia moral e intelectual, en cuyas manos recaía el poder político para ser dócil a los deseos del colonialismo. Enanos por todos aquellos traidores que pasaron a engrosar las filas de los que humillaban a la Patria. Enanos por todos aquellos que no pudieron comprender al Pueblo, y en esta incomprensión se pasaron a la vereda del enemigo. Y enanos también por los que entregaron la Soberanía Nacional, los que derribaron la Independencia Económica y la Justicia Social.

Y si hablamos de enanos, la actual partidocracia argentina claramente lo es. Lo que hoy sobra es mucho dolor: Postración, degradación social, pobreza, indigencia, concentración económica, clientelismo político, corrupción organizada, rebaje cultural, entrega del patrimonio nacional, subordinación hacia los poderes mundiales, pago de la mayor estafa al pueblo argentino –la Deuda Externa–. Por eso, el 16 de septiembre de 1955 marcó el gran quiebre en nuestro país: Parió a los enanos y vendepatrias del pasado e hizo crecer a los enanos y vendepatrias del presente.




Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

15-09-2018

lunes, 10 de septiembre de 2018

PEDRO BONIFACIO PALACIOS, EL PADRE DEL AULA


Pedro Bonifacio Palacios, conocido popularmente por su seudónimo Almafuerte, se destacó como un gran docente, periodista, y gran poeta comprometido con la sociedad de su tiempo. Nació el 13 de mayo de 1854 en San Justo, en el oeste del conurbano bonaerense, en el seno de una familia muy humilde.

Tuvo una infancia muy sufrida, ya que a su marcada pobreza perdió a su madre y luego fue abandonado por su padre. En medio de la extrema pobreza en la que creció, se orientó primero hacia las artes plásticas. Por su imposibilidad económica para viajar a París (que era, como hoy, el centro principal de los pintores y estudiantes del arte), la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires propuso a Almafuerte como candidato para una beca que le permitiera viajar a Europa y perfeccionarse. Sin embargo, la Cámara de Senadores se la negó. Esta frustración personal profundizó en él su disgusto con la política, su desconfianza hacia los partidos, con una visión crítica y filosa que volcaría, más tarde, en muchos de sus escritos.

De esta manera cambió su rumbo. De adolescente se dedicó a la docencia y a la escritura. A los 16 años, sin tener siquiera el título de maestro, tuvo una larga experiencia al frente de diferentes clases, en donde fue nombrado inclusive Director de una escuelita rural en Chacabuco, en plena campaña bonaerense. También fue docente en Mercedes y Salto. En 1884 conoció en Chacabuco al ex presidente Domingo Faustino Sarmiento, sin lugar a dudas unos de los máximos referentes del procerato liberal post Caseros.

En su visión, la pobreza sólo podía ser revertida a través de la educación. En las escuelas rurales de Buenos Aires, Salto, Chacabuco, Mercedes y Trenque Lauquen, se extenuó horas y horas con clases ininterrumpidas. En aulas precarias y simples taperas, Palacios enseñaba las primeras letras, recitaba poemas y transmitía los rudimentos de las matemáticas a grupos de niños rurales, hijos de peones, hambreados, castigados, excluidos, analfabetos, con una dedicación tan admirable como casi única.

Su labor no consistió en transmitir pasivamente datos fríos. Conocía instintivamente las técnicas para estimular la creatividad de los alumnos, los guiaba hacia la investigación, los incentivaba a buscar el saber, los estimulaba a sentir la sed inagotable de conocimiento que él mismo sentía. Enseñaba Ciencias y Geografía a campo abierto (en el lugar de los hechos como él decía). Y su método docente obligaba al alumno a observar la naturaleza y deducir de esa observación las leyes que la regían. No contento con esto, extendió su campo de acción: Pedía a los niños que trajeran a sus padres para estudiar. Y de esta manera su éxito fue total.

Los cursos que él dictaba comenzaban con no más de 10 o 15 alumnos, para, al promediar el año, verse colmados por 200 o 300 educandos de todas las edades. Lamentablemente fue apartado de su cargo por tener una postura política crítica hacia esa Argentina conservadora en la cual se vivía, porque su forma de ejercer la docencia irritaba a los “doctos”. En 1894 retomó su labor como decente en una escuela de Trenque Lauquen, pero en 1896 el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires lo destituyó nuevamente de las aulas, poniéndose como motivo el hecho concreto de que el gran maestro no contaba con un título oficial habilitante. En realidad, su destitución se debió a que sus poemas eran altamente críticos para con el gobierno. Pero Almafuerte, fiel a su nombre, no cedió. Redobló su labor dialéctica y poética, siguió enseñando en forma privada defendiendo el rol del docente, exaltando la cultura y trabajando para los pobres.

Como poeta fue realmente un autodidacta, y resulta casi imposible clasificarlo dentro de las corrientes literarias de su época. Cuando cumplió 20 años, el diario Tribuna publicó su primer poema, ‘Olvídate de mí’. En 1875 fue ‘Pobre Teresa’, una obra de teatro en cuatro actos, escrita en verso. Y con el ímpetu de esos pequeños primeros logros, continuó publicando en medios de mínima o regular tirada: En La Ondina de Plata, El Álbum del Hogar, Caras y Caretas y La Biblioteca. Sus poemas los escribía para ser recitados frente a multitudes. La poesía almafuertiana es, en realidad, un ejercicio de oratoria y retórica, poéticamente perfecta en rima, métrica, técnica y estilo. Aprendió elocuencia de eximios oradores políticos de su época, y por ejemplo Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle arengaban a las masas con el mismo estilo con el que Almafuerte elaboraba sus poemas.

Como periodista también tuvo una vida pública muy destacada. Escribió en el diario Buenos Aires; fue secretario de redacción de El Oeste de la ciudad de Mercedes y fundó el diario El Progreso en Chacabuco. En 1887 se trasladó a La Plata e ingresó como periodista en el diario El Pueblo, para luego dirigirlo. Y en esta trinchera de resistencia cultural combatió ácidamente al gobierno de turno. Con el tiempo fue nombrado Pro-secretario de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, y más tarde fue bibliotecario y traductor en la Dirección General de Estadística de la provincia. Su forma política de pensar siempre fue libertaria. Con el estallido de la Revolución del Parque en 1890 Almafuerte se identificó con los ideales de Alem y los orígenes revolucionarios de ese movimiento.

Pero desengañado de la política se volvió más introspectivo, solitario y hosco. Se recluyó a escribir y se desligó de las funciones públicas. Sintió por esta época que los únicos que merecían su esfuerzo eran los pobres, los miserables, los enfermos, los ignorantes, y a ellos se volcó de modo definitivo. Pero la admiración que existía por sus poesías era cada vez mayor. Fue tan así que en 1893 el diario La Nación empezó a publicar sus poemas. Las masas se sentían identificadas con él, con el poeta cultísimo, ampliamente cultivado, capaz de escribir versos técnicamente perfectos, llenos de sangre y de pasión, donde hablaba y se comprometía con un profundo contenido social.

También escribió miles de cartas a los poderosos de turno solicitando alimento, trabajo, vivienda, educación, medicamentos, becas o subsidios para los pobres, para alumnos y ex alumnos. Por regla general sus reclamos tenían éxito. Y Al final de su vida, el Congreso de la Nación Argentina le otorgó una pensión vitalicia para que se pudiera dedicar de lleno a su actividad como poeta. Sin embargo no pudo gozar de ella, ya que el 28 de febrero de 1917 falleció en la ciudad de La Plata, a la edad de 62 años.

En La Plata se encuentra la casa donde transcurrieron los últimos días de Don Pedro Bonifacio Palacios, convertida hoy en museo que se declaró ‘Monumento Histórico de la Ciudad, de la Provincia y de la Nación’, un más que justo homenaje a su gran labor humanística y literaria. Y cincuenta y siete años después de su muerte, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires lo declaró Maestro Honoris Causa, otorgándole por fin el título que nunca tuvo en vida y que se convirtió en su sueño más preciado.

En esta Argentina actual tan degradada, tan sometida a los poderes mundiales y tan viciada en la corrupción organizada debemos levantar la bandera del gran docente y poeta social por excelencia que dio nuestro país: La bandera del combate contra la injusticia, contra la exclusión social, la mezquindad humana y la miseria espiritual. Ya lo decía con claridad meridiana Almafuerte en ‘Piu Avanti’, uno de sus poemas más significativos:

No te des por vencido, ni aun vencido,
No te sientas esclavo, ni aun esclavo;
Trémulo de pavor, piénsate bravo,
Y arremete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido,
Que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
No la cobarde intrepidez del pavo
Que amaina su plumaje al primer ruido.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

10-09-2018