miércoles, 20 de junio de 2018

EL SÍMBOLO MÁS SAGRADO


¿Cuál fue el verdadero color de la Bandera Argentina? Manuel Belgrano la creó azul y blanca y no celeste-blanca que es la que posteriormente nos impusieron Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento (los dos grandes referentes del procerato liberal unitario). En el azul como color original hay varias versiones. Lo más preciso es señalar que la inspiración estuvo en la escarapela azul-celeste del Triunvirato. Pero además el cintillo que representaba al Regimiento de Patricios ya era azul. Otros autores sostienen que la elección del azul y el blanco se originó por el escudo de Buenos Aires, precisamente de estos colores.

Al respecto, el 25 de febrero de 1818 el Congreso sancionó la Ley de Banderas, estableciendo claramente que la insignia nacional tenía dos colores, el azul y el blanco. Estos fueron los colores que flamearon en el Fuerte de Buenos Aires como así también los que flamearon en la enorme gesta de liberación encabezada por el General San Martín y en la popular guerra contra el Brasil. El general Juan Galo Lavalle, cuando en 1840 inició la miserable invasión contra la Patria, contra Rosas (y financiado por Francia), utilizó la bandera unitaria celeste y blanca para distinguirla de la nacional.

Durante la época de la Confederación Argentina, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas estableció la bandera con un color azul oscuro, respetando el azul original de Belgrano y diferenciándose claramente del celeste de los unitarios. A ese azul-oscuro y blanco de la bandera Rosas le agregó cuatro gorros frigios de color punzó en sus extremos, en honor al sistema político de representación nacional que sin lugar a dudas fue la Confederación Argentina.

¿Cuál es la visión ideológica del Nacionalismo respecto de la Bandera como máximo símbolo? El Nacionalismo ama a la Patria, a su Pueblo, y esto desde el remoto origen pasando por valores, tradiciones y símbolos. La Bandera es lo más sagrado que existe por la sencilla razón de que es lo más identitario, lo que más nos identifica como Nación. Al ser el máximo símbolo de toda una Comunidad se pertenece a ella en Cuerpo y en Espíritu. Es la que a todos los nacionalistas nos genera estremecimientos de unión, de veneración. La que nos puede generar la imagen de un soldado o camarada en una guerra de liberación y dándolo absolutamente todo por la Patria, defendiendo esos colores que llevan implícitos la idea de la Libertad y de la Dignidad.

Embanderarse significa encolumnarse detrás de un gran objetivo, detrás de un gran ideal. Y este no puede ser otro que la liberación de la Patria de sus enemigos externos y sobre todo internos. En definitiva, la Bandera Argentina es el máximo símbolo que nos guía hacia un norte, hacia un destino universal de grandeza. Es la que siempre debe ondear bien alto y con Honor. Planteado de otra manera ¿qué es lo que más ofende a la Bandera creada por Manuel Belgrano? El engaño, la mentira, el relato que esconde la dura realidad social del país, la entrega de nuestras riquezas a los poderes mundiales, la corrupción organizada, los fueros parlamentarios y los espurios patrimonios personales millonarios. Pero también hay otra cuestión de fondo que ofende profundamente a la Bandera: La comodidad burguesa, la cobardía, el tener una actitud pasiva ante los inconvenientes existenciales, el no hacer nada para que la Argentina cambie de verdad.

Por eso lo más importante siempre va a ser que nuestra Bandera se mantenga firme y victoriosa generación tras generación a través de la lucha y del sacrificio que se está dispuesto a hacer por la Patria. Los hombres y las mujeres orgullosamente argentinos tienen un sentido del Honor y del Deber en abierta oposición a la anti-Patria. Y el Honor no tiene una medida, se lo posee o no se lo posee. Es como la Bandera, que se la defiende valientemente o se la traiciona cobardemente.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

20-06-2018

viernes, 8 de junio de 2018

GENERAL JUAN JOSÉ VALLE ¡PRESENTE!


El día sábado 9 de junio de 1956 se produjo el levantamiento cívico-militar encabezado por el General Juan José Valle y secundado por el General Raúl Tanco. De esta manera el peronismo derrocado y proscrito produjo la primera tentativa seria de retomar el poder mediante un estallido de base militar y con cierto apoyo civil activo, al estilo de las viejas revoluciones radicales. El epicentro del alzamiento estuvo en el Regimiento N° 7 de Infantería de la ciudad de La Plata, en la Guarnición de Campo de Mayo, y en la provincia de La Pampa.
                           
La proclama del alzamiento se justificaba en la durísima realidad que vivía la Argentina: “Al pueblo de la Nación. Las horas dolorosas que vive la República, y el clamor angustioso de su Pueblo, sometido a la más cruda y despiadada tiranía, nos han decidido a tomar las armas para restablecer el nuestra Patria el imperio de la libertad y la justicia al amparo de la Constitución y las leyes. Como responsable de este Movimiento de Recuperación Nacional integrado por la Fuerzas Armadas y por la inmensa mayoría del Pueblo –del que provienen y al que sirven– declaramos solemnemente que no nos guía otro propósito que el de restablecer la soberanía popular, esencia de nuestras instituciones democráticas, y arrancar a la Nación del caos y la anarquía a que ha sido llevada por una minoría despótica encaramada y sostenida por el terror y la violencia en el poder. Conscientes de nuestra responsabilidad ante la historia, comprendemos que nuestra decisión es el único camino que nos queda para impedir el aniquilamiento de la República en una lucha estéril y sangrienta entre hermanos, cada día más inevitable e inminente… ¡Viva la Patria!”. Movimiento de Recuperación Nacional - General de División Juan José Valle, General de División Raúl Tanco, Buenos Aires, 9 de junio de 1956.

Era una proclama muy realista. El país vivía bajo el gobierno del General pro-británico Pedro Eugenio Aramburu una verdadera tiranía. Se había intervenido la CGT, se perseguía al sector obrero peronista, se encarcelaba, se confinaba, se despojaba, se excluía de la vida cívica a la fuerza mayoritaria que sin lugar a dudas era el peronismo. A su vez, el tristemente famoso decreto 4161, del 5 de marzo de 1956 establecía: “Queda prohibida la utilización (…) de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas y obras artísticas (…) pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del peronismo. Se considerará especialmente violatoria de esta disposición, la utilización de la fotografía retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones ‘peronismo’, ‘peronista’, ‘justicialismo’, ‘justicialista’, ‘tercera posición’ la abreviatura ‘PP’, las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las composiciones musicales  ‘Marcha de los Muchachos Peronista’ y ‘Evita Capitana’ o fragmentos de las mismas y los discursos del presidente depuesto o su esposa o fragmentos de los mismos”. Bueno, realmente patético…

Desde 1955 la Argentina entraba formalmente a la lógica capitalista del endeudamiento permanente al ingresar al FMI, aboliéndose la Constitución Nacional-justicialista para lograr sobre todo terminar con el artículo 40 que impedía la entrega de los servicios públicos y las riquezas naturales al capitalismo internacional, pretendiéndose retrotraer al país al más crudo colonialismo mediante la entrega de los servicios vitales de nuestra economía. Por consiguiente se re-establecía la constitución liberal unitaria de 1853.

La historia del levantamiento fue realmente muy corta. Entre el comienzo de las operaciones y la reducción del último foco revolucionario transcurrieron menos de doce horas. La guarnición de Santa Rosa fue atacada por aviones de la Fuerza Aérea y la Marina. La dictadura militar decidió efectuar un castigo ejemplificador y completamente inusual para la historia argentina del siglo XX disponiendo el fusilamiento de los sublevados. Los fusilamientos se produjeron en Lanús, en los basurales de José León Suárez, en La Plata, Campo de Mayo, en la Escuela del Ejército, en el Automóvil Club Argentino y en la Penitenciaría Nacional de la ciudad de Buenos Aires. Entre los días 9 y 12 de junio del ’56 fueron fusiladas 27 personas entre civiles y militares, inclusive antes de que se dictase la ley marcial.

El General Juan José Valle, muy deprimido por los fusilamientos que ya se conocían, se había refugiado en la casa de su amigo Andrés Gabrielli. Y como buscaba entregarse para terminar con el derramamiento de sangre, Gabrielli se entrevistó con el capitán Francisco Manrique en la Casa de Gobierno y obtuvo la promesa de que se respetaría la vida del Líder del levantamiento. Valle se entregó y lo llevaron al Regimiento de Palermo, donde lo interrogaron y lo condenaron a muerte. El capitán Manrique se entrevistó con Aramburu para que la pena pudiera ser conmutada, pero el dictador se negó rotundamente.

El increíble argumento era que después de que se fusiló a sub-oficiales y civiles no se podía dejar de aplicar la misma pena para el cabecilla del movimiento. La hija de Valle, Susana, de tan sólo 18 años de edad, en un último y desesperado intento prácticamente corrió a entrevistarse con monseñor Tato, el mismo que había sido expulsado en 1955. Y por intermedio del Nuncio Apostólico obtuvo que el Papa telegrafiara un pedido de clemencia a Aramburu, pero sin resultado. Finalmente, el 12 de junio de 1956, en la antigua Penitenciaría Nacional de la ciudad de Buenos Aires, actual parque Las Heras (en las calles Coronel Díaz y Las Heras), el General Juan José Valle, Líder del frustrado levantamiento cívico-militar del 9 de junio fue fusilado.

Ante un nuevo aniversario del trágico levantamiento cívico-militar de junio de 1956, el General Juan José Valle está presente en la memoria colectiva de los argentinos que aspiramos a una Patria Libre Justa y Soberana. Está presente en la memoria de los que aspiramos al Bien Común Social, a una Democracia Sustancial, a una Argentina para los argentinos y sin ningún tipo de injerencia foránea.

En su memoria, y en la memoria de todos los compatriotas que dieron su vida en aquella etapa tan oscura de nuestro país, el Nacionalismo Social Argentino reafirma un compromiso de lucha, reafirma un compromiso social-patriótico, un sentido del deber para lograr la Gran Argentina que todos nos merecemos. ¡General Juan José Valle Presente! ¡Gloria y Honor!  





Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".

08-06-2018

domingo, 3 de junio de 2018

4 DE JUNIO DE 1943, EL AMANECER DE UNA GRAN ARGENTINA


El 4 de Junio de 1943 se produjo el pronunciamiento militar que puso fin al gobierno de Ramón Castillo (el último de los presidentes de la ‘Década Infame’), generándose las sucesivas presidencias de los generales Arturo Rawson (que apenas duró dos días en el poder), Pedro Pablo Ramírez y posteriormente Edelmiro Farrell, cargo que este último va a ostentar desde febrero del ’44 hasta junio del ’46 cuando asuma el electo presidente Juan Domingo Perón.

Este levantamiento militar fue el único en nuestra historia en donde no estuvieron al tanto las embajadas extranjeras. Al amanecer de ese 4 de junio, unos 8.000 soldados aproximadamente –y al mando del general Rawson– avanzaron desde la guarnición militar de Campo de Mayo hacia la Capital Federal. Al llegar a la Escuela de Mecánica de la Armada la columna fue atacada por fuerzas leales al gobierno, pero finalmente se van a rendir. De esta manera la suerte de Castillo estaba echada.

A la tarde de aquella histórica jornada, los jefes del levantamiento ya estaban instalados en la Casa de Gobierno, y al principio se caracterizaron por tener ideas y posturas ideológicas bastante heterogéneas. El efímero presidente Rawson era pro-aliado, siendo abruptamente sustituido por Ramírez quien era nacionalista. Por lo pronto, y en referencia a la guerra, se afirmaba una política de neutralidad. El nuevo gobierno militar fue recibido en menor o mayor grado con aprobación y expectativas, más que nada teniendo en cuenta lo odioso que fue el Régimen derrocado.

Los militares de la Revolución no tenían la más mínima intención de entregar el Poder a partido político alguno, ni siquiera parcialmente. Es más, aborrecían de los políticos, y esto no era para menos por todo lo que se había vivido durante la Década Infame en cuanto a fraude electoral sistemático, corrupción, entrega y problemáticas sociales nunca resueltas.

El GOU (‘Grupo Obra y Unificación’) fue una cerrada organización militar secreta que desempeñó el papel fundamental y decisivo en el derrocamiento de Castillo, y posteriormente en las maniobras internas que precipitaron las sucesivas salidas de la presidencia de los generales Rawson y Ramírez, posibilitando el ascenso del general Farrell. El GOU fue más que necesario para que la Revolución del 4 de junio no se desviara como la del 6 de septiembre de 1930. Se compuso por un reducido grupo de oficiales, coroneles, tenientes coroneles y capitanes todos ellos en servicio activo. En definitiva fue el avance de los oficiales jóvenes del Ejército, muchos de ellos provenientes de sectores medios y bajos sin influencia, que encontraron un momento histórico oportuno como para dar un salto de calidad, sobre todo porque en enero del ’43 había fallecido el general conservador y anglófilo Agustín P. Justo, quien había controlado al Ejército por casi dos décadas.

Los integrantes del GOU tenían una clara visión nacionalista, en contra del Comunismo y de la Masonería, una postura neutralista frente a la 2ª GM y políticamente hablando querían terminar de una vez por todas con la corrupción de los gobiernos conservadores. Formar una fuerte conciencia nacional, con un contenido social, económico y jurídico claramente distinto al que se venía dando. Si bien simpatizaban con el Eje en la 2ª GM no tenían incorporada como doctrina la ortodoxia cosmovisional del Nacional-socialismo. Igualmente (y como simpatizantes) entendían que un hipotético triunfo del Eje Berlín-Roma-Tokio (luego extendido a otros países) le daría a la Argentina un papel eminente en el escenario continental americano. A su vez especulaban con la idea de que una derrota norteamericana y británica pondría fin a la histórica expoliación colonialista sufrida por nuestro país. El verdadero cerebro y líder del GOU fue el coronel Juan Domingo Perón. Junto al coronel Miguel Ángel Montes fue el artífice del manifiesto o proclama de 1943.

En este año, y por primera vez en nuestra historia, la producción industrial va a superar a la tradicional producción agropecuaria. Entre 1942 y 1946 (es decir previo a la llegada de Perón a la presidencia) se habían creado 25.000 establecimientos industriales diversos. Estos cambios fundamentales habían comenzado de manera paulatina con la industrialización por sustitución de importaciones de la Década Infame, proteccionismo que se aceleró con el estallido de la 2ª GM y que el gobierno de la Revolución estimuló aún más llevando adelante una serie de medidas muy importantes.

Por ejemplo el fomento y la defensa de la industria, como así también la rebaja y luego el congelamiento de los precios de alquileres. También la rebaja de los arrendamientos agrícolas. Esto último generó un extraordinario incremento de la industria tambera y granjera en el sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires, zonas que antes tenían un sistema de arriendos casi feudales. A su vez se creó el Banco de Crédito Industrial y se promovieron las fabricaciones militares. Otra medida muy importante fue la intervención de la odiada Corporación de Transportes (que en el marco del pacto Roca-Runciman del año ’33 se le daba la concesión y el monopolio del transporte público de la ciudad de Buenos Aires a corporaciones empresariales de origen británico).

Todas estas medidas marcaban una línea de indiscutible sentido nacional, y hacia 1945  la infraestructura industrial ya abarcaba a casi todos los rubros livianos, con el ánimo de incursionar en sectores de la industria pesada. Pero sin lugar a dudas, la obra más trascendental del gobierno revolucionario estuvo en una serie de medidas adoptadas bajo la directa conducción del coronel Perón en el orden social.

El antiguo Departamento Nacional de Trabajo se convirtió en noviembre del ’43 en la famosa Secretaría de Trabajo y Previsión Social, alentándose claramente una mejor redistribución de la riqueza nacional, como así también un mejoramiento sustancial en las relaciones entre el Capital y el Trabajo. Se extendió el régimen jubilatorio; se crearon los tribunales de Trabajo para así regular el enfrentamiento tradicional entre patrones y obreros en el orden judicial. Hubo un reconocimiento definitivo al movimiento sindical y hacia 1945 el movimiento obrero ya era netamente peronista. A su vez, se estableció el pago de vacaciones y de aguinaldo; hubo una sistemática política de aumento de salarios; se estableció la previsión por accidentes de trabajo como así también la elaboración de convenios colectivos a favor de los trabajadores.

El famoso ‘estatuto del Peón’ dictado por Perón fue lo que más enfureció a la oligarquía conservadora de aquel entonces, ya que estipulaba derechos y obligaciones para el patrón y para el peón. De ahora en más existía un poder superior a la patronal, en defensa de los tradicionalmente postergados del campo. Hacia principios de 1945 ya no había dudas del proceso popular que se estaba gestando. Luego de casi dos años de creada la Secretaría de Trabajo y Previsión Social se había conseguido que los obreros fueran el más firme apoyo del coronel Perón.

La Revolución del 4 de Junio de 1943 marcó sin lugar a dudas una nueva Era en el país. No fue una asonada militar más destinada a cambiar hombres o partidos. Fue profundamente transformadora, apuntó a un claro Resurgir Nacional como así también a una idea moral y humanista. A su vez el GOU (o sea, el mismísimo Perón) hizo que se cumpliera el programa de la Revolución imponiendo una norma de conducta y con un contenido económico, social y jurídico totalmente innovador, dándose paso al fenómeno popular más trascendental de toda la historia argentina: El peronismo.

Y precisamente, ese peronismo es el que se fue gestando de manera inadvertida allá por noviembre del ’43 con la inauguración de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, secretaría que tantos y amplios beneficios dio al pueblo argentino. Que sin lugar a dudas tuvo su mayor expresión en la gesta nacional y popular del 17 de Octubre de 1945. En definitiva, la Revolución del 4 de Junio de 1943 fue el amanecer de una Gran Argentina, el despertar de la conciencia colectiva del Pueblo Honesto y Trabajador.



Darío Coria, Secretario de Educación y Cultura del Partido Bandera Vecinal. Conductor del programa radial partidario "Estirpe Nacional".


03-06-2018