domingo, 30 de diciembre de 2018

LUIS ALBERTO ROMERO, LOS DELIRIOS DE UN DEFORMADOR POR EXCELENCIA DE NUESTRA HISTORIA


Si hay un historiador que permanentemente fabula sobre el Nacionalismo y sobre nuestra Historia ese es sin lugar a dudas Luis Alberto Romero, una de las plumas indiscutidas del liberalismo masónico en la Argentina. El 9 de diciembre del 2014 se publicó en el diario Clarín un artículo de su autoría y bajo el pomposo título ‘Delirio nacionalista: el mito del combate de Obligado’ (www.clarin.com/opinion/combate-obligado-nacionalismo-malvinas-revisionismo-historico_0_HkZ8bKPqDXg.html). El argumento central para este deformador nato de nuestro pasado es que en Vuelta de Obligado “no se defendieron los intereses nacionales”, que “no fue una victoria nacional”, queel Nacionalismo festeja derrotas”, concluyendo que “el revisionismo concluyó convirtiendo la derrota en victoria”. A su vez exalta que “es un mito que Rosas haya combatido al imperialismo inglés”.

En este sentido afirma: “En el núcleo del mito está la idea de que en Obligado Rosas resistió al imperialismo y defendió los intereses nacionales. Es cierto que el gobernador de Buenos Aires enfrentó a la ‘diplomacia de las cañoneras’ y defendió la soberanía de su provincia. La tergiversación consiste en identificar esta forma de imperialismo, propia de mediados de siglo XIX, con la idea posterior de imperialismo –popularizada inicialmente por Lenin– que aplicada a nuestro caso identifica toda la relación anglo argentina con la dominación y la explotación”.

A su vez sostiene: “El punto central del mito reside en la idea de que allí se defendieron los intereses nacionales. Pero en 1845 la nación y el Estado argentinos no existían. Había provincias, guerra civil y discusión de proyectos contrapuestos, basados en intereses distintos. El Combate de Vuelta de Obligado, y todo el conflicto en la Cuenca del Plata, es un ejemplo de esas diferencias. Rosas aspiraba a someter a las provincias, incluyendo a la Banda Oriental y a Paraguay, cuya independencia no reconocía”. Estos argumentos son un verdadero disparate. En 1845 sí existía el Estado Argentino, con una primera magistratura que gobernaba conforme a una de las organizaciones políticas más trascendentales del siglo XIX, el Pacto Federal, ya establecido desde 1831 en adelante y en el marco de las guerras civiles que lamentablemente atravesaba el país.

Y en Vuelta de Obligado –que es lo que tanto le molesta a Romero– el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas sí defendió los intereses nacionales. Sino ¿qué sentido tuvo pelear nada más ni nada menos que contra los anglo-franceses? La agresión fue la consecuencia lógica de toda una política nacionalista desplegada desde 1835 en adelante y que chocaba abiertamente contra los intereses colonialistas de la época: La Ley Nacional de Aduanas; el sistema de exclusiva navegación; la liquidación del Banco Nacional (la principal entidad financiera del país administrada por la especulación y la usura inglesa); la fundación del Banco de la Provincia de Buenos Aires (que ponía el crédito en función de objetivos nacionales).

A lo anterior se suma el desarrollo de una política nacional agraria; el desconocimiento de la hipoteca a favor de los ingleses y que pesaba sobre nuestra tierra pública (como consecuencia de haber contraído nuestro país la primer deuda externa en 1824, en tiempos del unitario-liberal y pro-inglés Bernardino Rivadavia); la venta de tierras públicas detentadas por enfiteutas, concentradores y terratenientes siempre en relación con el capital británico (por negarse a pagar el doble de canon exigido por Rosas para renovar la concesión de sus tierras). En este sentido se había puesto en marcha un reparto más justo de tierras para la producción primaria.

A su vez, lo que el Nacionalismo reivindica de las acciones de Vuelta de Obligado es el hecho puntual y definido de la gesta heroica, la defensa de la Soberanía Nacional nada más ni nada menos que frente a las dos potencias más poderosas de la época, Inglaterra y Francia. Romero nos quiere hacer creer que fue “Obligado y nada más”, y que en consecuencia los argentinos somos tontos y “festejamos una derrota”. Esta explicación barata no resiste análisis: Vuelta de Obligado fue el comienzo de una serie de combates.

Luego de apoderarse de la entrada del río Paraná, la escuadra enemiga continuó su rumbo por el río estando ahora solamente reducida a 6 unidades de combate más 44 navíos mercantes. La increíble resistencia argentina prosiguió a lo largo de la costa con sendos cañonazos en Tonelero (al sur de San Nicolás), San Lorenzo (a la altura norte de Rosario) y Quebracho (al norte de San Lorenzo). Y lo peor fue la tortura del regreso por el río para arribar a Montevideo. En total quedaron incendiados siete barcos y los buques mercantes averiados hasta arrojaban sus mercaderías al agua.

Quebracho fue la última acción de resistencia, en junio de 1846. Y lo que pareció imposible, ocurrió: Un claro y contundente triunfo político de la Causa Nacional. Inglaterra firmó el tratado de paz con la Argentina el 24 de marzo de 1849, haciendo lo propio Francia el 31 de agosto de 1850. Muy a pesar de Romero, ambas potencias reconocieron ante Rosas la total independencia del país y saludaron el Pabellón Nacional con 21 cañonazos de desagravio.

En realidad Romero sabe perfectamente que representó Vuelta de Obligado, como así también quien terminó ganando la guerra en el marco de la brutal agresión anglo-francesa de 1845 contra la Confederación Argentina. El Revisionismo Histórico, serio y analítico, en ningún momento sostuvo que en ese combate hubo una victoria nacional, en absoluto. El tema es que Romero tiene como una suerte de problema patológico e irreversible con el Nacionalismo y con el Revisionismo, algo que permanentemente vomita y escupe. Lo suyo es sentirse acomplejado por algo que infinitamente lo supera. ¿Y qué es lo que lo supera? Precisamente ese Revisionismo que permanentemente ha buscado estructurar el relato del pasado argentino con un sentido de verdad y de coherencia.

Haciendo un paralelismo con la Guerra inconclusa de Malvinas, Romero cierra en su artículo: “Celebrar una derrota –como ocurre hoy en Malvinas– es la quintaesencia de nuestro enfermizo nacionalismo, soberbio y paranoico”. Claro, esa es la cuestión… la soberbia y la paranoia la encontramos en él. A pesar de su enfermizo prejuicio ideológico, Luis Alberto Romero tiene que saber que el Nacionalismo no festeja derrotas. Lo que el Nacionalismo y el Revisionismo Histórico hacen es reivindicar siempre la Defensa de la Soberanía Nacional, cuyos dos acontecimientos paradigmáticos sin lugar a dudas lo constituyeron Vuelta de Obligado y Malvinas.

Es decir, todos aquellos acontecimientos cargados de heroísmo que hicieron grande a la Nación, todas aquellas gestas que se libraron con la clara intención de luchar por nuestra Libertad y por nuestra Nación Soberana. Es tal como se lo manifestara el General Don José de San Martín al Brigadier General Don  Juan Manuel de Rosas en referencia al Combate de Vuelta de Obligado y en carta fechada el 10 de mayo de 1846, al sostener: “(…) En mi opinión, es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”.

Pero pretender que el historiador Romero reconozca esto del Nacionalismo es como pedirle a un burgués que comprenda que la Historia es un mandato de lucha para el presente. Luis Alberto Romero, los delirios de un deformador por excelencia de nuestra Historia. La mediocridad y el cipayismo intelectual al desnudo.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

30-12-2018

sábado, 29 de diciembre de 2018

FEMINISMO: LA IDEOLOGÍA DEL HEMBRISMO


  La Real Academia Española define al feminismo como “un principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”. Y sobre la base de esa igualdad el sociólogo feminista Michael Paul Johnson enfatiza que se busca “eliminar la dominación y la violencia de los varones sobre las mujeres”. Al fragor de ver lo que es el feminismo en pleno siglo XXI resulta imperioso reformular una definición y analizar varios de sus conceptos.

A lo largo de la historia las mujeres han obtenido numerosos logros. Al luchar por derechos civiles y políticos, el feminismo se ganó un lugar más que justo dentro de las demandas sociales a nivel mundial. Durante el siglo XIX y principios del siglo XX se luchó por la igualdad en referencia a derechos de propiedad y derechos dentro del matrimonio. Desde fines del siglo XIX la lucha se centró en la obtención de derechos políticos, básicamente el derecho al sufragio. Sin lugar a dudas conquistas nobles y más que auspiciosas. ¿Quién puede estar en contra de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres? ¿Cómo no mirar con buenos ojos el derecho de las mujeres a votar o a tener una misma remuneración que el hombre en el ámbito laboral?

Sin embargo, el feminismo hoy en día significa algo extremadamente distinto. A pesar de que hay muchísimas personas que siguen luchando por esa igualdad de oportunidades, ese feminismo primigenio en esencia ya no existe más. Vale decir, el feminismo hoy por hoy transmutó en una ideología radicalizada y anti-natural expresada desde lo socio-cultural y en muchos casos con muy fuerte respaldo político. Sus ideas rectoras giran básicamente en torno a la sexualidad, la reproducción, el aborto, el androcentrismo, el “patriarcado”, la “ideología de género” y la “liberación femenina”. De esta manera el feminismo derivó en hembrismo, en un machismo a la inversa. ¿Y cómo operó esta invisible transmutación? A través de la farsa dialéctica materialista marxista de opuestos irreconciliables.

De la lucha de clases entre patrones (opresores) y obreros (oprimidos) se pasó a una guerra de sexos entre hombres (opresores) y mujeres (oprimidas) como “motor de la historia”. Inclusive Friedrich Engels fue quien sentó las bases de la unión entre el marxismo y el feminismo tal como lo sostiene en su muy conocida obra “El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado”, escrita por el pensador judeo-alemán en 1884: “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino”

El feminismo como clara ideología hembrista-sexista va a parir de la mano de la escritora francesa feminista bisexual, escandalosa, promiscua y pederasta Simone de Beauvoir (1908-1986). Su obra “El segundo sexo” (1949) es una suerte de “biblia” para el movimiento feminista y fuente de inspiración para futuras referentes e ideólogas de esta expresión.​ Según las ideas de Beauvoir se debe partir de un categórico rechazo al hombre por la sencilla razón de que la mujer ha sido sistemáticamente reducida a un papel de sirvienta o esclava. Su célebre frase “la mujer no nace, se hace” dio inicio a la interpretación de que las personas poseen sexo no desde su nacimiento natural biológico sino a partir de una construcción social, a partir de cuando el hombre o la mujer quieran ser lo que les guste ser y en el amplio sentido de la palabra.

Al estar siempre  latente el de rechazo abierto al hombre, al encarnar el “mal” dentro de la sociedad, la derivación lógica de esta visión va a ser el fomento del lesbianismo, ya que en la visión de Beauvoir “la homosexualidad de la mujer es una tentativa, entre otras, para conciliar su autonomía con la pasividad de su carne. Y, si se invoca a la Naturaleza, puede decirse que toda mujer es homosexual por naturaleza”. Otra de sus ideas principales fue la amplia difusión que propagó sobre el aborto y la libre elección de la mujer a elegir, tal las tesis en su Manifiesto por el aborto legal” de 1971, en donde sostiene: “El aborto libre y gratuito no es nuestra única plataforma de lucha. Esta demanda es simplemente una exigencia elemental. Si no se la toma en cuenta, el combate político no puede ni siquiera comenzar. Recuperar, reintegrar nuestro propio cuerpo constituye para nosotras, las mujeres, una necesidad vital. De frente a la historia, nuestra situación es bastante singular: en una sociedad moderna como la nuestra, somos seres humanos a quienes se les prohíbe disponer de sus cuerpos. Una situación que en el pasado sólo los esclavos han conocido”.

La canadiense Shulamith Firestone (1945-2012) es otra de las grandes referentes del feminismo radicalizado, partidaria de la pedofilia, de la emancipación sexual desde la infancia. Su obra más conocida es “La dialéctica del sexo” (1970), en donde también sustituye la lucha de clases por la lucha de sexos. Según sus afirmaciones la maternidad representa la "opresión radical que sufre la mujer" y la “servidumbre reproductiva determinada por la biología". Su pedofilia feminista queda más que explícita en su famosa obra: “Si el niño puede elegir relacionarse sexualmente con los adultos, incluso si él debe escoger su propia madre genética, no habría razones a priori para que ella rechace los avances sexuales, debido a que el tabú del incesto habría perdido su función. (…) Las relaciones con niños incluirían tanto sexo genital como el niño sea capaz de recibir -probablemente considerablemente más de lo que ahora creemos-, porque el sexo genital ya no sería el foco central de la relación, pues la falta de orgasmo no presentaría un problema grave. El tabú de las relaciones adulto/niño y homosexuales desaparecerían”.

A su vez la expresión ‘patriarcado’ (otro enfoque esencial feminista) se debe a la escritora, cineasta, escultora y feminista estadounidense Kate Millet (1934-2017), la activista lesbiana que combatió abiertamente el amor romántico y cuyas ideas centrales se encuentran en su obra “Política Sexual” (1970). Para Millet, el patriarcado es el dominio del orden social por los hombres opresores y que se expresa de diferentes formas, configurándose en ello toda una “violencia simbólica” que estructura toda esa opresión varonil hacia las mujeres. Esta “violencia” se reflejaría desde lo sexual (y en el sentido de que sólo el placer es el de los hombres) pasando inclusive por el lenguaje al utilizarse palabras masculinas que incluyen o “subordinan” a las mujeres, como por ejemplo “ciudadanos”. Esta “opresión patriarcal” dio pié para el desarrollo del paradigma del "androcentrismo", es decir, la visión del mundo y de las relaciones sociales centradas desde un punto de vista masculino.

Queda claro que el sexo viene determinado por naturaleza, una persona nace con sexo masculino o con sexo femenino. Si partimos de la base de que el género es la construcción psicosocial del sexo, y que en definitiva esa construcción determina los diferentes comportamientos emocionales y naturales, las diferentes identidades propias del hombre y de la mujer (haciéndolo más diferentes que similares), para el feminismo el género pasa a ser la construcción misma del sexo y desde un componente cultural: El sexo ya no es un dato originario de la naturaleza sino lo que se siente llenar y darle sentido a la vida, un papel social del que se decide autónomamente.

El género como construcción social y no biológico es una de las contribuciones más importantes de la teoría feminista. Por consiguiente, esta “ideología de género” es una mera categorización social, una artificial y caprichosa “toma de conciencia” de valores y conductas que tira por tierra la natural construcción psicosocial del sexo biológico. La consecuencia lógica, tal como lo sostiene la feminista judía estadounidense Judith Butler, es que tanto “hombre” como “masculino” podrían aceptarse tanto en un cuerpo femenino como en uno masculino, y a su vez, “mujer” y “femenino” podrían aceptarse también para ambos cuerpos.

Bajo esta visión del género como construcción social se establece la idea de “violencia de género”. De esta manera se instala la idea-fuerza de que el hombre es agresivo y violento or naturaleza y que la mujer es pacifista y víctima indefensa. Con una pisca de sentido común siempre se va a concluir que la violencia se debe condenar en todo sentido, sean cuales fuesen las fuentes y las causas. Es más que justa la lucha por darle voz a los que sufren y padecen algún tipo de maltrato, como es el caso de las mujeres. Esto debe ocurrir siempre y cuando la justicia prime y se lleve a cabo un análisis y un proceso igualitario en todo aspecto. Pero esto es lo que precisamente no sucede y más que nada cuando vemos el bombardeo mediático demonizando al hombre. Esta es la clave para entender la trampa de la frase ‘Ni Una Menos’. La verdadera frase tendría que ser ‘Nadie Menos’: Ni mujeres, ni hombres, ni ancianos, ni niños, ni trabajadores ni estudiantes. En realidad todos somos víctimas de un sistema de degradación cultural siempre al servicio del Nuevo Orden Mundial. Se bombardea una y otra vez de que la “violencia de género” es unidireccional, solamente del hombre hacia la mujer.

Conclusión

El feminismo se ha alejado abruptamente de su primigenia y legítima igualdad entre hombres y mujeres, transmutándose en un sistema de creencias que distorsiona la realidad basada en la misandria y en la cultura de la victimización de la mujer. Por eso es la ideología del hembrismo, de un machismo a la inversa. Al establecer las bases del androcentrismo patriarcal (en donde supuestamente se oprime y se subyuga a las mujeres), el feminismo establece toda una histeria colectiva contra lo masculino. Po eso, al generar un odio visceral y una aversión hacia todo lo varonil o masculino se convierte en una misandria. ¿Se podría decir que mujeres poderosas en su momento como Margaret Thatcher, Hillary Clinton, Christine Lagarde o Ángela Merkel forman parte del “sexo oprimido” según las tesis feministas?.

En los primeros años de la década de 1990 el locutor de radio y comentarista estadounidense Rush Limbaugh popularizó el término peyorativo "feminazi", asociando de manera burda algunas corrientes feministas con un pretendido “nazismo”. Nada más alejado de la realidad que esto tanto desde lo ideológico como desde lo político y cultural. Se trata de la subversión cultural marxista, que tiene como objetivo dividir y fracturar a la sociedad a través de la fabricación de conflictos artificiales, en este caso conflictos abstractos sexistas entre los hombres y las mujeres. Conflictos que parten precisamente de la base de que la mujer es objeto persistente de opresión por parte del hombre y que la mujer misma no es diferente del hombre y que a su vez es capaz de desempeñar todas las funciones que éste realiza. O sea, es un movimiento que utiliza como pantalla una supuesta reivindicación de derechos de las mujeres para así esconder su verdadera naturaleza, la fabricación de conflictos artificiales entre hombres y mujeres como factor de división dentro de una Comunidad Nacional.

Detrás de la guerra de sexos del marxismo cultural, detrás del feminismo como ideología del hembrismo se encuentra la Escuela de Frankfurt, el germen antinatural y destructor de la vida de los pueblos, la gran usina ideológica-educativa y psicológica-propagandística del Nuevo Orden Mundial que opera para desarticular y dominar a los Pueblos desde sus mismísimos cimientos internos. Por eso se hace más que imperioso establecer las bases de un Nuevo Orden Social Patriótico para que ponga un real freno a este germen destructivo de la Familia, de la Tradición, de la Vida y de los sanos valores culturales.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

29-12-2018

lunes, 17 de diciembre de 2018

LA ESCUELA DE FRANKFURT, INSTRUMENTO PARA LA DOMINACIÓN CULTURAL


La “Revolución Cultural”

La Escuela de Frankfurt es el principal instrumento de imposición del Nuevo Orden Mundial para dominar, adormecer y manipular mentalmente a los pueblos desde lo educativo, psicológico, cultural y propagandístico. Para comprender a fondo este verdadero laboratorio de ingeniería social primero debemos partir de un concepto clave en el armado de la agenda mundialista, el marxismo cultural. Este concepto es fundamental, y como tal, nos muestra la esencia del actual Sistema plutocrático-capitalista de Dominación Mundial.

En tal sentido, Antonio Gramsci (1891-1937), fundador del Partido Comunista Italiano y uno de los pensadores marxistas más influyentes del siglo XX, sentó las bases al establecer una suerte de “revisionismo” dentro de los postulados doctrinarios del marxismo economicista clásico. Se trataba precisamente de “revisar” la teoría marxista ante el rotundo fracaso de la tan anhelada “revolución proletaria” que supuestamente iba a triunfar en Europa luego de finalizada la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

  Para Gramsci, la “superestructura” de una sociedad (que en el lenguaje común y corriente marxista vendría a ser “lo que oprime”) no es el sistema económico imperante como lo sostenía Kissel Mordechai (1818-1883), más conocido como Karl Marx, el ideólogo y pensador fundacional de la subversión materialista conocida como Comunismo. Por el contrario, Gramsci sostenía que dicha “superestructura” eran las tradiciones, las identidades y las culturas particulares de cada uno de los pueblos y en su visión eran las que generaban una determinada forma de economía. Por ende, para el triunfo de la tan anhelada revolución política marxista en Europa y Occidente, primero se debía combatir a la “verdadera superestructura”.

A este cambio de paradigma dentro del mundo marxista se le dio el nombre de Revolución Cultural, en esencia un conjunto de ideas subversivas anti-naturales elaboradas para atacar los valores tradicionales como la familia, la religión, la vida natural, la cultura y las identidades nacionales de los pueblos. Para el marxismo gramsciano el problema en sí era la civilización y la cultura occidental europea, lo que se va a considerar como algo "atrasado” y “opresivo". La táctica utilizada desde un primer momento será la infiltración silenciosa a través del control de los diferentes sistemas y niveles educativos, el arte, las editoriales y los medios de comunicación.

El nacimiento de la Escuela de Frankfurt

El aporte fundacional de Gramsci se va a consolidar con la creación del denominado Instituto de Investigaciones Sociales o Instituto para la Investigación Social (Institut für Sozialforschung), fundado el 27 de junio de 1924 en la Universidad de Frankfurt (Alemania), en plena República de Weimar. Un verdadero laboratorio subversivo de intelectuales neo-marxistas de renombre, lo que se conoció informalmente como Escuela de Frankfurt, bajo el patrocinio de los internacionalistas Georg Lukács y Félix Weil. Esta fue la gran usina a partir de la cual se pretendió llevar adelante una serie de cambios en masa en la sociedad, trasladando al marxismo desde lo estrictamente económico a lo cultural. Es que la Revolución Cultural gramsciana se la entendía como primordial a la hora de demoler a una sociedad desde sus mismos cimientos internos. Por eso nunca se dejaba de “teorizar” sobre los conceptos de familia, educación, autoridad, medios de comunicación, sexo y cultura popular.

Los principales referentes de la Escuela de Frankfurt (que fundamentalmente se desarrolló desde 1945 con la finalización de la Segunda Guerra Mundial) fueron: Max Horkheimer, Theodor Adorno, Erich Fromm, Herbert Marcuse, Jürgen Habermas, Walter Benjamin, Bertrand Rusell, Alfred Schmidt y Albrecht Wellmer, por citar a los más paradigmáticos. Todos internacionalistas. En la década del ‘30, los trabajos de Horkheimer, Adorno, Fromm y Marcuse culminaron en lo que se conoció como Teoría Crítica, un concepto que como tal apuntó básicamente a eso, a que la teoría es criticar. Y criticando cada uno de los aspectos, las características o instituciones de la sociedad occidental se podía fracturar a la sociedad misma desde sus cimientos espirituales, éticos, morales y naturales.

En 1933, con el ascenso al poder en Alemania del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP), esta Escuela neo-marxista emigró hacia la ciudad suiza de Ginebra, luego a París para posteriormente establecerse en Nueva York a través de la Universidad de Columbia que le dio cobijo, o sea, refugio en el tan “odiado capitalismo”. Sus teorías no sólo fueron aceptadas oficialmente por EEUU sino que hasta han logrado el financiamiento por parte de la Fundación Rockefeller. A su vez, Hebert Marcuse se convirtió en figura clave del Office of Strategic Services (OSS), el Servicio de Inteligencia de los Estados Unidos de América durante la Segunda Guerra Mundial, el antecesor de la Central Intelligence Agency (CIA). Y otros como Horkheimer y Adorno se trasladaron temporalmente a Hollywood para aplicar sus ideas en los grandes medios de comunicación y el cine.

Max Horkheimer se hizo cargo de la dirección de la Escuela de Frankfurt a partir de 1930, atrayendo a dos muy influyentes teorizantes del marxismo cultural: Theodor Adorno (1903-1969), sociólogo, filósofo y músico nacido en Alemania; y Erich Fromm (1900-1980), psicoanalista y filósofo también nacido en Alemania, ferviente defensor de la “liberación sexual” y de las políticas de género.

Hebert Marcuse

Sin lugar a dudas, el filósofo y sociólogo Marcuse (1898-1979), nacido en Alemania, fue uno de los más influyentes de la Escuela de Frankfurt, haciéndose miembro de la misma en 1932 y constituyéndose en uno de los grandes gurúes del auge y expansión de la denominada Nueva Izquierda en EEUU, en la década del ’60. Junto a Fromm desarrolló el “pansexualismo” de  Sigismund Schlomo Freud (1856-1939), más conocido con el nombre de Sigmund Freud, médico y psicólogo, creador de la pseudociencia que lleva por nombre psicoanálisis.

En su obra Eros y Civilización’, de 1955, no sólo condenaba cualquier restricción en el comportamiento sexual, sino que daba a entender que las personas eran neuróticas porque sus instintos sexuales estaban reprimidos. En su visión sólo se podía vislumbrar un futuro si se podía destruir ese orden represivo, liberando el eros, la líbido o deseo sexual para alcanzar así una sociedad de “perversidad poliforma” (según sus propias expresiones), vale decir, una sociedad con “satisfacción sexual” fuera del alcance de los parámetros sociales éticos y morales que la regulan. Esta idea abrió las puertas para el posterior desarrollo de la denominada ‘liberación gay’.

Para Marcuse se debía tener mucho sexo con muchas personas y todo el tiempo. La idea de liberación sexual se volvió muy popular sobre todo en las décadas del ’60 y ’70 entre los hippies y en los diferentes movimientos estudiantiles de izquierda. Estos planteamientos –junto con los de Fromm que sostenía que la masculinidad y la feminidad no son reflejos de diferencias sexuales biológicas naturales sino que el sexo está determinado por una construcción social– también fueron decisivos para sentar las bases de los posteriores movimientos feministas.

Siguiendo con Freud, se apuntó a masificar la idea de que se debía buscar el placer por el placer mismo, explotándose diferencias artificiales entre el sexo masculino y el sexo femenino, quebrándose las relaciones tradicionales entre el Hombre y la Mujer. También se apuntó a atacar la autoridad del padre, negar los roles específicos paternos y maternos, y hasta arrebatar a la Familia su derecho natural como principal educador de sus hijos. A su vez, suprimir toda forma de dominación masculina y declarar abiertamente que la mujeres son la ‘clase oprimida’ mientras que los hombres la ‘clase opresora’ (en lenguaje neo-marxista).

Las ideas marcuseanas influenciaron devastadoramente en millones de jóvenes a nivel mundial. Sus postulados también asentaron las bases del denominado Mayo Francés de 1968 y su famoso “prohibido prohibir”, un movimiento ideológico marxista generado en la Universidad de París y que se levantó sobre dos supuestos básicos: el fin del principio de autoridad y la superación de la moral “represora” tradicional.

Terrorismo intelectual y corrección política

En su ensayo ‘Tolerancia Represiva’, de 1965, Marcuse acuña un concepto clave, la tolerancia liberadora. Este concepto parte de la base de que se deben crear las condiciones óptimas para una tolerancia hacia la ‘izquierda’ (tal su terminología) y una intolerancia irrestricta hacia lo que él denomina ‘derecha’. La miopía de este intelectual consistió en caer en un reduccionismo simplista sobre la palabra ‘derecha’, ya que la entendía como todo aquello que se oponía a los postulados culturales de la Escuela de Frankfurt. Pero bien sabemos que ambos términos están perimidos hoy en día, y en nada se distinguen a los fines prácticos como usinas artificiales funcionales al Nuevo Orden Mundial.

Por su parte, en 1950 Adorno escribió su obra más influyente, La Personalidad Autoritaria, sosteniendo que el pueblo de Estados Unidos poseía muchos rasgos “fascistas”, y que todo aquel partidario de la tradicional cultura estadounidense era poco más que un desequilibrado mental. No es casual que los defensores a ultranza de la corrección política utilicen las habituales etiquetas o estigmatizaciones como “fascistas” o “ultraderechistas” hacia todos aquellos que simplemente piensan distinto. Vaya si el Nacionalismo Argentino lo ha sufrido en carne propia.

Se buscaba así que las sociedades pierdan su capacidad crítica ante el verdadero trasfondo de los problemas existenciales, que vivan estigmatizadas si contradecían los parámetros establecidos por la corrección política. Es ni más ni menos que la imposición cultural de la censura y del terrorismo intelectual. Esta ‘corrección política’ es lo que se puede observar en las diferentes Universidades de nuestro país, en donde nada se debe criticar si es políticamente correcto para el Sistema, y en cambio todo se puede y se debe criticar si es políticamente incorrecto para los deseos de los “Amos del Mundo”. Vale decir, criticar la ideología de género, el Feminismo, el Multiculturalismo, el Sionismo o los postulados de la Historia Oficial a través del Revisionismo Históricos es sinónimo de represalia. Por eso es aquí donde se aprecia con mayor nitidez el carácter totalitario y dictatorial del marxismo cultural.

Conclusión

La Escuela de Frankfurt, germen antinatural y destructor de la vida de los pueblos, es la gran usina ideológica-educativa y psicológica-propagandística del Nuevo Orden Mundial que opera para desarticular y dominar a los pueblos desde sus mismísimos cimientos internos. En la Argentina, las diferentes teorizaciones neo-marxistas se van a consolidar definitivamente con el advenimiento de la Republiqueta del 14 de Junio de 1982 y se van a afirmar aún más desde el régimen kirchnerista en adelante.

Y todo ello a través de diferentes políticas “educativas” como así también a través del control cultural de las escuelas, universidades y grandes medios de comunicación. El ejemplo más visible de todo ello es el conductor y productor televisivo Marcelo Tinelli, un ferviente exponente y lucrador de la frivolidad, la promiscuidad, el destape y el sexo como valor televisivo generador de rating, distinguido en el año 2014 como “Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires”. 

La consecuencia lógica lograda por el mundialismo globalizante –y su partidocracia sistémica siempre dócil–  es la descomposición de los valores éticos y morales, la consolidación de un nihilismo cada vez más angustiante, y por consiguiente, la falta de cohesión, la división y fracturación social, que es lo que lamentablemente sufre nuestra querida Patria.

¿Qué hacer entonces? En primer lugar debemos tomar una real conciencia sobre el estado de indefensión y de agresión externa sufrida a través de la explicada “infiltración silenciosa”. En segundo lugar comprometernos firmemente, día a día, con el Despertar de la Patria Grande, con la consolidación del Nacionalismo Social Argentino como única y verdadera alternativa en el poder.

Es que se es verdaderamente nacionalista solamente por el alto grado de sacrificio que se está dispuesto a hacer por la Patria. Debemos reafirmar un Nacionalismo Cultural Argentino, reivindicar a la Familia como pilar fundamental de nuestra comunidad. Ser firmes custodios de una Vida Natural, de una Identidad Nacional, de una Tradición y de una Cultura que nos es propia, de una Argentina para los Argentinos libre de toda forma de dominación extranjera.



Artículo aparecido originariamente en el periódico Bandera de octubre de 2016.

Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

17-12-2018

martes, 27 de noviembre de 2018

CUMBRE DEL G-20 EN BUENOS AIRES: RENDIDOS ANTE EL NUEVO ORDEN MUNDIAL


Según su sitio en internet www.g20.org el Grupo de los 20 se presenta como “el principal foro internacional para la cooperación económica, financiera y política”, sosteniéndose además que “aborda los grandes desafíos globales y busca generar políticas públicas que los resuelvan”. Es un foro mundialista integrado por países fuertemente industrializados y países emergentes. Lo componen en la actualidad Estados Unidos, Reino Unido, China, Rusia, Alemania, Francia, Japón, Corea del Norte, Canadá, Arabia Saudita, Brasil, México, Australia, Italia, India, Indonesia, Argentina, Sudáfrica y Turquía a los cuales se suma una representación de la Unión Europea. A su vez se señala de manera categórica que “la presidencia del G20 cambia todos los años entre los 19 países miembro del grupo. Como el foro no tiene sede central ni personal permanente, el país que preside el G20 organiza las reuniones y tiene un rol central en el diseño de la agenda y en la construcción de consensos entre los miembros. Para ampliar el alcance y el impacto del foro, y para garantizar que su enfoque sea realmente global, se invita a participar a los principales organismos internacionales, como las Naciones Unidas (ONU), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial”.

Dicho de otra manera el G-20 es uno de los tantos brazos operativos del Nuevo Orden Mundial para llevar adelante la agenda mundialista. Por primera vez la Argentina ocupará su presidencia siendo la ciudad de Buenos Aires su anfitriona entre el 30 de noviembre y el 1° de diciembre del corriente año, recibiéndose nada más ni nada menos que a los principales mandatarios del mundo. Un acontecimiento sin precedentes sobre todo por la delicada crisis económica y social que atraviesa el país. Una ciudad prácticamente paralizada, más globalizada que nunca, fuertemente blindada y con un inmenso operativo de seguridad que ya cuenta con la activa participación de fuerzas de seguridad, servicios de inteligencia, sistemas de espionaje y tropas extranjeras provenientes de China y sobre todo de la alianza globalista anglo-norteamericana-sionista.

El discurso políticamente correcto del G-20 en Buenos Aires apunta a plantear el desarrollo de las economías regionales, la infraestructura, el futuro alimentario, la creación de fuentes laborales, el planteamiento de una mejor calidad de vida y sobre todo la necesidad de un financiamiento internacional para la realización de obras de infraestructura. Pero la realidad pasa por otro lado. De antemano no se pueden dar garantías para semejante evento por la torpeza e incapacidad manifiesta del actual Gobierno en materia de seguridad. Sólo basta con observar lo sucedido en el vergonzoso operativo de seguridad de la trunca súper-final de la Copa Libertadores entre River y Boca.   

La cumbre se da en el marco de una crisis estructural que vive la Argentina: Fuerte recesión económica, inflación cada vez más creciente, desindustrialización por apertura de importaciones, quiebra de pequeñas y medianas empresas, brutal aumento de tarifas de servicios públicos, sistemática devaluación del peso y agiotismo del Dólar, fuerte endeudamiento externo, subordinación al Fondo Monetario Internacional y aumento cada vez más pronunciado de la pobreza e indigencia. ¿Podemos creer tan ingenuamente que bajo este panorama la cumbre del G-20 pueda aportar soluciones de fondo a un problema que radica en el Sistema o Régimen de Dominación Mundial mismo? ¿Cuál es entonces el verdadero trasfondo?

Lo esencial de la cumbre del G-20 en Buenos Aires radica en ratificar formalmente un mayor grado de dependencia, colonialismo y entrega del Gobierno de Mauricio Macri hacia el Nuevo Orden Mundial. No por nada el primer mandatario argentino había manifestado hacia fines del 2017 que los argentinos "le inspiramos confianza al mundo porque ven que estamos por el camino correcto". Inclusive Buenos Aires va a ser el escenario de las fuertes disputas comerciales entre las principales potencias mundiales, fundamentalmente entre EEUU y China (con bases militares en nuestro país). Teniendo en cuenta que la ilegal y parasitaria Deuda Externa Argentina es el gran condicionante de nuestra economía, el canje de deuda por territorio es una de las grandes variantes que maneja la elite globalista, un aspecto esencial que no debe dejarse de lado ni subestimar por el fuerte lobby de los diferentes poderes mundiales que operan desde hace largo tiempo en el país.

Desde el Partido Bandera Vecinal, Partido integrante del Frente Patriota, no sólo rechazamos la presencia del G-20 en la Argentina sino que ratificamos nuestro más enérgico repudio al colonialismo globalista, a la rapiña plutocrática-capitalista de los tiburones de la Usura Internacional y al entreguismo servil de gobiernos marionetas de turno como sin lugar a dudas lo es el Gobierno de Mauricio Macri.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

26-11-2018

lunes, 19 de noviembre de 2018

DÍA DE LA SOBERANÍA NACIONAL: LA ARGENTINA DEL HONOR Y DE LA LIBERTAD


El Combate de la Vuelta de Obligado, librado el 20 de noviembre de 1845 en aguas del río Paraná, sobre su margen derecha, al norte de la provincia de Buenos Aires en el actual partido de San Pedro, constituyó una de las páginas más memorables de toda nuestra historia. Una gesta heroica en donde las armas de la Patria defendieron nuestra soberanía política e integridad territorial frente a la agresión colonialista nada más ni nada menos que de las dos escuadras navales más poderosas de la época, Inglaterra y Francia.

El Nacionalismo de Rosas

En el marco de una profunda guerra civil entre unitarios y federales, y ante la conmoción nacional que produjo el asesinato del prestigioso caudillo federal Facundo Quiroga, el 7 de marzo de 1835 la Sala de Representantes de la ciudad de Buenos Aires nombró a Juan Manuel de Rosas como gobernador de la provincia de Buenos Aires con la suma del poder público y por un período de cinco años. Luego de ser casi unánimemente plebiscitado por el pueblo bonaerense los días 26, 27 y 28 de marzo, finalmente el día 13 de abril asumió como gobernador con el encargo de las Relaciones Exteriores. Un gobierno enérgico y decididamente patriótico que a lo largo de diecisiete años ejercerá de manera ininterrumpida. Su política nacionalista chocaba abiertamente contra los intereses imperialistas de las principales potencias mundiales europeas.

El 18 de noviembre de 1835 Rosas dictó la Ley de Aduanas, de espíritu proteccionista, en la cual se estableció toda una serie de impuestos aduaneros de entre el 15 y el 50% sobre artículos importados que el país era capaz de producir o que eran de lujo. El hecho financiero más trascendental de su gobierno fue la liquidación del Banco Nacional, la principal institución crediticia creada desde 1826 que era manejada por agiotistas ingleses en connivencia con los prohombres del círculo unitario rivadaviano. El 30 de mayo de 1836 Rosas dispuso su cierre fundando el actual Banco de la Provincia de Buenos Aires ya que, en su concepción, el Estado era el único que podía y debía garantizar la moneda circulante.

La Ley Agraria, sancionada el 10 de mayo de 1836 desconocía la hipoteca que pesaba sobre la tierra pública a favor de los ingleses como consecuencia de la ignominiosa primer Deuda Externa contraída en 1824 por Bernardino Rivadavia (por entonces ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del gobernador de la Provincia de Buenos aires, el General Martín Rodríguez) y la compañía financiera Baring Brothers. A su vez, Rosas procedió a la venta de tierras públicas detentadas por enfiteutas y especuladores terratenientes que se negaban a pagar un canon justo para renovar la concesión de sus tierras, impulsándose toda una política de colonización de tierras en pequeñas fracciones, con asistencia estatal para sus pobladores. La tierra libre de enfiteutas quedó en manos de pequeños propietarios.

A su vez, el decreto del 31 de agosto de 1837 establecía la prohibición de la extracción de oro y plata en el país, algo muy codiciado por Inglaterra, Estados Unidos y Brasil que buscaban cubrir sus quebrantos financieros a costa de nuestras reservas metálicas. El sistema de exclusiva navegación nacional puso fin al sistema de libre navegación de nuestros ríos –que tanto beneficiaba al imperialismo económico británico y brasileño en la venta de sus manufacturas–, sentando las bases para el desarrollo de una marina mercante. Todas estas medidas generaron un extraordinario progreso a lo largo de todo el país, un gran desarrollo industrial y agropecuario. Por la gran prosperidad generalizada, los salarios de la Confederación Argentina estaban entre los más altos del mundo. Era una Nación orgullosa de su propio destino.

Intervencionismo y colaboracionismo unitario

Para comprender el modus operandi del intervencionismo imperialista mundial de la época debemos remontarnos al intento colonial desplegado por los franceses  en nuestro país entre 1838 y 1840. El 28 de marzo de 1838, Francia le declaró a la Confederación Argentina el bloqueo al puerto de Buenos Aires. La excusa ante semejante acto de guerra era pretender la libertad de connacionales franceses, que en realidad se trataba de personas acusadas de asesinato, y que los franceses mismos estuvieran exentos de la reclusión militar en nuestro país. Cada reclamo justificaba el envío de una escuadra, el bloqueo, la extorsión, y de ser necesaria, la agresión militar. Era una metodología que se había demostrado infalible en las naciones donde había sido aplicada, enmascarada con intenciones “civilizadoras y humanitarias”.

Con justa razón, y en defensa de la dignidad nacional, Rosas se mantuvo inflexible desde lo diplomático. Y como consecuencia, el contraalmirante francés Luis Leblanc –jefe de las fuerzas navales francesas en América del Sur– decretó el riguroso bloqueo al puerto de Buenos Aires. Si bien la casi totalidad de los recursos provenían de las rentas de Aduana, esta situación se contrarrestó con créditos y contribuciones voluntarias  a favor del Estado. Otra circunstancia que facilitaba la resistencia fue la Ley de Aduanas. Es decir, dentro de la prosperidad general interna, el cierre del comercio exterior se podía soportar sin generar alguna crisis económica (y por ende crisis política).

La insolente agresión francesa también contó con el colaboracionismo unitario exiliado en Montevideo, que a través de la denominada Comisión Argentina buscó aliarse a la potencia agresora. Sus dos máximos exponentes fueron Florencio Varela y Julián Segundo de Agüero, pero su alma fue Bernardino Rivadavia, quien desde Santa Catalina (Brasil) monitoreaba todas las iniciativas anti-nacionales. Por su parte, Juan Bautista Alberdi también realizó en Montevideo una fuerte campaña periodística a favor de una amplia alianza con los franceses sitiadores. En este sentido se delinearon diferentes focos de insurrección, siendo el más relevante la expedición “libertadora” del General Juan Galo Lavalle desde el litoral, expedición financiada por Francia pero que va a terminar en un rotundo fracaso por la permanente hostilidad de la población hacia Lavalle mismo. Finalmente, ante la firmísima actitud del Restaurador de las Leyes, Francia levantó su bloqueo, suscribiéndose la paz el 29 de octubre de 1840, reconociéndose la total soberanía de nuestro país y enarbolándose la bandera argentina a bordo del buque francés Alcmene para saludarla con veintiún cañonazos de desagravio.

Ante tales circunstancias, el Libertador General José de San Martín, en carta del 10 de julio de 1839 a dirigida a Rosas desde su exilio en Francia, afirmaba: “Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufriríamos en tiempos de la dominación española. Una tal felonía, ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”. Y en reconocimiento a la firme defensa de la soberanía nacional, el General San Martín, con fecha 23 de enero de 1844, estableció en la cláusula tercera de su testamento: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le será entregado al general de la república Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.

A pesar de este rotundo triunfo diplomático de la Confederación Argentina, los unitarios no cesaron en su intención de asociarse con diferentes potencias imperialistas contra su propia Patria, siendo el pretexto para ello la lucha contra una supuesta tiranía. En este sentido, el 11 de agosto de 1843 Florencio Varela fue nombrado por la Comisión Argentina y por el ilegal gobierno uruguayo del General Fructuoso Rivera como agente oficial en Europa para negociar la ayuda británica y francesa. Inclusive, el mismísimo Domingo Faustino Sarmiento ya había alentado tiempo atrás la secesión de la Patagonia a favor de Chile durante su exilio en este país, como así también el general unitario José María Paz había proyectado establecer la “República de la Mesopotamia”, conformada por las provincias de Entre Ríos y Corrientes bajo el paraguas protector británico.

La resistencia nacionalista ante la agresión colonialista de 1845

La intervención colonialista anglo-francesa de 1845, tan requerida por los unitarios que no vacilaron en traicionar una vez más a la Patria con tal de derrocar a Rosas se originó, o mejor dicho, tuvo su excusa en los sucesos que ocurrían en Uruguay. Las potencias aliadas intimaron a Rosas para que evacuara las tropas argentinas que sitiaban este país y que la escuadra naval del almirante Guillermo Brown levantara el bloqueo que pesaba sobre Montevideo. Esta situación perjudicaba el comercio de las grandes potencias europeas. ¿Y por qué había un estado de beligerancia entre la Confederación Argentina y el Estado oriental? El presidente uruguayo, el General Manuel Oribe, había sido derrocado en 1838 por el General Fructuoso Rivera, quien con apoyo unitario planeó además segregar la Mesopotamia argentina para unirla al Uruguay y así formar un Estado aparte.

Al no prosperar la restitución de Oribe, el acuerdo diplomático fracasó. De manera insolente, las escuadras anglo-francesas se apoderaron de los buques argentinos, bombardeando la ciudad de Colonia y tomando la isla Martín García. Fueron hechos que exaltaron el sentimiento patriótico, en donde todas las provincias, con sus gobernadores y legisladores al frente, se pronunciaron en contra de la agresión ofreciendo sus contingentes para resistir. Todos a excepción del círculo unitario…

Ante el inminente ataque de las poderosas flotas enemigas, el General Lucio Mansilla fortificó el paraje de Vuelta de Obligado, lugar situado sobre la margen derecha del Paraná, que allí baja en dirección noroeste-sureste, para luego desviarse de norte a sur, y nuevamente de oeste a este. De allí lo de “vuelta”, por el cambio de rumbo del canal principal, tomando el nombre de su propietario, don Antonio Obligado. Mansilla solicitó el envío urgente de proyectiles, caballos para facilitar el traslado de tropa y cañones apostados a lo largo del río. No contaba con artilleros experimentados, por lo que tuvo que improvisar.

El grueso del ejército de la Confederación mantenía el sitio de Montevideo que no podía abandonarse, ni siquiera debilitarse, ya que esto hubiera significado ceder al propósito del enemigo. Tampoco disponía de la flota de Brown, apresada en la isla Martín García, por lo que la defensa del río debía hacerse desde tierra por milicianos y vecinos. En Vuelta de Obligado las fuerza patrias sólo disponían de cuatro baterías para la defensa. La ‘Manuelita’, al mando del teniente coronel de Artillería Juan Bautista Thorne; la ‘General Mansilla’ al mando del teniente de Artillería Felipe Palacios (servida de tres cañones); la ‘General Brown’, al mando del marino Eduardo Brown, hijo del famoso almirante (con cinco cañones) y la ‘Restaurador Rosas’, al mando del ayudante mayor de Marina Álvaro Alsogaray (con seis cañones). A su vez, en la primera línea de combate se ubicaron 400 hombres de infantería del cuerpo de Regimiento de Patricios, bajo el mando del coronel Ramón Rodríguez.

En total se apostaron para enfrentar a las dos mayores potencias bélicas del mundo un poco más de 2.100 hombres, instalándose 35 piezas de artillería. Y como símbolo de soberanía Mansilla atravesó el curso del Paraná con gruesas cadenas de hierro afirmadas sobre veinticuatro barcazas desmanteladas fondeadas en línea y fuertemente atadas a las cadenas con banderas argentinas. Sobre la orilla entrerriana se posicionó el bergatín Republicano, armado con seis cañones de escaso calibre, una tripulación de dos oficiales, veintiún artilleros y trece marineros.

La fuerza invasora británica estaba formada por el Gorgon, buque insignia a vapor de 1.200 toneladas, al mando del comandante en jefe, capitán Hotham; el Firebrand, también a vapor, comandado por el capitán Hope; la corbeta Comus, al mando del capitán Inglefield, los bergantines Philomel, Dolphin y Fanny, al mando de los capitanes Sullivan, Leving y Key. Portaban en total cincuenta cañones, casi el doble que los argentinos, de mejor puntería y largo alcance. La escuadra francesa estaba integrada por el buque a vapor Fulton, de 650 toneladas al mando del capitán Mazeres; la corbeta Expeditive, al mando del capitán De Muriac; los bergantines Pandour y Procida, al mando de los capitanes Du Marc y Riviere, y la nave capitana Saint Martin, a cargo del comandante Francois Trehouart. Esta última en realidad era la nave insignia de la Confederación, San Martín (al mando del Almirante Guillermo Brown), capturada frente a Montevideo e incorporada a la flota agresora. Los cañones franceses sumaban cuarenta y nueve.   

El Combate de la Vuelta de Obligado

A las 8.43 horas de la mañana de aquel famoso 20 de noviembre de 1845 la poderosa escuadra enemiga avanzó con el Saint Martin al frente, una ofensa que enfureció aún más a los argentinos. Y ante la inminencia del ataque, el General Mansilla realizó una emotiva y conmovedora arenga a su tropa, que quedará por siempre en los anales de nuestra historia: “¡Milicianos del departamento del norte! ¡Valientes soldados federales, defensores denodados de la independencia de la República y de la América! Los insignificantes restos de los salvajes traidores unitarios que han podido salvar de la persecución de los victoriosos ejércitos de la Confederación y orientales libres, en las memorables batallas de Arroyo Grande, India Muerta y otras; que pudieron asilarse de las murallas de la desgraciada ciudad de Montevideo, vienen hoy sostenidos por los codiciosos marinos de Francia e Inglaterra, navegando las aguas del gran Paraná, sobre cuya costa estamos para privar su navegación bajo otra bandera que no sea la nacional… ¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis!... Considerad el tamaño del insulto que viene haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. Pero se engañan esos miserables: aquí no lo serán… ¿no es verdad camaradas? ¡Vamos a probarlo!... ¡suena ya el cañón! Ya no hay paz con la Francia ni con la Inglaterra. ¡Mueran los enemigos!... Tremole en el río Paraná y en sus costas el pabellón azul y blanco, y muramos todos antes de verlo bajar de donde flamea”. Inmediatamente se entonó el Himno Nacional Argentino acompañado por la Banda del Regimiento de Patricios. Y finalmente, ante un ensordecedor  ‘¡Viva la Patria!’, se produjo el momento más esperado: se abrió fuego contra los once buques de guerra enemigos equipados entre todos con casi 100 cañones de mayor capacidad de fuego que los anticuados cañones patrios.

Fue un combate realmente encarnizado: el Saint Martin quedó seriamente dañado y a la deriva. A pesar de que el fuego europeo hizo estragos en las baterías defensoras, estas no dejaban de responder con su escasa capacidad de fuego, lo suficiente como para dejar fuera de combate a los bergantines Pandour y Dolphin, para obligar a retirarse al Comus y para silenciar los cañones mayores del Fulton. Por su parte, el bergantín patriota Republicano, agotada su munición, fue volado por su capitán Craig para evitar que caiga en poder del enemigo. Pronto se hizo más que evidente que la heroica resistencia no lograría mantener a raya por mucho tiempo más a los europeos. Los proyectiles se agotaban al tiempo que las bajas humanas se incrementaban. Esta merma permitió que un comando atacante alcanzara las pesadas cadenas que cortaban el tránsito del Paraná, cortándoselas a martillazos en un yunque improvisado.

Luego del intenso cañoneo, 325 infantes de marina intentaron un desembarco, pero fueron repelidos a lanza y bayoneta. Hacia las cuatro de la tarde, los proyectiles patriotas se habían agotado, y de esta manera los ingleses decidieron intentar un nuevo desembarco al mando de Hotham, jefe de su escuadra. En medio de la feroz lucha, los franceses también desembarcan tropas para reforzar a las británicas, siempre apoyadas por el intenso y eficaz cañoneo de las naves. Pero sobre el anochecer de ese histórico día, y luego de haber sufrido graves pérdidas humanas, las tropas invasoras reembarcaron. Las bajas locales fueron un poco más de seiscientas (la tercera parte de los 2.160 hombres que intervinieron en la defensa), mientras que hubo ciento cincuenta del lado de los agresores. El costo de los aliados fue grave, ya que se dañaron diez de sus once naves agresoras. Y como consecuencia, los invasores tuvieron que destinar cuarenta días para reparar sus navíos.

El Triunfo de la Causa Nacional

Luego de apoderarse de la entrada del río Paraná, la escuadra enemiga continuó su rumbo por el río, estando ahora solamente reducida a seis unidades de combate más cuarenta y cuatro navíos mercantes. Esto generó una profunda alegría en los unitarios exiliados en Montevideo, imaginando que este accionar haría caer el gobierno del Restaurador. Pero la épica resistencia nacionalista lejos de aminorar prosiguió a lo largo de la costa acosando a cañonazos a los invasores el 9 de enero de 1846 en Tonelero (sur de San Nicolás), para proseguir una semana después en San Lorenzo (norte de Rosario) y Quebracho (al norte de San Lorenzo). Los agresores no tenían forma de aprovisionarse, y el ánimo empezó a mermar. Por consiguiente, la maltrecha flota aliada decidió separarse: los franceses navegaron hasta Corrientes con la intención de colocar allí sus productos pero fracasaron ante la patriótica negativa correntina. En cambio los ingleses continuaron viaje hasta Asunción, intentando en vano un acuerdo con el mariscal Carlos Antonio López, de arraigadas convicciones nacionalistas.

Ante la decepción que generó los magros resultados comerciales –el principal objetivo de la empresa colonialista anglo-francesa– los aliados ahora debían soportar el regreso para arribar a Montevideo, sabiendo que serían nuevamente atacados a cañonazos en Quebracho, Tonelero, San Lorenzo y otras posiciones en el Paraná. En total quedaron incendiados siete barcos y los buques mercantes averiados hasta arrojaban sus mercaderías al agua. Quebracho fue la última acción de resistencia, el 4 de junio de 1846. Finalmente, el gobierno inglés, ante la tenaz resistencia que oponía Rosas, presionado por la opinión pública, las denuncias periodísticas y el creciente malestar entre comerciantes que temían por sus negocios en el Río de la Plata, empezó a entablar negociaciones con la Confederación Argentina.

Luego de varias gestiones truncas, lo que pareció imposible, ocurrió: el 24 de noviembre de 1849 se firmó el acuerdo Arana-Southern que básicamente sostenía la evacuación de la Isla Martín García por parte de los ingleses, la devolución de los buques argentinos en el estado previo en el que se encontraban y el reconocimiento de la plena soberanía argentina. Y como cierre de oro, el día 27 de febrero de 1850 –ante un nuevo aniversario de la creación de la bandera nacional– se levantó en la proa de la nave capitana británica Southampton la bandera de la Confederación Argentina, solemnemente desagraviada con veintiún cañonazos. Por su parte, el 31 de agosto de 1850 se firmó el acuerdo Arana-Lepredour con Francia, en idénticas condiciones a lo establecido con los ingleses. En este caso, los veintiún cañonazos de desagravio al pabellón nacional se dispararon con solemnidad desde el buque francés Astrolabe. Fue un enorme triunfo de Rosas y de la Causa Americana.

Argentina para los argentinos

El combate de la Vuelta de Obligado representó, por la digna defensa que llevó adelante el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, una de las páginas más brillantes de toda la historia argentina. En vez de doblegarnos y ser una miserable colonia (como hoy en día por obra y gracia de la partidocracia extranjerizante), optamos por ser una nación libre. Optamos por el camino de la lucha, del sacrificio, de los desprendimientos personales, del honor, de la dignidad, del orgullo patrio y de la libertad. Y todo ello por obra de un Líder, de un Conductor con sentido de real grandeza.

La Soberanía Política debe ser siempre un principio irrenunciable. Si alguna vez fuimos capaces de protagonizar una epopeya de gran magnitud esa Argentina orgullosa de su propio Ser volverá a triunfar y bajo un gobierno auténticamente nacionalista. Ante un nuevo aniversario del Día de la Soberanía Nacional… ¡Gloria y Honor a los Héroes del Combate de la Vuelta de Obligado! ¡Gloria y Honor a su ilustre defensor, Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas!.





Artículo reactualizado aparecido originariamente en el periódico Bandera de noviembre / diciembre de 2016.

Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

19-11-2018